Crianza en pandemia

Graciela Ball, Gabriel F. Federico y Lucila de la Serna

 

RESUMEN

Crianza en pandemia. Los autores vienen trabajando sobre la temática del ritmo como punto de observación de la vincularidad madre-bebé y la sincronía vincular que pueda ir garantizando la salud psíquica del bebé. La llegada de la pandemia incluyó nuevas incertidumbres que interrumpieron el ritmo de lo cotidiano. El tiempo de aislamiento y restricciones en el contacto dejaba muy solos a los padres, sin poder contar con una suficiente red de contención. El dispositivo “Crianza en pandemia” fue un espacio de contención de las familias con el objetivo de restablecer la conectividad perdida. Palabras clave: crianza, ritmo vincular, pandemia, trabajo grupal.

ABSTRACT

Upbringing in pandemic. The rhythm, as a point of observation of the mother-baby relationship and the syn­chrony of the relationship that can guarantee the psychic health of the baby are the topis the authors have been working on for a while. The arrival of the pandemic brought new uncertainties that interrupted the rhythm of everyday life. The time of isolation and restrictions on contact meant that parents felt very lonely, unable to count on a sufficient network of support. The “Crianza en pandemia” device was a space of self-restarint for the families with the aim of re-establishing the lost connectivity. Key words: parenting, bonding rhythm, pandemic, group work.

RESUM

Criança en pandèmia. Els autors treballen sobre la temàtica del ritme com a punt d’observació del vincle mare-bebè i la sincronia vincular que pugui garantir la salut psíquica del nadó. L’arribada de la pandèmia va inclou­re noves incerteses que van interrompre el ritme del que és quotidià. El temps d’aïllament i restriccions en el contacte deixava els pares molt sols, sense poder comptar amb prou xarxa de contenció. El dispositiu “Criança en pandèmia” va ser un espai de contenció de les famílies amb l’objectiu de restablir la connectivitat perduda. Paraules clau: criança, ritme vincular, pandèmia, treball grupal.

Introducción

Conformamos un grupo de trabajo con un punto en común: ser observadores de bebés, formados por el método de Esther Bick. Trae­mos la preocupación por las infancias, el tra­bajo con familias y un interés profundo por el aspecto social donde la expectativa del futuro está depositada en las nuevas generaciones que comienzan con la llegada de un bebé al mundo.

Las crianzas se encuentran atravesadas por lo social, lo cultural y el ambiente, que influyen en las dinámicas vinculares y hace preciso estar atentos a las nuevas necesidades que van surgiendo en estos nuevos tiempos.

Crianza en la actualidad

Tratar de analizar cómo se desarrolla la crian­za hoy implica múltiples aspectos que incluyen la cultura, la época, lo social y lo subjetivo. A ve­ces, se marcan estilos a seguir, que nada tienen que ver con la situación que viven las familias. Por ejemplo, el programa de paternidad de la Asociación Americana de Psicología nos pro­pone cuatro estilos de paternidad respecto de la crianza, dividiéndolos en: padres autoritarios, con autoridad, permisivos y pasivos (American Psychological Association, 2017).

Estos esquemas se usan como parámetros, pero distan mucho de las culturas latinas en lasque nosotros convivimos. Por lo tanto, estas dicotomías nos llevan a enfrentarnos con es­quemas rígidos en los cuales debemos encajar como padres. Lo mismo sucede con respecto al desarrollo de los niños, sus etapas evolutivas, su lactancia y futura alimentación.

Al hablar de crianza en la actualidad, se deben incluir múltiples factores que atraviesan e im­pactan el período más importante de la vida de las personas. En estos tiempos de nativos digi­tales y de víctimas de la tecnología, no podemos no tener como referente de crianza a las redes sociales, con todo lo que ello implica. Hace años, los programas de televisión tenían como refe­rentes de moda a pediatras. Hoy hay una varia­da multiplicidad de asesorías en la televisión y las redes sociales. En su mayoría, se privilegia la soltura al hablar, por encima de corroborar los conocimientos y esto hace muy difícil, para la gente común, discernir la formación de quien emite múltiples consejos con mucha elocuencia. Esta situación lleva a padecer una sobredosis de lecciones de cómo criar a los hijos, lo que obliga a las personas más vulnerables y sin re­ferentes de crianza a seguir esas indicaciones, lo que a su vez lleva a padecer situaciones que muchas veces terminan siendo atendidas en los consultorios.

