Apertura en la comunicación familiar y ajuste psicológico como predictores de un apego seguro en adolescentes adoptados

Josep Mercadal, Inés Aramburu, Laia Coromina, Harold Grotevant, Manel Salamero y Carles Pérez-Testor

RESUMEN

Apertura en la comunicación familiar y ajuste psicológico como predictores de un apego seguro en adolescentes adoptados. Esta investigación analiza la importancia del apego en adolescentes adoptados internacionalmente, destacando que el apego les ayuda a crear una identidad segura antes de la edad adulta. Se postula que la comunicación familiar abierta y el ajuste psicológico están correlacionados con un apego seguro hacia la madre, el padre y los compañeros. Participaron 52 adolescentes adoptados, 24 chicos y 28 chicas, junto con sus padres. Se utilizó el Inventory of Parents and Peers Attachment, la Adoption Communication Scale y el Youth-Self Report Questionnaire. Los resultados incluyeron un ANOVA y un análisis de regresión para el estilo de apego hacia madre, padre y compañeros. Se descubrió que menos problemas totales están asociados con un apego seguro. La apertura en la comunicación familiar está significativamente relacionada con un apego seguro hacia la madre y el padre, pero no hacia los compañeros. Se concluyó que la comunicación familiar abierta y el ajuste psicológico son predictores de un apego seguro, controlando el ajuste psicológico. Palabras clave: adopción internacional, apego, comunicación familiar, ajuste psicológico.

ABSTRACT

Openness in family communication and psychological adjustment as predictors of secure attachment in adopted adolescents. This research analyzes the importance of attachment in internationally adopted adolescents, highlighting that attachment helps them build a secure identity before adulthood. In this study, overt family communication and psychological adjustment are postulated to be correlated with secure attachment to mother, father, and peers. Fifty-two adopted adolescents, 24 boys and 28 girls, along with their parents participated. The Inventory of Parents and Peers Attachment, the Adoption Communication Scale, and the Youth-Self Report Questionnaire were used. Results included an ANOVA and regression analysis for attachment style toward their mother, father and peers. Fewer total problems were found to be associated with secure attachment. Openness in family communication is significantly related to secure attachment toward both mother and father, but not toward peers. It was concluded that open family communication and psychological adjustment are predictors of secure attachment, controlling for psychological adjustment. Keywords: international adoption, attachment, family communication, psychological adjustment.

RESUM

Obertura en la comunicació familiar i ajustament psicològic com a predictors d’un aferrament segur en adolescents adoptats. Aquesta investigació analitza la importància de l’aferrament en adolescents adoptats internacionalment, i destaca que l’aferrament els ajuda a crear una identitat segura abans de l’edat adulta. Es postula que la comunicació familiar oberta i l’ajust psicològic estan correlacionats amb un aferrament segur cap a la mare, el pare i els companys. Van participar-hi 52 adolescents adoptats, 24 nois i 28 noies, juntament amb els seus pares. Es van utilitzar l’Inventory of Parents and Peers Attachment, l’Adoption Communication Scale i el Youth-Self Report Questionnaire. Els resultats van incloure un ANOVA i una anàlisi de regressió per als estils d’aferrament cap a la mare, el pare i els companys. Es va descobrir que menys problemes totals estan associats amb un aferrament segur. L’obertura en la comunicació familiar està significativament relacionada amb un aferrament segur cap a la mare i el pare, però no cap als companys. La conclusió és que la comunicació familiar oberta i l’ajust psicològic són predictors d’un aferrament segur, fins i tot controlant l’ajust psicològic. Paraules clau: adopció internacional, aferrament, comunicació familiar, ajustament psicològic.

Introducción

Durante décadas, tanto la literatura como la práctica clínica han mostrado la importancia y la necesidad de tener un apego seguro para un desarrollo adecuado en el niño. En 1935, René Spitz empezó su investigación con la observación del desarrollo de niños abandonados, los cuales fueron llevados a instituciones, la mayoría de ellos en orfanatos. Esas observaciones le permitieron ver que la madre sería el agente externo y, a través de ella, el niño podría ir construyendo su realidad y objetividad. Más tarde, Bowlby (1958) hipotetizó que la relación entre el niño y su madre es el resultado de una serie sistemas de comportamientos, cuya consecuencia es acercarse a la madre. Bowlby desarrolló una teoría etológica sobre las funciones reguladoras y las consecuencias de mantener proximidad con personas significativas. Argumentó que los niños nacen con un repertorio de conductas con el fin de buscar y mantener proximidad con otros. Des de este punto de vista, la búsqueda de proximidad es un mecanismo para regular el afecto innato, desarrollado para protegerse a uno mismo de las amenazas ambientales y psicológicas, del mismo modo que sirve para aliviar la ansiedad. Bowlby (1988) afirmó que el logro de estas funciones de regulación afectiva da como resultado un apego seguro (una sensación que el mundo es un lugar seguro, que uno puede confiar en la protección que dan los demás y que, por lo tanto, uno puede explorar el entorno con confianza e interactuar con otras personas exitosamente).

Según Bowlby (1973), los comportamientos de búsqueda de proximidad son parte de un sistema de comportamiento adaptado. Este sistema surgió en el curso de la evolución porque incrementa la probabilidad de supervivencia de los bebés humanos, los cuales nacen con unas capacidades inmaduras para la locomoción, alimentación y defensa. Si bien el sistema de apego es crítico durante los primeros años de vida, Bowlby (1988) asumió que está activo durante todo el ciclo de desarrollo y se manifiesta en pensamientos y conductas relacionadas con la búsqueda de apoyo. De este modo, en el caso de los niños que se dan en adopción, el establecimiento de figuras de apego se corta o interrumpe en el momento en que son separados de sus padres biológicos o cuidadores, y pasan a vivir con la familia adoptiva, donde deben empezar a crear una nueva relación de apego.

Bowlby (1982) también describió las disposiciones que debe proporcionar un miembro de la pareja, o las funciones que esta persona debe cumplir, si él o ella se va a convertir en una figura de apego.

