Características del Abuso Sexual Infantil por representantes de la Iglesia católica en España

Noemí Pereda, Anna Segura y Laura Sicilia

RESUMEN  

Características del Abuso Sexual Infantil por representantes de la Iglesia católica en España. Este es el primer estudio nacional en España en el que se evalúan las características diferenciales de la victimización sexual contra niños, niñas y adolescentes por parte de representantes de la Iglesia católica. Participaron 38 adultos (25 varones y 13 mujeres), a quienes se llegó mediante muestreo no probabilístico de conveniencia y bola de nieve. Se evaluaron las características de la victimización sexual y del victimario, la revelación y notificación y la vivencia de otras formas de victimización por parte de personas no pertenecientes al clero. Los resultados sugieren que las organizaciones religiosas deberían adquirir el compromiso de colaborar en el proceso de superación de las graves experiencias de victimización infantojuvenil acontecidas en su seno por parte de aquellos niños, niñas y adolescentes más vulnera­bles y victimizados. Palabras clave: abuso sexual infantil, Iglesia católica, victimización sexual infantil, España.

ABSTRACT  

Characteristics of Child Sexual Abuse by representatives of the Catholic Church in Spain. This is the first national study in Spain in which the differential characteristics of sexual victimization against children and adolescents by representatives of the Catholic Church are evaluated. Thirty-eight adults (25 men and 13 women) reached by non-probabilistic sampling of convenience and snowball participated in the study. The characteristics of the sexual victimization and the perpetrator, the disclosure and notification and the experience of other forms of victimization by people not belonging to the clergy were evaluated. The results suggests that religious organi­zations should acquire the commitment to collaborate in the process of overcoming the serious experiences of victimization by those most vulnerable and victimized children and adolescents. Keywords: child sexual abuse, Catholic Church, child sexual victimization, Spain.  

RESUM  

Característiques de l’abús sexual infantil per representants de l’Església catòlica a Espanya. Aquest és el primer estudi nacional a Espanya en el qual s’avaluen les característiques diferencials de la victimització sexual contra nens, nenes i adolescents per part de representants de l’Església catòlica. Van participar-hi 38 adults (25 homes i 13 dones), als qui es va arribar mitjançant mostreig no probabilístic de conveniència i bola de neu. Es van avaluar les característiques de la victimització sexual i del victimari, la revelació i notificació ila vivència d’altres formes de victimització per part de persones no pertanyents al clergat. Els resultats suggereixen que les organitzacions religioses haurien d’adquirir el compromís de col·laborar en el procés de superació de les greus experiències de victimització infantil i juvenil esdevingudes allà per part d’aquells nens, nenes i adolescents més vulnerables i victimitzats. Paraules clau: abús sexual infantil, Església catòlica, victimització sexual infantil, Espanya.

