Grupos de atención a padres y bebés: observación e intervención psicoanalítica en microscopía clínica como facilitador de las relaciones iniciales

Mariângela Mendes de Almeida

 

RESUMEN

Grupos de atención a padres y bebés: observación e intervención psicoanalítica en microscopia clínica como facilitador de las relaciones iniciales. Este trabajo discute la microscopía de las intervenciones interpretativas y de la continencia ofrecida por los abordajes vinculares con padres, bebés y niños de corta edad, utilizando, como material ilustrativo e investigativo, viñetas de un Grupo de Atención a padres y a sus hijos de 0 a 3 años y once meses, realizado en ambiente ambulatorio en el Departamento de Pediatría (UNIFESP). A partir de la transcripción y comentarios del material originalmente filmado, buscaremos amplificar la comprensión de las interacciones lúdi­cas y verbales entre padres, niños y terapeutas en el contexto de grupo, reflexionando sobre detalles sutiles de las interacciones hilvanadas desde una visión psicoanalítica relacional. Palabras clave: grupo padres-bebés, interven­ción en las relaciones tempranas, psicoanálisis infantil, pediatría, microscopía clínica.

ABSTRACT

Parent and infant care groups: observation and psychoanalytic intervention in clinical microscopy as a facilitator of early relationships. This paper discusses the microscopy of interpretative interventions and the continence offe­red by bonding approaches with parents, babies and young children, using, as illustrative and investigative mate­rial, vignettes of a Care Group for parents and their children from 0 to 3 years and eleven months, carried out in an outpatient setting in the Department of Paediatrics (UNIFESP). From the transcription and commentaries of the originally filmed material, we will seek to amplify the understanding of the playful and verbal interactions between parents, children and therapists in the group context, reflecting on subtle details of the interactions threaded from a relational psychoanalytic vision. Keywords: parent-infant group, early relationship intervention, child psychoa­nalysis, paediatrics, clinical microscopy.

RESUM

Grups d’atenció a pares i nadons: observació i intervenció psicoanalítica en microscòpia clínica com a facilitador de les relacions inicials. Aquest treball discuteix la microscòpia de les intervencions interpretatives i de la continència oferta pels abordatges vinculars amb pares, nadons i nens petits, utilitzant, com a material il·lustratiu i d’investigació, vinyetes d’un grup d’atenció a pares i als seus fills de 0 a 3 anys i onze mesos, realitzat en ambient ambulatori al Depar­tament de Pediatria (UNIFESP). A partir de la transcripció i els comentaris del material originalment filmat, buscarem amplificar la comprensió de les interaccions lúdiques i verbals entre pares, nens i terapeutes en el context de grup, reflexionant sobre detalls subtils de les interaccions embastades des d’una visió psicoanalítica relacional. Paraules clau: grup pares-nadons, intervenció en les relacions primerenques, psicoanàlisi infantil, pediatria, microscòpia clínica.

Introducción

Con este trabajo, nuestra intención es la de favorecer la posibilidad de debatir la microscopia de las intervenciones interpretativas y la continencia que puedan ofrecer los enfoques vinculares con padres y bebés y niños pequeños. Utilizaremos como material ilustrativo y de investigación algunas viñetas transcritas de un grupo de atención a padres y sus hijos de 0 a 3 años y 11 meses, que fue realizado en contexto de ambulatorio en el departamento de Pediatría (UNIFESP).

La comunidad psicoanalítica internacional y latinoamericana pasa por un momento de de­bate de la investigación clínica.

Este debate parte de nuestras especificida­des, de cómo formulamos nuestras interven­ciones, qué teorías explícitas o implícitas están presentes en nuestros intercambios intersubje­tivos con nuestros pacientes. Este es un campo merecedor de inúmeros grupos de trabajo y ac­tividades cruzadas en red entre varios grupos psicoanalíticos, sobre todo en la psicoanálisis de adultos con cuadros neuróticos. Nos parece im­portante contribuir para el debate de las pecu­liaridades de las intervenciones psicoanalíticas en niños, en intervenciones vinculares, de la mis­ma manera como es importante pensar sobre estas cuestiones en los análisis de condiciones límite o de estadios primitivos de la mente.

Necesitamos abrir un espacio para incluir en nuestras sistematizaciones una amplia gama de contribuciones posibles, como por ejemplo: intervenciones no verbales, acciones interpre­tativas; ofrecimiento de contención a través de comunicaciones posturales; modulación de en­tonaciones (paralelas de la prosodia de las co­municaciones iniciales padres-bebé); comunica­ciones que aun han de tener más investigación en el área de las comunicaciones inconscientes, de los enactments como puestas en escena que abren camino a las manifestaciones de aspectos aun no representables; comprensiones en red de sentido de expansión polisémica y transver­sales cuanto a la integración de diversos niveles de funcionamiento, hipótesis compartidas como aprensiones y génesis de significados construi­dos en el espacio-útero de la intersubjetividad, partiendo del acceso por lo que se va metafori­zando y produciendo en nuestra función soñan­te a través de la empatía y sintonía del afecto con los movimientos grupales.

El entrenamiento en Observación Psicoana­lítica de la relación Padres-bebé, modelo Bick (Bick, 1964[1987]) nos ayuda a pensar en los detalles emocionales e interactivos y en el caos de estos grupos. El registro filmado y transcrito permite el rico debate en microscopía y se con­vierte en un instrumento privilegiado para pro­fundizar en la reflexión acerca de los recursos clínicos potencialmente terapéuticos en el con­texto del trabajo vincular grupal con padres y bebés/niños pequeños.