En primer lugar, las figuras de apego buscan mantener la proximidad. En segundo lugar, las figuras de apego proporcionan un refugio físico y emocional. En tercer lugar, las figuras de apego proporcionan una base segura desde la cual las personas pueden explorar y aprender sobre el mundo y desarrollar sus propias capacidades y personalidad. Con respecto a estos conceptos, pensamos que la apertura en la comunicación familiar sobre adopción y los orígenes del niño, y el ajuste psicológico, pueden ayudar a que una relación se convierta en una fuente de seguridad de apego, ya que son herramientas que permiten a los padres adoptivos hacerse cargo y revertir esta situación. Su objetivo como padres debe ser establecer una relación cercana con sus hijos adoptivos, en la cual los niños puedan disfrutar y sentirse física y emocionalmente seguros y/o protegidos. Además, debe ser una relación a partir de la que se sientan capaces de explorar el mundo que los rodea y conocer su historia y orígenes. Una vez se haya logrado, será el punto de inflexión en el que los niños adoptados tendrán la base para un mejor desarrollo, creación de identidad y para establecer nuevas relaciones con los demás.

Apego y adopción

El lugar, las interacciones y las experiencias en las que crecen y se desarrollan los niños en los primeros años de sus vidas sientan las bases de su aprendizaje. Es decir, sus primeras experiencias vitales y relacionales ayudarán o perjudicarán al niño a desarrollar de una forma u otra sus habilidades básicas, que luego le permitirán continuar creciendo y consolidando nuevos aprendizajes y habilidades cognitivas, emocionales y sociales más elaboradas (Grotevant, 1997; Sheridan et al., 2010; Mercadal et al., 2015). Aunque esas primeras experiencias vitales pueden tener un impacto adverso en el ajuste físico, psicológico y educativo de los niños, una intervención temprana a menudo puede reducir algunas de las consecuencias a largo plazo para el desarrollo, especialmente en relación con el apego, la regulación emocional, el control de los impulsos y el aprendizaje (Aramburu et al., 2018; Dole, 2005; Gribble, 2007; Gunnar et al., 2000; Jacobs et al., 2010; Zeanah y Gleason, 2015). Tratar los traumas de la adopción por parte de los padres adoptivos lo antes posible formará la base para el posterior desarrollo de un apego seguro del niño adoptado (Brisch, 2015; Elovainio et al., 2015). En este sentido, en su artículo, Juffer, Finet, Vermeer y van den Dries (2015) afirmaron que, debido a adversidades en la primera infancia, los niños adoptados suelen manifestar retrasos en su evolución cognitiva y motora y tienen problemas para desarrollar relaciones de apego seguro con sus padres adoptivos. Contradictoriamente, Singer, Brodzinsky y Ramsay (1985), en su estudio con niños adoptados de un año, concluyeron que la calidad del apego en las madres adoptivas es, en general, similar al de las madres no adoptivas. En este caso, Cassidy y Berlin (2008) afirmaron que entre el 15 % y el 20 % de la población no adoptada también tenía un apego evitativo o ambivalente. Ponciano (2010) observó las interacciones de 76 niños adoptados (con edades entre nueve y 39 meses) y díadas de madres adoptivas, y encontró que más de la mitad de los niños adoptados pudieron establecer un apego seguro con sus padres. En este sentido, las evaluaciones observacionales mostraron que los niños que fueron adoptados antes de los 12 meses tenían un apego tan seguro como el de sus compañeros no adoptados, mientras que los niños adoptados después de su primer año mostraron menos seguridad en el apego que los niños no adoptados (Feeney et al., 2007). Beijersbergen, Juffer, Bakermans-Kranenburg, Marian y van IJzendoorn (2012) examinaron la continuidad del apego desde la infancia hasta la adolescencia y el rol del apoyo sensible de las madres (entendido como la actitud y capacidad de las madres de poder identificar y atender las peticiones o demandas emocionales de sus hijos) para explicar la continuidad o discontinuidad del apego. Las madres con adolescentes seguros mostraron apoyo significativamente más sensible durante los conflictos, comparado con las madres con adolescentes inseguros. El apoyo sensible maternal en la primera infancia y adolescencia predijo la continuidad de un apego seguro de uno a 14 años, mientras que un apoyo maternal menos sensible en la primera infancia pero más apoyo sensible maternal en la adolescencia predijeron el cambio de los niños de inseguridad en la infancia a seguridad en la adolescencia. Llegaron a la conclusión que tanto el apoyo parental sensible temprano como el posterior son importantes para la continuidad del apego durante los primeros 14 años de vida. Estos hallazgos están de acuerdo con nuestra visión de que el apoyo que los padres adoptivos pueden ofrecer, sus esfuerzos para ayudar a sus hijos, establecer un buen ajuste psicológico, y también hablar con ellos sobre sus preocupaciones o pensamientos sobre sus orígenes, debe darse a lo largo de toda la infancia y adolescencia. Por lo tanto, existe la posibilidad de crear un apego seguro incluso cuando el niño no es adoptado en una edad temprana.

Apego entre los adolescentes y sus compañeros

Hasta ahora hemos hablado sobre el apego que establecen los niños y adolescentes adoptados con sus padres, pero se ha hablado poco de la relación de apego que los niños establecen con sus iguales. El apego se definió originalmente como el fuerte vínculo afectivo establecido entre el bebé y el cuidador principal, generalmente la madre (Bowlby, 1982). Sin embargo, en las últimas décadas el apego se ha reconceptualizado para incluir todas las relaciones significativas a lo largo de la vida, incluidas aquellas con los compañeros y las parejas románticas (Armsden y Greenberg, 1987). Falta investigación sobre el papel de los compañeros como figuras de apego, a pesar de que la investigación y la literatura sobre la amistad y apoyo han respaldado la idea que las relaciones cercanas con compañeros promueven una adaptación saludable del adolescente. Se ha establecido un vínculo entre las relaciones sólidas con compañeros asociado con la autoestima percibida (Robinson, 1995), altos niveles de toma de perspectiva y comportamiento prosocial (Eisenberg y Fabes, 1997), y menor riesgo de problemas emocionales y de conducta (Coie y Dodge, 1997).

Hazan y Shaver (1994) desarrollaron un modelo explicativo de cómo las relaciones de apego se extienden para incluir a los compañeros. En cuanto a la búsqueda de proximidad, al entrar en la adolescencia, los niños empiezan a pasar más tiempo con sus compañeros que con sus padres. En la adolescencia, los jóvenes a menudo buscan el apoyo y refugio seguro en los iguales (amigos y compañeros) sintiéndose así más seguros que buscando la proximidad de la madre (Schneider y Younger, 1996).

