Talleres de salud mental para adolescentes en el aula. Experiencia transnacional

Asunción Soriano Sala, EulàliaArias-Pujol, Lluís Mauri y Rubén D. Gualtero

RESUMEN

Talleres de salud mental para adolescentes en el aula. Experiencia transnacional. Muchos problemas de sa­lud mental suelen aparecer al final de la infancia o al inicio de la adolescencia. Según diversos estudios, tales problemas son las principales causas de morbilidad, mortalidad y discapacidad entre los más jóvenes. Por ello, la prevención en salud mental es una tarea prioritaria en este grupo etario, especialmente a nivel escolar. Los talleres de salud mental en el aula (TSMA) pretenden favorecer el manejo de las emociones y prevenir el suicidio adolescente. El artículo describe los objetivos, metodología y conclusiones preliminares de los talleres, a partir de la experiencia realizada en diversos centros educativos de Colombia y Barcelona (España). Palabras clave: adolescencia, salud mental, depresión, suicidio, prevención.

ABSTRACT

Mental health workshops for adolescents in the classroom. Transnational experience. Many mental health pro­blems often appear at the end of childhood or the beginning of adolescence. According to various studies, such problems are the main causes of morbidity, mortality, and disability among young people. Therefore, mental health prevention is a priority task in this age group, especially at the school level. Classroom mental health workshops (TSMA) aim to promote the management of emotions and prevent adolescent suicide. The article describes the objectives, methodology, and preliminary conclusions of the workshops, based on the experience carried out in several schools in Colombia and Barcelona (Spain). Keywords: adolescence, mental health, depres­sion, suicide, prevention.

RESUM

Tallers de salut mental per a adolescents a l’aula. Experiència transnacional. Molts problemes de salut mental apareixen al final de la infància o a l’inici de l’adolescència. Segons diversos estudis, aquests problemes són les principals causes de morbiditat, mortalitat i discapacitat entre els més joves. Per això, la prevenció en salut mental és una tasca prioritària en aquest grup, especialment en l’àmbit escolar. Els tallers de salut mental a l’aula (TSMA) pretenen afavorir el maneig de les emocions i prevenir el suïcidi adolescent. L’article descriu els objec­tius, metodologia i conclusions preliminars, a partir de l’experiència realitzada en diversos centres educatius de Colòmbia i Barcelona (Espanya). Paraules clau: adolescència, salut mental, depressió, suïcidi, prevenció.

Introducción

No es un alma ni un cuerpo lo que se educa, sino una persona; no hay que dividirla en dos. Montaigne (1533-1592).

A lo largo de las dos últimas décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto de relieve que diversos problemas de salud mental tienden a manifestarse al final de la infancia o al comienzo de la adolescen­cia. De acuerdo con estudios recientes, esta misma fuente alerta de que de los problemas de salud mental –la depresión, en particular–, constituye la principal causa de morbilidad entre los jóvenes (OMS, 2020). Sin embargo, dicho trastorno pasa por ser poco reconocido (Patel, 2017) lo cual, además de influir en su co­morbilidad presente y futura (Vannucci y Ohan­nessian, 2017; Thapar, Collishaw, Pine y Thapar, 2012), es un factor de riesgo importante para el suicidio (Patel, 2017; Carli et al., 2014; Avenevoli, Knight, Kessler y Merikangas, 2008).

Por otra parte, las adversidades que padecen niños y adolescentes durante su crecimiento –una constelación de exposiciones que incluyen maltrato físico o emocional, descuido y/o negli­gencia parental, acoso escolar, embarazo ado­lescente, explotación, separaciones forzosas o pérdidas parentales, entre otras–, lejos de ser inocuas, sus secuelas, en la mayoría de los ca­sos, difícilmente remiten espontáneamente; al contrario, persisten en el tiempo y, a menudo, anticipan trastornos psíquicos en la vida adulta (Fundación YumaKids, 2017; Hughes et al, 2017). Un estudio de Varese et al., publicado en 2012, lo expresa con rotundidad: “los acontecimien­tos adversos en la infancia incluyendo el trauma, son una experiencia común a nivel global, y se estima que alrededor de una tercera parte de la población podría estar afectada. La evidencia sugiere que sus efectos en la vida adulta pueden incluir un rango de pronósticos sociales negati­vos, incluyendo un incremento de la delincuen­cia, un bajo nivel educativo, y un menor nivel de salud general y de bienestar” (Varese et al., 2012). En este sentido, el reciente artículo sobre Measuring Adverse Child Experiences Among Young Adolescents Globally: Relationships With Depressive Symptoms and Violence Perpetra­tion (Blum, Li y Naranjo-Rivera, 2019) destaca, por un lado, la escasez de investigaciones en este sentido, sobre todo en los países de bajos y medianos ingresos y, por el otro, que el maltrato psicológico (incluido el abandono emocional) se asocia con mayores posibilidades de depresión, por encima de la victimización por violencia y la inestabilidad en el hogar.