El material filmado transcrito ha estado divi­dido en algunas viñetas más cortas y acompa­ñado simultáneamente por comentarios breves acerca de los dispositivos clínicos utilizados en este tipo de trabajo y encuadre.

El grupo de padres y bebés/niños pequeños que ha servido de material ilustrativo para este artículo es parte del funcionamiento del Núcleo de Atención a padres y bebés, Sector de Salud Mental, del Departamento de Pediatría de UNI­FESP y está incluido en un programa terapéuti­co y psicoprofiláctico que tuvo su inicio en 1970 por la iniciativa de la psiquiatra y psicoanalista Mary Lise Moisés Silveira (Silveira et al., 2000). Ella ofrecía la oportunidad de un seguimien­to regular del desarrollo emocional a niños de cero a tres años, en paralelo al acompañamiento pediátrico rutinario (Mendes De Almeida et al., 2009).

En la parte que aquí exponemos en detalle, están presentes cinco parejas de madres/cuida­doras con sus bebés y dos terapeutas, la autora de este artículo e Ida Bechelli, que en este día se intercambian en la filmación y en la dirección de la cámara para las escenas del registro vi­sual y sonoro. Así como nuestras intervenciones verbales, posturales e interactivas expresamen­te invitadas por los niños, la filmación también pasa por planos más generales y recortados so­bre determinadas interacciones en el intento de alinear para el grupo los movimientos significa­tivos constitutivos de las redes de sentido (Men­des et al., 2004) que surgen de aquel encuentro. La autorización de los padres para la filmación y para su utilización con fines científicos fue soli­citada con antelación.

La película (además de facilitar este tipo de trabajo) tiene la finalidad de convertirse en ins­trumento de expansión de la mirada grupal y terapéutica. Posteriormente, se selecciona el material y se comenta en conjunto en la sesión con el propio grupo de padres y bebé/niños para mostrar evoluciones en proceso compar­tido. Grupo de atención a padres y bebé/niños pe­queños: promocionando la salud del niño y de la familia

El grupo de padres y bebés/niños pequeños es una de nuestras modalidades de atención. Re­cibimos derivaciones de bebés y niños de cero a tres años y 11 meses, y sus padres/cuidadores. Se configura como una alternativa terapéutica para díadas padres-bebés que necesiten y se puedan beneficiar de una acogida compartida para ansiedades y dificultades que estén inter­viniendo (o corran el riesgo de intervenir) en el desarrollo del niño y/o en la construcción de la función parental de los cuidadores (Barandon et al., 2005). Es un grupo semanal, abierto a la participación de hasta ocho díadas, con entrada en cualquier momento (de acuerdo con las pla­zas) después de la selección hecha en nuestro Sector. Se realizan revisiones semestrales sobre la continuidad del tratamiento valorando si si­gue siendo necesario en este periodo de desa­rrollo de las relaciones iniciales. El grupo ofrece también una posibilidad de acogida inmediata a familias que están en lista de espera para aten­ción en Intervención en las Relaciones Iniciales en nuestro servicio.

Los niños y padres presentados en estas viñe­tas nos fueron derivados por cuestiones varias como alimentación, crecimiento, sueño, agita­ción y comunicación, que están siendo atendi­dos en nuestro servicio por tiempo variable. Pueden estar incluidos en otras modalidades de atención que componen un programa de in­tervención terapéutica y profiláctica que pasa por la realización de cuatro o cinco sesiones de intervención en las relaciones iniciales en cada núcleo familiar padres-niños.

Para intentar integrar lo que hemos oído de las madres/cuidadoras con lo que está pasan­do en la expresión lúdica de los niños y en el in­tento de abarcar las manifestaciones grupales y los puntos en común a partir de las expresiones singulares de cada individuo y cada relación ahí presente, hablamos sobre el nerviosismo de Rei­naldo, el pegamento de Gabriel, lo “normal” y lo “anormal” del lloro de Ana Laura, la recién adqui­rida posibilidad de dormir/descansar de Miguel, la necesidad de expresión de intensidad emo­cional de los niños, lo emocional interviniendo en lo físico, la necesidad de continencia interna y relacional al lado de la continencia por los pro­cedimientos, normas, límites, que por lo general se acopla a la preocupación parental de intentar contener sus propias ansiedades y de los niños de manera resolutiva de inmediato, sin mucho lugar para tolerar “tumultos” transitorios.

Estas escenas se expresan en las observacio­nes de las relaciones entre cuidadores y bebés en el grupo y en los relatos acerca de la coti­dianidad. Se van “cosiendo”, como en un guion grupal, las manifestaciones e interacciones vi­vidas, explicando las historias de cada uno en lenguaje emocional, en la búsqueda de expandir la experiencia más allá de la conducta concreta y operativa.

Es curioso observar que, cuando las madres presentan nuestro grupo a nuevos participan­tes, el aspecto que más enfatizan es el de la ob­servación del juego, de la conexión entre jugar y la relación de ellas con los niños.

Viñetas clínicas: pequeño y gran angular en inte­racción. La mirada psicoanalítica vincular como guía para las secuencias de intervenciones

Llegan madres y bebés y, gradualmente, tene­mos cinco parejas de cuidadoras y bebés/niños pequeños en la sala: Reinaldo, Marcos, Gabriel, Miguel y Ana Laura. Los niños se van acercando a los juguetes, mientras les siguen con mirada atenta las madres/cuidadoras y las terapeutas.