Bajo este modelo, los padres no son representados como figuras de apego. Más bien, descienden en el rango de vinculación (Hazan y Shaver, 1994) hasta que una pareja romántica reemplaza los padres como la figura principal de apego en la adultez (Furman y Wehner, 1994), en lo que Perez-Testor (2006) denominaría elección inconsciente de pareja. La pareja romántica no sólo se convierte en una figura de apego, sino que esta relación representa el funcionamiento de los sistemas de cuidado, afiliación y comportamiento sexual. La transición entre la relación entre padres y compañeros desde la niñez tardía hasta la adolescencia temprana es dramática. Con el inicio de la adolescencia temprana, aumenta el conflicto en la relación padre-hijo y los adolescentes perciben a sus padres como menos comprensivos (Ammaniti et al., 2000). Sin embargo, si hablamos de niños adoptados que son capaces de crear relaciones estables con sus iguales y distinguirse de sus padres, pensamos precisamente que lo que les permite alejarse de los padres es la misma relación que establecieron con ellos. Así, cuando sienten que tienen una comunicación familiar abierta y cercanía hacia sus padres, entonces pueden trasladarlo a sus compañeros, pero no al mismo tiempo: un paso antes que el otro.

A pesar de su creciente dependencia al apoyo de sus compañeros, muchos estudios muestran que la gran mayoría de adolescentes continúa confiando en sus padres para recibir apoyo emocional y consejos. Por ejemplo, en un estudio de 2800 adolescentes entre 12 y 15 años, una gran mayoría de los participantes mencionó a los padres como una influencia positiva importante y significativa en sus vidas (Blyth et al., 1982). Por lo tanto, la adolescencia ahora se conceptualiza como un período de creciente autonomía y conexión con los padres y otros adultos significativos. En este sentido, Greenberg, Siegel y Leitch (1983) afirmaron que la calidad del apego con los padres era significativamente más poderosa que la de los compañeros en la predicción del bienestar. De forma similar, Raja, McGee y Stanton (1992) encontraron que el apego percibido de los adolescentes con sus compañeros no parecía compensar el bajo apego con los padres con respecto a su mala salud mental. Estos hallazgos sugieren que un alto apego percibido con los padres puede ser una variable crítica asociada con el bienestar psicológico en la adolescencia.

Comunicación familiar y ajuste psicológico en adolescentes adoptados

En las últimas décadas, la investigación ha estudiado la relación entre el desarrollo psicosocial de los niños y variables relacionadas con el entorno familiar como el tipo de pareja de los padres adoptivos (Bennett, 2003; Shireman, 1996), presencia o ausencia de hijos biológicos en la familia adoptiva (Brodzinsky y Brodzinsky, 1992; Juffer y Rosemboom, 1997), motivaciones y expectativas para la adopción (Berástegui, 2004; Castillo et al., 2006; Palacios et al., 2005), y dinámicas familiares y estilos de crianza (Berástegui, 2007; Palacios y Sánchez, 1996; Rutter y Koerner, 2008). Sin embargo, existen pocas investigaciones sobre el proceso de revelación, entendido como el conocimiento que recibe el niño adoptado sobre su condición de ser adoptado y sus orígenes (Castón y Ocón, 2002), como factor influyente en el apego seguro del niño.

Los teóricos de la adopción han sugerido que es más probable que un diálogo familiar abierto, honesto y emocionalmente sintonizado sobre temas relacionados con la adopción fomente un ajuste psicológico más saludable entre los niños adoptados que una comunicación más cerrada y defensiva entre padres e hijos (Brodzinsky, 2005; Wrobel et al., 2003). A favor de esta posición, los investigadores han encontrado que una mayor apertura de comunicación sobre la adopción en la familia se asocia con menos problemas de conducta entre los preadolescentes adoptados (Brodzinsky, 2006) y una mayor búsqueda de información sobre sus orígenes entre los adultos jóvenes adoptados (Skinner-Drawz et al., 2011). Brodzinsky, Schechter y Brodzinsky (1986) sugirieron que los padres adoptivos deberían iniciar la divulgación de la adopción a sus hijos en una edad temprana y aumentar gradualmente la información según lo que su edad y nivel de madurez les permita asumir. Von Korff y Grotevant (2011) destacaron la importancia que tiene apoyar actividades como la conversación familiar relacionada con la adopción. Esto tiene sentido, pero en este estudio nos interesa observar cómo la apertura en la comunicación familiar y el ajuste psicológico influyen en el apego del adolescente adoptado.

En el caso del ajuste psicológico, muchos estudios dan énfasis en el hecho de que la mayoría de los niños adoptados internacionalmente tienen un buen ajuste psicológico. Sin embargo, cuando se comparan con los niños no adoptados que viven con sus padres biológicos, los resultados muestran que los adoptados tienen una mayor probabilidad de sufrir de problemas conductuales, psicológicos, relacionales, académicos y físicos (Bimmel et al., 2003; Dalen, 2002; Hjern et al., 2002; Juffer y van IJzendoorn, 2005; Rutter y Koerner, 2008; van IJzendoorn et al., 2005; Verhulst et al., 1990; Wiik et al., 2011). De este modo, la investigación encuentra que los niños adoptados se encuentran más a menudo en tratamiento psiquiátrico que la población general (Hjern et al., 2002; Zucker y Bradley, 1995), tienden a tener problemas conductuales como la hiperactividad, agresión o delincuencia (Gindis, 2005; Glennen y Bright, 2005; Keyes et al., 2008; Verhulst et al., 1990), tienen más dificultades en el desarrollo emocional (Brodzinsky et al., 1992; Gribble, 2007), así como también suelen quedar rezagados en términos de rendimiento escolar y están sobrerrepresentados en poblaciones de educación especial (Brodzinsky y Steiger, 1991; Dalen, 2001; Hoksbergen et al., 1987; van IJzendoorm et al., 2005; Verhulst et al., 1990, 1992) en comparación con otros niños criados por sus familias biológicas en contextos habituales. Sin embargo, no se sabe cómo influye o afecta a la construcción de un apego seguro. Los estudios han mostrado que un vínculo seguro con los padres en la adolescencia predice una mayor autoestima, una mayor satisfacción vital, una mejor adaptación a la universidad, menos malestar psicológico y una mayor percepción de apoyo (Armsden y Greenberg, 1987). Sin embargo, Van IJzendoorn y Juffer (2006) informaron que las adopciones antes de los doce meses de edad se asociaron con una recuperación más completa en términos de apego y rendimiento escolar que las adopciones posteriores. En el mismo modo, Oldfield et al. (2016) demostraron que un apego parental más inseguro predijo problemas de conducta y dificultades emocionales. Demostraron que mejorar el apego parental puede tener una importancia particular en la reducción de comportamientos negativos como problemas de conducta y dificultades emocionales, mientras que mejorar el apego entre compañeros y la conexión con la escuela podría ser importante para la muestra de un comportamiento prosocial.

