Abordaje multidisciplinar y dinámica de trabajo en equipo
Noemí Paniello
El hospital de día de adolescentes (HDA) es un espacio privilegiado para la observación de los funcionamientos mentales, el diagnóstico y el tratamiento intensivo de los adolescentes en crisis, y el marco de trabajo es ideal para el estudio de las dinámicas grupales. Hay características individuales que no se pueden entender sin la comprensión de la persona dentro de su grupo de pertenencia y no podemos pensar el trabajo terapéutico en el HDA sin comprender las diferentes dinámicas relacionales que se establecen a nivel grupal: relaciones entre los propios adolescentes, de los adolescentes con el equipo o las relaciones entre los diferentes profesionales del HDA. Como Meltzer expone en su trabajo Adolescentes (1998), estas dinámicas relacionales externas están directamente conectadas con los propios movimientos internos que el adolescente hace, ya sea de intento de avanzar hacia la vida adulta, de retroceder hacia a una posición más infantil, de situarse en el mundo adolescente o de replegarse en sí mismo y aislarse. Trabajamos con el objetivo de ofrecer un marco lo más estable y sólido posible, donde el adolescente pueda comunicar sus experiencias previas y, a su vez, donde pueda vivir experiencias nuevas que sean terapéuticas y reparadoras. Desde una comprensión del modelo de Bion (1963), si el equipo puede contener estas experiencias, el adolescente puede tolerar mejor sus ansiedades, integrar la experiencia que se le ha ofrecido como modelo e ir incorporando esta función continente. De esta manera se intenta acompañar al adolescente en el tránsito hacia el mundo adulto. Queremos exponer como entendemos el abordaje multidisciplinar y las diferentes intervenciones terapéuticas a partir de las funciones de cada profesional dentro del HDA. El equipo está integrado por una administrativa, cuatro educadores, la trabajadora social, la profesora cedida por el Departamento de Educación, dos psicólogos clínicos y dos psiquiatras, con la colaboración externa de una enfermera del área básica de salud de la zona. Veremos un ejemplo de abordaje terapéutico en relación con las fases del tratamiento e intentaremos describir la dinámica de fuerzas y equilibrios necesarios para facilitar al máximo el proceso terapéutico y la evolución del adolescente. En este trabajo escrito se han suprimido las viñetas más ilustrativas del caso clínico que presentamos en las jornadas por motivos de confi dencialidad. Nombraremos, sin profundizar, las coordinaciones multiservicios llevadas a cabo con otros recursos externos: educativos, sociales, lúdicos o sanitarios. En nuestra organización semanal realizamos diferentes reuniones en las que participa todo el equipo: una reunió de supervisión de casos o revisión de programas terapéuticos individuales, una reunión organizativa y, diariamente, hacemos una reunión de traspaso de información e incidencias de los pacientes. También hacemos una reunión semanal solo para los clínicos y otra solo para educadores y la profesora. En la reunión de clínicos revisamos la lista de espera y asignamos los nuevos pacientes a un terapeuta referente con el fi n de hacer la valoración inicial, el diagnóstico y establecer la indicación o no de ingreso al HD. Después del proceso diagnóstico, se asigna un educador referente al paciente que hace una primera entrevista educativa y se expone el caso en la reunión de equipo para valorar conjuntamente el horario y las actividades que se propondrán al paciente, así como los primeros objetivos del programa terapéutico individual (PTI). Psicopatol. salud ment. 2011, M3, 65-68 66 Abordaje multidisciplinar y dinámica de trabajo en equipo Fase 1: estilo relacional Se expone el caso en la reunión de equipo: Robert es un chico de 13 años que llega al hospital de día derivado por el centro de salud mental infantil y juvenil (CSMIJ) debido a ausentismo escolar de 3 años de evolución, falta de relaciones sociales y trastorno obsesivocompulsivo. Presenta conductas sociales inadecuadas (utiliza un tono de voz muy alto –dice que