Análisis de la relación entre el uso de Instagram con la depresión, la ideación suicida y la soledad en estudiantes universitarios
Iris Catalán-Pérez y Helena Garrido-Hernansaiz
RESUMEN
Análisis de la relación entre el uso de Instagram y la depresión, la ideación suicida y la soledad en estudiantes universitarios. El objetivo de este trabajo ha sido estudiar si existe una relación entre el uso activo y pasivo de Instagram con la ideación suicida, la depresión y la soledad en estudiantes universitarios, así como considerar las diferencias de género en estas variables. La muestra se compuso de 212 personas (163 mujeres, 48 hombres y una persona que prefirió no reportar su género), con una edad media de 21,76 años. Los instrumentos utilizados fueron un cuestionario sociodemográfico ad-hoc, la escala SESLAS-S, BDI-II, Escala Paykel de Ideación Suicida, Cuestionario PAUM y tiempo de uso de Instagram. Los resultados indican que la ideación suicida podría verse influenciada por la depresión, la soledad social y familiar y el uso pasivo de Instagram. Palabras clave: redes sociales, ideación suicida, depresión, soledad, estudiantes universitarios.
Introducción
Suicidio
La muerte por suicidio es la puesta en marcha de conductas que provocan la propia muerte de manera intencionada (Villar, 2022) e implica un proceso. La literatura científica coincide en que la conducta suicida comienza con la ideación suicida. Esta ideación se refiere al conjunto de pensamientos, ideas o rumiaciones relacionados con el suicidio, presentándose este fenómeno en diferente intensidad desde ideas de muerte, deseo de muerte, ideación suicida hasta plan suicida. Cualquiera de sus pero cuanto más elaborada está la ideación, mayor riesgo presenta la persona para realizar un intento de suicidio (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023).
En 2023, el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2025) recogió que, en España, 4116 personas se quitaron la vida, es decir, 11 personas al día. En el último año, se ha producido una disminución del 2,6 % de estas muertes, las cuales seguían una tendencia ascendente desde 2018. Los hombres mueren por esta causa en mayor proporción que las mujeres: una mujer por cada tres hombres.
Actualmente, es la primera causa de muerte entre los jóvenes y, en población general, es la segunda causa de muerte externa más frecuente, por detrás de las caídas accidentales.
Dentro del grupo de jóvenes se encuentran los estudiantes universitarios, sobre los cuales estudios como el de Estupiñá y Fernández (2022) recogen que cerca de la mitad presentaba algún tipo de ideación autolítica, mientras que, en el estudio del Ministerio de Universidades (2020), la proporción superó el 20 %. En muestras de población joven, las mujeres presentan un mayor riesgo de realizar intentos de suicidio y los hombres de suicido consumado (Miranda-Mendizabal et al., 2019). Esto se ha explicado atendiendo a algunas características asociadas al género, como que las mujeres tienen un mayor riesgo de sufrir cuadros de depresión y/o ansiedad, así como de haber sufrido experiencias adversas en la infancia, todo lo cual se asocia con mayor probabilidad de presentar ideación suicida (Auerbach et al., 2017; Blasco et al., 2019; Boyd et al., 2015; INE, 2021). Por otro lado, los varones suelen presentar mayor impulsividad y agresividad, de modo que esto los puede llevar a escoger métodos más letales (Fonseca-Pedrero y Pérez, 2020; Mergl et al., 2015).
La tendencia ascendente de esta problemática puede deberse, en parte, al estrés que generó la pandemia de la COVID-19 y los efectos que las medidas tomadas por los gobiernos tuvieron en la soledad y en el uso de las redes sociales (Equipo de Coordinación Regional de Salud Mental, 2020), sumado al estrés propio de los jóvenes universitarios, que se encuentran en un periodo de transición a la edad adulta y en ocasiones afrontan un cambio de entorno y una alteración de sus redes de apoyo (Gardani et al., 2022), además de la presión para cumplir sus objetivos académicos (Mortier et al., 2017; Younis et al., 2021).
Este estrés puede ser un desencadenante de emociones desagradables y generar la necesidad de escapar de esta situación, favoreciendo la aparición de ideación suicida (de la Torre, 2013; Hamdan-Mansour et al., 2024). En esta situación, carecer de los recursos suficientes para hacer frente a las crisis sería un elemento relevante (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023), así como la relación entre la ideación suicida y la depresión, mediada por las distorsiones cognitivas propias de la tríada cognitiva negativa (Jager-Hyman et al., 2014; Toro-Tobar et al., 2016). De este modo, se hace evidente que el suicidio no depende de un solo elemento, ya que, como señalan la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2013), Till et al. (2023) y Fonseca-Pedrero y Pérez de Albéniz (2020), se trata de un fenómeno multidimensional y multicausal en el que interaccionan múltiples factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociológicos y ambientales.
Algunos de los factores de riesgo que influyen en la ideación suicida a nivel psicológico son la impulsividad y agresividad (Brokke et al., 2022), las sensaciones de pérdida, aislamiento y desesperanza (Sánchez Teruel et al., 2014) y la depresión (Cheng et al., 2009). Estas dos últimas variables son las que más se han relacionado con el suicidio (Ribeiro et al., 2018; Seo et al., 2021). En concreto, la soledad ha emergido como variable predictora de la ideación suicida incluso cuando media la depresión (McClelland et al, 2020), por lo que se profundizará en ella en el siguiente apartado. A nivel social y ambiental, la conducta suicida se relaciona, entre otras cosas, con el burnout académico, tener una orientación sexual minoritaria, tener relaciones basadas en el conflicto, la ausencia de apoyo, ser inmigrante, la ruptura de una relación amorosa o no tener pareja (Camara et al., 2017; Fitzpatrick et al., 2020; Kazan et al., 2016; Lane y Miranda, 2018; Seo et al, 2021; Siabato y Salamanca, 2015). Algunos de estos factores serán abordados en mayor profundidad en los siguientes apartados.