Crianza y ritmo

Trabajamos hace muchos años juntos y nos detuvimos en la observación del ritmo que se desarrolla en diferentes situaciones. La temática temporal nos pareció indispensable para pro­fundizar teóricamente, como también en la ex­periencia clínica y observacional. Nos reunimos hace ya varios años con el objetivo de trabajar con la observación en la vincularidad.

Pusimos el foco de nuestro trabajo en obser­var esos ritmos, sus características individuales y vinculares, para analizar los vínculos entre los padres y su bebé. Desde los tiempos iniciales en que se produce el primer encuentro, se van de­sarrollando ritmos propios, el ritmo de la madre, el ritmo del bebé y también el ritmo familiar con­formado por padre, hermanos o quienes inte­gren dicha familia. Existen ritmos que se mues­tran armoniosos en los que se puede observar la conectividad emocional entre los integrantes. En otros casos, el ritmo se ve perturbado, no resulta ser armonioso.

El tiempo es una categoría que está presente de diferentes modos a lo largo de la vida. Den­tro del tiempo, hemos elegido detenernos en la cualidad del ritmo.

El ritmo está presente en lo biológico, en to­dos los procesos vitales de las células del orga­nismo. El ritmo intrauterino es el que percibe el bebé dentro del vientre cuando recibe los soni­dos del corazón de su madre, los movimientos respiratorios y la circulación de la sangre pla­centaria. Una vez que nace, se produce una se­paración física y los ritmos se diferencian: el del bebé y el de la madre se bifurcan; comienzan a definirse los ritmos vinculares con sus caracte­rísticas. Estos pueden ser subjetivantes y permi­ten un proceso de individuación, o pueden pre­sentar dificultades en diferentes niveles.

El tiempo es la categoría que posibilita la construcción de la historicidad. A medida que el infans va creciendo, accede a rutinas ordena­doras que le van marcando los tiempos: tiempo de comer, tiempo de bañarse, tiempo de dormir, entre otros.

El ritmo musical es un orden acompasado en la sucesión de las cosas, que se produce por la ordenación de elementos diferentes. Puede de­finirse como la combinación armoniosa de soni­dos, voces o palabras, que incluyen las pausas, los silencios y los cortes necesarios para que resulte grato a los sentidos. El ritmo puede ir variando y resulta de cómo ordenamos el paso del tiempo dentro del pulso. El ritmo es la mani­festación, es lo observable.

Frances Tustin (1987) habla de un ritmo de se­guridad que se va desarrollando a partir de una comunicación empática y transformadora entre el niño y su madre. Se produce una interacción rítmica, adaptativa y enriquecedora, que da lu­gar a la comunicación inicial.

La mamá va conociendo a su bebé a partir de los tiempos de este: su respiración, el momento de alimentación, su sueño o sus llantos. Ella lo va acompañando y se va formando lentamente un proceso rítmico único, acompasado.

En música, el ritmo presenta una nota fuer­te, una nota débil y pausas, que en la secuen­cia van armando un compás creativo. Análoga­mente, desde esta perspectiva, en el vínculo se establece una continuidad rítmica que va suce­diendo armoniosamente y que le va dando al niño un sentimiento de continuidad corporal. El ritmo va marcando el paso del tiempo, es la ex­periencia individual en la dinámica vincular.

El término sincronía se utiliza para describir un hecho que referencia a dos sucesos que trans­curren en el mismo período de tiempo, coexis­tiendo y/o combinándose, como son en este caso la maternidad y el desarrollo del bebé.

Podemos pensar desde el término de Saussure (1997) y aplicar su origen lingüístico a lo que él planteó como diacronía, es decir, que cada uno de los sucesos tiene su propio desarrollo indivi­dual, pero al pensarlo en un mismo período de tiempo como es la crianza, forman parte de la sincronía a la cual nos referimos. La sincronía se­ría la sumatoria de la vivencia de la maternidad y del desarrollo del bebé.

La sincronía vincular es absolutamente nece­saria para poder crear un ritmo saludable entre una madre y un bebé.