Introducción

El abuso sexual infantil por parte de repre­sentantes de la Iglesia católica es un serio problema que la institución conoce desde hace años (Sáez, 2015). Aunque el problema no es nuevo, ha sido recientemente cuando las víctimas han empezado a denunciarlo de forma pública (Olafson, Corwin y Summit, 1993). Las revelaciones empezaron en 1984 en los Es­tados Unidos, con las denuncias contra Gilbert Gauthe en la Diócesis de Lafayette, y llegaron a su punto álgido en las publicaciones del Boston Globe en 2002 y 2004 con el informe del John Jay College of Criminal Justice sobre los abusos cometidos por John Geoghan y otros religiosos en Massachusetts (Terry, 2008). En España, el problema se hizo evidente en el año 2016, con el caso Joaquín Benítez, también conocido posteriormente como el caso Maris­tas. Manuel Barbero, el padre de un alumno de un centro educativo dirigido por la Congrega­ción de los Hermanos Maristas, denunció los abusos sexuales sufridos por su hijo por parte del profesor de educación física, Joaquín Bení­tez. Guillem Sánchez, periodista de El Periódico, atendió la noticia e inició una investigación que finalizó en denuncias contra 17 docentes de di­ferentes escuelas maristas en Cataluña, por par­te de más de 50 víctimas. Sin embargo, pocos estudios internacionales y ningún estudio nacional ha evaluado las carac­terísticas diferenciales de esta forma de victimi­zación sexual contra menores, si bien establecer las características de la victimización sexual tie­ne importantes implicaciones en el pronóstico y el tratamiento de las víctimas (Pereda, Abad y Guilera, 2016). Así, Doyle (2003) ha descrito las características de esta realidad que, en algunos aspectos, comparte particularidades con los abusos sexuales infantiles cometidos por par­te de otras personas no vinculadas a la Iglesia: (a) las víctimas son generalmente niños, niñas y adolescentes pero en el caso de la Iglesia, las familias mantienen una relación estrecha con esta; (b) los abusos suelen ser crónicos, es de­cir, difícilmente se producen en una única oca­sión y suelen perdurar a lo largo del tiempo; (c) los padres u otros adultos que descubren o reci­ben una revelación de abusos sexuales no sue­len creer a la víctima; (d) cuando la revelación llega a oídos de la Iglesia, la primera reacción es intentar silenciar a las víctimas y hacerlas creer que el silencio es la mejor respuesta tanto para ellas, como para sus familias y la institución; (e) la mayoría de víctimas no revelan los abusos hasta que llegan a la edad adulta; y (f) muchas víctimas presentan graves secuelas derivadas de los abusos sexuales. Como característica diferencial, se ha encon­trado que la mayoría de víctimas son de sexo masculino (Doyle, 2003). Algunos autores han defendido este resultado aludiendo a la facilidad con la que los religiosos han tenido acceso a va­rones en su actividad diaria, así como a aspec­tos vinculados con la homosexualidad (McGraw, Ebadi, Dalenberg, Wu, Naish y Nunez, 2019). Sin embargo, otros autores minimizan esta diferen­cia y defienden que las víctimas de sexo femeni­no no han aparecido aun públicamente y por ello existe un sesgo con una mayor frecuencia de víctimas varones (véase una revisión de todos estos aspectos en van Wormer y Berns, 2004). Especialmente relevantes son los abusos en los que hay contacto físico, destacando la pe­netración oral, anal o vaginal, como una de las experiencias con un efecto más traumáti­co (Friedrich, 1993; Kendall-Tackett, Williams y Finkelhor, 1993) y que aumenta el riesgo de malestar en la víctima (Mennen y Meadow, 1995; Thériault, Cyr y Wright, 2003; Kendall-Tackett et al., 1993). La frecuencia y duración de los mis­mos también es altamente relevante (Friedrich, 1993; Kendall-Tackett et al., 1993; Thériault et al., 2003; Wind y Silvern, 1992). La existencia de una relación estrecha, de intimidad y confianza en­tre victimario y víctima antes del abuso también se relaciona con un mayor riesgo de problemas psicológicos