La presencia parental como experiencia emocional intersubjetiva
Teresa Isabel Correa, Elizabeth Blanda y Dana A. Barimboim
RESUMEN
Este artículo pretende explorar la motivación intersubjetiva existente en la interacción parento filial en tanto posibilidad de conexión emocional profunda. Nos proponemos identificar e indagar -a partir de la modalidad de relación con un paciente-, acerca de las posibles interferencias o rupturas que ocurren en esta búsqueda de una continuidad sostenida, que remite al concepto winnicottiano del “estar siendo”, a partir de la presentación de dos casos. Esto señalaría el alcance del concepto de presencia en su máxima exponencia en tanto posibilidad de un verdadero encuentro. Palabras clave: conexión emocional, presencia parental, intersubjetividad.
ABSTRACT
The parental presence as an intersubjective emotional experience. The aim of this article is to explore the existing intersubjective motivation in the parents-children interaction as an example of deep emotional connection. Our purpose is to identify and investigate, based on a relationship with a patient, the possible interferences or ruptures that occur in this sustained continuity search. It goes back to the Winnicottian concept of “continuity of being”. This is done through the presentation of two cases. This would indicate the scope of the presence concept in its maximum exponent as a possibility of a true encounter. Key words: emotional connection, parental presence, intersubjectivity.
RESUM
La presència parental com a experiència emocional intersubjectiva. Aquest article pretén explorar la motivació intersubjectiva existent en la interacció parentofilial com a possibilitat de connexió emocional profunda. Ens proposem identificar i indagar -a partir de la modalitat de relació amb un pacient- sobre les possibles interferències o ruptures que ocorren en aquesta recerca d’una continuïtat sostinguda, que remet al concepte winnicottià de l’“estar sent”, a partir de la presentació de dos casos. Això assenyalaria l’abast del concepte de presència en la seva màxima exponència com a possibilitat d’una veritable trobada. Paraules clau: connexió emocional, presència parental, intersubjectivitat.
Introducción
En la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de San Luis, en Argentina, desde el Proyecto de Investigación “Familia, pareja parental y proceso de simbolización en niños”, realizamos psicodiagnósticos a niños que son derivados de escuelas por presentar problemas de aprendizaje y conductas agresivas y/o violentas. En estos casos, se analiza el funcionamiento de la trama familiar, en permanente tensión entre los espacios intrapsíquico, intersubjetivo y transubjetivo, empleando recursos técnicos tales como entrevistas clínicas a los padres, horas de juego con los niños y entrevistas familiares. De esta amplia temática que investiga nuestro equipo, hemos focalizado nuestra atención en situaciones clínicas actuales, que evidencian una particular configuración relacional intersubjetiva consistente en momentos de encuentro y comunión entre los padres y el niño y, a su par, entre paciente y terapeuta. El psicoanálisis emplea conocimientos adquiridos en la observación de la díada madre-hijo y los aplica a la díada analítica. Los instantes de conexión emocional escenificados en la co-creación de la intersubjetividad desde lo observable y pragmático han conducido a la necesidad de investigar los aspectos más enigmáticos de esta dimensión intersubjetiva. Ésta se construye en estos momentos de “presencia y encuentro” con otro significativo, que son signos que evidencian aspectos difíciles de ser señalados debido su opacidad y desconcierto. En esta búsqueda, nos encontramos e intentamos conversar con nuestro interlocutor y explorar de manera abierta y flexible respecto a lo que se genera en este instante creador. Emplearemos conceptos del psicoanálisis relacional de autores como Winnicott, Benjamin, Stern, Coderch, Riera y algunos aportes de las neurociencias.