Esta investigación tuvo como objetivo estudiar la importancia del apego en adolescentes adoptados internacionalmente. Consideramos que el apego seguro es la mejor garantía para un correcto desarrollo emocional y también el principal objetivo que los padres deberían tener para proporcionar a sus hijos adoptivos, ya que esto permitirá a los adolescentes crear su identidad con más seguridad antes de entrar en la edad adulta (Granot y Mayseless, 2001). Así, pensamos que tanto la apertura en la comunicación familiar como el ajuste psicológico se correlacionan con un apego seguro con la madre, el padre y los compañeros. Al mismo tiempo, confiamos en que la comunicación familiar y el ajuste psicológico deben ser predictores de un apego seguro a los padres. En cambio, pensamos que el apego seguro con los compañeros será predicho y correlacionado por el ajuste psicológico pero no por la apertura en la comunicación familiar, debido a las diferencias relacionales que existen entre ellos y sus padres y compañeros. Para ello, teníamos las dos hipótesis: Primero, (1) los adolescentes adoptados internacionalmente con mejor ajuste psicológico y una comunicación familiar más abierta sobre la adopción presentarán un apego más seguro. Esto se manifestará de diferentes formas: (a) los adolescentes con mejor ajuste psicológico (menos problemas generales) tendrán un apego seguro con sus padres y compañeros; (b) como en el caso anterior, pensamos que los adolescentes con menos problemas internalizantes presentarán un apego seguro con la madre, el padre y los compañeros; (c) los adolescentes con menos problemas externalizantes presentarán un apego seguro con la madre, el padre y los compañeros. En el caso de la comunicación familiar, (d) pensamos que los adolescentes que tienen una mejor comunicación familiar presentarán un apego seguro con los padres, pero no con los compañeros. Pensamos que (e) los adolescentes, que tienen más comunicación con la madre, tendrán un apego seguro con la madre y también con el padre, pero no con los compañeros. Finalmente (f), como en el caso anterior, los adolescentes con mayor comunicación con el padre tendrán un apego seguro con el padre y también con la madre pero no con los compañeros.

En segundo lugar, (2) un apego seguro estaría predicho por una comunicación familiar abierta y un ajuste psicológico de los adolescentes adoptados internacionalmente. Esto podría verificarse mediante: (a) la comunicación familiar abierta y el ajuste psicológico predecirán el apego seguro con la madre; (b) la comunicación abierta y el ajuste psicológico predecirán el apego seguro con el padre. Finalmente, (c) el ajuste psicológico predecirá el apego seguro con los compañeros por separado y juntos, no como la comunicación familiar abierta.

Método

Participantes

Los padres o tutores dieron su consentimiento para sus hijos, que eran menores de edad. Reclutamos participantes que fueran adolescentes (12 a 17 años), adoptados internacionalmente, y que hubieran participado en un seguimiento postadoptivo en la Fundació Vidal i Barraquer. Utilizamos una muestra no clínica. Todos aquellos que padezcan una enfermedad o trastorno que les impida leer, escribir o entender lo preguntado, fueron excluidos del estudio. También excluimos aquellos que no sabían que eran adoptados. Así, la tasa de aceptación para participar en el proyecto fue del 66 %.

Cincuenta y dos adolescentes adoptados internacionalmente, 24 chicos (edad M = 14,6, SD = 1,3) y 28 chicas (edad M = 14,14, SD = 1,6), y sus respectivos padres aceptaron participar voluntariamente en este estudio. Ninguno de ellos ha tenido contacto con su familia biológica. Los niños fueron adoptados de Bolivia (7,7 %), Bulgaria (5,8 %), China (17,2 %), Colombia (9,6 %), Guatemala (3,8 %), Haití (1,9 %), India (9,6 %), México (3,8 %) y Rusia (40,5 %). La edad media de adopción de los niños es de 3,03 años (SD = 2,34) (ver Tabla 1 del anexo).

Instrumentos

Entrevista a los padres adoptivos. Se llevó a cabo una entrevista semiestructurada con los padres adoptivos para recolectar datos sociodemográficos e información relacionada con la historia previa a la colocación y la adopción del niño. Los datos sociodemográficos de la familia adoptiva incluyeron el género y la edad actual del adolescente, la edad de los padres, la estructura familiar y los controles psiquiátricos de los adolescentes.

Inventory of Parent and Peer Attachment. El Inventory of Parent and Peer Attachment (IPPA, Armsden y Greenberg, 1987) es un cuestionario que evalúa el apego a partir de 75 ítems distribuidos de la siguiente manera: 25 referidos a la madre, 25 con respecto al padre y 25 con respecto a sus compañeros. El adolescente debe responder en una escala tipo Likert de cinco puntos donde 1 es “nunca o casi nunca es cierto” y 5 es “siempre o casi siempre es cierto”. El IPPA otorga puntuaciones para Confianza, Comunicación y Alienación para la madre, el padre y los compañeros. Al mismo tiempo, otorga la categoría de “bajo”, “medio” o “alto” a cada puntuación (Armsden y Grrenberg, 1987). Según Vivona (2000), transformamos estas puntuaciones en el tipo de apego correspondiente a cada sujeto. Así, el apego es seguro cuando los participantes indican por lo menos media Confianza o Comunicación, y baja o media Alineación. El estilo evitativo se asigna si la Confianza y Comunicación son bajos y la Alineación es al menos media; o si la Comunicación es baja, la Confianza media y la Alienación es alta. Finalmente, el estilo ambivalente se designa si la Comunicación y la Alienación son al menos medianas, la Comunicación es más alta que la Confianza y la Alienación no más baja que la Confianza. Esta clasificación ha sido utilizada en diferentes estudios (Johnson et al., 2003; Hale et al., 2006; Pace et al., 2011), en los cuales se argumenta que la clasificación de los tres tipos de apego es relevante tanto a nivel teórico como clínico. Así, permite saber qué tipo de apego (seguro, ambivalente o evitativo) tiene cada adolescente con su padre, madre y compañeros. Esto también permite aislar la variable “apego seguro” para hacer el análisis de datos correspondiente. Sin embargo, al utilizar esta clasificación, existe la posibilidad de que un sujeto no se clasifique en ninguna categoría. En nuestro estudio, solo se ha quedado fuera de la clasificación un caso, por lo que abandonó el estudio.