La madre va observando y descubriendo a su bebé. De esto surge un peculiar y único entrela­zamiento rítmico, que posibilita el surgimiento de una sincronía rítmica, garantizando la futura salud psíquica del bebé. Esta sincronía comienza desde el embarazo.

Esa sincronía vincular se encuentra muy inter­ferida en la actualidad. El exceso de información a disposición de la madre la aleja de la observa­ción de su propio hijo. Así es, que termina co­municándose con un ideal de niño producto del marketing, que difiere del niño real, o se frustra como madre por no estar a la altura del modelo propuesto por influencers o publicidades. Esta situación ubica a la madre en un lugar de bús­queda en el afuera de lo que su bebé necesita, de cómo ser madre y no da lugar a la posibilidad de que ella perciba a su bebé. La interferencia es tan poderosa que no observa ni da lugar a ese bebé, al vínculo único entre ellos, lo que impo­sibilita el encuentro con su linaje, que es funda­mental de la díada en la cultura. Consideramos que esto puede ser causante de disritmias vin­culares.

Decíamos que esta sincronía vincular está muy interferida en la actualidad. En las redes se encuentra un exceso de información sobre temáticas de crianza: sueño blanco, ventanas del sueño, alimentación, por ejemplo. Este ex­ceso de información, en muchos casos sin fun­damentación científica, es también una carac­terística epocal. Podemos pensar, siguiendo a Byung-Chul Han (2014), que hay un exceso de información también en el ámbito de la crianza que deja a los padres sobrecargados de dicha información y que los aleja de la observación de ese bebé concreto, de poderse reconocer como padres de ese hijo real y termina dejándolos im­potentes. Se acude a construir un ideal de niño como si fuera un producto de marketing muy di­ferente a ese niño real con sus características y con las características propias de los padres.

La información que se le brinda a la madre interfiere, lo que interpone entre la madre y su bebé una distancia emocional. La madre tiene que lograr objetivos, ya que otros le dicen cómo es el niño perfecto y la alejan de la posibilidad del esfuerzo emocional de decodificar a su hijo. Este esfuerzo va entretejiendo el vínculo en­tre la madre y el bebé, para que el bebé tenga confianza en la madre, la madre confianza en sí misma y la díada se constituya amorosamente. La madre, en vez de criar a su propio hijo, está criando a alguien que no existe.

Incertidumbres de crianza / incertidumbres epocales

La llegada de un bebé viene acompañada de incertidumbres propias de esta etapa: ¿cómo será? ¿A quién se va a parecer? ¿Qué va a ser cuando sea mayor? ¿Cómo seremos como ma­dre y padre? Estos interrogantes a veces surgen desde el embarazo y despiertan también la posi­bilidad de ensoñar a ese bebé.

En los últimos años, nos encontramos viviendo en un mundo que nos alarma: el calentamiento global; políticas que no responden a las proble­máticas actuales; enfermedades que se consi­deraban erradicadas que vuelven a aparecer; la pandemia de la COVID 19; dificultades econó­micas que, en algunos casos, dejan a los sujetos con la incertidumbre sobre el futuro laboral y el temor de quedar fuera del sistema; el estallido de la guerra que día a día nos deja con la inquie­tud sobre el futuro.

En este contexto mundial, repleto de incerti­dumbres, se presenta un futuro incierto y también sombrío. Ante la incertidumbre característica de la etapa del embarazo y la crianza, se suman aho­ra la incertidumbre sobre el futuro, sobre la posi­bilidad de soñar ese futuro y cómo va a ser este cuando el mundo se presenta tan incierto.

Pandemia y maternidad

Hace años que venimos trabajando grupal­mente generando espacios de manera virtual, con padres, educadores, puericultoras y otros trabajadores de la salud en encuentros en los que pensamos las infancias y las problemáticas actuales.

Con la llegada de la pandemia, nos pregunta­mos cómo estarían siendo los tiempos de em­barazo, de parto y de crianza en este contexto de aislamiento y de restricciones.