le agrada que todos le escuchen-), mostrando constantemente su sentimiento de superioridad, tono hipomaniaco y grandes difi cultades para relacionarse en grupo. Selecciona mucho la comida y tiene difi cultades para dormir. Proviene de una familia muy desestructurada, en la actualidad vive con el padre y tiene muy poca relación con la madre que vive lejos. Los núcleos de intervención que se plantearon con el paciente fueron: aislamiento, posibilidad de vinculación en una relación personal (dual) versus difi cultades para establecer relaciones interpersonales, falta de contacto con la realidad, pensamientos de grandiosidad, tono maníaco. En cuanto al abordaje multidisciplinar se planteó: – Vincularlo con la psicoterapeuta. Tan solo a partir de la vinculación masiva con un adulto podrá venir al HD, por este motivo es importante que muestre su funcionamiento mental y ayudarlo a incrementar el contacto con la realidad. Ofrecer un espacio de contención de sus ansiedades y satisfacer sus necesidades en este primer momento. – Trabajo escolar con la profesora del HD después de los 3 años de absentismo escolar. – Asignar el educador referente que haga la entrevista educativa de acogida y comience a intervenir para favorecer la salida de su aislamiento en casa, el contacto progresivo con otros pacientes, talleres y educadores. Ofrecer pequeñas intervenciones educativas para disminuir conductas inadecuadas. – Intervención psiquiátrica de reajuste farmacológico para ayudarlo a disminuir el tono maníaco introduciendo la risperidona y disminuyendo la sertralina. – Ayuda familiar (ayuda psicoterapéutica al padre). Robert inicia la asistencia al HD con horario parcial, tan solo en determinadas actividades: aula, algún taller con el educador referente y las sesiones individuales de psicoterapia. Durante esta primera fase se va vinculando a la psicoterapeuta, a la profesora y al educador pero le es muy difícil asistir a los talleres grupales. Tiene una mala relación con los demás educadores reclamando relaciones de exclusividad y con muestras de mucho desprecio hacia los otros compañeros a los que menosprecia por miedo a establecer una relación con ellos y, por esto, se queda en casa jugando con el ordenador. No asiste regularmente y es preciso que el educador le llame cada mañana para que salga de casa y venga al HD. Fase 2: experiencia de vínculo con el equipo A los tres meses del ingreso, se analiza el caso de nuevo en sesión clínica (reunión en la que participa todo el equipo). A través de la relación con la profesora, con su educador referente y con la psicoterapeuta poco a poco reconoce alguna de sus difi cultades, comienza a aceptar pequeñas ayudas que vienen de fuera y a mostrar interés por los compañeros y por otros talleres del HD. Parece que encuentra satisfacción y algún benefi cio por el hecho de comenzar a salir un poco de su aislamiento. Los núcleos de trabajo que se plantearon en esta fase fueron: vinculación con el equipo del HD, relaciones interpersonales, favorecer los potenciales de desarrollo personal y sus capacidades a través del aprendizaje por la experiencia, ofrecer una experiencia diferente de grupo (ya que había sufrido bulling escolar), retomar el contacto con los recursos educativos normalizados y ampliar las relaciones sociales fuera del HD. En relación el abordaje multidisciplinar se planteó lo siguiente: – Establecer dos sesiones semanales de psicoterapia. – Ampliar progresivamente hasta alcanzar el horario completo las actividades de HD para facilitar la vinculación con el equipo, el resto de compañeros y con los aprendizajes. – Elaborar un plan curricular en coordinación con el instituto de enseñanza secundaria y con el equipo de atención psicopedagógica. – Realizar un trabajo de orientación social con el padre y con el paciente de actividades lúdicas y contacto externo con servicios sociales para que puedan ampliar las relaciones sociales y comience alguna actividad deportiva externa al HD. – Pautas educativas para mejorar habilidades sociales y relacionales. – Trabajo de enfermería sobre el cuidado personal, la