Factores de riesgo de maltrato y representaciones de apego en niños que viven en una residencia de protección a la infancia

María-Julia Sánchez-Núñez, Marta Sadurní-Brugué y Margarita Ibañez-Fanés

RESUMEN

Factores de riesgo de maltrato y representaciones de apego en niños que viven en una residencia de pro­tección a la infancia. Se estudian las representaciones de apego de 65 niños de tres a seis años que han sufrido abuso emocional y/o negligencia y que viven en una residencia de protección. Se explora la relación entre el maltrato y el apego del niño y cómo median los factores de riesgo de la madre en esta relación. Se evidencia que el maltrato, cuando tiene lugar junto con una acumulación de factores de riesgo y, en particular, con vio­lencia de género, problemas de salud mental y de adicción, disminuye la seguridad en el apego y aumenta la desorganización. Palabras clave: apego infantil, maltrato, factores de riesgo parental, acogimiento residencial, desarrollo temprano.

 

ABSTRACT

Abuse risk factors and attachment representations in children living in a child protection residence. The atta­chment representations of 65 children aged from three to six years who have suffered emotional abuse and/or neglect and who live in a protective residence are studied. The relationship between maltreatment and child attachment and how maternal risk factors mediate this relationship is explored. It is shown that maltreatment, when coupled with an accumulation of risk factors and, in particular, gender-based violence, mental health, and addiction problems, decreases attachment security and increases disorganization. Keywords: child attachment, maltreatment, parental risk factors, residential care, early development.

RESUM

Factors de risc de maltractament i representacions d’aferrament en nens que viuen en una residència de protecció a la infància. S’estudien les representacions d’aferrament de 65 nens de tres a sis anys que han patit abús emocional i/o negligència i que viuen en una residència de protecció. S’explora la relació entre el maltrac­tament i l’aferrament del nen i com intervenen els factors de risc de la mare en aquesta relació. S’evidencia que el maltractament, quan té lloc juntament amb una acumulació de factors de risc i, en particular, amb violència de gènere, problemes de salut mental i d’addicció, disminueix la seguretat a l’aferrament i augmenta la desor­ganització. Paraules clau: aferrament infantil, maltractament, factors de risc parental, acolliment residencial, desenvolupament primerenc.

Introducción

La psicología evolutiva ha realizado una im­portante aportación al descubrir e investigar el sistema de apego en los humanos. Esto ha per­mitido que los adultos fueran más conscientes de la transcendencia de su papel como cuida­dores y de la función relevante de las experien­cias emocionales satisfactorias en el desarrollo saludable del sistema de apego. De esta mane­ra, se incrementa el apego seguro respecto del inseguro y, principalmente, se evita el apego desorganizado (Belsky, Houts y Fearon, 2010).

En este sentido, el maltrato infantil, en sus distintas variantes (abuso físico, sexual, emo­cional y por negligencia, entre otras) implica una desprotección grave hacia los hijos y re­percute negativamente sobre su sistema de apego y su desarrollo. Aunque el nivel de afec­tación en el niño puede variar según el tipo de maltrato, la edad a la que se produzca y la con­junción entre factores de riesgo y protección que confluyan.

Desde una perspectiva ecológico-transaccio­nal, tanto la orientación del desarrollo como el comportamiento de una persona se ven influi­dos por los contextos inmediatos en los que vive por la naturaleza, la fuerza y la cantidad de interrelaciones entre estos diferentes entornos, por los lugares, instituciones u organizaciones que influyen en ellos y por los valores y plan­teamientos socioeconómicos de una sociedad determinada (Bronfenbrenner, 1979). Así, la unidad familiar, espacio natural de crianza de los menores, ha de ser vista en relación con su entorno, con los factores que facilitan su equili­brio saludable y los que incrementan los riesgos. Las características personales de padres e hijos y los contextos de vida y crianza, entre otros factores de riesgo y protección, harán que los efectos de las dificultades en el niño sean dife­rentes. En este sentido, la acumulación de facto­res de riesgo puede conducir a un deterioro de las condiciones de vida y relaciones afectivas y sociales de los progenitores que pueden reper­cutir, negativamente, en la educación y protec­ción de los hijos y conllevar un riesgo severo de maltrato infantil.