Ahora bien, los niños y los adolescentes pa­san años trascendentales de su vida en los cen­tros educativos y, por tanto, es un lugar idóneo para que adquieran no solo los conocimientos necesarios de acuerdo con los programas cu­rriculares de cada curso sino, también, un lugar privilegiado para su desarrollo físico, emocional, cognitivo y social. En este sentido, una de las recomendaciones del trabajo realizado por una red de expertos integrada por 51 socios de 28 Estados miembros de la Unión Europea y 11 or­ganizaciones europeas, considera prioritario la promoción de la salud mental en las escuelas, como un área clave en materia de política sani­taria. En el documento final se recoge textual­mente: “Los adolescentes pasan mucho tiempo en la escuela. Los centros escolares están bien situados para promover el bienestar mental, prevenir problemas de salud mental, reconocer los problemas de manera temprana y realizar la adecuada derivación” (Coppens et al., 2015, p.18). Más aún, como si parafrasearan al pensa­dor francés del siglo dieciséis de la cita inicial, el documento mencionado anteriormente con­sidera que “los adolescentes no sólo necesitan saber cómo funciona su cuerpo, sino también cómo trabaja su mente”.

Los talleres de salud mental para adolescen­tes en el aula (TSMA), al igual que otras estra­tegias recientes (Wasserman et al, 2015; Lacasa, 2015; Fundació Privada Centre d’Higiene Mental Les Corts), consideran el ámbito escolar como un espacio idóneo para la prevención y a los profesionales de la educación como agentes de salud en general y de salud mental en par­ticular. En este sentido, tratar aspectos como la resiliencia, la expresión de emociones –rabia, tristeza, frustración, etc.–, y favorecer el buen manejo de situaciones difíciles –acoso escolar, abandono familiar, carencias afectivas o la bús­queda de una identidad– son temáticas, entre otras, destinadas a trabajar de forma dialogada, amena y comprensible con los adolescentes. De cuáles son los enunciados básicos de nuestros talleres y de los criterios implementación se ha­blará, precisamente, a continuación.

Objetivos y metodología

Dos son los objetivos fundamentales de los TSMA:

Promover entre los adolescentes la convenien­cia de conocer y expresar las propias emociones como atributos indispensables para un desarro­llo saludable y una interacción armoniosa con sus pares, la familia y el medio social. “Para el adolescente”, dice Soriano (2004), “es un gran reto dejar traslucir sus vivencias, comunicar lo que piensa de su futuro, de su cuerpo, de su manera de relacionarse con los iguales, o con el otro sexo. Teme no ser entendido, siente ver­güenza, duda de si lo que le pasa es adecuado, normal, ridículo”. En definitiva, brindar un espa­cio en el cual puedan compartir sus vivencias como adolescentes, tanto si están relacionadas con el momento actual o con hechos o circuns­tancias pretéritas.

Favorecer un buen manejo de las situacio­nes difíciles, el reconocimiento de los vínculos de confianza y la búsqueda de ayuda como es­trategias válidas delante de las adversidades, sea cual sea su dimensión real. De esa manera se amplía su espacio intrapsíquico y se abre el camino hacia un proceso de reconstrucción vi­tal favorecedor de un futuro mejor, además de que puedan pensar y lidiar con sus emociones. No debemos olvidar que, para los adolescentes, problemas triviales a los ojos de los adultos pue­den resultar intolerables y abocarles a solucio­nes dramáticas o a “correr demasiados riesgos” (Gualtero y Soriano, 2013).