Soledad
Como se ha expuesto previamente, la conducta suicida es un fenómeno complejo. La soledad y la falta de una red social son algunos de los principales factores de riesgo para que una persona piense en el suicidio (Blázquez-Fernández et al., 2023; Hollingsworth et al., 2018; Lamis et al., 2016). La soledad se define como un sentimiento de insatisfacción con las propias relaciones interpersonales y, desde una perspectiva de género, la padecen por igual hombres y mujeres, aunque en algunos casos se acentúa en las mujeres (Díez y Morenos, 2015). En algunos estudios, la prevalencia más alta de soledad se ha observado en la población juvenil (McClelland et al., 2020). Ha habido un aumento en los sentimientos de soledad en las últimas décadas, impulsado por los cambios en la estructura social. Uno de los últimos cambios estuvo muy influido por la pandemia de la COVID-19 y la necesidad de confinamiento y aislamiento social (Equipo de Coordinación Regional de Salud Mental, 2020; Farooq, 2021). A causa de esto, se incrementaron los sentimientos de soledad, aislamiento, tristeza, estrés, ideación suicida y tentativas autolíticas, entre otros (Benítez, 2021; Cobo-Rendón et al., 2020; Fitzpatrick et al., 2020).
Existen dos tipos de soledad, la emocional y la social (Weiss, 1973). La soledad emocional se refiere a cuando la persona no siente que tenga fuertes vínculos afectivos con otros individuos, ni que estos le proporcionen suficiente apoyo emocional. DiTomasso y Spinner (1993) subdividen este tipo de soledad en soledad familiar y romántica, según se refiera al núcleo familiar o a las relaciones de pareja. Por otro lado, la soledad social está relacionada con la cantidad y la calidad de las relaciones sociales de la persona, de tal forma que, si la cantidad y calidad son bajas, puede darse una falta de sentido de pertenencia e integración (Díez y Morenos, 2015). De este modo, la soledad familiar se entendería como la sensación de no sentirse parte del núcleo familiar. La soledad romántica se refiere a la ausencia de una relación afectiva íntima. La soledad social sería la ausencia de un círculo de amistades satisfactorio.
Algunas de las consecuencias de experimentar sentimientos de soledad son, a su vez, un factor de riesgo para el suicidio (Blasco et al., 2019). Dichas consecuencias de la soledad, como el abuso de internet o la mayor propensión para sufrir depresión, se han visto incrementadas en los últimos años, especialmente desde la pandemia de la COVID-19 (Bojórquez et al., 2021; Cruz-Vargas et al., 2020; Díez y Morenos, 2015). Por tanto, es importante tener en cuenta los sentimientos de soledad que puede experimentar una persona de cara a detectar, explicar y prevenir la ideación suicida, tal y como se recoge en algunas de las teorías más difundidas sobre el suicidio, como la teoría de los tres pasos (Klonsky y May, 2015), que plantea la conexión interpersonal como un factor protector; o la teoría interpersonal del suicidio de Ribeiro y Joiner (2009), según la cual un sentimiento de pertenencia frustrado y la sensación de ser una carga para los demás serían causas suficientes y próximas para la ideación suicida.
En cualquier caso, un factor protector ante posibles sentimientos de soledad sería contar con una red de apoyo social, lo que funciona a su vez como factor protector de la conducta suicida (Blasco et al., 2019; Fredrick et al., 2018; Lamis et al., 2016; Sánchez-Teruel et al., 2018; Shenouda y Basha, 2014). Investigaciones como las de Carstensen (1987), Lee y Goldstein (2016) y Qualter et al. (2015) identifican las fuentes de apoyo de los amigos y de la pareja como las más relevantes para disminuir el estrés percibido y la soledad. Sin embargo, se ha visto que el apoyo proveniente de la familia también tiene un papel relevante a la hora de disminuir la depresión (Rueger et al., 2016; Wang et al., 2014), los sentimientos de soledad (Díez y Morenos, 2015) y, en las mujeres, la ideación suicida de manera directa (Miranda-Mendizabal et al., 2019).
Redes sociales en Internet
Muy relacionadas con el aislamiento y el apoyo social, se encuentran las redes sociales digitales. Un 91,5 % de las personas entre 16 y 74 años utilizan el móvil a diario (INE, 2024), el cual se ha convertido en el modo de comunicación más habitual entre los jóvenes actuales y, en comparación con otras épocas anteriores, ha transformado su modo de interactuar (Zafra, 2019). Debido, de nuevo, a la pandemia de la COVID-19, se produjo un importante aumento del uso de las redes sociales y un cambio en su uso, que incluyó utilizarlas no solo para mantener las relaciones sociales, sino para la educación en línea y el trabajo de la población (Unión Internacional de Telecomunicaciones, 2021).
Las redes sociales pueden ser beneficiosas al favorecer la creación y mantenimiento de amistades (Díez y Morenos, 2015; Kuss y Griffiths, 2011; Suriá, 2015), lo cual ofrece a la persona una red de apoyo emocional (Al-Halabí y Fonseca- Pedrero, 2023; Zafra, 2019), ayuda a aliviar la angustia psicológica (Gámez-Guadix et al., 2013; Leung y Lee, 2012; Parra et al., 2016) y favorece estrategias de afrontamiento (Arab y Díaz, 2015; Bousoño et al., 2017; Daine et al., 2013; Marchant et al., 2018). A pesar de ello, estos beneficios están sujetos a que se realice un uso responsable de estas, sin sustituir las interacciones cara a cara ni interferir en las actividades diarias (Bousoño et al., 2017; Castillo y Damián, 2015; Muñoz-Rivas et al., 2010; Villar, 2022). Algunas de las redes sociales más populares, como Instagram y TikTok, incluyen guías que promueven su buen uso (Instagram, 2021; TikTok, 2025).