Conocer estos factores y su influencia en el sistema de apego es relevante para promover intervenciones específicas en el ámbito del mal­trato infantil y en los niños que han sufrido estas experiencias traumatizantes y viven en contex­tos residenciales con distintas medidas de pro­tección. Este ha sido el objetivo del presente estudio.

Los factores de riesgo, en general, son ca­racterísticas (individuales, familiares, sociales y culturales) cuya presencia hace que aumente la probabilidad de que se produzca un fenómeno negativo determinado para el desarrollo del su­jeto. Los niños de edad temprana, por sus ca­racterísticas y competencias, son más vulnera­bles a los efectos de los factores de riesgo.

Según Belsky (1993), el riesgo de maltrato in­fantil aumenta si se entiende desde la interac­ción del individuo, la familia, la comunidad y los factores culturales; de ahí que no es suficiente explicar el abuso de los niños desde un solo fac­tor de riesgo. La acumulación de factores de riesgo configura complejas tramas que se po­tencian en sus efectos traumatizantes (Cryan, Taborda, Sadurní y Sadurní, 2017; Larrieu, Heller, Smyke y Zeanah, 2008).

Para Bowlby (1983), la experiencia del niño con su madre, con su padre u otro cuidador principal tiene un rol fundamental en el desa­rrollo del sistema de apego, que le permite es­tablecer relaciones basadas en la confianza y la sensibilidad hacia los demás. Proporcionarle una base segura de apego es una de las fun­ciones principales de las figuras de apego pa­rentales. Bowlby (1983) planteó que los indivi­duos desarrollan representaciones mentales o “Modelos Operativos Internos” (MOI), descritos como modelos de expectativas y creencias so­bre uno mismo, el otro significativo y la relación posible entre los dos. Este esquema interno de apego tiene una estructura jerárquica y cuenta con componentes cognitivos y emocionales. Se construye sobre las experiencias que el niño tie­ne con sus cuidadores y en relación con cómo estos responden a sus necesidades. Cuando el niño ha experimentado maltrato en su medio fa­miliar, su vínculo de apego se resiente perdien­do la seguridad y, a menudo, no puede organi­zar un MOI estable (van IJzendoorn, Schuengel y Bakermans-Kranenburg, 1999) con conse­cuencias negativas para su desarrollo (Cicchetti y Toth, 2005; Hesse y Main, 2000).

Las investigaciones sobre la influencia del mal­trato en el apego infantil se han focalizado de manera prioritaria en su dimensión conductual y, en menor medida, en las representaciones del apego que tienen los niños que lo han sufrido (Hodges y Steele, 2000).

Un factor de riesgo que se ha constatado que está fuertemente asociado con el maltrato in­fantil es el abuso de sustancias por parte de la madre. Algunas investigaciones muestran que la adicción fomenta prácticas de crianza negati­vas con la aparición de patrones de abandono, agresión física y maltrato emocional, en algu­nos casos autodeclarados por las madres con dependencia de sustancias (Millett, Seay y Kohl, 2015).

Otro factor de riesgo es la salud mental de los padres, asociada con una menor capacidad de respuesta, afecto y reciprocidad en las interac­ciones, así como una mayor intrusión y punición. Se sabe que cuando la psicopatología materna es prolongada o grave, y especialmente cuan­do existen otros factores de riesgo asociados, los niños pueden desarrollar apegos inseguros o desorganizados (Wan y Green, 2009). Se ha comprobado que la depresión materna es un factor de riesgo para la emergencia de un pa­trón de apego inseguro, especialmente en niños de corta edad (Huang, Lewin, Mitchell, y Zhang, 2012). La literatura también recoge que las ma­dres con trastornos por consumo de sustancias y trastornos graves del estado de ánimo tienen hijos que muestran un mayor riesgo de apego desorganizado (Lyons-Ruth y Jacobvitz, 2008, para una revisión).