Respecto a la metodología de trabajo, tanto la dinámica como los contenidos están manua­lizados y se discuten previamente con quienes han de impartirlos. En este sentido, la puesta en marcha de los talleres supone tener muy pre­sente las peculiaridades de los centros docentes y de la población diana, a fin de adecuarlos a las formas, comprensión, y estilos de vida de los jóvenes destinatarios como, también, a las prác­ticas educativas de los lugares donde se van a impartir. En cualquier caso, se trata de evitar la rutina o imposición de modelos estereotipados y/o ajenos a la realidad socioemocional de los participantes o del entorno.

Así pues, los TMSA que promueve la Funda­ción YumaKids están previstos que se desa­rrollen con alumnos de los últimos cursos de secundaria (generalmente jóvenes de 14 a 16 años, según el ciclo educativo de los diferen­tes países). Constan de cuatro sesiones, a ser posible, durante cuatro semanas consecutivas y la duración es de una hora. Las sesiones las dinamiza un profesional de la salud mental (psi­quiatra o psicólogo), además de un miembro de la propia institución docente (psicopedagoga, profesor, etc.). La presencia de este profesional a lo largo de las sesiones permite, especialmen­te en los países en vías de desarrollo, que los chicos puedan establecer vínculos de confianza con personas significativas del claustro escolar y, si lo consideran oportuno, pedirle ayuda en momentos especialmente delicados. Además, la participación de este miembro del staff escolar facilita la continuidad del proceso de preven­ción una vez el taller ha finalizado, especialmen­te en lugares donde los servicios públicos de salud mental son prácticamente inexistentes o muy precarios.

Los contenidos que se tratan en las diferentes sesiones, como se ha mencionado anteriormen­te, giran alrededor de situaciones cotidianas que tienen que ver con las emociones y la salud mental, especialmente las relaciones entre igua­les, con la familia y con los adultos en general, las conductas de riego, el estrés y la ideación suicida. En todas estas temáticas se buscará un enfoque interactivo, de reflexión y discusión conjunta, más que la transmisión de contenidos normativos que los adolescentes suelen ignorar con facilidad y, en caso de apuros, los conside­ran inútiles. Por ello, en nuestros talleres se in­sistirá en la enorme importancia de reconocer sus emociones personales, de saber detectar y manejar, en la medida de lo posible, situaciones de riesgo y, sobre todo, la conveniencia de pedir ayuda ya sea a un familiar, al psicopedagogo, a cualquiera de los docentes del centro esco­lar y, si la situación lo requiere, a un colega, a la pareja. En definitiva, con esta metodología se pretende favorecer una aproximación de ca­rácter vivencial a las situaciones que preocupan o agobian a los adolescentes, de manera que ellos puedan encontrar recursos para cuidarse a sí mismos o cuidar del amigo que pasa por un momento difícil a nivel de salud mental. Al fina­lizar las sesiones, se entrega a cada participante un folleto con instrucciones básicas sobre los temas tratados y, si se considera oportuno, se facilitará el nombre del profesional de la institu­ción educativa al cual recurrir cuando lo necesi­ten, o bien, de los servicios de salud disponibles en su entorno.

A pesar de que cada taller es único, el esque­ma subyacente es el siguiente:

  1. Primera sesión. a) Identificar situaciones de conflicto. b) Nombrar y reconocer las emocio­nes básicas. c) Relacionar las emociones con la expresión del bienestar o malestar.
  2. Segunda sesión: a) Pensar sobre las situacio­nes de conflicto. b) Nombrar y reconocer dis­tintos puntos de vista. c) La salud mental.
  3. Tercera sesión: a) La ayuda a uno mismo. b) La ayuda al otro. c) Las relaciones interperso­nales.
  4. Cuarta sesión: a) Identificación de los recur­sos trabajados. b) Lo beneficioso y saludable. c) Saber pedir ayuda.

Previamente al inicio de los TMSA, se firma un acuerdo de colaboración con los centros do­centes en el que se especifican las líneas bási­cas del proyecto, el nombre del profesional de la Fundación encargado de dirigir las sesiones y los diferentes compromisos interinstitucionales. Por último, antes de iniciar los talleres y una vez finalizados, se llevan a cabo sendas entrevistas con el staff directivo en las cuales, además de presentar el cronograma, la dinámica y los con­tenidos del taller, se hace una devolución de los aspectos relevantes observados a lo largo las sesiones, así como posibles líneas de mejora por lo que respecta a la salud y el bienestar emocio­nal de los adolescentes.