Por otro lado, diversos estudios relacionan el abuso de las redes sociales con ansiedad, soledad (Rippé et al., 2018; Tokunaga, 2017), aislamiento, ideación suicida (Castillo y Damián, 2015; Kim et al., 2016), impulsividad (Aboujaoude, 2016) y depresión (Moreno-Gordillo et al., 2019). También facilitan el acceso a contenido perjudicial, como blogs que incitan al suicidio (Bousoño et al., 2017; López-Martínez, 2020; Zafra, 2019), o a la retransmisión a tiempo real de la tentativa autolítica (Campaioli et al., 2017), o la posibilidad de sufrir ciberacoso o sexting a través de estas (Álvarez, 2018; Navarro-Gomez, 2017).
Por ello, es importante diferenciar entre el uso activo social, activo no social y pasivo de las redes sociales (Gerson et al., 2017). El uso activo social se refiere a un intercambio directo entre las personas, como puede ser indicar “me gusta” a una publicación, comentar en imágenes o compartir una publicación. El uso activo no social corresponde a realizar una publicación, ya sea de fotografía, vídeo o texto. Finalmente, el uso pasivo, al que actualmente se está tendiendo (Alhabash y Ma, 2017), se basa en monitorear la actividad de otras personas sin una participación activa; es decir, consiste en ver las publicaciones, comentarios, historias o perfiles de otras personas, sin interactuar de ningún modo con ellas (Escobar-Viera et al., 2017; Tromholt, 2016; Verduyn et al., 2017). Según Hanna et al. (2017) y Thorisdottir et al. (2019), las personas que realizan un uso pasivo de las redes sociales son las que sufren los efectos más perjudiciales. A pesar de ello, se siguen encontrando resultados mixtos al respecto, ya que cabría esperar que las personas con altos sentimientos de soledad no participasen activamente en estas (Dumas et al., 2017), pero algunas de ellas tienden a hacer un uso activo, buscando reconocimiento social (Pittman, 2015; Sheldon y Bryant, 2016; Yang, 2016).
Las redes sociales más utilizadas son Youtube, Instagram y TikTok (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023), que funcionan de modo similar. Todas ellas permiten a las personas participar de un modo activo social y no social, publicando su propio contenido, indicando “me gusta” a publicaciones de otras personas o mandando mensajes. A la vez, se puede hacer un uso pasivo de estas, monitoreando lo que otras personas comparten en sus historias y publicaciones o accediendo a sus perfiles. Instagram es la red social en la que se va a centrar esta investigación, al tratarse de una de las más utilizadas entre los jóvenes españoles (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023). Por otro lado, WhatsApp es una red de mensajería instantánea que constituye uno de los canales digitales de comunicación social más utilizados (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023). Su uso se ha vinculado a una disminución del sentimiento de soledad, ya que se utiliza fundamentalmente para conectar con amigos y familiares (Fox, 2019). Este uso social es más característico de las mujeres, mientras que los hombres suelen utilizar las redes sociales en mayor medida para el entretenimiento y como fuente de información (Laor, 2022; Scott et al., 2020; Tifferet, 2020).
Pese a conocer la existencia de una relación entre el uso de redes sociales y la depresión, los sentimientos de soledad y la ideación suicida, no se conoce si las personas recurren más a las redes sociales debido a que padecen estas problemáticas o si, por el contrario, estar expuesto a las redes sociales es un posible factor causal de estas (Aalbers et al., 2019; Pérez y Quiroga-Garza, 2019). Sí parece haber evidencia de que los efectos positivos o negativos de las redes sociales en la persona se deben al tipo de actividad que realiza en ellas y cómo la persona lo percibe (Carbonell y Oberst, 2015; Caro Mantilla, 2017).
En resumen, tras revisar la literatura existente sobre la ideación suicida, los sentimientos de soledad y las redes sociales, las investigaciones no son claras sobre cuándo la red social puede ser beneficiosa o perjudicial para la persona, ni si actúa como un factor de riesgo o de protección ante la ideación autolítica y los sentimientos de soledad (Castillo y Damián, 2015; Villar, 2022; Zafra, 2019). De tal modo, el efecto de las redes sociales parece depender en mayor medida del uso que la persona hace y cómo las percibe, aunque también se ha visto que la frecuencia y el tiempo de su uso influye de un modo negativo en la salud mental (Rogowska y Libera, 2022; Woods y Scott, 2016). Por ello, este estudio plantea explorar el uso activo social, activo no social y pasivo que se hace de las redes sociales, así como el tiempo empleado.
El objetivo de este trabajo es investigar, en estudiantes universitarios, la posible relación entre el tipo de uso de Instagram, los sentimientos de soledad, la presencia y/o gravedad de depresión y la ideación suicida. Resulta relevante, en este sentido, seguir investigando este fenómeno en poblaciones diferentes a las de Jasso-Medrano y López-Rosales (2018) para continuar acumulando datos y comprobar si los resultados van en la misma dirección de su estudio.
Objetivos e hipótesis
El objetivo general de este estudio es describir y analizar cómo el tipo de uso de Instagram se relaciona con sentimientos de soledad, síntomas depresivos e ideación suicida en estudiantes universitarios españoles.
Los objetivos específicos son los siguientes:
- Describir los niveles de ideación suicida, sentimientos de soledad, depresión y los tipos de uso de Instagram en estudiantes universitarios.
- Examinar si existen diferencias de género en ideación suicida, sentimientos de soledad, depresión y el tipo de uso que se le da a Instagram.
- Analizar el modo en el que el tipo de uso de Instagram se relaciona con los sentimientos de soledad, la depresión e ideación suicida.
La hipótesis principal que guiará el estudio es que un uso más pasivo de Instagram se relacionará con mayores niveles de soledad, depresión e ideación suicida, mientras que un uso más activo de Instagram se relacionará con niveles más bajos en dichas variables.