Otro factor importante de riesgo es la falta de una red de apoyo familiar o social. Se sabe que estos apoyos sociales son un factor de protec­ción en las relaciones de apego maternoinfanti­les (Huth- Bocks, Levendosky, Bogat y Von Eye, 2004).

La violencia de género (VG) es un factor de riesgo de gran impacto. Los trastornos de an­siedad y distintos procesos depresivos son dos de los efectos más presentes entre las mujeres que han sufrido VG, afectando las condiciones en que ejercen las funciones parentales, dado el nivel de estrés experimentado (Casanueva, Martín, Runyan, Barth y Bardley, 2008). Como consecuencia de estas alteraciones, los niños corren un mayor riesgo de desarrollar relacio­nes de apego inseguras y representaciones distorsionadas de sí mismos y de los demás en relación con el apego (Levendosky, Lannert y Yalch, 2012).

Algunas investigaciones reflejan que cuando se suman otros factores de riesgo, pobreza, me­nor nivel educativo y escasa red social, los hijos de madres adolescentes tienen tasas muy bajas de apego seguro (Flaherty y Sadler, 2011).

Existen abundantes estudios sobre el impacto de los factores de riesgo en el maltrato infantil y en el sistema de apego de los niños maltrata­dos. Estas investigaciones se han realizado con poblaciones amplias y no siempre homogéneas. Son escasas las que se centran en los niños que ya han sido separados del medio familiar y vi­ven en un medio residencial de protección de la infancia. Es importante conocer los factores de riesgo y protección y los tipos de apego de esta población para que los profesionales que los atienden tengan más elementos para esti­mular su desarrollo saludable. Además, es ne­cesario conocer el grado de mantenimiento de contacto que tienen con sus familias de origen, los factores de riesgo y protección que les han afectado o les afectan, así como los tipos de apego que han desarrollado para poder orientar intervenciones socioeducativas y psicoterapéu­ticas más focalizadas y específicas. Este estudio pretende avanzar en esta dirección.

Método

El objetivo general de este estudio ha sido explorar las representaciones de apego en ni­ños que han sufrido situaciones de maltrato y viven en centros residenciales de atención a la infancia. Se ha pretendido indagar en la relación entre maltrato y apego y analizar cómo median los factores de riesgo de las madres en esta re­lación.

La investigación responde a un diseño meto­dológico no probabilístico con muestreo estra­tégico o de conveniencia.

Participantes

Han participado en este estudio 65 niños que viven en una residencia de primera infancia (0-6 años) de la Comunidad de Madrid. Estas resi­dencias están destinadas al acogimiento tem­poral de niños que han sido separados de sus familias con medidas legales de protección a causa de situaciones de riesgo y/o desamparo.

De los 65 participantes, 30 (46,2 %) son ni­ñas y 35 (53,8 %), niños. La edad media de los sujetos en el momento de la evaluación fue de 52,46 meses (D.t.: 11,46). La edad mínima es de dos años y 11 meses y la máxima, de seis años y medio. La media del tiempo de ingreso en la residencia en el momento de la evaluación, de 14,28 meses.

En relación con el tipo de maltrato, 40 niños (61,5 %) habían sufrido maltrato por negligencia, y los 25 restantes (38,5 %), por negligencia y mal­trato emocional. Ningún participante del estudio había sufrido maltrato físico ni abuso sexual.

Respecto a las medidas de protección que configuran la muestra, 43,1 % (28 niños) tenían una medida de guarda y un 56,9 % (36 niños), una medida de tutela. Durante el tiempo de es­tancia en la institución, 18 de estos niños (27,7 %) pasaron de guarda a tutela al no darse las condiciones que pudieran hacer posible la reu­nificación familiar. Un dato que destacar es que 46 niños (70,8 % de la muestra) tienen un her­mano en la residencia.

La selección de los sujetos (de tres a seis años) se realizó de manera sistemática y aleatoria du­rante un período de tiempo de alrededor de tres años, debido a que el centro residencial donde se realizó el estudio tiene una capacidad máxi­ma de 35 plazas y no todos los niños acogidos se sitúan en esta franja de edad.