posteriores (Conte y Schuerman, 1987; Faust, Runyon y Kenny, 1995; Kendall-Tackett et al., 1993; Mennen y Meadow, 1995). La edad del victimario al cometer el abuso, sin em­bargo, no parece ser una variable que influya en el estado psicológico de la víctima (Shaw, Lewis, Loeb, Rosado y Rodríguez, 2000), si bien algu­nos autores indican la comisión de abusos más severos por parte de victimarios más jóvenes (Allard-Dansererau, Haley, Hamane y Bernard-Bonnin, 1997). Estudios seminales como el de Browne y Finkelhor (1986) indican la existencia de mayores problemas psicológicos en víctimas de abusos sexuales en los que el victimario ha utilizado la fuerza física. Variables de la víctima como el sexo (Dube et al., 2005; Feiring, Tas­ka y Lewis, 1999; Garnefski y Diekstra, 1997) o la edad al iniciarse los abusos (Feiring et al., 1999; Ruggiero, McLeer y Dixon, 2000), también pa­recen influir en el posterior malestar que pueda desarrollar. A su vez, la experiencia de múltiples formas de maltrato también aumenta este ma­lestar, así como la severidad de la victimización experimentada (Clemmons, Walsh, DiLillo y Messman-Moore, 2007), siendo esta coocurren­cia altamente frecuente en víctimas de abuso se­xual (Lacelle, Hébert, Lavoie, Vitaro y Tremblay, 2012). La notificación de los hechos por parte del niño o niña es otra de las variables para tener en cuenta (Arata, 1998), si bien parece ser la reac­ción del entorno tras esta revelación o descubri­miento la variable que más influye en el desarro­llo de sintomatología psicológica (Ullman, 2002).  Cabe añadir que el abuso del poder espiritual por el perpetrador es comúnmente una carac­terística clave del abuso sexual cometido por el clero o por consagrados. El sacerdote represen­ta la voz de Dios y muchas veces los abusos se cometen en Su nombre (Isely, Isely, Freiburger y McMackin, 2008), usando objetos y simbo­logía religiosa. La relación de un creyente con Dios puede compararse psicológicamente con otras formas de apego (Granqvist, Mikulincer y Shaver, 2010). Así, muchas veces esta relación se basa en la creencia que Dios va a proteger­te y cuando no evita el abuso sexual esta asun­ción básica de seguridad se rompe y el creyen­te puede pensar que su relación con Él se ha destruido (Smith, 2004). Cabe tener en cuenta que el victimario representa a la Iglesia, así que muchas víctimas asumen que esta, en su totali­dad, es quién les ha hecho daño. Así, evitan el dolor que les supone asistir a esta alejándose de ella (McLaughlin, 1994). Las señales, símbolos y rituales de la Iglesia se convierten en estímulos que conllevan imágenes intrusivas de lo ocurri­do (Rudolfsson y Tidefors, 2014). En este sentido, y dada la escasez de publi­caciones que han analizado estos aspectos, el objetivo del presente estudio es describir las principales características de la victimización sexual cometida contra menores por parte de representantes de la Iglesia católica en España, a partir de la información proporcionada por sus propias víctimas.  Método Muestra Se encuestó a 38 adultos (25 varones y 13 mujeres, representando el 65,8 % y 34,2 %, respectivamente), con un rango de edad de entre los 24 y los 67 años (M = 51,1; D.T. = 11,7), mediante muestreo no probabilístico de con­veniencia y bola de nieve. La Tabla 1 del anexo muestra las características sociodemográficas de la muestra.  Hombres y mujeres son comparables en re­lación con su país de origen, estado civil, nivel de estudios y situación laboral. Sin embargo, se observan diferencias significativas (U = 79.500; p = ,010; valor de tamaño del efecto de ,42, con­siderado medio según Rosenthal, 1991) en cuan­to a las puntuaciones medias de edad por sexo, siendo los hombres quienes obtienen una pun­tuación media más elevada. Asimismo, hombres y mujeres mostraron diferencias significativas (Test Exacto de Fisher-Freeman-Halton = 8.236; p = ,03; V de Cramer = ,235; p = ,03) en relación a su distribución en la variable orientación se­xual (ver clasificación