Adoption Communication Scale. La Adoption Communication Scale (ACS) fue desarrollada por Grotevant et al. (2009) basada en la escala Adoption Communication Openness (ACO) por Brodzinsky (2006). Para este estudio, se utilizó la versión en español traducida y validada por Aramburu et al. (2015). El ACS mide hasta qué punto los niños ven a sus padres como abiertos y sensibles al comunicarles acerca de la adopción, así como hasta qué punto los niños se sienten cómodos hablando de la adopción con su madre y su padre. El adolescente debe responder 14 ítems relativos a la madre, y 14 ítems idénticos al padre, en una escala tipo Likert de cinco puntos, donde 1 corresponde a “muy en desacuerdo” y 5 “muy de acuerdo”.

Youth-Self Report. El Youth-Self Report (YSR) (Achenbach y Rescorla, 2001) es un cuestionario de autoinforme de 112 ítems diseñado para recopilar información directamente de los adolescentes (de 11 a 18 años) sobre diferentes habilidades y problemas de conducta. Es una escala de cribado psiquiátrico bien establecida que ha mostrado excelentes propiedades psicométricas (ASEBA, 2012). Los ítems miden ocho síntomas de subescala de comportamiento y ajuste: retraimiento, quejas somáticas, ansiedad y depresión, problemas sociales, problemas de pensamiento, problemas de atención, comportamiento agresivo, y comportamiento delictivo. Las primeras tres subescalas se denominan “internalización”, mientras que las dos siguientes se denominan “externalización”. Los adolescentes seleccionan su respuesta de 0 (no es cierto) a 2 (muy cierto o casi siempre cierto). Las puntuaciones < 50 se consideran no clínicas; las puntuaciones entre 50 y 60, límites; y puntuaciones > 60, clínicas. Para este estudio, se usaron las puntuaciones T para la escala general, y la escala de problemas de internalización y externalización. Se utilizó la versión adaptada al español.

Procedimiento

Los investigadores fueron a las casas de las familias para entrevistar a los padres y administrar cuestionarios a los adolescentes. Solo en cuatro casos la familia solicitó explícitamente acudir a nuestro centro para facilitar la información. Los adolescentes fueron ayudados por el investigador para completar los cuestionarios sólo en caso de dudas. El Comité Ético de la Fundació Vidal i Barraquer aprobó este proyecto.

Resultados

Primeramente, se presentan los hallazgos descriptivos sobre datos sociodemográficos, comunicación familiar, estilo de apego y ajuste psicológico del adolescente. A continuación, se calculó la relación entre el tipo de apego de los adolescentes con sus padres y compañeros, la comunicación familiar y el ajuste psicológico mediante un ANOVA unidireccional. Por último, se realizó un análisis de regresión logística jerárquica para probar la contribución relativa de la apertura en la comunicación y el ajuste psicológico como predictor del apego seguro de los adolescentes. Este procedimiento se realizó para el estilo de apego de la madre, el padre y los compañeros. En el primer paso, introdujimos el ajuste psicológico general y la comunicación familiar por separado. En el segundo paso, introdujimos las dos variables juntas.

Datos descriptivos del ajuste psicológico de los adolescentes, comunicación familiar y estilo de apego

Los datos descriptivos se presentan en la Tabla 2 del anexo, mostrando que el 63,5 % de los adolescentes tenían un buen ajuste psicológico (problemas de conducta totales), el 25 % están al límite, y el 11,5 % se consideraron en puntuaciones clínicas. En cuanto a los problemas de interiorización, el 65,4 % de los adolescentes se encontraban dentro del rango normal, el 23,1 % en el límite, y el 11,5 % restante en el rango clínico. En los problemas de exteriorización, el 55,8 % de los adolescentes tienen puntuaciones dentro del rango normal, el 42,3 % tiene puntuaciones dentro del límite y solo el 1,9 % presentan puntuaciones en rango clínico.

La puntuación media en la escala de apertura comunicativa familiar en la adopción fue del 107,36, con una puntuación mínima de 53 y máxima de 138 (M = 107,36; DT = 22,07). En cuanto a las puntuaciones de la subescala de comunicación familiar, la puntuación de la madre fue de 54,34, con una puntuación mínima de 28 y máxima de 69 (M = 54,34, DT = 11,03), y la del padre de 52,93, con una puntuación mínima de 25 y una máxima de 70 (M = 52,34, DT = 12,27). La mayoría de los adoptados reportaron una comunicación de alta calidad con sus padres adoptivos. Los resultados de una prueba T revelaron que no hubo diferencias estadísticamente significativas entre las puntuaciones de comunicación con la madre y con el padre (t = 1,22, p = ,221).

En cuanto al tipo de apego, se ha visto que el 55,1 % de los adolescentes presenta un apego seguro con la madre, mientras que el 30,6 % presenta un estilo de apego evitativo y el 14,3 % un apego ambivalente. Algo parecido sucede con el tipo de apego con el padre: el 62,2 % mostró un apego seguro, el 28,9 % evitativo, y sólo el 8,9 % un estilo ambivalente. Sobre los compañeros, el 50 % tenía apego seguro, el 33,3 % evitativo y el 16,7 % ambivalente.

No encontramos una relación significativa entre la edad, el sexo, la edad de adopción y los años de institución, con el ajuste psicológico internalizante y externalizante general, la comunicación familiar global, la comunicación con el padre y con la madre, así como tampoco con el tipo de apego con la madre, el padre o los compañeros. Solo los problemas de internalización se correlacionan con la edad en el momento de la adopción, según el coeficiente de correlación de Pearson. Las diferencias de género se probaron mediante una prueba T (ver Tabla 3 del anexo).