Método
Participantes
Los criterios de inclusión para poder participar en esta investigación fueron ser estudiante universitario con una edad comprendida entre los 18 y los 35 años y tener una cuenta personal en Instagram. Las personas que no cumplieron con estos requisitos fueron excluidas del estudio, así como también aquellas que no completasen las respuestas a todos los ítems, siendo estos criterios de exclusión.
La muestra se compuso de 212 estudiantes universitarios, de los cuales 163 eran mujeres (76,9 %), 48 hombres (22,6 %) y una persona que prefirió no indicar su género (0,05 %). Del total de participantes, 161 (75,9 %) pertenecían a universidades de la Comunidad de Madrid y el grupo más numeroso (73 personas, 34,4 %) estudiaba un grado en el Centro Universitario Cardenal Cisneros (CUCC). La edad media fue de 21,76 años (desviación típica, DT = 2,33 años), en un rango desde los 18 hasta los 34 años. 121 personas (57,1%) estaban solteras y 91 tenían pareja en ese momento (42,9%). En cuanto a con quién residían, un 70,8 % de los participantes vivía con su familia, un 13,2 % con compañeros de piso, un 6,6 % con amigos, un 4,7 % con su pareja y el otro 4,7 % lo hacían solos, como se muestra en la Tabla 1 del anexo.
Instrumentos
Cuestionario sociodemográfico ad-hoc usado para recoger características de cada participante: edad, género (mujer, hombre, no binario, prefiere no decirlo), estado sentimental (con o sin pareja) y con quién vive (solo, en familia, amigos, pareja, compañeros de piso).
Escala para la Evaluación de la Soledad Social y Emocional en adultos (SESLAS-S; Yárnoz, 2008). Es una escala que evalúa la soledad subjetiva con un enfoque multidimensional, al diferenciar entre soledad familiar, social y romántica. La soledad familiar se refiere a la falta de un ambiente familiar que apoye a la persona, la soledad social refleja la falta de amigos y relaciones sociales y la soledad romántica hace referencia a la falta de una relación afectiva íntima. Además, permite obtener una puntuación global que incluye los tres tipos de soledad mencionados. Se responde valorando el grado de acuerdo o en desacuerdo con cada ítem según una escala Likert de siete opciones de respuesta. Una mayor puntuación total indica un mayor sentimiento de soledad y se pueden obtener también las puntuaciones de cada dimensión. La escala original (DiTomasso y Spinner, 1993) constaba de 34 ítems y la adaptación validada al castellano se compone de 15 ítems, con una consistencia interna de α = ,84, que en este estudio fue de α = ,77 para la escala global. Las subescalas de soledad familiar, social y romántica, en este estudio, tuvieron por separado una consistencia interna de α = ,89, α = ,83 y α = ,88, respectivamente.
Inventario de Depresión de Beck-II (BDI-II; Beck et al., 1996), adaptado al español por Sanz y Vázquez (1998). Se trata de un instrumento de autoinforme compuesto por 21 ítems destinados a detectar y evaluar la gravedad de la depresión. Cada ítem se responde del 0 al 3, excepto los ítems 16 y 18, que tienen siete categorías de respuesta, aunque se siguen puntuando de 0 a 3. La puntuación final va de 0 a 63. Una puntuación del 0 al 13 corresponde con ausencia de depresión, del 14 al 19 con depresión leve, del 20 al 28 con depresión moderada y del 29 al 63 con depresión grave. En el presente estudio presenta una consistencia interna de α = ,92, que en el estudio de validación en español fue de α = ,83.
Escala Paykel de Ideación Suicida (Paykel et al., 1974), validada para adolescentes españoles por Fonseca-Pedrero et al. (2018). Es una herramienta compuesta por cinco ítems que evalúan la ideación suicida en el último año. Se divide en pensamientos de muerte, ideación e intentos de suicidio. A cada ítem se responde de modo afirmativo o negativo (sí/no), para sumar finalmente las respuestas afirmativas y obtener la puntuación total. Una puntación de 0 implica que no hay ideación suicida, 1 y 2 que existen pensamientos de muerte, 3 y 4 que hay ideación suicida y 5 que existen intentos de suicidio previos. La consistencia interna fue de α = ,93 en el estudio de validación en adolescentes españoles y de α = ,79 en este estudio.
Cuestionario Passive and Active Facebook Use Measure (PAUM; Gerson et al., 2017). Este instrumento se diseñó para conocer el tipo de uso activo y pasivo de Facebook de la persona. Consta de 13 ítems que describen las actividades que la persona puede realizar cuando está conectada. Se responde señalando la frecuencia con la que se participa en cada actividad, con una escala de Likert del 1 (Nunca) al 5 (Casi siempre). Dado que no existe adaptación al castellano, se tradujo y se adaptaron las actividades a Instagram, la red social objeto de este estudio (ver Anexo 1). Los ítems del cuestionario corresponden a tres categorías: uso activo social, uso activo no social y uso pasivo. El uso activo social se refiere a la interacción de la persona con otros mediante mensajes, comentarios, “me gusta”, etc. El uso activo no social se da cuando la persona crea y sube contenido como fotografías, posts, etc. El uso pasivo ocurre al consumir contenido de otras personas, pero sin que se dé una interacción. Para poder comparar los tres tipos de uso, se convirtieron las puntuaciones de cada dimensión en una escala del 1 al 5, sumando las puntuaciones y dividiendo el resultado entre el número de ítems de cada dimensión. La consistencia interna de las puntuaciones de la escala original fue de α = ,80 para el uso activo social, α = ,78 para uso activo no social y α = ,70 para el uso pasivo. En este estudio fue, respectivamente, de ,70, ,85 y ,54.