En nuestra búsqueda y actualización de infor­mación, nos encontramos con situaciones de mucha desolación. En Argentina, desde el año 2004 fue promulgada la ley 25929 de parto res­petado, pero durante la pandemia esta ley fue vulnerada por la propia urgencia, la sobrecarga de los servicios de salud, la restricción de los servicios y el desconocimiento que trajo la si­tuación.

En este contexto, a inicios del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), L., una mujer hipoacúsica, se encontraba en trabajo de parto. Fue a parir a un hospital público de la Ciu­dad Autónoma de Buenos Aires, acompañada por su pareja, también sordo. Tuvo que ingresar sola, no le permitieron ingresar con su teléfo­no móvil, ni de nadie que sirviera de traductor. El parto se dio en una situación de total estrés para ella y su bebé, con los agravantes de que tampoco podía leer los labios del personal por el uso de las mascarillas y las máscaras protec­toras. Situaciones como esta nos generaron preocupación y nos interpelaron.

Nos estábamos enfrentando a un enemigo de la humanidad que no tenía sensorialidad y no lo podíamos imaginar. Consideramos que el confi­namiento y la amenaza de contagio generarían una ruptura de la conectividad social dejando a los padres muy solos con su bebé. Nos pregun­tamos, ¿qué consecuencias tendrían en los em­barazos, nacimientos y en la crianza esta etapa? ¿Cómo generar un entramado de sostén como apoyatura en estos tiempos?

Un bebé necesita para su extero-gestación de un entramado saludable, sostenedor y conte­nedor, en el cual su aparato psíquico encuentre cobijo para desarrollarse. Esto se lo ofrece su madre o quien cumpla el rol materno. Esta per­sona le va a traducir todo lo que hay a su alrede­dor, brindándole una narrativa descriptiva para que vaya incorporando en su mente los objetos; así, luego los puede pensar y, posteriormente, poner en palabras.

Pero para que se den todas las condiciones y que esto suceda, el adulto responsable deberá estar en condiciones de alojar la responsabilidad que exige el vínculo con el bebé y, sobre todo, la garantía de vida, que para mucha gente no es poca cosa. De este panorama, aflora un ritmo vincular que tendrá diferentes características.

La pandemia provocó un corte temporal, una pausa que detuvo el tiempo para transformarlo en uno que generaba extrañeza, con la sensa­ción de estar viviendo un tiempo apocalíptico; la paralización ante lo traumático, el terror que paralizó y tiñó de oscuridad catastrófica, mie­do paralizante que no dejaba a dónde huir por­que el enemigo se presentaba tan monstruoso y desconocido que todo se transformaba en peligroso, sobre todo el contacto: “la pandemia agudizó estas sensaciones arcaicas en las ma­dres a las que se le agregaron la falta de textura sensorial” (Ball et al., 2021, p. 3).

El ritmo vincular de madre y bebé en esa ex­trema soledad se encontraba en riesgo. Las ru­tinas familiares en la cuarentena aumentaron las posibilidades de accidentes domésticos, en es­pecial con los niños deambuladores que no con­taban con mucho espacio, sin poder practicar la marcha y, al salir a la calle, todo esto genera­ba torpeza motora. La tolerancia hacia los hijos disminuyó en función de las presiones autoim­puestas; ansiedad que antes de que se desatara la pandemia ya estábamos atravesando por el avance de la tecnología.

En la pandemia, la virtualidad se pensó como un aliado, pero terminó alienando a muchas fa­milias que caían en el uso de los dispositivos como única salida y conexión a un mundo en el que se canalizaban las ansiedades. Uno de los síntomas más significativos que hemos visto en relación con la crianza es la enorme cantidad de actividades que se sugerían para entretener a los más pequeños.

En este período, las familias debían adaptarse a lo que eran nuevas rutinas con el bebé: en la agenda diaria, incorporar las tareas domésticas, el trabajo, la nueva escuela virtual si había otros niños en la casa y, como si fuera poco, en este esquema debía también incorporarse el pospar­to con su puerperio. Un océano de incertidum­bre se abría paso ante el futuro cada vez más extraño y peligroso.