Valoración y conclusiones preliminares

A lo largo de 2019 se realizaron talleres en dos municipios del departamento del Tolima (Colombia) con una participación total de 200 estudiantes de secundaria y dos talleres en un instituto de la ciudad de Barcelona (España) con un total de 50 alumnos. En ambos países, la valoración subjetiva de los participantes, ob­tenida a partir de un cuestionario de satisfac­ción, fue muy positiva, igual que lo manifestado por los profesionales de los diferentes centros docentes. Además de dicho cuestionario y, con el propósito de obtener resultados más consis­tentes, en los talleres se emplea el Strengths and Difficulties Questionnaire – SDQ (Goodman, 1997). Este instrumento, validado y utilizado con frecuencia en propuestas similares, es un auto­informe de evaluación que consta de 25 ítems, cada uno con tres opciones (“nunca”, “algunas veces”, “siempre”), que describen sentimientos e ideas presentes durante las últimas semanas (por ejemplo: “estoy triste”, “prefiero estar solo que con gente de mi edad”, “tengo muchos mie­dos”, etc.). Como suele ser habitual, el cuestio­nario se pasa al inicio del taller, una vez finaliza­do y al cabo de aproximadamente dos meses de haberlo realizado (Wasserman, 2015; Sánchez-García et al, 2018).

A tenor de lo mencionado anteriormente, creemos que los TSMA constituyen una pro­puesta universal, eminentemente práctica y sencilla, dirigida a los adolescentes en el aula escolar y destinada a tratar temas cotidianos re­lacionados con la salud mental. Pensada y adap­tada a los adolescentes y a las instituciones edu­cativas donde se han de realizar, los TSMA están en consonancia con otras propuestas y estudios recientes que han obtenido resultados empíri­cos realmente esperanzadores en una proble­mática tan necesaria como es la prevención de los trastornos mentales y el suicidio adolescente (Carli et al, 2014; Wasserman et al, 2015).

Todo y las valoraciones positivas obtenidas en los cuestionarios de satisfacción y el análisis es­tadístico de los primeros SDQ realizados antes, después y a los -aproximadamente- dos meses de haberse realizado el taller (ver Anexo), nues­tro propósito es mejorar el diseño y la recogida de datos de los tres momentos en los que se pasa el SDQ, a la espera de obtener resultados empíricos que validen su aplicación y, a su vez, conocer de forma más consistente el impacto real de los talleres de prevención de la salud mental en el ámbito escolar. Se trata, pues, de una experiencia aún en fase de consolidación que, realizados los ajustes pertinentes, se podría replicar de manera sistemática a fin de que lle­gue a un mayor número de centros educativos, especialmente de aquellas poblaciones con im­portantes déficits socioeconómicos y de recur­sos sanitarios. Estos últimos, en muchos casos, infradotados o con total ausencia de profesio­nales especializados en salud mental. Si a esto se añade maternidades muy precoces y mode­los de crianza en los que perviven prácticas dis­ciplinarias duras y abusivas, las probabilidades de padecer adversidades durante la infancia y la adolescencia, como sugieren estudios trans­culturales, resultan ciertamente preocupantes (Hughes, et al, 2017; Blum, et al, 2019).

Dicho esto, y superadas las evidentes limitaciones mencionadas anteriormente, nos parece que nues­tra iniciativa constituye una propuesta válida de carácter preventivo, acorde con las estrategias que plantea la OMS en su informe Salud para los ado­lescentes del mundo: una segunda oportunidad en la segunda década. “Los adolescentes –dice textualmente– necesitan una atención especial distinta a la que necesitan los niños y adultos”. Y, añade, “la prevención en salud mental es, in­cluso desde el punto de vista económico, la me­jor inversión que podemos hacer para mejorar la calidad de vida de las generaciones futuras” (OMS, 2014).

Agradecimiento

Al Dr. Miguel Cárdenas, presidente de la Fun­dación YumaKids por la lectura, comentarios y revisión de los apartados en inglés.

Bibliografía

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Encontrarán las tablas correspondientes de este artículo en el PDF adjunto.