Tiempo de uso de Instagram. Se pidió a los participantes que anotaran el número de minutos que habían usado de media la aplicación en la última semana, un dato registrado por Instagram en el dispositivo y de fácil consulta.
Procedimiento
Los instrumentos descritos se integraron en un cuestionario de Microsoft Forms en el mismo orden en que han sido presentados. A continuación, se difundió el cuestionario durante un mes entre los universitarios del CUCC y de otras universidades de España, dándolo a conocer a estudiantes que acudían a la biblioteca de la Universidad de Alcalá tanto de modo en línea, desde la red social Instagram, como en persona. Al acceder al cuestionario, los potenciales participantes visualizaron un consentimiento informado donde se les informaba sobre el objetivo de la investigación, la voluntariedad de su participación y la posibilidad de abandonar el estudio en cualquier momento, el anonimato y la confidencialidad, los riesgos que implicaba su participación (posibilidad de malestar), y la posibilidad de resolución de dudas a través de un correo electrónico. En relación al posible malestar que la participación podría desencadenar, también se les proporcionó el contacto de algunos profesionales, en caso de que necesitasen atención psicológica.
Una vez aceptado el consentimiento, completaron los distintos instrumentos. No era posible avanzar o enviarlo en caso de que algún dato no estuviese completo, si bien los participantes conocían la posibilidad de abandonar el estudio en cualquier momento si lo deseaban. El cuestionario tuvo una duración media de cinco minutos. El método de muestreo utilizado fue no probabilístico, escogiendo a los participantes por conveniencia.
Análisis de datos
En primer lugar, se realizó un análisis descriptivo de las variables abordadas en la investigación. A continuación, se realizaron pruebas t de Student para estudiar las posibles diferencias entre géneros en las variables estudiadas, así como la posible diferencia de medias en las variables entre personas con y sin pareja. Además, se compararon los tipos de uso (activo social, activo no social y pasivo) de los participantes con una prueba ANOVA de muestras relacionadas y se contrastó si había diferencias entre el uso activo (englobando tanto el social como el no social) y el pasivo con una prueba t de Student. Tras realizar una prueba de normalidad de las variables, se hizo un estudio correlacional con las diferentes variables cuantitativas y, por último, se realizó un análisis de regresión con la ideación suicida como variable dependiente y, como variables predictoras, aquellas que mostraron relación significativa en las pruebas anteriores. Todo ello, se efectuó mediante el uso del programa Statistical Product and Service Solutions (SPSS Statistics) versión 27.
Resultados
En primer lugar, se realizó un análisis descriptivo de las variables objeto de estudio (edad, estado sentimental, soledad familiar, soledad romántica, soledad social, soledad total, depresión, ideación suicida, uso activo, uso activo social, uso activo no social, uso pasivo y tiempo de uso de Instagram). La Tabla 1 del anexo muestra la descripción sociodemográfica de la muestra, ya comentada. Con respecto al resto de variables, como se observa en la Tabla 2 del anexo, el 19,8 % de la muestra presentaba ideación suicida y la media de depresión fue de 14,87, lo cual indicaría un grado de depresión leve (Sanz et al., 2003).
Respecto a las posibles diferencias de medias entre hombres y mujeres en las diferentes variables (ver Tabla 3 del anexo), no se encontraron diferencias en la soledad familiar, la soledad social, la soledad total, la ideación suicida, el uso activo social de la red social y el tiempo de uso de Instagram. En todos estos casos el tamaño del efecto fue insignificante, menos en el caso de la soledad total y del tiempo de uso de Instagram, donde fue pequeño. Por el contrario, sí aparecieron diferencias significativas en la soledad romántica, la depresión, el uso activo no social y el uso pasivo de Instagram. Concretamente, los hombres puntuaron significativamente más alto en soledad romántica que las mujeres, mientras que estas últimas tuvieron mayores puntuaciones en depresión, uso activo no social y uso pasivo de Instagram. El tamaño del efecto fue mediano en todos los casos menos para la depresión, donde fue grande.
Por otro lado, la Tabla 4 del anexo muestra que hubo diferencias significativas en ideación suicida entre las personas con pareja y sin ella (tamaño del efecto pequeño), siendo las personas con pareja las que tenían mayor ideación suicida. También se encontraron diferencias significativas en soledad romántica y social, así como en soledad total (tamaño del efecto grande). Concretamente, las personas sin pareja presentaron mayores niveles de soledad romántica y total (tamaño del efecto grande),
mientras que las personas que tenían pareja reportaron mayor soledad social (tamaño del efecto pequeño).
Respecto al tipo de uso de Instagram, hubo diferencias de medias significativas, con un tamaño del efecto grande, entre los tres tipos de uso (F = 214,70; p < ,001, η2 = ,50). Las pruebas post-hoc Bonferroni indicaron diferencias significativas entre cada tipo de uso y los otros dos (p < ,001 en todos los casos). Atendiendo a las medias reportadas en la Tabla 2 del anexo, el uso pasivo fue significativamente superior al uso activo social y al no social, y el uso activo no social fue significativamente superior al uso activo social. Esto quiere decir que el uso más frecuente de los participantes consistió en observar las publicaciones de otras personas sin interactuar de forma alguna, seguido de compartir sus propias publicaciones y, finalmente, lo menos frecuente fue interactuar activamente con las publicaciones de otras personas.
También se encontraron diferencias significativas (t = -13,67; p < ,001; g = ,93, tamaño del efecto grande) entre el uso activo (agrupando el activo social y el activo no social) y el uso pasivo de Instagram, siendo mayor este último (se pueden observar las medias correspondientes en la Tabla 2 del anexo).
A continuación, se realizó la prueba de normalidad Kolmogorov-Smirnov y se observó que solo la soledad total cumplió el criterio de normalidad (ver Tabla 5 del anexo). Por lo tanto, se utilizó la correlación de Spearman para estimar las relaciones lineales bivariadas entre las variables cuantitativas del estudio.