Dispositivo de trabajo grupal: Crianza en pan­demia

Ante la situación de la pandemia, como tera­peutas, nos encontramos con el riesgo de per­der el rumbo. No queríamos que “el apocalipsis” nos paralizara y nos sacara de nuestro rol, que era comprender y pensar como psicoanalistas, observadores de bebés, para ayudar a sus fa­milias. Estas situaciones tan angustiantes, que nos incluyen, nos ponen en riesgo de que, con la angustia, se ataque la posibilidad de pensar; en especial, el pensar colectivo.

Consideramos necesario generar un dispositi­vo virtual que fuera gratuito y que pudiera ser un punto de encuentro para reunir a las familias, a las mujeres embarazadas, para encontrarnos y conformar una red de contención grupal que contrarrestara los efectos del aislamiento, la soledad física y emocional en estos momentos tan trascendentales de la vida e ir restituyendo el entramado de conectividad social. Pero no podemos dejar de incluirnos y ver que también para nosotros cumplía una función de sostén, a modo de un “auto rescate”; para que la pande­mia no nos diluyera en nuestra identidad pro­fesional, no podíamos dejar de ser parte de la humanidad y consideramos indispensable con­formar una red mutua de sostén.

En el espacio de Crianza en Pandemia, nos en­contramos para compartir experiencias, preo­cupaciones, emociones de lo que iba ocurriendo a cada uno.

Comenzamos reuniéndonos con las madres que llevaban a sus bebés y luego se incorpora­ron los padres. Nos reunimos durante un año y medio de manera virtual hasta que se fue retomando la presencialidad en lo laboral y las madres tuvieron que cambiar sus rutinas nue­vamente, pero esta vez para la vuelta a su vida laboral.

Concurrieron mujeres embarazadas y madres con sus bebés recién nacidos, que fueron cre­ciendo con el transcurrir de los encuentros.

Las mujeres embarazadas transitaron su em­barazo con mucha soledad:

“Mi familia no pudo verme embarazada, nada más que por pantalla”.

“Nadie me pudo tocar la panza”.

“No pude elegir los muebles del cuarto de mi hijo”.

“Tuve que comprar la ropita y hasta los paña­les por internet”.

“Toda mi vida soñé con tener un baby-shower al lado de mis amigas”.

La pandemia trajo una gran sombra en el sueño de embarazo de estas mujeres. Se vie­ron afectados los encuentros, pero también la sensorialidad. La pandemia agudizó emociones más arcaicas, a las que se les sumaron la falta de textura sensorial. El embarazo es un momento de regresión y la situación de aislamiento social acrecentó este escenario, dejando a las mamás sin una red de sostén.

La virtualidad, con su imagen plana, fue indis­pensable para las comunicaciones, para compar­tir emociones y hasta para comprar todo lo ne­cesario para la llegada del bebé, convirtiéndose en una ventana vinculante. Las visitas al médico, las ecografías, los estudios fueron vividos tam­bién en soledad, pero el teléfono móvil ingresó a la consulta médica y, de esa forma, pudieron compartir el avance del embarazo y compartir preguntas. A las ansiedades propias del pre­parto y del parto, se sumaron las vivencias de desamparo. La posibilidad de intercambio que brindaron las pantallas virtuales contribuyó a los intercambios interpersonales, pero con ausen­cia de otras percepciones: el olor característico del otro, de esa temperatura corporal que da al abrazo. En los intercambios, la incorporación de la emocionalidad facilitó traspasar la dimensio­nalidad plana impuesta por la pantalla para con­vertirlo en un encuentro emocional.

Se incorporó al grupo una madre que hacía pocos días había fallecido su mamá por COVID. Se encontraba atravesando un duelo y todos los sueños que había tenido con su embarazo y con la llegada de su bebé se vieron truncados. Su mamá no pudo verla embarazada, y todo lo que planearon juntas, como cuidar a su bebé con el retorno al trabajo, tampoco.

Vivencias dolorosas pudieron ser compartidas grupalmente de manera virtual con otras perso­nas desconocidas, atravesadas por experiencias que nos unían: la incertidumbre de la pandemia y el deseo de compartir estos tiempos de crian­za. Los encuentros tenían el objetivo de gene­rar un espacio que pudiera paliar la vivencia de soledad e incertidumbre y que funcionara como sostén, con la posibilidad de encontrarse con otras madres y padres que estaban en la misma situación. Nosotros funcionábamos como un so­porte, compartiendo las alegrías y los momentos de angustias, tratando de potenciar aquellas pa­labras que daban cuenta de lo bien que estaban desarrollando su maternaje y habilitando los sen­timientos de cansancio, las dificultades, el poder compartir la tristeza sin temor a ser juzgadas.