Desarrollo
Desde la teoría intersubjetiva, consideramos que todo proceso psíquico es relacional porque tiene sus raíces en la relación con los otros. Por lo tanto, las emociones y sus conceptos asociados se presentan en la relación entre dos o más personas. Por lo tanto, el lugar en el que hay que analizarla es el contexto de su conducta y su significado (Coderch y Plaza, 2016). En esta configuración relacional intersubjetiva, el afecto es el organizador principal de la vida relacional. El niño va integrándose afectivamente a partir de adultos significativos que reconocen y leen sus sentimientos y sus estados internos. Gracias a este proceso, logra establecer las raíces intersubjetivas de la comunicación humana. En este sentido, es de fundamental importancia la categoría de presencia parental. Entendemos la presencia como una co-construcción del niño con un otro real externo que aparece como soporte del entramado relacional. La idea de presentidad es clave. Un evento tiene que ser vivido, con sentimientos y acciones que transcurren en tiempo real, en el mundo real, con personas reales, en un momento de “presentidad” (Stern, 2004). Los momentos presentes de mayor interés son aquellos en que dos mentes se encuentran. La presentidad es algo así como un afecto existencial. Esto tiene gran significación clínica, porque los estados patológicos de disociación pueden influir en la sensación de presentidad. Consideramos que se trata de un tipo de presencia que involucra encuentro, intimidad, resonancia afectiva. Ramon Riera (2011), tomando aportes de la neurociencia e investigación en primera infancia, explica la conexión emocional a partir del rol de las emociones en las relaciones interpersonales. Subraya que aquello que disponemos para evaluar las situaciones no es el pensamiento reflexivo, como considerábamos hasta ahora, si no las emociones. Refiere que a lo largo de la evolución, el cerebro de los humanos ha adquirido la capacidad de compartir los estados emocionales, que define como la capacidad del “yo siento que tú sientes lo que yo siento”. Esta capacidad de sentir lo que el otro siente es la herramienta más eficaz que tenemos para acceder a nuevas maneras de reaccionar emocionalmente; refiriendo de alguna manera a la actitud empática del entorno, lo que determina aquello que podemos llegar a sentir y aquello que quedará fuera de nuestra experiencia emocional. Así, la relación con nuestros padres es el regulador emocional por antonomasia. El estudio de la observación de bebés permite visualizar momentos en que la madre y el bebé establecen una conexión emocional, intercambiando expresiones faciales, sonrisas, gestos y balbuceos; presentándose una proto-conversación en la cual ambos muestran su estado de felicidad. Expresa Riera (2010) que los dos cerebros están conectados, trabajan “en red”, formando así un sistema para regular las emociones más complejo y más eficaz. En este interjuego se encontraría el primer esbozo del vínculo humano. Winnicott (1960) destaca la relevancia de la adaptación de la madre “suficientemente buena” a las necesidades de su bebé a través del sostén físico y emocional (holding), de la manipulación (handling) y de la mostración de objetos. Esta adaptación resulta fundamental para la estructuración del psiquismo. Madre y bebé comparten ciertas experiencias que favorecen la identificación de ambos y les permite constituir una “experiencia de mutualidad”. La madre experimenta una continuidad y una conexión con la vida de su bebé. Logra descifrar, interpretar y darle sentido a los estados emocionales y a las acciones de su bebé. Esto sólo es posible si tiene la capacidad de reconocer en él o en ella a otra persona, con sus propios deseos y necesidades. Este respeto al gesto espontáneo permite que el comienzo del bebé sea personal, que se dé desde el verdadero self. El propio ser del bebé comienza cuando comienza su yo, y esta primera organización, que tiene como resultado la continuidad de existir, es fundamento de la identidad. Adquiriendo las capacidades necesarias para tener una existencia individual, comienza a constituirse la continuidad del ser, el estar siendo; el ser no es algo que se complete (Winnicott, 1960). El poder vivir desde el gesto espontáneo implica la creatividad primaria. La posibilidad de brindar este inicio creativo y personal requiere de una función simbólica vigente en la madre con la posibilidad de ir facilitando el nacimiento simbólico del hijo a lo largo de un proceso que tiene sus inicios en la experiencia de ilusión, un hallar-crear objeto, y que continúa con desilusiones adaptativas que culminan en la diferenciación Yo-no Yo.