Tal y como se observa en la Tabla 6 del anexo, la ideación suicida correlacionó significativamente de modo positivo con la depresión (correlación grande), la soledad familiar (correlación moderada), la soledad social, la soledad total, y el uso pasivo de Instagram (correlaciones pequeñas). También correlacionó negativamente con el uso activo social (correlación pequeña). Esto indica que las personas que presentaban mayor ideación suicida también informaban niveles más elevados de depresión, soledad en general (y, concretamente, de soledad familiar y social) y de uso pasivo de Instagram, a la vez que informaban de un menor uso activo social de esta red social.
Por otro lado, la soledad social y la soledad familiar mostraron correlaciones significativas y directas entre sí y con la depresión (correlaciones pequeñas-moderadas). También correlacionaron inversamente con el tiempo de uso de Instagram, el uso activo social y el uso activo no social (correlaciones pequeñas, en todos los casos). Es decir, las personas con mayor soledad social y familiar presentaron mayor soledad general, depresión y el otro tipo de soledad (social o familiar) que las que tenían un menor nivel de soledad. Asimismo, las personas que puntuaron más alto en soledad social y familiar presentaron un menor tiempo de uso de Instagram y un uso activo menor, ya fuera social o no social. Además, la soledad familiar correlacionó de modo negativo con el uso pasivo (correlación pequeña), de modo que las personas con mayor soledad familiar hicieron un menor uso pasivo en esta red social. La soledad romántica no mostró correlaciones significativas con ninguna variable.
En el caso de la depresión, además de las correlaciones comentadas anteriormente con ideación suicida y soledad, mostró correlaciones significativas pequeñas con el uso activo social de Instagram (correlación inversa) y con el uso pasivo de Instagram (correlación directa), indicando que las personas que puntuaron más alto en depresión hacían un menor uso activo social y un mayor uso pasivo de Instagram.
Por último, cuanto más tiempo usaron Instagram los participantes de este estudio, mayor fue el uso que hicieron de la misma de todos los tipos, es decir, de modo activo social, activo no social y pasivo (correlaciones moderadas). Además, quienes usaban más tiempo esta red social tenían menor edad y menores niveles de soledad general, familiar y social (correlaciones pequeñas).
En resumen, atendiendo a las correlaciones comentadas anteriormente, un mayor uso de Instagram de cualquier tipo correlacionó con mayor tiempo de uso y menor edad y soledad general, familiar y social. Las personas que realizaron un mayor uso pasivo de esta red social presentaron mayor depresión e ideación suicida y menor soledad a nivel familiar. Las personas que tenían un mayor uso activo social de Instagram tuvieron menores puntuaciones en ideación suicida, soledad general, soledad familiar, soledad social y depresión que las personas que tuvieron un uso activo social menor, mientras que las personas con mayor uso activo no social presentaron menor soledad general, familiar y social.
Por último, se efectuó un análisis de regresión lineal múltiple con la ideación suicida como variable criterio y, como variables predictoras, aquellas que mostraron relación significativa en los análisis previos: el estado sentimental, la soledad familiar y social, la depresión, el uso activo no social y el pasivo de Instagram. La ecuación de regresión fue significativa (F = 19,27; p < ,001), indicando que el conjunto de variables explicaba el 37,7 % de la varianza de ideación suicida (R2 corregida = ,38). Las variables predictoras estadísticamente significativas fueron la soledad social (β = ,21), la depresión (β = ,38) y el uso pasivo de Instagram (β = ,14). El estado sentimental, la soledad familiar y el uso activo social no fueron predictores significativos al tener el resto de las variables en cuenta. Se muestran estos resultados en la Tabla 7 del anexo.
Discusión y conclusiones
El análisis descriptivo reveló que, en la muestra estudiada, un 19,8 % de los estudiantes presentaba ideación suicida. Este resultado va en la misma línea que los estudios de Barros et al. (2017), Blasco et al. (2019) y Ministerio de Universidades (2020), que encontraron que entre un 10 y un 30 % de los estudiantes universitarios presentaban ideación suicida, mientras que es una proporción inferior a la reportada por Estupiñá y Fernández (2022), donde la mitad de estudiantes presentaron ideación suicida de algún tipo.
Por otro lado, hay que tener cautela respecto a las conclusiones relacionadas con los tipos de uso de Instagram debido sobre todo al coeficiente de fiabilidad subóptimo obtenido en el tipo de uso pasivo, si bien cabe resaltar que se trata de un primer acercamiento a esta realidad y, por tanto, debería considerarse teniendo siempre en cuenta estas limitaciones. En este sentido, en la muestra se reflejó un mayor uso pasivo de Instagram frente a los otros tipos de uso y, al agrupar los dos tipos de uso activo se mantuvo que el uso predominante era el pasivo, lo cual va en línea con investigaciones como la de Alhabash y Ma (2017), donde el uso de las redes sociales tendía a la pasividad. En cuanto al tiempo medio de uso de Instagram, en este estudio fue de casi 90 minutos al día. Además, un mayor tiempo de uso correlacionó de modo positivo con el uso activo y pasivo. Es decir, las personas que pasaban más tiempo en Instagram lo hacían usándolo tanto de manera activa (social y no social) como pasiva. Adicionalmente, el tiempo de uso correlacionó de modo negativo con la edad, indicando que las personas que utilizaban más tiempo Instagram eran las más jóvenes, lo que concuerda con lo encontrado en los estudios de Cabrero et al. (2016) y Pop et al. (2022).