El estudio se ha realizado en una residencia infantil de la Comunidad de Madrid que ofrece a los niños separados de su familia un recurso de acogida temporal. El proyecto socioeducati­vo del centro, que tiene muy en cuenta la teoría del apego, se ha constituido en torno a unos es­tándares de calidad, con el objetivo de facilitar que los niños puedan construir un proyecto de futuro sea a través del retorno familiar o en una familia de acogida.

Procedimiento de recogida de datos

Dada la complejidad de las situaciones vitales por las que estos niños han atravesado, se con­sideró necesario recoger un amplio número de datos.

El primer paso fue solicitar el permiso de la Subdirección General de Protección de Menor de la Comunidad de Madrid para realizar el es­tudio, así como la conformidad y colaboración de la residencia de primera infancia en donde se iba a realizar la investigación. El equipo directivo colaboró durante todo el proceso, así como los educadores de los distintos grupos, la trabajado­ra social y la terapeuta ocupacional. Se realizaron sesiones informativas donde se detalló el estudio que se llevaría a cabo. Una vez concedidos los permisos, la investigadora se familiarizó con los niños del centro, haciendo su presencia más ha­bitual para no resultar una persona desconocida.

La exploración de las narrativas de apego se realizó una vez pasado el periodo de adap­tación de ingreso de cada niño y siempre de acuerdo con la valoración del equipo educativo del centro y en los momentos que los profesio­nales consideraron más idóneos para no dis­torsionar la vida cotidiana de los menores. Las sesiones para evaluar el apego fueron realiza­das de forma individual a través del instrumento The Attachment Story Completion Task (ASCT) (Bretherton, Ridgeway y Cassidy, 1990), como se detalla en la sección siguiente. Cada sesión de valoración tuvo una duración de entre 25 y 35 minutos, dependiendo de la respuesta del niño. Todas las sesiones se registraron en video para su posterior codificación. Cada una de ellas fue filmada y transcrita, y se codificó a través de CCH asignando a cada niño un número para ga­rantizar la protección de datos de los menores. La aplicación y codificación de esta prueba fue realizada por la autora principal de este artículo.

La recogida de datos de los participantes y de los factores de riesgo del medio familiar se ob­tuvo de la revisión y análisis de los expedientes de los menores. A pesar de que se recogieron datos de ambos padres, en este estudio se deci­dió trabajar con los factores de riesgo de la ma­dre al constatar que, en general, era el proge­nitor con más presencia en la vida de los niños.

Registro de datos y factores de riesgo

Para conocer las circunstancias vitales y los distintos factores que han estado presentes en la historia de los niños que han participado en el estudio y sus entornos familiares se elaboraron unas hojas de registro donde se recogieron las variables mencionadas. Estos registros han per­mitido tener presente la dimensión de las condi­ciones que, en cada caso, concurrían, así como identificar el grado de acumulación de factores de riesgo.

Los factores que se tuvieron en cuenta como variables son los siguientes: separación de la madre y el padre como pareja; problemas eco­nómicos graves, paro laboral crónico; si el niño ha sido testigo de la violencia de género; pro­blemas mentales de la madre (con diagnóstico clínico); falta de recursos personales; abuso de sustancias por parte de la madre; familia mul­tiproblemática; violencia de género; síntomas depresivos de la madre (reportado en los infor­mes, pero sin figurar como diagnóstico clínico); falta de soporte o red de apoyo social de la ma­dre; medidas legales y madre adolescente cuan­do tuvo su primer hijo.

En base a los factores de riesgo mencionados, se construyó un modelo de “Factores de Riesgo Acumulado”. Para calcular este Índice del Factor de Riesgo Acumulado (para el niño), se proce­dió a dicotomizar los factores en 0 (inexistente) y 1 (existente) para la muestra de niños analiza­da. Se vio conveniente analizar tanto el peso de cada factor de riesgo en el tipo de apego que mostraban los niños, así como la acumulación de varios factores de riesgo.