en la Tabla 1 del anexo). Procedimiento Se identificaron las principales asociaciones y fundaciones españolas vinculadas a la interven­ción con víctimas de abuso sexual infantil y se solicitó que enviaran a sus usuarios la dirección web en la que se encontraba disponible la batería de preguntas. A su vez, se contactó directamen­te con víctimas que hubieran hecho públicos los abusos sufridos por parte de representantes de la Iglesia católica y se les solicitó que respondie­ran al cuestionario, así como que distribuyeran el mismo entre sus contactos. En una segunda fase, se contó con la colaboración de diversos medios de comunicación y redes sociales para difundir el enlace de la encuesta y alcanzar la población diana, poniendo a su disposición un teléfono al que llamar en caso que algún participante de­sease realizar la encuesta por vía telefónica o en persona. El estudio ha seguido los principios éti­cos básicos de la Declaración de Helsinki (WMA, 2013) y el Código Deontológico del Colegio Ofi­cial de Psicología en Catalunya (COPC, 2015) y fue aprobado por la Comisión de Bioética de la Universidad de Barcelona (IRB00003099). Instrumentos Se creó una batería de preguntas, dividida en siete secciones o apartados. La primera sección incluía preguntas sobre información personal  general del participante (como el sexo, edad, lugar de nacimiento, estado civil), así como pre­guntas relativas a su fe, religión y sistema de creencias. La segunda sección del instrumento se centraba en la victimización sexual por parte de la Iglesia (como la edad a la que se iniciaron los abusos, el cargo religioso del abusador, su sexo y edad). La tercera sección inquiría sobre formas de victimización sexual cometidas por otras personas no vinculadas al clero, mientras que la cuarta sección, sobre otras formas de victimización que hubieran podido acontecer a la víctima por parte de sus padres o cuidadores principales (abusos físicos y emocionales, negli­gencia, entre otros). La quinta sección refería a consecuencias psicológicas de la victimización (como trastornos ansiosos, depresivos, proble­mas de sueño). La sexta sección profundiza en preguntas sobre la espiritualidad de la víctima (e.g., sentido de la vida, pensamientos sobre la muerte). Finalmente, la sección final es la adap­tación española del Posttraumatic Growth In­ventory (PTGI, Tedeschi y Calhoun, 1996). Análisis estadísticos Se utilizó el SPSS v.23 para todos los análisis de datos, con un nivel de significación estadís­tica de p = ,05. La relación entre el género y los datos sociodemográficos se analizó mediante la prueba de chi-cuadrado, la prueba exacta de Fisher, el test exacto de Fisher-Freeman-Halton, U de Mann-Whitney y t de Student, según co­rresponda. Cuando se encontraron asociacio­nes estadísticamente significativas, se calculó el tamaño del efecto mediante la fórmula plan­teada por Rosenthal (1991) y V de Cramer. Para reportar las características de la victimización sexual (i.e., edad de inicio y finalización del abu­so sexual, tipología de abuso, uso de objetos o símbolos religiosos, número de victimarios, sexo y cargo del victimario y datos relativos a la revelación y notificación), así como las refe­rentes a otras experiencias de victimización, se usaron análisis invariados (porcentaje, media, desviación típica, valores máximos y mínimos). También se utilizaron las pruebas t de Student y Odds Ratio (OR) para analizar la relación entre género y variables como edad media de inicio y finalización del abuso sexual, tipología de vic­timización sexual, rol del victimario y variables relacionadas con la revelación de los abusos se­xuales infantiles. La medida OR se consideró es­tadísticamente significativa cuando su intervalo de confianza (IC) del 95 % no incluía el valor 1, y se interpretó de la siguiente manera: los valo­res inferiores a 1 indicaban una mayor prevalen­cia entre los hombres, mientras que los valores superiores a 1 indicaron una mayor prevalencia entre las mujeres.