Dilemas de la autonomía: la llegada

Madre de Reinaldo: “Vaya, ayer en el colegio me preguntaron qué le había pasado que es­taba tan nervioso. Les dije que en casa estaba tranquilo… hoy sí que lo estoy viendo nervioso” (compartiendo miradas sobre el niño).

Terapeuta M: “¿Qué le habrá pasado a Reinal­do, Marcos? ¿Tú crees que Reinaldo está ner­vioso?” (incluyendo a los niños como interlocu­tores, solicitando la mirada intersubjetiva y la conexión acción/estado psíquico, estimulando la comunicación grupal).

Reinaldo es el mayor del grupo, con casi cuatro años. Es un niño con muchas dificultades del vín­culo y de la comunicación. Hace rodar ruidosa­mente el cochecito en la mesa, mientras se mira a la madre con aparente desafío y provocación. Marcos, de tres años y medio, es un niño tími­do. Quizás fortalecido allí por nuestra invitación a que opine, observa Reinaldo, sonríe con apa­rente admiración y mueve el juguete en su mano, siguiendo el ritmo de la excitación de Reinaldo. Marcos parece no poder aguantar la intensa exci­tación, que dura poco. En seguida pone el jugue­te en el suelo, con buenos modales, aparentando miedo a perder el control.

Marcos nos llegó al tratamiento como un niño muy contenido y controlado con dificultad para expresarse y ser autónomo, en una relación sim­biótica con la madre. Esta, extremadamente an­gustiada, esperaba de Marcos actitudes previ­sibles y maduras que no desafiaran su propria necesidad de control, relacionada a su histórico familiar y referencias internas de riguroso cuida­do personal.

Llega Gabriel de mano de su madre y mien­tras esta va a sentarse, se suelta delante de los juguetes donde Marcos está jugando. Gabriel asiste al grupo desde los cinco meses con su madre, que estaba muy deprimida e insegura después del abandono (temporal) de su com­pañero y de la pérdida anterior de otro bebé. La relación de los padres es aún muy tumultuo­sa, con conflictos y separaciones. Después de un periodo de tregua, volvieron a ocurrir nuevas decepciones y vuelta a un estado deprimido y melancólico de la madre. Gabriel tiene hoy dos años y ocho meses, y viene con una camiseta que pone “I love Dad” .

Terapeuta I: “Gabriel acaba de llegar…” (anun­ciando hechos importantes del encuadre).

Terapeuta M: “¿Hola, Gabriel, cómo estás?”

Terapeuta M: “Lleva el pelo cortito…” (apun­tando cambios).

Madre de Reinaldo: “¡¡¡Madre de Dios, Señor!!!” (en relación con la agitación de Reinaldo).

Gabriel se levanta con un estetoscopio de ju­guete en la mano y Marcos, después de algu­nas vueltas cerca de la madre, aparenta estar confundido y solicitando su permiso para poder “pedir”, dice: “¿Das esto? ¿Me lo das?”

Marcos se rasca la cabeza (ensimismado o confundido), mientras señala a Reinaldo con el juguete (repartiendo la mirada en estas dos direcciones, dividido entre su propio gesto de señalar a algún otro fuera de la relación con la madre y de la mirada que pide permiso).

Madre de Marcos: “Ah, él lo ha cogido… dé­jame que lo vea, ven aquí….” La madre parece referirse al rascado de cabeza, como si Marcos tuviera alguna molestia física que necesitara su cuidado, sosteniendo así la continuidad de la re­lación dual y la referencia en lo concreto/hand­ling corporal. A pesar de eso y de algunos tro­pezones en el camino, Marcos se siente alentado a ir en búsqueda de lo que necesita, marchando en dirección a Gabriel y su madre.

Terapeuta I: “Hemos empezado con la inquie­tud de algunos niños, ¿no es así, Mari?” (reca­pitulando el movimiento grupal, intentando comprender motivaciones internas e invitando a investigar).

Terapeuta M: “¡Sí, así es!” (las terapeutas ha­cen función de pareja parental en diálogo sobre estados emocionales del grupo).

Terapeuta I: “La mamá está hablando, ¿qué es lo que estará pasando?”

Marcos, cerca de Gabriel, que está estirado en el suelo junto a su madre, se acerca para coger el estetoscopio. La madre de Gabriel y de Mar­cos hablan con Gabriel y negocian con él para que dé el juguete a Marcos, que vuelve entonces para el lado donde está su madre. El trio Marcos, Gabriel y su madre parece que ha logrado llegar a un acuerdo en un contacto/conflicto mediado por el adulto en que los niños pudieron opinar (empatía entre subjetividades y diferencia ge­neracional es posible).

Madre de Marcos: “¡Justo él acaba de llegar y tú ya le has cogido el juguete, Marcos!” (Apa­rentemente, muestra más preocupación crítica con la supuesta inadecuación de la conducta de Marcos que por la solución conciliadora que ha encontrado el trio).

Gabriel coje la alfombrita de Eva y se la ofrece a su madre, que empieza a abanicarse.

Madre de Gabriel: “¿Tienes calor? ¿Me lo has traído para mí?” (Señalando hacia la proximidad de las necesidades madre-niño pequeño).