Instrumentos

Para examinar el Modelo Interno Operante (MIO), se ha utilizado el The Attachment Story Completion Task (ASCT). Este instrumento com­bina técnicas narrativas y la puesta en escena de distintas situaciones, con el objetivo de evaluar las representaciones internas de apego de niños de tres a siete años. Se procede presentando al niño unos muñecos que representan a distintos miembros de una familia (madre, padre, niño o niña y abuela). La prueba consta de siete inicios de historias que giran en torno a temas relevan­tes para activar el apego (por ejemplo: fracaso, dolor, miedo, separación y reencuentro). Tras la presentación por parte del entrevistador, se le pide al niño que complete las historias: “Cuén­tame y actúa con los muñecos lo qué pasará ahora”. La administración está protocolizada y estandarizada para que el narrativo resultante pueda ser analizado con fiabilidad.

Este instrumento proporciona un narrativo de apego del niño sobre las situaciones pre­sentadas y nos permite conocer cómo es su percepción del problema, cómo se representa la ayuda de los padres, cómo se representa la resolución del conflicto y cómo se siente el niño al final de la historia. El sistema de codificación de las características del narrativo que hemos utilizado en este estudio es el CCH (Cartes pour le Complètement d’Histoires [Miljkovitch, Pie­rrehumbert, Karmaniola y Halfon, 2003]). Tam­bién se ha utilizado el sistema de codificación de Düsseldorf (DCS, versión 2000).

El sistema de codificación CCH está construido como un Q-sort y propone al examinador 65 ítems que describen aspectos de la narración o del comportamiento del niño al afrontar la prueba y/o dramatizar la historia, que son categorizados según los cuatro prototipos de apego: seguro, desactivado, hiperactivado y desorganizado. Las puntuaciones obtenidas en el CCH (en formato T) tienen por objetivo situar al niño en los cuatro prototipos de apego. Así, los niños están clasifica­dos en un continuum que cubre la gama desde la seguridad hasta la inseguridad y desorganización.

También se utilizó el sistema de codificación DCS, que permite obtener el nivel de seguridad de las representaciones de apego (índice de se­guridad) que se adjudica en función de la pre­sencia/ausencia de varias características que este método plantea para cada historia.

Para realizar la prueba de la fiabilidad de la co­dificación del CCH, las autoras primera y tercera de este artículo, ambas acreditadas para este sistema de codificación, puntuaron por sepa­rado 35 de los 65 casos. En 28 de ellos (81 %) (kappa 0,7, p < 0,001) hubo un acuerdo total, mientras que las pequeñas divergencias en los siete restantes se resolvieron por acuerdo. Tam­bién se verificó la fiabilidad del sistema de codi­ficación DCS. En este sentido, las investigadoras antes mencionadas puntuaron por separado 35 de los 65 casos con este sistema. Al igual que con el sistema CCH, en 29 de ellos (85 %) (ka­ppa 0,7, p < 0’001) hubo un acuerdo total.

Finalmente, como prueba de fiabilidad global de la asignación de puntuaciones de los tipos de apego, se calculó el índice kappa para com­probar si ambos sistemas de codificación (CCH y DCS) arrojaban resultados similares. Esa doble codificación se realizó en 45 niños de la mues­tra. El índice Kappa para el tipo de apego seguro fue de 0,625 (p < 0,001), y de 0,632 (p < 0,001) para el tipo de apego desorganizado. Coeficien­tes kappa por encima de 0,60 indican un gra­do de acuerdo sustancial. Por tanto, se puede considerar que las puntuaciones asignadas para ambos tipos de apego son fiables atendiendo al sustancial acuerdo entre ambos sistemas de clasificación.

Análisis metodológico de datos

Se procedió en primer lugar a realizar un aná­lisis descriptivo para obtener información sobre la composición y características de la muestra estudiada. La relación entre las variables cate­góricas, dicotómicas en su mayoría, se analizó mediante comparación de medias, multivaria­dos (regresiones múltiples), y análisis de tablas de contingencia a través de la prueba chi-cua­drado. El estadístico de contraste T de Student permitió la comparación de dos medias inde­pendientes para cada factor de riesgo y las va­riables de apego.