Correlación bivariada entre el tipo de apego de los adolescentes, la comunicación familiar y el ajuste psicológico

Para la primera hipótesis, se calcularon ANOVAs entre cada par de variables potencialmente predictivas. Así, se comprobó si existían diferencias entre el apego (seguro, evitativo o ambivalente) de cada una de las figuras significativas (madre, padre y compañeros) con la comunicación familiar, y la comunicación con el padre y con la madre, y el ajuste psicológico general (problemas totales), problemas de internalización y externalización.

Para la primera hipótesis, se calcularon ANOVA entre cada par de variables potencialmente predictivas. Así, se comprobó si existían diferencias entre el apego (seguro, evitativo o ambivalente) de cada una de las figuras significativas (madre, padre y compañeros) con la comunicación familiar, y la comunicación con el padre y con la madre, y ajuste psicológico general (problemas totales), problemas de internalización y externalización.

En la Tabla 4 del anexo, podemos ver que hay una diferencia significativa en el ajuste psicológico general (problemas totales), problemas de internalización, comunicación familiar y comunicación con el padre y la madre, con el estilo de apego seguro de la madre. También se establecieron diferencias significativas entre el ajuste psicológico general (problemas totales), problemas de internalización y de externalización, comunicación familiar y comunicación con el padre y la madre, con el estilo de apego seguro del padre.

Finalmente, sólo obtuvimos una diferencia significativa entre el ajuste psicológico general (problemas totales) y los problemas de internalización y externalización con un apego seguro con los compañeros, mientras que la comunicación familiar no correlaciona.

Por lo tanto, en cuanto a nuestra primera hipótesis de que habría diferencias entre el ajuste psicológico y el apego seguro con la madre, el padre y los compañeros, hemos confirmado que (a) cuantos menos problemas totales, el apego es seguro con la madre, el padre y los iguales. En cuanto a los problemas de internalización (b), cuantos menos problemas de internalización, el apego es seguro con la madre, el padre y los compañeros. Finalmente (c), algo parecido ocurre con los problemas de externalización, en los que menos problemas significa tener un apego seguro con el padre y los compañeros, pero no con la madre. Acerca de la comunicación familiar abierta, también confirmamos (d) que está significativamente relacionada con un apego seguro con la madre y el padre, y no con los compañeros. También hemos comprobado que la comunicación con la madre (e) está significativamente relacionada con un apego seguro con ella y el padre, y no con los compañeros. Finalmente, la comunicación con el padre (f) ha mostrado relación significativa con el apego seguro con él y la madre, y no con los compañeros.

Modelo de regresión del “apego seguro” como variable dependiente para adolescentes adoptivos

Para determinar si podíamos aceptar la segunda hipótesis, llevamos a cabo un análisis de regresión para el estilo de apego de la madre, el padre y los compañeros por separado. En primer lugar, introdujimos individualmente las variables predictoras “ajuste psicológico” y “comunicación familiar” para realizar una regresión logística binaria. Recodificamos la variable “estilo de apego”, de las tres categorías iniciales (seguro, evitativo y ambivalente), en una variable dicotómica, dividida en “apego seguro” y “apego no seguro”, siendo apego seguro = 0, y no seguro 1. A continuación, hicimos el análisis con “ajuste psicológico” y “comunicación familiar” para determinar la variación asociada a la variable “apego seguro”.

En el caso del apego de la madre, primero hicimos una regresión logística con cada predictor separadamente. Encontramos que por cada punto que aumentaba el ajuste psicológico general, la razón de probabilidades (OR) aumentó en 1,188, con un coeficiente de Nagelkerke de ,457 (p < ,001, B = 0,172, SE = ,049, Wald = 12,214). De forma similar, por cada punto que incrementaba la comunicación familiar, la OR disminuyó en ,799 con un coeficiente de Nagelkerke de ,776 (p = ,006, B = -,225, SE = ,081, Wald = 7,622). Ambas regresiones fueron estadísticamente significativas (ver Tabla 5 del anexo). En el siguiente paso, al añadir “ajuste psicológico” y “comunicación familiar”, el modelo de regresión explicó el 79,5 % de la varianza observada en la variable “apego de la madre” (Nagelkerke = ,795, Tabla 5 del anexo).

Encontramos que, al incrementar un punto en el ajuste psicológico, la comunicación familiar aumentó la OR a 1,092, lo cual no fue significativo. Al aumentar un punto de la comunicación familiar, el ajuste psicológico disminuyó la OR a ,823, lo cual fue significativo.

Al llevar a cabo una regresión logística con cada predictor individualmente para el apego del padre, encontramos que por cada punto que aumentaba el ajuste psicológico general, la OR aumentaba en 1,275, con un coeficiente de Nagelkerke de ,629 (p < ,001, B = ,243, SE = ,068, Wald = 12,869). Así, por cada punto que la comunicación familiar aumentaba, la OR disminuía a ,894 con un coeficiente de Nagelkerke de ,636 (p < ,001, B = -,112, SD = ,031, Wald = 12,950). Ambas regresiones fueron estadísticamente significativas.

En el siguiente paso, al introducir a la regresión las variables “ajuste psicológico” y “comunicación familiar” simultáneamente, el modelo de regresión explicó el 75,6 % de la varianza observada en la variable “apego del padre” (Nagelkerke = ,756, ver Tabla 6 del anexo).

Encontramos que, al aumentar un punto de ajuste psicológico, la comunicación familiar aumentaba la OR en 1,208, lo cual fue significativo. Del mismo modo, al aumentar un punto de la comunicación familiar, el ajuste psicológico disminuyó la OR a ,910, lo cual también fue significativo.