alimentación e higiene. Durante estos meses de trabajo, en las diferentes Psicopatol. salud ment. 2011, M3, 65-68 67 Noemí Paniello reuniones de equipo se comentan los cambios que realiza Robert para consensuar pautas educativas comunes con el fi n de que todo equipo intervenga en la misma línea de trabajo. El chico es muy ambivalente a la hora de probar nuevas experiencias e interesarse por nuevas relaciones y los aprendizajes o volver a su aislamiento inicial. Ha mejorado mucho con respecto a las conductas sociales inadecuadas y muestra un notable interés por su futuro y por las tareas escolares y los talleres. Conviene destacar que durante este tiempo el grupo de pacientes que realizan las actividades en el HD se caracteriza por un funcionamiento bastante infantil. Fase 3: acercándose al mundo adolescente Se presenta nuevamente el caso en sesión clínica a los 9 meses para hacer un análisis más detenido y valorar el plan de trabajo individual (PTI). Coincidiendo con la entrada al HD de nuevos pacientes, se constituye un grupo con un funcionamiento más adolescente al que el Robert “se adhiere”. Esto provoca un mimetismo por parte del paciente con el resto del grupo de adolescentes que se sienten incomprendidos por los adultos y comienza a ver a la psicoterapeuta, educadores y a todo el equipo como adultos estafadores e hipócritas que tienen la autoridad y el poder. Como dice Meltzer (1998), el adolescente vive al adulto como aquel que tiene el poder en un mundo organizado de manera aristocrática y a los niños como esclavos o sirvientes que viven con la ilusión errónea de que los padres lo saben todo. El grupo de adolescentes no acaba de integrar al chico al que ven “diferente” y “raro” y del que, a menudo, acaban riéndose de manera más o menos encubierta. En cuanto a la intervención multidisciplinar se planteó: – A nivel psicoterapéutico. Estar disponible cuando se acerca o hace el intento de pedir ayuda. Contener su desconfi anza y su enfado contra la terapeuta y los otros adultos. – Introducir un trabajo grupal de respecto y de pensamiento crítico respecte de sus amigos: “no es lo mismo reírse con él que reírse de él”; saber protegerse, saber en quien confi ar, etc. – Señalar los riesgos y consecuencias de su funcionamiento. – Recuperar el trabajo curricular al aula y recordarle que será evaluado. – Informar a servicios sociales para que intensifi quen la intervención y seguimiento, que le acompañen a la actividad externa deportiva que deja de asistir. – Trabajar pautas y límites con el padre, ya que es la primera vez que se encuentra en esta situación con su hijo. Esta tercera fase constituyó un momento de transición, cambio y actuación que tuvimos que contener y trabajar intensamente con el fi n de que Robert recuperase la confi anza en el equipo y pudiera volver a centrarse en sus objetivos, volviera a participar en los talleres, retomara los estudios en el aula del HD, volviera a la actividad deportiva extrahospitalaria, etc. Pero nada garantizó el mantenimiento futuro de estas mejoras ya que cuando Robert se intentó “acoplar” al funcionamiento adolescente aparecieron graves difi cultades relacionales de base, faltas muy primarias, ansiedad frente al cambio y un funcionamiento imitativo. Como el mismo dijo: “Yo no puedo volver al instituto de esta manera, aquí voy mejorando pero no lo sufi ciente”. De hecho el grupo adolescente fi nalmente lo acaba rechazando y resultó difícil rescatarlo de su tendencia al aislamiento y de encerrarse delante del sufrimiento. Es preciso una ayuda muy intensa de acompañamiento emocional, soporte educativo, social y familiar para que el paciente haga pequeños progresos y la intensidad de apoyo, difícilmente se puede mantener a lo largo del tiempo. A pesar que desde el inicio intentamos trabajar pensando en su futuro, en el momento del alta los interrogantes sobre el futuro del paciente y su pronóstico incierto nos hizo cuestionar, como equipo, cual ha de ser nuestra tarea en estos casos. Sabemos que con un apoyo intensivo el paciente mejora pero no lo sufi ciente como para integrarse al circuito