La madre de Marcos observa la relación muy cercana de Gabriel con su madre: “¡Por Dios, cómo ha crecido!” (¿nostalgia por la relación madre niño pequeño? ¿Deseosa de una proxi­midad y, a la vez, con un posible crecimiento? ¿Valorando esta posibilidad? ¿Miedosa acerca de este crecimiento?). “Uno se queda un tiem­po sin verse, cuando se da cuenta… ¡crece muy rápido!” (transfiriendo aspectos de la propia re­lación con su hijo para el grupo y sus miembros – ambivalencia en relación con el crecimiento, admiración, susto con la pérdida de control).

Madre de Gabriel: “¿Has visto como está él ahora? Ahora ya no juega… a todos los sitios donde voy, solo quiere estar cerca de mí” (en una mezcla de perplejidad y orgullo).

Terapeuta M: “Sí, Ida lo comentaba el otro día” (construyendo continuidades en el cuidado de la pareja parental). “Gabriel está ahí, en el rega­zo, en la teta” (conectando conducta y estado psíquico en lenguaje metafórico-polisémico).

Terapeuta I: “Ya veía yo que ahora Gabriel se mostraba más preocupado en dejar a esta mama, ¿no? Va creciendo, pero parece que ne­cesita estar cerquita” (señalando las ambivalen­cias como naturales y simultaneas en el proceso de crecimiento).

Madre de Gabriel: “Y él lo dice: mamá, me voy a quedar contigo, ¿vale?” (Interdependencia de la necesidades infantiles y parentales).

Terapeuta M: “¿Le haces compañía a la mamá, Gabriel? ¿Le cuentas un cuento a la mamá?” (Hablando al niño para el grupo)

Terapeuta I: “Es esto, ¿no? Gabriel parece te­ner la necesidad de cuidar a su mamá, ¿no, Ga­briel?” (Señalando la reversión en la relación de continencia)

Terapeuta M: “¿O quieres que la mamá te cuente un cuento a ti… muy cerquita uno del otro?” (volviendo a incluir la otra polaridad de la ambivalencia a partir de la observación de los gestos del niño con el libro en el regazo de la madre; explorando perspectivas, ofreciendo al­ternativas diferentes, en un movimiento que se compone entre las terapeutas/pareja parental en miradas complementarias para el grupo, sin fusionarse pero con seguimiento compartido; posibilidad de triangulación).

Durante el periodo que frecuentan el grupo estas parejas, se da una gran evolución en el reconocimiento de las competencias mutuas madre-niño, demostrando así la fuerza vital de ambos para la ampliación de las posibilidades de relacionamientos. Gabriel y su madre, aquí en posición de protagonizar un aspecto grupal de­safiador, pueden, partiendo de las conversacio­nes y la mirada del grupo, encontrar una forma de considerar la necesidad infantil y su desarrollo a la vez que una acogida a los sentimientos de la madre con el fortalecimiento de sus capacidades para cuidar.

Explorando espacios psíquicos: el estetosco­pio, la escucha de lo interno

Terapeuta M: “Marcos nos ha traído un apa­rato para que veamos si todo está bien” (este­toscopio). “¿Quieres que yo vea si todo va bien con Marcos?” (pone el estetoscopio en el pecho del niño, que parece muy interesado en el exa­men que hacemos en el grupo de cómo ellos se sienten; hablando con el grupo en el lenguaje lúdico de los niños, jugando con ellos). “¡A ver si todo va bien! ¿Hola, va todo bien contigo, Mar­cos? ¿Te sientes bien?” (conectando lo físico y lo emocional). “¡Qué bien que has vuelto antes incluso de lo que habías dicho!” (habían avisado que faltarían a dos sesiones y hoy aun estarían de viaje). “Os ibais de viaje… ¿ha estado bien el viaje?” (demostrando haber tenido en cuenta lo que se había dicho y valorando las comunica­ciones del Grupo y para el Grupo, reafirmando el setting). Marcos va en dirección a la madre con el juguete.

Madre de Marcos: “Ha estado toda la semana con fiebre, 38º!”

Terapeuta M: “¡Ah, entonces creo que es esto lo que Marcos nos está diciendo!” (amplificando el sentido de comunicación del juego)

Terapeuta I: “Sí, mirad; ¡ha traído el aparato!” (empatizando con la percepción y ofreciendo más detalles).

Madre de Marcos: “Pero lo más increíble es que llegamos a casa y al día siguiente ya no tenía fiebre…” (solicitando la escucha para una elaboración en proceso, posiblemente movili­zada por el grupo). Alguien del grupo comenta “¡Vaya!”.

Madre de Marcos: “¡Me quedé impresionada!” (solicitando escucha para estados internos, de ella y del niño).

Terapeuta I: “Echaba de menos su casa…” (asociando estados psíquicos y físicos)

Madre de Marcos: “¡Creo que ha sido así!” (in­corporando la percepción)

Marcos, con el estetoscopio, se mueve por la sala y se va a juntar con Reinaldo y su madre, que jugaban a poner un juguete en un agujero de la mesa (el agujero para que pasen los cables del ordenador). Cuando Marcos se acerca, Reinal­do, que estaba en una exploración compartida de un espacio fuera de la madre (el agujero de la mesa), vuelve a una exploración dual, junto al cuerpo de su madre, escondiendo algún juguete en la manga de la blusa de ella. Marcos intenta inserir el estetoscopio en el agujero de la mesa.

Madre de Reinaldo: “¿Estáis todos queriendo esconder juguetes?” (mostrando una capacidad de observar el juego de los niños y comentárse­lo al Grupo).

Llega un niño más, Miguel, en brazos de su madre, que participa por segunda vez del gru­po. Miguel fue derivado por dificultades para dormir.