En palabras de A., “en este espacio, yo me siento alojada y puedo compartir cosas que, en otros lados, no”.

Fueron transcurriendo los encuentros, feste­jamos el primer cumpleaños de algunos bebés, mientras nuevas mamás se incorporaban y se producía un intercambio donde las más expe­rimentadas transmitían sus vivencias. Nos llamó la atención que los bebés no lloraban en los en­cuentros, como si pudieran compartir ese mo­mento también activamente.

Intentamos pensar ¿qué pasó con el ritmo en la pandemia? La pandemia impuso una pausa, alteró los ritmos, los espacios y cortó el ritmo que venía transcurriendo. El ritmo de continui­dad se modificó. La posibilidad que otorgó el dispositivo de Crianza en pandemia fue generar un nuevo ritmo que favoreciera una conectivi­dad vincular entre los integrantes, pero también entre ese bebé, su mamá y su papá.

Los bebés fueron creciendo, comenzaron a ha­cerse notar mediante gorjeos, risas o acercando sus caritas a las pantallas. Con el transcurrir de nuestros encuentros, pudimos observar niños atentos, tranquilos, vinculándose y, día a día, explorando el mundo cercano de su casa. Afue­ra un mundo impredecible, adentro un mundo más tranquilo y seguro. La sincronía vincular es necesaria para crear un ritmo saludable entre la mamá, el papá y su bebé. La pandemia obligó a un encuentro muy cercano, sin interrupciones. Una crianza sin apuros, sin prisas y sin tantas in­terferencias posibilita un mayor encuentro entre la mamá y su hijo.

La experiencia observacional con bebés en pan­demia

Nuestra experiencia como observadores de bebés siempre se ha realizado de manera pre­sencial. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de observar las dinámicas vinculares entre las mamás, sus bebés y entre todos los integran­tes del grupo. Ball (2002) plantea que el mé­todo de Esther Bick es un aporte fundamental, no solamente teórico para el psicoanálisis: es, también, “un entrenamiento para ser psicoana­listas” (p. 130).

Crianza en pandemia se dirigía a los padres; sin embargo, con el transcurrir de los encuen­tros, pudimos ver los efectos en los niños.

Observación del encuentro a través de la pan­talla

La siguiente es una breve observación que re­gistra un momento del encuentro. De la Serna (2021) registra:

  1. (1 año) gatea por el cuarto, su mamá está frente a la pantalla, sentada en el suelo. A. se acerca a la pantalla, mira, se ríe, pasa su manita por ella, como queriendo tocar lo que hay en la imagen.
  2. (6 meses) está en brazos de su mamá. De repente, la aparición de A. le llama la atención: se incorpora, se adelanta a la pantalla, lo mira y sonríe. Comienza a reírse. Ante nuestro asom­bro, comenzaron a intercambiar risas y gorjeos. A. señala, M. se ríe.

Todos los que estábamos ahí nos sorprendi­mos del juego que ambos desarrollaban: un jue­go de dos niños que se conocían hace meses sólo por medio de la pantalla, integrantes que fuimos conformando este grupo de sostén, per­cibiendo la reacción emocional.

Reflexiones finales

Con el avance de la pandemia, la llegada de las vacunas, el teletrabajo se fue modificando para pasar a retomar la presencialidad. Se presentaba ahora una nueva situación de angustia: después de haber estado las 24 horas, todos los días juntos, se generaba una situación inédita que era la de la separación por la vuelta al trabajo. Encontramos que la mayor resistencia estaba más depositada del lado de las madres que del lado de los bebés, quienes parecieron disfrutar mucho los nuevos espacios propuestos con el ingreso al jardín maternal. Nuestra hipótesis inicial era que este encuentro vincular intenso entre los padres y el bebé, si es adecuado, iba a ser de beneficio para la seguridad interna del niño.