Además de las comparaciones de medias, se realizó un análisis de regresión para verificar cuánta varianza de los tipos y escalas de apego puede ser explicada por los factores de riesgo, y cuáles de esos factores son los más relevantes en la explicación de esa varianza. Se utilizó el método stepwise (paso a paso) para incluir en la solución final solo los factores de riesgo que presentaban una asociación significativa con cada uno de los tipos y escalas de apego para verificar el grado de asociación entre ellas.

Finalmente, se calculó el índice de correlación de Pearson entre las variables independientes de tipo continuo, como la U de Mann-Whitney, o la correlación de Spearman, que no exigen ta­maños muestrales altos.

Resultados

Se presentan los tipos de apego de los niños, la relación de estos con el tipo de maltrato sufrido y también con la frecuencia de factores de riesgo, tomados individualmente y cuando se acumulan.

Representaciones de apego de los niños estu­diados

El análisis de las representaciones de apego de los participantes utilizando el sistema de co­dificación CCH que clasifica a los sujetos como seguros, desactivados, hiperactivados y desor­ganizados, tal como se detalla en la tabla 1 del anexo, conduce al resultado siguiente: los niños de esta muestra presentan de forma significati­va un menor nivel de seguridad y un mayor nivel de hiperactivación y desorganización que la po­blación general.

Relación entre el tipo de maltrato y las repre­sentaciones de apego

También se estudió cómo influía el tipo de maltrato sufrido en el tipo de apego de los ni­ños. En la tabla 2 del anexo quedan reflejados los datos obtenidos al analizar está relación. Se observa claramente que el maltrato emocional produce un impacto notable sobre el apego. Los niños que lo han sufrido, que además han tenido negligencia, muestran un apego menos seguro y estrategias de mayor desactivación y desorganización.

Haber sufrido negligencia y maltrato emocio­nal afecta en mayor medida el apego de los ni­ños que si se ha sufrido únicamente negligencia. La relación se establece en el sentido de menor seguridad y mayor desactivación y desorgani­zación.

Análisis descriptivo de los factores de riesgo

La tabla 3 del anexo muestra los factores de riesgo estudiados como variables dicotomiza­das para mostrar su ausencia/presencia. No se ha incluido en la tabla la carencia de recursos económicos ni un bajo nível educativo como posibles variables a estudiar porque eran varia­bles homogéneas al darse en todos los casos.

Se constata que todos los factores compren­didos en este estudio están presentes, aunque con desigual distribución de frecuencia. Destaca que más del 50 % de las madres fueran madres adolescentes cuando tuvieron su primer hijo, la carencia de recursos personales, la falta de apo­yo de una red social, así como el hecho que un 49,2 % de estas madres ha sufrido violencia de género y el 44,6 % de los niños ha sido testigos de esa violencia.

Factores de riesgo y tipo de guarda

Se calculó la relación entre las medidas de guarda y de tutela con cada factor de riesgo por separado calculando el chi cuadrado. Únicamente se encontró una asociación significativa (χ2 = 9,401; p ,002) entre “falta de red familiar de apoyo de la madre” y la medida de apertura de expediente. Los niños cuya madre cuenta con red social de apoyo presentan, con más proba­bilidad, una medida de guarda, frente a los niños cuyas madres no tienen red social de apoyo que tienen en una proporción mayor de casos una medida de tutela. La importancia de este apoyo, al que ya nos hemos referido, se refleja en estos datos. Sin embargo, resaltamos que, de forma casi significativa, también se relacionan con otros dos factores. Se observó una tendencia mayor a que los niños contaran con una medida de tu­tela si la madres presentaban falta de recursos personales o un abuso en el consumo de sus­tancias adictivas. En ambos casos, el residuo co­rregido fue de 1,9 y, a partir de 2, se considera como significativo estadísticamente.

Factor de riesgo acumulado

Se muestra, a continuación, la frecuencia de los factores de riesgo acumulado. A pesar de que el número de FR contemplados compren­día 10 variables posibles, como se ha mostrado anteriormente, ningún niño acumuló más de sie­te factores de riesgo, por lo que la figura 1 del anexo ofrece un índice de acumulación de fac­tores de riesgo en un rango de 1 a 7.