Terapeuta M: “Hola Miguel… y el nombre de la madre de Miguel, ¿cómo era?

Madre de Miguel: “Sueli”

Terapeuta M: “Ponte cómoda”

Terapeuta I: “Pasa, ponte cómoda”

Se oye la voz de la madre de Reinaldo, que hace un comentario sobre el juego de esconder: “Lo has escondido en la blusa de mama”.

Terapeuta M: “Están todos explicando las no­vedades, uno que se puso enfermo y ha mejo­rado, uno que está… se queda muy cerca de la mama para cuidarla y cuidarse, Reinaldo, que muestra inquietud, sí… y Miguel, ¿cómo esta?” (rehaciendo el camino del Grupo e insiriendo los que llegan)

Madre de Miguel: “Miguel esta semana ha dor­mido dos horas y media seguidas”. (reportando evolución sintomática).

Terapeuta I: “Vaya, para quien no dormía nada!” (dando valor al movimiento)

Madre: “No dormía diez minutos seguidos…” (reconociendo el cambio)

Terapeuta I: “Pues sí, dormir dos horas y me­dia seguidas… Miguel está pudiendo descansar ahora, ¿no? Puede descansar más” (amplifican­do lenguaje y tejiendo sentido: de lo cotidiano físico, para la posible interrelación con lo emo­cional).

Terapeuta M habla con Reinaldo y Marcos, que juegan alrededor de la madre de Reinaldo.

Terapeuta M: “Marcos ha ido a buscar a Rei­naldo, de compañía, ¿no?”

Madre de Reinaldo: “Cada uno de ellos está escondiendo un juguete a su manera…” (obser­vando el juego de los niños y comentándolo al grupo [¿asimilación del tono de continencia te­rapéutica?]) “¡¡Ponlo tú!”

Reinaldo refunfuña.

Madre de Reinaldo: “¡Me estas estropeando la blusa!”

Terapeuta M: “Uno esconde el juguete en el agujerito y el otro en la manga de la blusa de la mamá…”

Madre de Reinaldo: “¡Mira lo que estás hacien­do en la manga de mi blusa! “

Terapeuta M: “¿Lo está escondiendo o están queriendo poner dentro de algún sitio? ¿Cómo es? ¿Cosas importantes que ellos quieren guar­dar?” (intento de comprensión- reverie, hace un paralelo entre el juego de los niños y la aptitud observacional amplificada en un intercambio como continencia ofrecida al grupo).

Madre de Reinaldo: “Póntelo tu aquí, en tu manguita”.

Terapeuta I: “Gabriel va mirando a Miguel, pero no se arriesga a salir de cerca de mamá, ¿no es así, Gabriel? Pero creo que quiere que la mamá le lea el libro de historias” (observación y amplificación de movimiento en la conducta asociada al estado emocional y movimiento in­terno).

Madre de Gabriel: “Y el bebé (Miguel) observa, ¿no?” (uniéndose también en la observación).

Los niños van individualmente y en conjunto hacia varios objetos lúdicos. Gabriel se interesa por otro juguete y señala la mesa. Camina hacia esta y coje el estetoscopio.

Gabriel: “¿Se puede coger?”

Madre de Reinaldo: “No aprietes, Gabriel, ha­ces daño”

Terapeuta M: “Miguel quiere dar algo al nene” (explorando las intenciones a partir de la obser­vación de lo no-verbal del juego del niño-bebé con el juguete-bebé).

Madre de Marcos: “Él quiere cambiar, porque le gusta la música” (deduciendo estados internos).

Miguel tira el juguete.

Madre de Marcos: “Él quiere oír la musiquita del búho, déjale oír”.

Parece que niños y madres ejercitan la posi­bilidad de interesarse e intercambiar elementos de interés individuales y colectivos, integrando necesidad de mediación por el adulto con posi­bilidades de autonomía en las comunicaciones y mediaciones directas entre ellos. Procesando separaciones en ciclos de constitu­ción de autonomía

Terapeuta M camina por la sala y abre la puer­ta para recibir otro niño.

Terapeuta M: “Hola, ¿cómo estás?”

Madre de André: “¡Entra, hijo!”

André es un niño de tres años voluntarioso e intenso en sus manifestaciones corporales y fa­ciales de control, desagrado y braveza, inicial­mente muy enganchado a la madre y en proce­so de autonomización.

Terapeuta M: “Quiere entrar con la mama, ¿no?” (amplificando al grupo la percepción de la proximidad corporal madre-niño).

El niño se niega a entrar en la sala.

Terapeuta I: “¿Cómo estás?”

Madre de André: “Bien”

Terapeuta I: “Hoy le cuesta entrar” (comuni­cando dificultades y solicitando compartición de la continencia al grupo).

El niño se tira por el suelo, la madre intenta cogerlo en brazos pero se resiste, luchando.

Madre de André: “¡No, no, basta, basta!”

Terapeuta I: “Oh, se ha dado un golpe en la cabecita…”

Madre de André: “Basta, André!

Terapeuta M: “¿Qué pasará que André no quiere entrar?” (recogiendo el aspecto emocio­nal delicado, ahora en interno del espacio gru­pal, expansión de la conducta para la posibili­dad de la conversación).

Madre de André: “Es que el papá nos ha acer­cado en coche y él quería irse con su padre. Yo le dije “vamos, hijo” y se ha puesto así, llorando” (identificando la separación como el elemento de sufrimiento conflictivo).