Resultados  

Características de la victimización sexual y del victimario Los 38 adultos, víctimas de abuso sexual in­fantil por parte de representantes de la Iglesia católica que configuran la muestra, indicaron que la victimización se inició a una edad media de 11,8 años (D.T. = 3,2; valor mínimo = 5; valor máximo = 17) y finalizó a una edad media de 14,3 años (D.T. = 4,6; valor mínimo = 7; valor máximo = 31). Aproximadamente un tercio de las vícti­mas (34,2 %; n = 13) informaron que los abusos sexuales ocurrieron de forma puntual, mientras que el resto indicó que la victimización duró una media de 3,8 años (D.T. = 3,9; valor mínimo = 1; valor máximo = 16) (ver Tabla 2). Hombres y mujeres no mostraron diferencias significativas en relación con la edad media de inicio, finaliza­ción de la victimización sexual, ni tampoco en la duración media de los abusos sexuales. Como se recoge en la Tabla 2 del anexo, los participantes indicaron que la mayoría de los abusos sexuales experimentados fueron con contacto físico. Concretamente, el 78,9 % (n = 30) expresó haber sufrido caricias y tocamien­tos o masturbaciones; el 42,1 % (n = 16), intro­ducción de objetos o alguna parte del cuerpo del victimario ya fuera por vía vaginal, anal u oral; y el 10,5 % (n = 4), con introducción de partes de su cuerpo al cuerpo del victimario. El 15,8 % (n = 6) experimentó victimización sexual sin contacto físico tales como proposiciones, exhibicionismo, exposición a pornografía y/o a conductas sexuales por parte del victimario, en presencia de la víctima. Un caso (2,6 %) reportó no recordar la tipología de los abusos sexuales sufridos. Hombres y mujeres no muestran dife­rencias significativas en relación a la tipología de la victimización sexual reportada. En el transcurso de los abusos, un 5,3 % (n = 2) informó que el victimario usó algún símbolo, objeto o imagen religiosa -concretamente, ves­tir sotana, llevar un crucifijo, sostener un icono religioso y encender una vela- mientras que un 7,5 % (n = 3) expresó no recordarlo. Un 34,2 % (n = 13) de los participantes también informó que el victimario usó sus creencias religiosas en el transcurso de los abusos, mientras que un 10,5 % (n = 4) y un 2,6 % (n =1) no recuerda y prefiere no contestar, respectivamente (ver Ta­bla 2 del anexo). Algunas de las frases utilizadas por los victimarios fueron: “Dios es amor y esto es bueno”, “El Espíritu Santo fluye a través de mí”, “Dios matará a tu padre si hablas, si no obe­deces”, “Es lo que Dios quiere para ti” y “Estas confidencias no se hacen en el confesionario, sino en mi celda”. En relación con el victimario, el 84,2 % (n = 32) reportó haber experimentado abuso sexual in­fantil por parte de un victimario; el 5,3 % (n = 2) reportó dos victimarios; el 2,6 % (n = 1) 3 victi­marios, mientras que el 2,6 % (n = 1) indicó cinco, muchos eclesiásticos y dificultades para poder concretar, respectivamente. Respecto al sexo del victimario, todos los participantes (100 %; n = 38) informaron que el victimario fue un hombre, mientras que 3 (7,9 %) reportaron que también hubo una mujer victimaria (ver Tabla 3 del ane­xo).  En cuanto al rol del victimario dentro de la Iglesia católica, observamos que el 65,8 % (n = 25) fueron párrocos o sacerdotes, un 28,9 % (n = 11), consagrados/as (monjes/as, abad/esa, fraile, hermano/a), un 7,9 % (n = 3) laicos (catequis­tas, profesores de religión, personas dedicadas a la solidaridad social), un 2,6 % un diácono y un cardenal, respectivamente (ver Tabla 3). Un caso (2,6 %; n = 3) informó haber experimen­tado abusos por parte de un prefecto de semi­nario. Ningún participante señaló haber sufrido abusos sexuales a manos de otros cargos como obispos, arzobispos, patriarcas o el Papa. Hom­bres y mujeres no muestran diferencias signifi­cativas en relación al rol del victimario responsa­ble de los abusos sexuales, con una excepción. Las participantes mujeres fueron más propensas a reportar el rol de sacerdotes como victimarios (χ2 = 6.174; p = ,02; OR = 11,07; 95 % CI [1,25-98,55]) en comparación con sus pares hombres.  Revelación y notificación Referente a la primera revelación (ver Tabla 4 del anexo), la mayoría de los participantes (86,8 %; n = 33) reportó haber explicado los abusos a una edad media de 24,1 años (D.T. = 11,8; valor mínimo = 10; valor máximo = 55), generalmente a la madre (36,4 %; n = 12), a un amigo o amiga (36,4 %; n = 12), a otro familiar (24,2 %; n = 8), a la pareja (24,2 %; n = 8), al padre (18,0 %; n = 6), pero también a un representante de la Iglesia Católica (18,0 %; n = 6) o a un profesional (15,2 %; n = 5). El 10,5% (n = 4) no había explicado a nadie los abusos y un caso (2,6 %) no lo re­cordaba. Los participantes revelaron el abuso a una media de 1,9 (D.T. = 1,0) personas, oscilando entre un mínimo de 1 y un máximo de 4, con medias similares entre hombres y mujeres. En el 75,8 % (n = 25) de los casos, los participantes señalaron que las personas a quienes revelaron el abuso les creyeron, mientras que el 12,1 % (n = 4) comenta que nadie les creyó, un 9,1 % (n = 3) afirma que algunos le creyeron y otros no, y un caso (3,0 %) prefiere no contestar. De los cuatro participantes que indicaron que nadie les creyó en su primera revelación, solamente uno (25 %) intentó explicar los abusos sexuales más adelante. En relación a si la respuesta dada por la persona a quien se reveló la victimización se­xual fue de apoyo, la mitad de los participantes indica que sí (48,5 %; n = 16) y aproximadamen­te la otra mitad, que no (45,5 %; n = 15), mientras que en dos casos prefieren no contestar (6,1 %; n = 2). Hombres y mujeres muestran diferen­cias significativas en relación a la percepción de apoyo recibido tras la revelación (χ2 = 7,630; p = ,006). Los hombres fueron más propensos a in­dicar una respuesta de apoyo tras la revelación (OR = 0,10; 95 % CI [0,02-0,6]) en comparación con las mujeres. Finalmente, un 73,7 % (n = 28) de los partici­pantes volvió a explicarlo más adelante, reve­lando la experiencia de abuso sexual infantil a una media de 2,5 (D.T. = 2,0) personas, osci­lando entre un mínimo de uno y un máximo de ocho. Hombres y mujeres no muestran diferen­cias significativas en relación al hecho de revelar los abusos sexuales; tampoco en la edad de di­cha comunicación, número de personas a quien revelaron la experiencia de victimización la pri­mera vez ni posteriormente, así como tampoco mostraron diferencias en si les creyeron. En cuanto a la notificación (ver la Tabla 4 del anexo), en un 44,7 % (n = 17) de los casos los participantes indican que se notificaron los abu­sos. La mayoría (94,1 %; n = 16) lo notificó a un representante de la Iglesia católica, a un miem­bro de los cuerpos y fuerzas de seguridad (23,5 %; n = 4) y al poder judicial (11,8 %; n = 2). Dicha notificación fue realizada en la mitad de las oca­siones por la propia víctima (47,1 %; n = 8), la madre (23,5 %; n = 4), otro familiar (23,5 %; n = 4), el padre (11,8 %; n = 2), un representante de la Iglesia católica (11,8 %; n = 2) y un caso fue no­tificado por un desconocido o desconocida (5,9 %). De los 17 casos notificados, más de la mi­tad (52,9 %; n = 9) señalaron que la notificación tuvo un impacto negativo sobre su bienestar, mostrando una puntuación media de 2,8 (D.T. = 3,4; valor mínimo = 0; valor máximo = 9) sobre 10, representando este último valor un impacto totalmente positivo. Otras formas de victimización De los 38 participantes, 21 (55,3 %; 9 mujeres y 12 hombres) reportaron haber experimentado otras formas de victimización, con una media de 2,6 (D.T. = 2,4) victimizaciones sufridas ade­más del abuso sexual infantil por parte de un representante de la Iglesia católica, oscilando entre un mínimo de uno y un máximo de nueve (ver Figura 1 del anexo), con medias similares entre varones y mujeres. En la Tabla 5 del anexo se muestran los por­centajes de las formas de victimización expe­rimentadas por los adultos víctimas de abuso sexual infantil por un representante de la Igle­sia católica. Las formas más prevalentes en la muestra actual son el maltrato físico (34,2 %; n = 13), el maltrato emocional (26,3 %; n = 10), el abuso sexual infantil por parte de una persona no vinculada a la Iglesia católica (23,7 %; n = 9) y una de las formas de negligencia (23,7 %; n = 9) vinculada a si “a menudo tus padres o cui­dadores principales tuvieron personas invitadas en casa a quien te daba miedo tener cerca”. En la Tabla 6 del anexo se observan los resul­tados referentes al momento en que ocurrieron las otras experiencias de victimización toman­do como referencia el abuso sexual infantil por un representante de la Iglesia católica. En este sentido, los participantes informaron si el resto de las experiencias de victimización les habían sucedido antes, durante o después de dicha victimización sexual.  A nivel general, los participantes muestran que el abuso sexual infantil por parte de un re­presentante de la Iglesia Católica sucedió mien­tras experimentaban otras victimizaciones a manos de cuidadores y, mayormente, vincula­das a la negligencia. Por otro lado, observamos que aproximadamente tres cuartas partes de la muestra indican haber sufrido abuso sexual in­fantil también por parte de una persona no vin­culada a la Iglesia católica, previo al abuso se­xual por un representante de dicha institución. En la misma línea, la mitad de los participantes reportan haber experimentado maltrato físico, emocional o manipulación parental previo al abuso sexual infantil por un representante de la Iglesia católica.  En relación con las formas de victimización experimentadas después del abuso sexual por un representante de la Iglesia católica, los par­ticipantes señalaron haber sufrido con mayor frecuencia maltrato emocional.