Los datos muestran que solo 12,2 % de los niños presentan dos o menos factores de ries­go asociados al factor de riesgo acumulado y, como era esperable dada la naturaleza de la muestra, más de la mitad (58,51 %) presentan cuatro o más factores de riesgo (ver figura 1 del anexo).

Relación entre los tipos de apego y los facto­res de riesgo acumuladosSe realizó un análisis de regresión múltiple con el método stepwise para ver la relevancia de los factores de riesgo, considerando simultánea­mente todos ellos y el nivel de predicción que tienen estos factores de riesgo tomados conjun­tamente sobre los tipos de apego.

Con posterioridad, se realizó una recodifica­ción del índice de riesgo acumulado en tres ca­tegorías. Dado que el mayor número de casos (moda) tiene tres factores de riesgo, se estable­ció como grupo de referencia. Se codificó como grupo 1 aquellos niños cuyas madres tenían un número de factores de riesgo menores a 3 (1 y 2); el grupo 2 se tomó, al ser la categoría, con una moda mayor, como la categoría central y, en el grupo 3, se incluyeron los casos con cua­tro o más factores de riesgo (ver figura 2 del anexo).

Como se puede apreciar, y era esperable, las medias en seguridad decrecen con el incremen­to de los factores de riesgo, apreciándose un no­table incremento del prototipo de inseguridad y desorganización en el grupo 3, que acumula en­tre cuatro y siete factores de riesgo.

Relación entre los patrones de apego y los fac­tores de riesgo

Para complementar los resultados de las ta­blas anteriores, se analizó si había alguna aso­ciación entre los factores de riesgo y los tipos de apego con un análisis de tablas de contin­gencia (usando el estadístico chi cuadrado). En la tabla 4 del anexo se muestran los tamaños muestrales y los porcentajes de los tipos de apego cuando han sido dicotomizados cruza­dos con la ausencia/presencia de cada uno de los factores de riesgo.

Como se refleja en la tabla 4 del anexo, hay una asociación entre la presencia de una patolo­gía mental y el abuso de sustancias con un ape­go inseguro. Las medidas legales de la madre se relacionan con una mayor seguridad en el ape­go. Este efecto, que parece paradójico, puede deberse a que, de las ocho madres con medidas legales, siete presentaban negligencia, pero no maltrato emocional, y ninguna de esas ocho es­taba en el grupo de mayor riesgo acumulado.

El apego desactivado se asocia con el abuso de sustancias de la madre y la presencia de una familia multiproblemática. Aunque no de forma significativa, también se observa que las pun­tuaciones son mayores en este tipo de apego en presencia de un trastorno mental de la madre.

En un primer análisis no se encontró ningún factor de riesgo que se asociara significativa­mente con un patrón inseguro/ hiperactivado, aunque si se observó cierta tendencia relacio­nada con el factor de síntomas depresivos de la madre.

El apego desorganizado se relaciona con los factores de riesgo siguientes: haber sido testigo de violencia de género, el abuso de sustancias y la presencia de violencia de género.

La tabla 5 del anexo refleja los coeficientes de correlación entre el índice de riesgo y los distin­tos tipos de apego. Hay una relación muy inten­sa con el estilo de seguridad, así como con el de desactivación y desorganización.

Se aprecia que los factores de riesgo acumu­lados tienen una influencia significativa en la inseguridad y desorganización del apego que muestran los niños estudiados.

Discusión

La investigación realizada pone de relieve la influencia que tiene el maltrato en las represen­taciones de apego de los niños menores de seis años. También muestra cómo determinados factores de riesgo median de forma negativa en la perturbación del sistema de apego de los ni­ños en las situaciones de negligencia y maltrato.

Hemos encontrado que estos niños presentan de forma significativa un menor nivel de segu­ridad y un mayor nivel de hiperactivación y de desorganización. Si bien la literatura informa de que en niños en los que coinciden estas circuns­tancias los niveles de desactivación son mayo­res, en la muestra estudiada este hecho solo aparece en los que presentan, a la vez, negligen­cia y maltrato emocional y un número mayor de factores de riesgo acumulado.