Terapeuta M: “¿Papá también quería venir?” (poniendo énfasis en la invitación, siempre abierta y bienvenida, a los padres para la parti­cipación en el Grupo, también).

Madre de André: “No, tenía una reunión, y en­tonces nos dejó aquí cerquita”

Terapeuta M: “Ah, ¿papá no puede venir?”

Madre de André: Había mucho tráfico para ve­nir, estaba todo parado

Terapeuta I: En diciembre todo queda muy lle­no… las calles van empezando a agitarse… “(po­sible dialogo en suspensión, captando los sub­terráneos psíquicos del tráfico y agitación unida a movimientos de finales de ciclo de necesidad de protección en proceso de cambio delante de nuevas necesidades identificatorias en triangu­lación).

El niño sigue llorando en brazos de la madre, dándole golpes como si también la presionara (inicialmente para dentro de la sala y ahora para lejos de él mismo, a la vez que se agarra a las piernas o al regazo, y que también intenta sepa­rarse con ansiedad).

Terapeuta M: “Parece que diga vete, mamá, tú también tienes que irte, ¿no?” (conectando la manifestación infantil con una expresión relativa a la necesidad de cambio en la relación para fa­vorecer el cambio interno del niño).

Madre de André (de manera firme): “Basta, no se puede”.

Terapeuta I: “Sí… empujar a la mamá…”

Madre de André: “¡Mira, allí esta tu amigo!”

Terapeuta M: “Sí, están todos mirando tam­bién… para decirte hola, André, estamos aquí” (reafirmando el setting).

Mientras tanto, Reinaldo sigue inquieto y se va a la silla detrás del ordenador.

Madre de Reinaldo: “¡Ves a jugar allí!”

Reinaldo sigue sentado al lado de su madre, Marcos con el juguete de búho y el bebé senta­do en el suelo. La madre de André intenta po­nerlo en el suelo, pero el chico se resiste y vuel­ve al regazo.

Madre de Reinaldo: “vente para aquí, ahí te harás daño…”

Marcos chilla al tirar el juguete cerca del bebé.

Madre de Marcos: ¡No tires; en él, no!”

Las madres hablan entre ellas del calor (este tema inquieta i calienta).

Madre de André: “¡Por Dios, llegas a estar pe­gajoso!”

Madres, padres y niños expresan el sufrimiento que hay en los procesos de separación y autono­mía, evidente en las relaciones que pasan de diá­dicas a triádicas, colectivas y en las matrices y en reverberaciones corporales y sensoriales. Estos tránsitos de lo adhesivo a la separación son difí­ciles, y a veces quedan estancados, y se inquie­tan y se angustian. Nuestra mirada observacio­nal psicoanalítica registra el clima, la atmósfera emocional, acoge las expresiones en diferentes camadas de manifestaciones, de las más primiti­vas a las más elaboradas y nos moviliza para las amplificaciones interventoras compartidas.

Comunicando incomodidades

Terapeuta M: “¿Cómo estás, Ana Laura? ¿Ves? Hoy han venido muchos, ¿no?”

Ana Laura entra en la sala y rápidamente se sienta en el suelo y coje el juguete.

Madre de Reinaldo: “Sal de ahí que te vas a hacer daño, ven para aquí”.

Terapeuta M: “Te has acordado de Miguel, que el otro día también estaba aquí, ¿no?” (en la búsqueda de articulaciones de contacto entre los niños).

Reinaldo: “Tadí”

Madre de Reinaldo corrige lo que ha dicho: “Está allí, no es tadí. Esta allí”.

Terapeuta M: “¿Y cómo esta Ana Laura? Esta­mos hablando un poco de cada uno…”

Terapeuta M pregunta a la cuidadora de Ana Laura (del centro de menores): “¿Ana Laura está bien?”

Cuidadora de Ana Laura: “Sí, aunque este fin de semana nos ha dado un poco de trabajo. Se despertó ya llorando y la mirábamos y lloraba, la reñíamos para que parara y ella …lloraba mucho, pasó todo el día de sábado llorando. Llorando, llorando, llorando…”

Terapeuta I: “¿Todo el sábado?”

Cuidadora de Ana Laura: “Todo, todo…”

Terapeuta M (a todos): “A veces, los niños demuestran que están sufriendo o están incó­modos llorando, y uno no sabe el por qué, ¿no? Intentamos comprender, pero a veces no sabe­mos el por qué” (poniendo énfasis en la impor­tancia de la exploración, más que en el hecho de adivinar).

Cuidadora de Ana Laura: “Pero me pareció algo fuera de lo normal, porque ella sabía que tenía que dejar de llorar, pero no paraba. Ella nos miraba a la cara, yo le decía: para, ¿Qué te pasa? ¿Qué ha pasado? ¡Nada, tata!”

Terapeuta M: “¿Pero qué es lo que considera­mos normal? ¿Qué es lo normal? ¿No, I.?”

Terapeuta I: “Sí, ¿qué es?”

Terapeuta M: “Cada uno muestra la intensi­dad de lo que siente. La inquietud de Reinaldo, el lloro de Ana Laura, la idea de que tiene que quedarse fuera porque el padre le ha dejado aquí, ¿no? Cada uno reacciona de una manera… Gabriel, que también quiere estar cerca de su madre…”

Madre de Gabriel (orgullosa): “Gabriel no deja su madre para nada”.