En el caso del apego a los compañeros, encontramos algunas diferencias. Cuando hicimos la regresión logística con cada predictor individualmente, encontramos que por cada punto que incrementaba el ajuste psicológico general, la OR aumentaba en 1,096, con un coeficiente de Nagelkerke de ,210 (p = ,010, B = ,092, SE = ,036, Wald = 6,663). De un modo similar, por cada punto que aumentaba la comunicación familiar, la OR disminuía a ,956 con un coeficiente de Nagelkerke de ,235 (p = ,080, B = -,045, SE = ,017, Wald = 7,087). Sólo el ajuste psicológico fue estadísticamente significativo. Finalmente, al hacer la regresión con dos variables predictoras al mismo tiempo, el modelo de regresión explicó el 26,9% de la varianza observada en la variable “apego a los compañeros” (Nagelkerke = ,269, Tabla 5 del anexo). Encontramos que, aumentando un punto en el ajuste psicológico, la comunicación familiar aumentaba la OR a 1,053, lo cual no fue significativo. De manera similar, al aumentar un punto la comunicación familiar, el ajuste psicológico general disminuyó la OR a ,969, lo cual no fue significativo.

Por lo tanto, nuestra segunda hipótesis de que la comunicación familiar abierta y el ajuste psicológico eran predictoras del apego seguro ha sido totalmente confirmada incluso controlando el ajuste psicológico. Sin embargo, cuando las variables se introducen juntas, solo agrega un valor predictivo al ajuste psicológico y la comunicación familiar abierta en el caso del padre, y la comunicación familiar abierta en el caso de la madre. En el caso de los compañeros, ninguna de las variables aporta un poder predictivo, ni siquiera el ajuste psicológico, tal y como hipotetizamos.

Discusión

Este estudio analizó cómo la apertura comunicativa familiar y el ajuste psicológico de adolescentes internacionalmente adoptados predicen el apego con sus padres y compañeros.

Los resultados descriptivos muestran que el 55,1 % de los niños tienen un apego seguro con la madre, el 62,2 % con el padre, y solo el 50 % con los compañeros. Como destacaron Singer et al. (1985), obtuvimos que el apego de los padres adoptivos fue de alta calidad, pero aún por debajo de aquel dado por los padres biológicos. En este sentido, Cassidy y Berlin (2008) señalaron que solo el 15-20 % de los niños no adoptados tenían un apego no seguro.

En cuanto a la comunicación familiar, encontramos que la puntuación total fue de 107,36, siendo bastante similar la comunicación con el padre y la madre: 54,34 y 52,93 respectivamente. En cuanto al ajuste psicológico, en nuestro estudio, el 63,5 % de los adolescentes presentaba un buen ajuste psicológico global, y solo el 25 % se encontraba en puntuación límite, y el 11,5 %, en puntuación clínica. Estas puntuaciones, que muestran que sólo el 11,5 % de los niños estaba por debajo del límite clínico en su ajuste psicológico, son buenas noticias para este grupo. Sin embargo, cuando se comparan estas puntuaciones con las de los adolescentes no adoptados, vemos que son notablemente inferiores (Hjern et al., 2002; Zucker y Bradley, 1995; Wiik et al., 2011; Rutter y Koerner, 2008; Bimmel et al., 2003).

En cuanto a los problemas de internalización, el 65,4 % de los sujetos tiene un buen ajuste, y solo el 23,1 % se encuentra en parámetros límite y el 11,5 % en puntuaciones clínicas. Autores como Brodzinsky et al. (1992) o Gribble (2007) señalaron, en este sentido, que los adolescentes adoptados presentaban dificultades en su desarrollo emocional, y aún más si se comparan con la población no adoptada. Se produce un cambio ligero en los problemas de externalización, donde el 55,8 % de los niños presentaban un buen ajuste psicológico, pero el 42,3 % se encuentra en puntuaciones límite, y el 1,9 % en puntuaciones clínicas. Estos resultados son considerablemente similares a los obtenidos en otros estudios (Gindis, 2005; Glennen y Bright, 2005; Keyes et al., 2008; Verhulst et al., 1990), los cuales destacan los problemas de hiperactividad y violencia en el caso de los adolescentes adoptados. Por lo tanto, podemos afirmar que los adolescentes adoptados internacionalmente de nuestro estudio generalmente presentan un buen ajuste psicológico, buena comunicación familiar y la mayoría presenta un apego seguro.

En la primera hipótesis del análisis ANOVA, en el cual sugerimos que el ajuste psicológico tendría diferencias con un apego seguro, encontramos que los adolescentes con un mejor ajuste psicológico general (o menos problemas totales) tienen un apego seguro tanto con sus padres como con sus compañeros. También hemos visto que los adolescentes que tienen menos problemas de internalización tienen un apego seguro con la madre, el padre y los compañeros. Finalmente, sobre los problemas de externalización, encontramos que los adolescentes con menos problemas se correlacionan con un apego seguro con el padre y los compañeros, pero no con la madre. Estos resultados sugieren que los adolescentes con aspectos predominantes de externalización tienen más dificultades para relacionarse con la madre, que con el padre o los compañeros. Esto podría ser debido a las dificultades que tienen los niños adoptados con conductas de externalización a la hora de aceptar a la madre adoptiva, sobre la que podrían proyectar sentimientos de abandono y enfado. En el caso del apego con los compañeros, pensamos que es normal que se correlacione con el ajuste psicológico, ya que una relación cercana con los compañeros promueve la autoestima, la confianza y una mejor autopercepción (Robinson, 1995; Eisenberg y Fabes, 1997) y disminuye el riesgo de problemas emocionales y de conducta (Coie y Dodge, 1997).

En cuanto a la segunda parte de la primera hipótesis, en la que sugerimos que la comunicación familiar presentaría diferencias con un apego seguro, hemos encontrado que existen diferencias entre la apertura comunicativa familiar y el apego seguro con los padres, pero no con los compañeros. También hemos visto diferencias entre la comunicación con la madre y un apego seguro con ella, pero también con el padre. Lo mismo ocurre en el caso del padre, donde la buena comunicación con él muestra diferencias significativas con un apego seguro con él y la madre. Sin embargo, no hay diferencias en el apego seguro con los compañeros. Estos resultados parecen estar dentro del rango normal. Pensamos que la comunicación con el padre y la madre, aunque sea por separado, proporciona una comunicación familiar general y eso ayuda al niño a ganar confianza y estrechar lazos con sus padres adoptivos. Si los niños tienen preguntas sobre sus orígenes y notan cómo sus padres están cerca de responder, esto se reflejará en su relación. Por otro lado, parece lógico que los niños hablen con sus padres de su adopción, y esto facilitará o permitirá un apego más seguro con ellos, y no con los compañeros. A menudo, los niños adoptados de otros países tienen problemas de adaptación en la escuela ya que sufren discriminación por su raza o color de piel (Mirabent y San Martino, 2008), lo que les impide hablar con sus compañeros o amigos sobre la adopción. Ciertamente, primero deben tener buena comunicación en casa sobre la adopción antes de hablarlo con los compañeros. Las relaciones con amigos son un aspecto muy importante en la adolescencia, y a través de ellas el adolescente empieza a separarse de los padres y a ganar autonomía con la ayuda de sus compañeros. Esto podría sugerir que el apego de los adolescentes con los compañeros es más fuerte y seguro.