Los estudios realizados sobre muestras de ni­ños maltratados cuidados en régimen residen­cial arrojan resultados variados con relación al nivel de seguridad en el apego. Esta variabilidad se debe, principalmente, a la tipología, grave­dad y cronicidad del maltrato, así como a las ca­racterísticas organizativas, y también a que las técnicas de cuidado de las instituciones que los acogen tengan como objetivo estimular la segu­ridad del apego de los niños y la calidad inte­ractiva entre estos y sus cuidadores, como por ejemplo contar con educadores sensibles y gru­pos reducidos que permitan una atención más individualizada. El nivel de seguridad que pre­senta esta muestra de niños, que no han sufri­do maltrato físico ni abuso sexual, coincide con los hallados en otras investigaciones (Howes y Segal, 1993; Lecannelier, Silva, Hoffmann, Melo y Morales, 2014; Quiroga, Hamilton-Giachritsis e Ibañez, 2017), que revelaron mayores tasas de seguridad que las que son habituales para niños criados en cuidado residencial y significativa­mente inferiores a los encontrados en muestras de bajo riesgo. También puede estar influyendo el que desde el centro se trabaje por mantener la continuidad vincular entre los hermanos que vi­ven juntos en la residencia y se fomente la impli­cación, siempre que sea positivo para el menor, de los padres en la vida de los niños, refleján­dose un alto porcentaje de contactos en visitas y salidas, fundamentalmente de y con la madre.

El tipo de inseguridad predominante hallada en la muestra estudiada es la hiperactivación. Este dato también está relacionado con la au­sencia de maltrato físico y sexual, que produce más apego desactivado. El nivel de desorga­nización del apego es alto, coincide con lo es­perado, dado que la negligencia y el maltrato emocional comportan incoherencia grave en los cuidados por parte de la figura de apego (Lyons-Ruth, Bronfmang y Atwood. 1999; Hesse y Main, 1990).

Los resultados han mostrado que los factores de riesgo que influyen en la inseguridad y la des­organización del apego de los niños son la pre­sencia de una patología mental materna, el abu­so de sustancias materno, la violencia de género y ser testigo de violencia. Estos resultados coin­ciden con otras investigaciones (Huang, Lewin, Mitchell, y Zhang, 2012; Lyons-Ruth y Jacobvitz, 2008). Los resultados obtenidos muestran que, a partir de la acumulación de cuatro factores de riesgo en un mismo niño, aparece inseguridad y desorganización del sistema de apego, a la vez que es más difícil el retorno al medio familiar, dato que coincide con el estudio de Larrieu et al., 2008.

Teniendo en cuenta los datos presentados y los puntos de discusión en torno a los mismos, se deduce que los niños víctimas del maltrato y criados en familias con múltiples factores de riesgo maternos presentan una alteración del desarrollo del sistema de apego, con una pre­ponderancia de la desorganización de este. Es­tos datos demuestran la importancia de la eva­luación del sistema de apego en la atención de los niños victimas del maltrato que son atendi­dos por los equipos de la protección de la in­fancia.

Conclusiones

Nuestra investigación concluye que los niños maltratados presentan menor calidad en su sis­tema de apego, que está claramente relacio­nada con la acumulación de factores de riesgo materno y, especialmente, con algunos de ellos, como son la salud mental, la violencia de género y el consumo de substancias.

Cuando, por protección, el niño ha sido retira­do de su medio de origen y ha pasado a vivir en una residencia de atención a la infancia, conocer su sistema de apego es un aspecto primordial. Lo es tanto para la toma de decisiones sobre la intervención como para ajustar el cuidado que se le proporciona en el medio de crianza en el que se desarrolla. Por otra parte, no hay que ol­vidar que trabajar el sistema de apego de los padres también facilitará que se pueda mante­ner el lazo de filiación para un posterior retor­no al medio familiar si es posible y conveniente para el niño.

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