escolar y social ordinario. El tiempo de tratamiento en el HD es demasiado corto como para dar respuestas a las necesidades de pacientes como Robert. Algunas refl exiones fi nales En primer lugar valorar que entendemos por abordaje multidisciplinar desde el HD. Todos los equipos tendrían que tener unos criterios mínimos para poder hacer una buena intervención: un propósito común, reconocer y respetar la función de cada profesional, hacer un reconocimiento común de los límites grupales, que el equipo sea capaz de afrontar la frustración y la diferencia de opiniones, que facilite una comunicación ágil entre los diferentes miembros, etc. Estos son criterios Psicopatol. salud ment. 2011, M3, 65-68 68 de la psicologia de los grupos, pero parece que no explican sufi cientemente otros aspectos también básicos en nuestro trabajo de equipo. En segundo lugar, en nuestra manera de entender el abordaje multidisciplinar, no es el terapeuta quien ha de establecer el PTI en función de lo que observa en la psicoterapia y el resto de profesionales los que lo han de llevar acabo, sino que es gracias a la visión de cada miembro del equipo que el terapeuta va construyendo y modifi cando los objetivos y las intervenciones. El PTI y el trabajo en equipo no es solo la suma de las intervenciones puntuales de cada profesional, como la capacidad de poder pensar conjuntamente sobre la persona que atendemos, a la vez que planifi car y evaluar juntos el mejor abordaje en cada caso y en cada momento. Al inicio de la exposición destacaba que el HD es un marco de trabajo ideal para el estudio de las dinámicas grupales. Hemos visto la relación del paciente con el equipo y con los otros adolescentes, pero falta destacar, también, las dinámicas entre los diferentes miembros del equipo. En el caso que hemos presentado, el primer trabajo de grupo fue difícil por la situación a la que nos abocaba el chico. Se mostraba arrogante como una forma de compensar lo pequeño que se sentía interiormente, así como su propio desprecio. El rechazo y la irritación que provocaba en todo el equipo era una manera de comunicar su propio malestar y la angustia que él no podía tolerar. En la primera fase del tratamiento fue muy importante podernos ofrecer como recipiente contenedor de estos sentimientos proyectados y no actuar reactivamente a su provocación. Dicho así puede parecer fácil, pero no lo fue. Fueron imprescindibles las reuniones de equipo, la puesta en común y la supervisión externa para poder comprender, entre todos, lo que Robert nos comunicaba, como tolerarlo y ver de que manera intervenir. Como terapeuta referente de este caso quiero destacar la ayuda y la riqueza de trabajar desde un abordaje multidisciplinar. De otra forma mi comprensión y tratamiento del paciente hubiera sido muy diferente. En un principio la relación que el chico estableció conmigo, seductor, mimético y adhesivo, fue diametralmente opuesta a la relación despectiva que estableció con los educadores o con otros chicos. He podido ir comprendiendo el funcionamiento mental del paciente y construyendo su PTI a través de las observaciones de todo el equipo, no solo con mi visión parcial desde el tratamiento individual. Gracias a las observaciones de mis compañeros también pude trabajar estos aspectos en la psicoterapia: las relaciones miméticas y adhesivas que establecía, sus sentimientos de inferioridad, de vacío y menosprecio de sí mismo y, a la vez, pude ir trabajando la posibilidad de ir creando su propia historia a través de sus nuevas experiencias. Esperamos haber podido transmitir el valor terapéutico que tiene para los adolescentes el hecho de vivir la experiencia del HD, la importancia de las relaciones que se establecen y las actividades que se realizan, así como la de la psicoterapia –eje del proceso– y la necesidad de un diálogo constante y una comprensión conjunta de los casos por parte de los diferentes profesionales del equipo.
Bibliografía
BION, M. (1963). Elementos del Psicoanálisis. Buenos Aires: Hormé, 1966. MELTZER, D Y HARRIS, M. (1998) Adolescentes. Buenos Aires: Espatia Editorial.