Presentación de casuística
Caso 1 Matías tiene siete años. Su madre acude a consulta debido a que el niño es agresivo con sus compañeros de clase y con la docente, a través de conductas como escupir, golpear y burlarse constantemente. En casa, con los abuelos maternos, con quienes comparte gran parte del día, Matías es desobediente y se escapa ante la mínima falta de observación de los adultos. Esta situación lo pone permanentemente en riesgo. Nadie quiere estar con él, vive enojado y no puede depender de los adultos. En las sesiones de psicoterapia, realiza juegos de guerra, enmascarando la agresión frente a la psicóloga, preservándola de sus ataques, disociando siempre los sentimientos hostiles. En algunos momentos, llama la atención con una actitud corporal de acercamiento frente a ella, consistente en una modalidad físicamente un tanto adhesiva, sosteniendo la mirada sin emitir sonidos, sin jugar ni hablar. Contratransferencialmente, se percibe como una actitud de búsqueda de envoltura, de sostén, por parte de él; este instante es vivenciado por ambos como una sensación placentera, de comunión. Ante ello viene el interrogante a Matías que pone en evidencia la problemática por la que lo traen: “¿Por qué en la escuela y en tu casa dicen que te pones tan malito y aquí eres tan buenito?” Él responde: “Porque me miras distinto”… ¿Que está queriendo transmitir? ¿Hay aquí una conexión entre ambos? Se percibe una sintonía afectiva lograda, lo cual es una forma de comunión. Y comunión es participar, compartir sin alterar, mantener el hilo de conexión: la importancia del “encuentro de miradas” sumada al placer de jugar juntos. Sabemos que el encuentro de miradas alude a momentos centrales del desarrollo psíquico del bebé como base de los procesos de imitación, espejamiento y regulación afectiva: es el momento en que co-crea experiencias lúdicas con el otro en relación a su cuerpo, los juguetes y el espacio. Matías no puede ser escuchado por otro, mirado, reconocido. El reconocimiento brinda seguridad y apego. Benjamin (1996) denomina reconocimiento mutuo a las experiencias descriptas como sintonía o entonamiento emocional, influencia mutua, mutualidad afectiva, estados de ánimos compartidos. Consideramos que hubo aquí un hallazgo del que participó el paciente, encontrando alguien disponible en un entramado emocional apropiado. Hubo una comunicación por parte del niño que, con actitud benévola, se intenta acercar a ella, en el placer del juego y las miradas. Cada pequeño mundo de un momento presente es único. El sí mismo, que es quien vivencia, adopta una postura en relación al momento presente; es decir, una cercanía o distancia respecto a la experiencia, al grado de involucramiento en ella, a la participación, el interés, la inversión emocional y la evaluación de lo que está ocurriendo (Stern, 2004). Por lo tanto, la influencia que un psicólogo puede ejercer en este campo relacional de fuerzas es sorprendente (Coderch, 1987). Constituye su intento por modificar aspectos significativos de los sentimientos y comportamientos del paciente. El único modo para que una psicoterapia sea efectiva debe ser a través de una experiencia emocional. Al decir de Riera (2010), los cerebros de ambos abren nuevos circuitos a la vez y, a partir de aquí, cada cerebro quedaría cambiado con una nueva posibilidad de mapa cerebral. Caso 2 Manuela tiene cuatro años y un mes. Sus padres llegan a la consulta derivados por la guardería, a la que la niña ha comenzado a asistir recientemente. Detectan en ella dificultades para relacionarse con el resto de sus compañeros y con las maestras. La pequeña no sigue consignas y no realiza las actividades propuestas. Los padres mencionan que “el problema es de la guardería”, que no tolera los tiempos de adaptación de su hija. Manuela es descrita por ellos como una “niña normal”, atribuyendo sus dificultades para relacionarse al hecho de que pasa la mayor parte del tiempo rodeada de adultos. La niña entra al consultorio siempre acompañada por sus padres y observa atentamente cada rincón. No establece contacto visual ni se comunica verbalmente. Se sienta en la silla del escritorio y comienza a girar, secuencia que se repite una y otra vez en el transcurso de las sesiones. Sus padres se acercan a la caja de juego. La mamá toma plastilinas y modela un gusano “de esos que luego se transforman en mariposa”. El papá toma algunos soldados y los ubica en posición de batalla. La niña, incómoda, se levanta, sin establecer contacto visual y, haciendo muecas, mueve enérgicamente sus brazos en forma de aleteo. Los padres continúan realizando sus actividades por separado. La niña toma dos bolitas y las golpea contra diferentes elementos del consultorio, atendiendo a los diferentes sonidos que se generan. Esta actividad es sostenida durante varios minutos. La psicóloga se acerca a ella, toma algunos instrumentos musicales de la caja de juego y se los ofrece a los padres. Sin mediar palabra, terapeuta, madre y padre comienzan a utilizar los instrumentos musicales, siguiendo el ritmo de la niña, haciendo silencio cuando ella se detiene