Otro aspecto de interés en el estudio fue la existencia de diferencias de género en la variable soledad romántica, padeciéndola más hombres que mujeres. Es posible que este resultado se deba a que el 72,92 % de los participantes hombres no tenían pareja, frente al 52,75 % de las mujeres, lo que iría en la línea de otros estudios como el de Pop et al. (2022), en el que las personas que no tienen pareja puntúan más alto en soledad romántica, sin existir diferencias de género en este aspecto. Por otro lado, tampoco hubo diferencias de género en la puntuación total de la escala de soledad, así como en las subescalas de soledad social y familiar, datos apoyados por investigaciones como la de Díez y Morenos (2015). Finalmente, se encontró un mayor nivel de depresión, uso activo no social y uso pasivo en las mujeres. En el caso de la depresión, está documentado que efectivamente los valores en las mujeres son superiores (Auerbach et al., 2017; Boyd et al., 2015). En lo referido al tipo de uso de Instagram, la literatura previa apunta a que las mujeres realizan un mayor uso activo social de las redes sociales que los hombres (Fernández-Villa et al., 2015; Scott et al., 2020; Tifferet, 2020), diferencia no hallada en nuestro estudio. Por otro lado, estudios como el de Marengo et al. (2024) no encontraron diferencias de género en el uso activo no social, algo que sí ha emergido en nuestro estudio. Finalmente, ese mismo estudio encontró un uso pasivo mayor en mujeres, en línea con nuestros resultados. Por lo que es necesario realizar más estudios para seguir profundizando en este asunto.
Otro resultado inesperado fue la ausencia de relación significativa entre la ideación suicida y el género, ya que estudios previos como los de Calvo et al. (2003) y Fonseca-Pedrero et al. (2018) indicaron que las mujeres presentaban mayor ideación suicida. Por otro lado, Boyd et al. (2015) no encontraron estas diferencias, en la misma línea que este estudio. Una posible explicación es que la proporción de hombres en este estudio fue bastante menor a la de mujeres, lo que podría implicar problemas de representatividad de la muestra y afectar a los cómputos estadísticos. Es posible que con una muestra más representativa y equilibrada aparecieran tales diferencias. Tampoco se encontraron diferencias de género en relación al tiempo de uso de Instagram.
Respecto al estado sentimental, se puede observar que las personas con pareja mostraron mayor ideación suicida y soledad social. Esto podría explicarse porque tener una relación de pareja podría contribuir a un aislamiento de la persona de su red social, de modo que se refleje en la ausencia de un círculo de amistades (Pereda et al., 2024). Además, también existe la posibilidad de que sean relaciones basadas en el conflicto, ya que esto es un factor relacionado con la conducta suicida (Blasco et al., 2019; Camara et al., 2017; Kazan et al., 2016; Siabato y Salamanca, 2015). Por ello, se recomienda en futuras investigaciones indagar más en la posible influencia de la formación de relaciones de pareja en la soledad social y la ideación suicida.
En lo referido a las relaciones entre las variables principales del estudio, se ha observado que las personas que presentaron un uso activo (social o no social) puntuaron más bajo en niveles de soledad y, en el caso de mayor uso activo social, presentaban también menor ideación suicida y depresión. Estos datos coinciden con los obtenidos por diferentes investigaciones, las cuales relacionaron este uso activo con un mayor apoyo social, lo que serviría de factor protector para la ideación suicida (Fredrick et al., 2018; Jasso-Medrano y López-Rosales, 2018; Marchant et al., 2018; Sánchez-Teruel et al., 2018; Shenouda y Basha, 2014) y la soledad (Rippé et al., 2018; Tokunaga, 2017), especialmente si la mayoría de las personas a las que siguen en la red social pertenecen a su entorno (Lup et al., 2015). Otros estudios también han encontrado que el uso activo es un factor protector para la depresión (Ho et al., 2014; Özdemir et al., 2014; Sahin et al., 2013). Con respecto al uso pasivo, este se ha relacionado en el presente estudio con niveles más altos de ideación suicida y de depresión, resultado que va en la línea de diferentes investigaciones que hallaron que el uso pasivo era el que se relaciona con los efectos más perjudiciales de las redes sociales (Hanna et al., 2017; Sherlock y Wagstaff, 2019; Thorisdottir et al., 2019; Valkenburg, 2022; Yoon et al., 2019). El uso pasivo también ha correlacionado con menores niveles de soledad familiar, lo que podría ser debido, por ejemplo, a que entre sus seguidores de la red social haya miembros de su familia, de modo que, pese al uso de tipo pasivo, se establezca una mayor sensación de cercanía con estas personas (Lup et al., 2015). Otra posibilidad a explorar en futuros estudios vendría dada porque, ante menor soledad familiar, exista una menor necesidad de interacción en la red social, aumentando así el uso pasivo de esta.
Por otro lado, el análisis de regresión mostró que casi un 40 % de la ideación suicida podía predecirse a partir de la depresión, la soledad social y el uso pasivo de Instagram. Estos datos apoyan los hallazgos de investigaciones previas, como la de Moreno-Gordillo et al. (2019) en relación con la depresión, las de Lee y Goldstein (2016) y Qualter et al. (2015) en lo referente a la soledad social y las de Hanna et al. (2017) y Thorisdottir et al. (2019) al respecto del uso pasivo de las redes sociales.
En relación con la depresión, se ha hipotetizado que la relación entre esta variable y la ideación suicida está mediada por las distorsiones cognitivas sobre el mundo, uno mismo y el futuro (Jager-Hyman et al., 2014; Toro-Tobar et al., 2016). Respecto a la soledad social, se podría explicar su papel atendiendo a la necesidad humana de formar parte de un grupo (Blasco et al, 2019; Fredrick et al., 2018; Sánchez-Teruel et al., 2018), lo cual puede moderar la relación entre los síntomas depresivos y la ideación autolítica (Lamis et al., 2016). Respecto al uso pasivo de Instagram, como ya se ha comentado, es el que más se ha relacionado con efectos perjudiciales en los usuarios de redes sociales (Hanna et al., 2017; Moreno-Gordillo et al., 2019; Thorisdottir et al., 2019), lo cual parece extenderse, según los datos de este estudio, a la ideación suicida.