Las experiencias de los bebés que concurrie­ron a Crianza en pandemia nos demostró que esa separación, pese a haber sido tan extenso el tiempo encerrados en sus casas, otorgó una mayor seguridad en los bebés y posibilitó una separación sin angustia. Tuvimos que trabajar con las madres para sostenerlas a ellas en este momento de separación.

Los encuentros finalizaron y después de casi un año y medio, decidimos encontrarnos de ma­nera presencial en un consultorio en el que po­díamos estar y compartir el momento mientras los chiquitos jugaban.

La reunión presencial le dio textura sensorial a la virtualidad. Permitió que todo transcurrie­ra como si nos conociéramos de toda la vida. Había confianza, respaldada en el vínculo pre­vio. Los adultos podían hablar de sus historias personales, ya sean familiares, laborales, los temores que tuvieron para enfrentar el emba­razo y el parto, etc. Cómo pensaban que po­dían comportarse sus hijos, se asombraban de que fueran distintos a los hijos de los amigos, o los primos, porque eran seguros, no tenían miedo, no lloraban, sabían adaptarse rápida­mente a situaciones nuevas. Nosotros pensa­mos que la seguridad que los padres les ha­bían dado configuró internamente en los niños un estado de calma y de observación hacia los otros. Es importante también recordar que es­tos padres estuvieron acompañados durante un año y medio por la conectividad emocional que se dio en el grupo. Y a nosotros, en nues­tro rol de coordinadores, también nos permitió transitar mejor esos tiempos, nuestros propios apocalipsis, ya que todos estamos implicados en la angustia, la incertidumbre y el temor a la muerte.

Para finalizar, compartimos algunas palabras de ese encuentro: “¡No nos alcanzan las pala­bras para agradecerles el acompañamiento, la guía, la escucha y el sostén en el momento más hermoso y caótico de la vida!… ¡gracias!”

La experiencia de Crianza en pandemia para nosotros fue inédita y sumamente enrique­cedora. Como profesionales de la salud, nos planteamos los distintos lugares de inserción al servicio de la salud mental. Se puede hacer prevención desde el inicio de la vida teniendo una escucha atenta psicoanalítica. Esta expe­riencia nos permitió reflexionar sobre varios aspectos. La posibilidad de encontrarnos con el niño que habita en cada uno de nosotros, con lo genuino, lo afectivo y, sobre todo, el aprendizaje espontáneo en las nuevas situa­ciones difíciles que se imponen para vivir. Los espacios grupales, colectivos, posibilitan este intercambio indispensable. La idea de este trabajo fue generar un espacio de sostén que posibilitara la restitución de una trama conec­tiva por fuera del consultorio, para facilitar una vincularidad más saludable, una crianza que devuelva la esperanza en el futuro; poder des­cubrir la resiliencia que tenemos como seres humanos que en grupo apostamos a sostener una red conectiva y que, a su vez, nos sostuvo a nosotros también. Hemos cosido entramados cuando los vimos rotos y los hemos reforzado al descubrirlos rasgados.

Ante un mundo en crisis, que se presenta con un futuro complejo, que hace difícil soñar el futuro, consideramos que es indispensable la inserción de los psicoanalistas y distintos pro­fesionales de la salud en otros dispositivos no­vedosos, por fuera del consultorio.

Nos preguntamos sobre estos tiempos difíci­les que nos atraviesan y la necesidad de generar diferentes dispositivos creativos por fuera del consultorio para sostener a las nuevas familias en estos tiempos de crianza en la actualidad. Es indispensable conformar un entramado de acompañamiento para los padres que favorezca la reconstitución del entramado conectivo so­cial que sostenga a las familias y así dé lugar a una crianza saludable.

Bibliografía

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Ball, G. Federico, G. y de la Serna, L. (2021). Rit­mo y crianza en pandemia. Trabajo libre 1er congreso de Conecta Perinatal. España.

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De la Serna, L. (2021). El sostén de la madre y el bebé en tiempos de pandemia. Trabajo libre presentado en el XXIX Encuentro Latinoame­ricano sobre el pensamiento de D. W. Winni­cott, Montevideo.

Tustin, F. (1987). Barreras autistas en pacientes neuróticos. Amorrortu editores.

Saussure, F. (1997). Cours de linguistique gé­nérale. Édition critique. Grande bibliothèque Payot.