y acelerando o enlenteciendo el ritmo de acuerdo a su actividad. Manuela contempla atentamente la situación, y, por primera vez en la sesión, establece contacto visual con sus padres. De este modo, una actividad delineada por aspectos sensoriales va transformándose paulatinamente en un espacio lúdico, de acercamiento a un vínculo con otros significativos, en una co-construcción de sentido. Se contempla la actividad inicial presentada por los padres de Manuela, que no tienen la posibilidad de facilitar espacios de intercambio con la niña, realizando actividades separadas que se prestan a ser leídas como expresión de sus propias individualidades, sus conflictos e inquietudes. Mientras tanto, Manuela queda encerrada en su capullo, aleteando rígidamente, sin la posibilidad de convertirse en mariposa. Con una horrorosa sensación de agujero oscuro, encerrada en su soledad, muestra un vacío relacional, que está lejos de la sensación existencial de estar en un presente o pasado sentido; es decir, de una experiencia subjetiva integrada, única y coherente. La intervención profesional en el intento de establecer algún contacto con la niña parte del reconocimiento del intento de la paciente, que, aún desde su precariedad simbólica, toma elementos de juego y realiza con ellos una acción. La psicóloga, con cautela, busca el acercamiento imitándola, buscando el encuentro de miradas entre esos otros significativos, emitiendo sonidos para crear una melodía con ella, un lenguaje espontáneo, libre, natural y compartido. Se trata de encontrar un mínimo instante de resonancia que realce la presentidad, co-creando nuevos sentidos, un espacio transicional, esbozo de la posibilidad de estar en una sintonía afectiva, en una comunión. Manuela se reconforta en este danzar de melodías. Stern (2004) hace mención de la importancia del ritmo en esta sincronización donde hay un acoplamiento en el movimiento, en el cual tiempo, forma e intensidad son elementos que hacen posible esta coordinación intersubjetiva. Los participantes van dando respuestas frente a algo que surge en el espacio intermedio, dentro de un proceso bidireccional en el que uno cambia con el otro. Estos momentos se entienden como un acoplamiento mutuo en el proceso de entonamiento afectivo. El desafío es crear un momento presente, de encuentro, que se ve dificultado al no estar bien arraigado a un pasado reciente en la paciente. En la sesión vincular, se impone una forma a la frase musical, como si se tratara de la creación de un diálogo. No existe un evento hasta que es expresado simbólicamente (Stern, 2004). De este modo, la experiencia adopta una forma subjetiva y se organiza en torno a una secuencia de sonidos que se buscan: se trata de unidades perceptibles que consideran la experiencia de decir un “hola” a alguien, en un instante de reconocimiento mutuo sostenido por un encuentro en la mirada.
Conclusión
En los casos presentados, la búsqueda de encuentro está mediatizada por un intermediario que decodifica las necesidades, observa y registra el gesto espontáneo del paciente y brinda elementos de acercamiento para lograr algún encuentro posible. La mirada analítica empática consigue decodificar un lenguaje mostrado por estos niños a partir de la disponibilidad activa y emocional de un otro, vivo y despierto –en tanto ha sido primero reconocido-, facilitador de una experiencia nueva, distinta a la que el paciente posee hasta el momento. Consideramos que solo se puede lograr a partir del reconocimiento, involucramiento y sintonía, que muestra la capacidad de sentir lo que el otro siente a partir de la comunicación existente en red, consistente en: “yo siento que tú sientes lo que yo siento” (Riera, 2011). Esta calidad de encuentro que permitirá a un niño descubrir nuevas vivencias consigo mismo y con su entorno facilitará transformaciones sutiles en la co-construcción de su intersubjetividad. Así, todo trauma relacional tiene que ver con dificultades en el encuentro emocional entre bebé-mamá-papá, interacción que falló en la generación de investidura y apuntalamiento, fundando déficit en la configuración de su personalidad naciente. Las interferencias en la conexión afectiva van gestando rupturas en la continuidad del ser, del “estar siendo”, por lo tanto, trastornos en la capacidad necesaria para obtener una existencia individual, saludable y creativa.
Bibliografía
Benjamin, J. (1996). Lazos de Amor. Buenos Aires: Paidós.
Coderch, J. (1987). Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica. España: Editorial Herder.
Coderch, J. y Plaza Espinosa, A. (2016). Emoción y Relaciones Humanas. El Psicoanálisis Relacional como terapéutica social. Madrid: Editora Ágora relacional.
Riera, R. (2011). La conexión emocional: cómo se forma nuestra manera espontánea y no voluntaria de reaccionar emocionalmente. Barcelona: Octaedro.
Stern, D. (2004). El Momento Presente. En Psicoterapia y la vida cotidiana. Santiago de Chile: Editorial Cuatro vientos.
Winnicott, D. (1960). Los Procesos de maduración y el ambiente facilitador. Estudios para una teoría del desarrollo emocional. Buenos Aires: Paidós.