Sin embargo, este no es el caso, dado que es precisamente el apego seguro con los padres lo que permite a los adolescentes despegarse de ellos y crear nuevas amistades mientras ganan autonomía y responsabilidad. De hecho, Greenberg, Siegel y Leitch (1983) ya señalaron que la calidad del apego a los padres era significativamente más poderosa que aquello con los compañeros para predecir el bienestar.

Finalmente, la segunda hipótesis fue confirmada, ya que los resultados muestran que el ajuste psicológico y la comunicación familiar, cuando se introducen individualmente, son predictoras de un apego seguro con la madre, el padre y los compañeros. Estos resultados están en línea con otros estudios como Brodzinsky, Schechter y Brodzinsky (1986), los cuales sugirieron que los padres adoptivos deberían iniciar la divulgación de la adopción a los niños a una edad temprana y gradualmente incrementar la información. Esto no solo ayuda al niño conocer sus orígenes y a facilitar la creación de su propia identidad (Von Korff y Grotevant, 2011), sino que también ayuda a construir una relación de apego más segura con ellos. Por otro lado, el ajuste psicológico predice un apego seguro porque, según otros estudios (Brisch, 2015; Elovainio et al., 2015), si los traumas de la adopción son tratados por los padres adoptivos lo antes posible, se facilitará la base para el desarrollo futuro de un apego seguro con el niño adoptado.

Cuando la apertura en la comunicación familiar y el ajuste psicológico se introdujeron por separado, en el caso de la madre, solo la apertura en la comunicación familiar gana poder predictivo en el apego seguro. En el caso del padre, ambas alcanzaron significación estadística. No es así en el caso de los compañeros, donde ninguna de las variables gana poder predictivo. En cuanto a la apertura en la comunicación familiar, en el caso del padre y la madre tiene sentido que esta alcance poder predictivo porque, como apuntan otros estudios (Beijersbergen et al., 2015), las madres de adolescentes seguros mostraron un soporte significativamente más sensible (como comunicación) durante los conflictos. De hecho, estos mismos autores afirmaron que el soporte materno en la primera infancia y adolescencia predecía la continuidad del apego seguro desde la adopción hasta la adolescencia. En el caso del ajuste psicológico, hemos visto que se correlacionó más con el apego seguro del padre que con el de la madre. Por lo tanto, es lógico que gane poder predictivo en el caso del padre y no el de la madre. Algunos autores atribuyen esta situación a las características personales de cada niño (Graham et al., 2004). Finalmente, en el caso de los compañeros, donde ninguna de las dos variables es significativa, pensamos que no es un signo negativo. Los adoptados necesitan primero un buen ajuste psicológico y una buena comunicación familiar antes de crear relaciones estables y sanas con los compañeros.

Limitaciones/Reconocimientos

Estos resultados corresponden a un estudio transversal y no contamos con suficiente información para asegurar la direccionalidad de la relación. En otras palabras, no podemos decir que la apertura en la comunicación familiar y el ajuste psicológico predice un apego seguro y no al revés. Sin embargo, pensamos que la comunicación familiar puede darse desde el primer momento de la adopción, como de hecho muchos autores recomiendan (Brodzinsky, 2005; Wrobel et al., 2003). En cambio, el apego es un proceso que requiere tiempo. Lo mismo es válido para el ajuste psicológico, ya que creemos que es necesario un buen ajuste para establecer un apego seguro (Oldfield et al., 2016). Iniciar una comunicación familiar abierta sobre la adopción desde una edad temprana ayuda a conseguir un buen ajuste psicológico, contribuyendo, al mismo tiempo, a desarrollar un apego seguro con el padre, la madre y los compañeros. Seguramente es un proceso que se retroalimenta. La comunicación familiar abierta facilita un buen ajuste psicológico y esto lleva a un apego seguro, pero el apego seguro también ayuda a mantener la comunicación familiar y un mejor ajuste.

Este estudio tiene algunas otras limitaciones. En primer lugar, solo el 66 % de la muestra potencial decidió participar, indicando que el 34 % declinó hacerlo, muchos de ellos porque se mostraron reacios a hablar de temas relacionados específicamente con la adopción y los orígenes de sus hijos. Esto nos lleva a pensar que la mayoría de familias que encuentran difícil crear una comunicación abierta, un buen ajuste psicológico y un apego seguro en torno a este tema son también las que prefirieron no participar en este estudio. Otra explicación podría ser que las familias adoptivas tienden a consultar y solicitar los servicios de salud mental más fácilmente, como se señala en estudios como los de Miller et al. (2000). Finalmente, examinamos la apertura comunicativa, el apego y el ajuste psicológico solo desde la perspectiva de los adolescentes y no consideramos las percepciones de sus padres adoptivos.

A pesar de estas limitaciones, los resultados de este estudio contribuyen a resaltar la importancia de desarrollar un apego seguro, una comunicación familiar abierta y un ajuste psicológico. El estudio, por lo tanto, ilustra la importancia de estas variables para establecer un apego seguro entre el niño adoptado y sus padres y compañeros. Esta es la base por un correcto desarrollo y salud mental, una garantía principal para entrar en la edad adulta. Este estudio proporciona a los padres adoptivos herramientas para ayudar a sus hijos a promover un mejor ajuste psicológico al establecer una comunicación familiar más abierta y un apego más seguro. Nuestros resultados también pueden ser informativos para médicos, profesionales y otras personas que trabajan con familias adoptivas, así como para las políticas sobre apertura en adopción. Estos profesionales, que están en contacto con las familias adoptivas tanto antes como después de la adopción, pueden realizar intervenciones focalizadas en promover apertura comunicativa.

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