Terapeuta M: “Miguel, que quiere dormir un poquito más; Marcos, explicando que no estuvo bien… Cada uno explica, como puede, la inten­sidad de lo que siente…” (alineando las expre­siones personales de cada uno en un sustrato grupal colectivo).

Terapeuta I: “Esto es lo que me parece impor­tante, que ellos se están pudiendo manifestar, explicar, ¿no? Ellos no están reprimiendo estas dificultades que van teniendo, ¿no?” (conti­nuando la intervención anterior y profundizan­do la comprensión en varias maneras posibles de explicación, ofreciendo un modelo de parce­ría parental colaborativa).

Reinaldo sigue sentado y André juega en la pizarra. Ana Laura juega en la mesita pequeña, Gabriel sigue cerca de su madre y Miguel jue­ga en el suelo. Se alternan varias posibilidades vinculares y lúdicas de búsqueda de un espa­cio colectivo posible, pero que salvaguarde las necesidades y los momentos de cada uno y de cada vínculo, movilizados por el alimento gru­pal.

Promocionando asociaciones somato psíqui­cas: soportando aspectos emocionales y reco­nociendo competencias (Padres/Niños/Grupo)

Después de una charla grupal sobre el hecho de que Ana Laura se despertó llorando y la difi­cultad de los cuidadores en saber qué le pasa­ba…

Madre de Marcos: “¿Un niño puede enfermar por no estar a gusto en el ambiente en el que está? Así, él tenía fiebre y en casa… ¿su fiebre puede haber sido un estado emocional?” (resu­miendo aspectos, conceptualizando inquietu­des en proceso de formulación durante el Gru­po: conexión entre físico/psíquico)

Terapeuta M: “¿Qué os parece?” (ampliando la discusión, invitando el Grupo a pensar y no con­testándoles desde un lugar del que sabe)

Madre de Reinaldo: “Yo creo que sí, porque a mi hermana le pasó. Cuando éramos pequeñas, mi madre nos llevó al Nordeste (región bastante pobre de Brasil). Aquí estamos acostumbrados a tener agua del grifo y allí teníamos que ir a buscarla en un sitio donde se acumula el agua de la lluvia, había ranas… Cuando mi hermana lo vio, ya le empezó la fiebre. Estuvo dos semanas siempre con fiebre, no quería comer, no quería nada. Para bañarla, era una guerra, porque te­níamos que coger aquella agua, hervirla y, en­tonces, ella decía: Mamá, esta agua está sucia. Había ranas. Entonces, la fiebre fue a más, más y más. Entonces, mi madre dijo: Me voy, pues si me quedo, mi hija acabará por morir aquí. Su fie­bre pasó. Solo quiso comer cuando vio a la basí­lica de Nuestra Señora de Aparecida del Norte. Creo que habrá pensado ya estoy en casa. La fiebre se fue, entonces yo creo que es emocio­nal” (ofreciendo asociaciones con vivencias in­fantiles, disponibles al Grupo como imágenes metafóricas oníricas).

Mientras la madre hablaba, Reinaldo estaba inquieto, frotando el juguete en el teclado del ordenador. La madre lo aguantaba para que pa­rara, intentando ofrecerle un poco de conten­ción, mientras solicitaba la necesidad de silencio para permitir también su propio espacio de co­municación arcaica al grupo, expresando cone­xiones somato-psíquicas.

Madre de Marcos: “Lo que me llamó la aten­ción fue que llegamos el viernes por la noche, se durmió de viernes para sábado con fiebre, in­cluso mi marido tampoco me dejó que le diera más medicación. El sábado ya no tenía fiebre. Domingo ya estaba sano y volvió a comer. Allí en Minas (región de Brasil), él tampoco quería comer” (compartiendo interés por movimientos internos/psíquicos de ella y del niño).

Varias personas hablan a la vez.

Terapeuta M: “Como nos vamos sintiendo mejor, más tranquilos, esto puede intervenir en nuestro estado físico… lo que no está pasan­do… el estado emocional puede intervenir en la condición física… ¿Pensáis que esto pasa? ¿Ya habéis observado esto en los niños?” (interca­lando síntesis con continuidad de exploración del tema con el grupo, dando valor a las compe­tencias observacionales parentales, ofreciendo contribuciones, pero sin saturar).

Madre de Miguel: “sí”.

Madre de Reinaldo: “Yo lo veo así, quizá un juguete, un alimento que el niño quiera, que no sabe expresarlo, puede enfermar… porque mi hijo mayor quería chocolate y mi madre se lo preguntó, si quería. Él dijo que no, pero después tuvo fiebre. Nadie sabie de dónde le venía, pero después de mucho preguntar si había visto algo, dijo: ah, he visto aquel chocolate que yo quería. Le compraron el chocolate y la fiebre se fue. En­tonces, quiero decir que creo que pasa mucho eso de que lo emocional ayuda a recuperarse o bien a enfermar”.

Reinaldo va tocando el ordenador.

Madre de Reinaldo: “¡Mira! Que eso no se pue­de tocar, vente para aquí”.

Terapeuta M: “Porque ella (refiriéndose a la cuidadora de Ana Laura) decía que veía la re­acción fuera de lo normal, ¿no? Entonces, algo molestaba tanto que la reacción tuvo que ser muy intensa”.