Discusión

El presente estudio es el primer trabajo en España que describe las características de una muestra de adultos víctimas de abuso sexual in­fantil por parte de un representante de la Iglesia católica.  Características de la victimización sexual y del victimario De forma similar a lo que se ha observado en estudios previos llevados a cabo en otros países, la muestra se compuso, en su mayoría, de víctimas de sexo masculino (McGraw et al., 2019). A su vez, los resultados indican que gran parte de las víctimas tuvieron que hacer frente a los abusos a una edad postpuberal, situada en los 11 años de media y que muestra la tendencia efebofílica de los victimarios en este contexto (Cimbolic y Cartor, 2006). A su vez, los abusos sexuales pueden considerarse graves, incluyen­do conductas con contacto físico y en los que en un porcentaje importante de casos se llegó a la penetración o la introducción de objetos,  Características del Abuso Sexual Infantil por representantes de la Iglesia católica en España Psicopatol. salud ment. 2020, M4, 45-5851  de forma similar a lo obtenido en otros estudios (véase la revisión de Dressing et al., 2017).  En la mayoría de los casos, las víctimas lo fueron por parte de un único victimario, princi­palmente párrocos o sacerdotes. El abuso del poder espiritual por el perpetrador es común­mente una característica clave del abuso sexual cometido por el clero o por consagrados. El uso de símbolos religiosos, objetos o imágenes, o las propias creencias de la víctima para cometer los abusos sexuales es una característica específica de esta forma de victimización, que puede con­ducir al denominado daño espiritual (Isely et al., 2008). Estas consecuencias espirituales se su­man a los problemas de tipo físico y emocional que puede presentar la víctima y deben tratarse en todos los casos de abusos sexuales por par­te de religiosos o representantes de la Iglesia. Entender cómo lo físico, lo psicológico y lo es­piritual van unidos e, incluso, pueden magnifi­car uno al otro, debe ser parte de una respuesta holística a estas experiencias traumáticas. Por lo tanto, la recuperación de las víctimas no se puede limitar sólo a mitigar la sintomatología física o psicológica, sino que también se debe atender a los desafíos espirituales que implican este tipo de victimizaciones (Guido, 2008). Revelación y notificación Se observa, en los resultados obtenidos, que la mayoría de las víctimas requirieron de un tiem­po de reflexión y maduración personal antes de poder revelar lo sucedido, como ya se ha indi­cado en trabajos previos con víctimas de abuso sexual en España (Tamarit, Abad y Hernández-Hidalgo, 2015). Así, la revelación del abuso se produjo en la edad adulta, y generalmente se hizo a una persona del entorno cercano a la víc­tima que creyó lo sucedido.  Sin embargo, la notificación a una autoridad fue un proceso mucho más difícil para las vícti­mas encuestadas, que manifiestan haber senti­do un profundo malestar derivado de la misma. Hay que tener en cuenta que las víctimas ca­tólicas que sufrieron abusos sexuales por par­te de un representante de la Iglesia, mayorita­riamente, se acercaron a la propia Iglesia para pedir ayuda, no a los juzgados ni a otras auto­ridades. Creyeron que la Iglesia las creería y ac­tuaría en consecuencia. Lo que ocurrió, como se ha observado en otros países, fue todo lo contrario (Doyle, 2009). Así, se ha encontrado en trabajos previos que las víctimas presentan niveles inferiores de bienestar espiritual, me­nor confianza en el clero, una relación negativa con la existencia de un poder superior, y menor implicación en prácticas religiosas y en activi­dades de la Iglesia (Ben-Ezra et al., 2010; Hall, 1995; Rossetti, 1995). Estos sentimientos refle­jan la culpa y vergüenza que sienten, así como el sentimiento de traición y abandono por parte de la Iglesia (Imbens y Jonkers, 1992). Teniendo en cuenta que las organizaciones religiosas se dedican al desarrollo de la fe y la espiritualidad de sus miembros, deberían adquirir también el compromiso de colaborar en el proceso de sa­nación de la fe de las víctimas de abusos sexua­les en su seno (Rossetti, 1995). Otras formas de victimización Más de la mitad de la muestra reportó haber experimentado otras formas de victimización infantil como el abuso sexual por parte de una persona no vinculada a la Iglesia católica, el maltrato físico, el maltrato emocional y la ne­gligencia, ya fuera antes, durante o después de los abusos por un representante de la Iglesia. Así, muchos de los participantes del estudio manifiestan haber sido polivíctimas (Finkelhor, Ormrod y Turner, 2007), lo que supone presen­tar unas necesidades de tratamiento y atención muy específicas que requieren del trabajo de profesionales altamente formados en aspectos de trauma complejo (Ford, 2015).  Un aspecto para tener en cuenta es que la ma­yoría de estas formas de victimización, causadas por los padres o cuidadores principales, fueron previas a la experiencia de abuso sexual por par­te de un representante de la Iglesia, sugiriendo que las víctimas pueden haber sido elegidas por su vulnerabilidad y probable falta de apoyo fa­miliar (Böhm, Zollner, Fegert y Liebhardt, 2014). Se trata de niños, niñas y adolescentes que ya se encontraban en situaciones de maltrato y abuso sexual, añadiéndose el abuso por parte de un re­presentante de la Iglesia a su ya difícil situación. En síntesis, los resultados de este primer estu­dio describen un problema que comparte carac­terísticas con la victimización sexual infantil por parte de una persona no vinculada a la Iglesia  Noemí Pereda, Anna Segura y Laura Sicilia Psicopatol. salud ment. 2020, M4, 45-5852  católica, como el sexo del victimario. Si bien la existencia previa de otras formas de victimiza­ción en sus víctimas nos alerta de su vulnerabili­dad y fragilidad que requiere de una intervención que no sólo tenga en cuenta los abusos, sino tam­bién otras formas de violencia acontecidas en el ámbito familiar, así como la posibilidad de secue­las espirituales, vinculadas con el uso de objetos y creencias religiosas por parte del victimario. Limitaciones Una de las principales limitaciones de este trabajo es el reducido tamaño de su muestra. Tal y como exponen otros autores (Böhn et al., 2014), obtener respuestas es una de las partes más difíciles de la investigación con este colec­tivo. Las preguntas son altamente sensibles y pueden generar un gran dolor en las víctimas, así como la desconfianza generalizada causada por la victimización sexual puede haber afecta­do a la confianza en los investigadores y en la investigación (McLaughlin, 1994). Cabe añadir que los resultados obtenidos no son generaliza­bles a todas las víctimas de abuso sexual infantil por parte del clero, dado que el muestreo no fue aleatorio y sólo respondieron aquellas perso­nas más motivadas o interesadas en mostrar su perspectiva sobre el tema. A pesar de ello, este estudio coincide con la línea de otros llevados a cabo previamente en el ámbito internacional (Rossetti, 1995), tanto en el tamaño de la mues­tra como en la metodología utilizada.

Agradecimientos

Las autoras desean mostrar su agradecimien­to más sincero a todos los supervivientes que participaron en el estudio y lo hicieron posible.

Bibliografía

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