Finalmente, se puede decir que se ha logrado parcialmente el objetivo planteado en esta investigación relativo a describir y analizar cómo el tipo de uso de Instagram se relaciona con sentimientos de soledad, síntomas depresivos e ideación suicida en estudiantes universitarios españoles. En concreto, faltaría disponer de una escala que mida los diferentes tipos de uso con un mayor grado de consistencia interna. Además, se han obtenido diferencias significativas según el género, de modo que las mujeres han puntuado más alto en depresión, uso activo no social y uso pasivo, y los hombres en soledad romántica. La hipótesis principal del estudio ha recibido un apoyo parcial, ya que las personas con un mayor uso pasivo han mostrado mayores niveles de depresión e ideación suicida, pero no mayores sentimientos de soledad. Sin embargo, el uso activo sí ha correlacionado con niveles más bajos de soledad y el uso activo social con menor ideación suicida y depresión. En concreto, la ideación suicida podría depender de la depresión, la soledad social, la soledad familiar y el uso pasivo de Instagram.
La principal limitación de este trabajo es que la muestra fue pequeña y se seleccionó por conveniencia, lo que lleva a que no sea representativa de la población universitaria española y, por tanto, haya que tener mucha cautela a la hora de tratar de generalizar los resultados. Concretamente, la muestra estaba compuesta en su mayoría por mujeres y estudiantes de la Universidad de Alcalá, por lo que los resultados podrían no ser aplicables a otros grupos demográficos. A su vez, las distribuciones de los subgrupos no fueron homogéneas y, al recoger datos a través de autoinformes, pudo existir cierta tendencia a la deseabilidad social.
Otra limitación importante es la inexistencia previa de una escala validada sobre el tipo de uso de Instagram. Por ello, en este estudio se realizó una adaptación de la escala PAUM (Gerson et al., 2017), diseñada originalmente para Facebook. Aunque ambas redes sociales son similares, tienen funciones diferentes, lo cual ha podido impactar en la fiabilidad y validez de la escala utilizada. En este sentido, cabe destacar la baja consistencia interna que tuvo la subescala de uso pasivo, de modo que los resultados y conclusiones deben valorarse con cautela. A pesar de esta limitación, se decidió continuar con los análisis para poder aportar más luz en esta área, pero futuras investigaciones deberían enfocarse en la construcción de escalas adaptadas a esta y otras redes sociales y que cuenten con mejores propiedades psicométricas que permitan explorar este constructo con un mayor grado de fiabilidad y precisión.
Otra posible limitación fue contemplar únicamente la red social Instagram, sin valorar el uso que los participantes hacían de otras, ya que la mayoría de jóvenes utiliza diferentes redes sociales en su día a día (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023). También conviene considerar que, dentro del uso activo que se puede hacer de las redes sociales, este uso no tiene por qué ser siempre positivo, sino que se pueden dar, por ejemplo, situaciones de ciberacoso que acaben conduciendo a sentimientos de soledad o depresión y que se relacionen con la ideación suicida (Álvarez, 2018; Navarro-Gomez, 2017). Es decir, el uso más específico que da la persona a la red social puede tener diferente influencia en la ideación suicida, la soledad y la depresión.
Por todo ello, sería recomendable realizar investigaciones de mayor grado de sofisticación, como estudios experimentales o longitudinales, que permitan desentrañar la direccionalidad de las relaciones existentes entre las variables. Además, se debería tratar de controlar variables extrañas que podrían estar solapadas con otras de las evaluadas en este estudio: personalidad, autoestima o desesperanza. Otra posible mejora incluiría tener en cuenta la satisfacción de los participantes con sus relaciones de pareja, la existencia de ciberacoso o el uso concreto que se hace de las redes sociales. Finalmente, se recomienda validar una escala sobre el tipo de uso de las redes sociales para Instagram, como ya se indicó, y ampliar el análisis de las redes sociales a otras que también son utilizadas en gran medida por la población universitaria, como TikTok y X.
Más allá de las limitaciones señaladas, se considera que esta investigación resulta relevante de modo preliminar para mejorar la comprensión del suicidio en relación con el uso que se le da a Instagram, los sentimientos de soledad y la depresión. Los resultados hacen patente la necesidad de que las instituciones desarrollen un plan de acción más focalizado en la prevención del suicidio y que tenga en cuenta las variables mencionadas para promover el bienestar de los estudiantes (Al-Halabí y Fonseca-Pedrero, 2023; Villar, 2020; Wolitzky-Taylor et al., 2020). Cabe destacar que el Gobierno de España comenzó a implantar el programa “Salud mental y el Covid-19”, con algunas acciones encaminadas a la prevención del suicidio, como la puesta en marcha de un teléfono gratuito e ininterrumpido de atención profesional y ayuda ante la conducta suicida (Secretaría de Estado de Comunicación, 2021). Además, recientemente, el Ministerio de Sanidad, a través del Comisionado de Salud Mental (2025), ha publicado un plan de acción para la prevención del suicidio que menciona de manera incidental el papel de las redes sociales digitales. Aun así, estas medidas siguen sin ser adecuadas si no se hace una dotación de recursos suficiente para la atención que se demanda desde la población, tal y como reclama la Organización Mundial de la Salud (2013).
Finalmente, es necesario que se fomente un uso responsable de las redes sociales, desde los beneficios y riesgos que se conocen, ya que pueden ser una herramienta que potencie la salud mental de las personas protegiendo frente a sentimientos de soledad, o que, por el contrario, sea contraproducente. En conclusión, se debe seguir investigando cómo el uso de las redes sociales afecta a esta y a otras poblaciones, con modelos más sofisticados que permitan ir más allá en estos resultados y se incluyan otras redes sociales y variables psicosociales.
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Encontrarán las tablas correspondientes de este artículo en el PDF adjunto.