Cuidadora de Ana Laura: “Yo me senté con ella y le dije: Ana Laura, ¿qué te pasa, hija, qué quieres? Nada, tata. ¿Te duele algo? ¿Te sientes mal? No ¿Alguien te ha hecho algo? No. Pero lo que pasa es que yo tengo otros 22 para cuidar y fue justo en el horario que se despiertan. En­tonces, ella se despierta llorando y ya se vuelve todo muy tumultuado, porque entonces todos se pondrán a llorar, todos harán lo mismo, pero se acabó, y ella siguió. Le dije: ¿y eso? Ah por qué me estáis riñendo? Te estamos riñendo por­que intentamos controlar una situación que se nos escapa de las manos, ¿vale? Entonces, la tata tiene que reñirte a ver si paras ya. Llegamos al punto de ponerla… había acabado de bañar­se, le saqué la ropa, vamos otra vez a darle otro baño y, entonces, se tranquilizó por unos 20 mi­nutos. Fue el máximo que estuvo tranquila, unos 20 minutos, y, luego, en seguida volvió a empe­zar y entonces fue la situación de la mano en el cuello para gritar y llorar”.

Terapeuta I: “Yo estaba pensando en lo que ha dicho Mari sobre la intensidad, el llanto va de acuerdo con la intensidad de lo que ella está sintiendo. Nosotros también controlamos mu­cho, ¿no? Y a veces no se logra, solo estar allí, contener, quizá abrazar, quizá aguantar… Que­remos encontrar algo físico que elimine el su­frimiento para el niño y para nosotros” (profun­dizando la discusión de la relación entre físico y emocional).

Terapeuta M: “Ahora que la cuidadora de Ana Laura estaba hablando, ¿os habéis fijado en cómo Ana Laura estaba mirando? Estaba muy atenta, ¿no? Estaba intentando entender lo que tú habías pensado, lo que habías enten­dido de lo que pasó” (poniendo énfasis en los intentos de continencia mental/psíquica, mos­trando capacidades y recursos de la cuidadora y de la niña).

Terapeuta I: “Porque para ella tampoco es mensurable, en aquel momento, lo que sentía. Quizá ella tampoco supiera decir lo que le pasa­ba… no era solo físico, no…”

Cuidadora de Ana Laura: “Entonces solo se tranquilizó cuando ya nos íbamos, que llegaban los de la otra guardia. Le dimos una chuchería: solo te la comerás si te tranquilizas. Entonces, ya era después de cenar, fue la hora en que empe­zó a calmarse para comer la chuchería. Después de comérsela, se tranquilizó y estuvo calmadi­ta y, al día siguiente, estuvo tranquila” (parece que hay poco reconocimiento de los recursos parentales que ayudaron a calmar, además de la chuchería).

Terapeuta I: “Es que ella también se pudo manifestar y comunicar su incomodidad, ¿no?” (dando valor a la expresión de las necesidades y sentimientos de desconformidad).

Cuidadora de Ana Laura: “Al día siguiente, no nos dio ningún trabajo”.

Terapeuta M: “Parece que Reinaldo también ha podido encontrar una manera de estar más tranquilo allí, después de una fase de inquietud. André, también. Quiere decir que habéis hecho algo que permitió que los niños se calmaran, ¿no? (dando valor a las competencias parenta­les de continencia y ejemplificándolo en el aquí y ahora del Grupo)

Terapeuta I: “Exacto” (manifestando sintonía en la percepción e intensificando la alianza pa­rental).

Terapeuta M: “Tanto aquí, como allí, como allí” (aquí en la experiencia que han relatado los pa­dres y allí, señalando el acallarse de los niños en los relatos y en el grupo)

Terapeuta I: “Es bueno también para noso­tros poder confiar que nosotros… que las co­sas pasaran también, ¿no? Que podemos vivir un tumulto con ellos y que no necesariamente será eterno, continuará, es cuestión de conte­ner y puede que en poco tiempo se acabe… nos ponemos a luchar en contra, ¿no?” (fortalecien­do la función parental, la capacidad de conti­nencia de padres e hijos, la noción de proceso en el desarrollo y la tolerancia a los aspectos emocionales).

Consideraciones finales: observación psicoana­lítica y registros de la experiencia somatopsí­quica en la relación padres-bebé en alineamien­to por microscopia clínica

A lo largo de la atención aquí relatada, vamos tocando y profundizando temas que parecen circulan al redor de un eje principal de oscila­ción entre movimientos de dependencia de los niños junto a sus madres e iniciativas de cre­cimiento y posibilidad gradual de una relativa autonomía e independencia acompañada. Se evidencia un proceso de creciente subjetivación y discriminación entre movimientos internos de los padres y reconocimiento de los aspec­tos psíquicos propios también de los niños. Se fortalece la relación inicial con los padres como favorecedora del desarrollo del niño en el con­texto social más amplio.

Reproducimos en el grupo de padres y niños una posibilidad de continencia que pasa a ser vivida también en casa, con énfasis en las pro­pias capacidades parentales de tolerar estados emocionales en sí mismos y en los niños: vivir un tumulto y, al contenerlo, poder pasar por esto y aprender con la experiencia emocional.

Esperamos que, con la presentación de las viñetas y comentarios clínicos en microscopía, podamos haber creado un espacio para pen­sar a partir de la observación e intervención en las relaciones iniciales, como base para la terapéutica psicoanalítica, favoreciendo el pro­cesamiento compartido de la experiencia emo­cional en sus varios niveles de complexidad y diversidad. Esperamos, también, haber contri­buido para el debate sobre instrumentos y dis­positivos clínico-institucionales, de enseñanza e investigación en el campo de las configura­ciones vinculares.

Traducción del portugués de Montserrat Viñas.

Bibliografía

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