Aplicación de la psicoterapia focalizada en la transferencia a los conflictos de pareja

Otto Kernberg

RESUMEN  

En el presente artículo, se abordan la evaluación y el tratamiento de parejas que se encuentran en conflicto. Existen tres ni­veles de experiencia, la sexual, la emocional y la de valores, que nos permiten valorar el funcionamiento de la pareja. Si los tres niveles funcionan mal, lo más probable es que la pareja se acabe rompiendo. Si, como mínimo, uno de ellos funciona, los con­flictos de pareja pueden ser tratados psicoterapéuticamente. Partimos de la base de que estas disfunciones son generadas por conflictos del pasado de cada participante de la pareja que no han sido resueltos y que están presentes en los conflictos actua­les. A través de una viñeta clínica, describimos cómo la psicoterapia puede contribuir a elaborarlos y resolver así los conflictos de pareja. PALABRAS CLAVE: conflictos de pareja, Psicoterapia Focalizada en la Transferencia, sexualidad, patología sexual.

ABSTRACT  

Applying psychotherapy focused on the transference on couple conflicts. In this article, we are speaking about the evaluation and the treatment of couples that are having conflicts. There are three levels of experience: sexual, emotional and the values, allowing us to assess the functioning of the couple. If the three levels don’t work properly, it’s most likely that the couple breaks up. If at least one of them works, the couple conflicts can be treated psychotherapeutically. We start from the base that these disorders are generated by past conflicts of each participant of the couple and that haven’t been resolved and are still present in the current conflicts. Through a clinical sketch, we describe how the psychotherapy could contribute to their elaboration and thus resolving the couple´s conflicts. KEY WORDS: couple´s conflicts, Psychotherapy focused on the transference, sexuality, sexual pathology.  

RESUM  

Aplicació de lapsicoteràpiafocalitzadaen lafransferènciaals conflictes de parella. En el present article, s’aborden l’avaluació i el tractament de parelles que es troben en conflicte. Existeixen tres nivells d’experiència, la sexual, l’emocional i la de valors, que ens permeten valorar el funcionament de la parella. Si els tres nivells funcionen malament, el més probable és que la parella acabi trencant-se. Si, com a mínim, un d’ells funciona, els conflictes de parella poden ser tractats psicoterapèuticament. Partim de la base que aquestes disfuncions són generades per conflictes del passat de cada participant de la parella que no han estat resolts i que estan presents en els conflictes actuals. Amb una vinyeta clínica, descrivim com la psicoteràpia pot contribuir a elaborar-los i resoldre així els conflictes de parella. PARAULES CLAU: conflictes de parella, psicoteràpia focalitzada en la transferència, sexualitat, patologia sexual.

*Transcripción editada de la conferencia que el Prof. Kernberg dio el pasado 30 de junio de 2017 en el Palau Robert de Barcelona con motivo de la entrega del VII Premio de Salud Mental, que esta Revista convoca cada dos años.

Introducción

El tema que abordaremos es el de la evaluación y el tratamiento de parejas que, a pesar de que se aman, están en conflicto. Suponemos que la problemática individual es un factor importante al valorar la pareja, así que em­pezaré hablando brevemente de la psicología individual para dirigirme después a la de pareja.  En Psicoterapia Focalizada en la Transferencia (TFP, por sus siglas en inglés), estamos acostumbrados a explorar los elementos más importantes de una vida normal: la relación con el trabajo, la relación con el amor y el sexo, la vida social y la creatividad. Pensa­mos que éstos son los tres fundamentos para vivir bien, para gozar de la vida. En cuanto a la vida sexual, lo más importante es que el individuo esté capacitado para gozarla, como la vida amorosa. Cuando esto está comprometido, la sensación de una vida plena queda limitada.

Niveles de experiencia en la pareja

Al hablar de madurez sexual, tenemos en cuenta tanto los aspectos sexuales como la ternura, tanto la relación erótica como la pasional, la emocional. Pensa­mos en tres niveles de experiencia. En primer lugar, la experiencia sexual propiamente dicha: la capacidad de gozar con las relaciones sexuales, la libertad en ellas, el no estar limitado por convencionalismos y la capacidad de crear con la pareja el propio paraíso individual; es decir, el hecho de sentirse libre de hablar de las propias fantasías con la pareja y de decidir entre los dos qué les provocará el máximo placer en la interacción, en el juego y en la intimidad. En este sentido, siempre hay una discrepancia entre lo que es convencionalmente aceptado como “normal” y la realidad de la función sexual humana, que es mucho más rica y múltiple y que excede siempre lo convencional cuando se expresa ple­namente.  En segundo lugar, nos interesa la relación de obje­to, la emocional e interpersonal de la pareja: cómo se llevan en la vida cotidiana, cómo de satisfechos están, cómo pasan el día a día, lo que hacen para trabajar y para divertirse, ya sean haciendo cosas en conjunto como haciendo cosas por separado (sin pensar que sea terrible que los dos tengan intereses distintos, además de querer estar juntos). Esta relación es sumamente im­portante e implica una estructura democrática: repar­tirse los trabajos, las responsabilidades, sentir que los dos son un equipo, etc. Esto es tan importante como la relación sexual.  En tercer lugar, el sistema de valores éticos e ideoló­gicos: los ideales de la pareja de cómo quieren ser ahora y en un futuro, la manera de relacionarse con su medio social, con la familia (¿tienen muy buenas relaciones o tienen familiares horribles que no quieren ver nunca?), si están los dos de acuerdo, cómo es la relación con los hijos, con los valores culturales generales, etc. No es necesario que una pareja vote por los mismos candida­tos políticos pero sí que tengan una armonía profunda suficiente de valores generales como para sentir que también en esto son un equipo. Estos tres planos nos permiten inmediatamente va­lorar si la pareja está funcionando bien o no. Si dos per­sonas están como perro y gato, tratamos de clarificar dónde está el problema: ¿está en su relación sexual o en su relación de convivencia diaria? ¿Está en su sistema de valores? Como regla fundamental, uno podría decir que si funcionan bien en los tres niveles, la relación está perfecta, no hay problemas. Si los hay en uno o dos de estos tres territorios, hay problemas crónicos y hay que analizar a qué se deben y cuál es la problemática. Para Henry Dicks, el pionero más importante de la psi­coterapia psicoanalítica de pareja, los factores realistas de conflicto más importantes eran las dificultades en la vida cuotidiana y la diferencia en los valores cultura­les. Afirmaba que los problemas sexuales siempre eran consecuencia de estos dos. Yo no estoy de acuerdo. Creo que los tres sectores son igualmente importantes en cuanto a generar conflictos.  Es cierto que las dificultades en el plano sexual son como la temperatura de la pareja. Cuando hay proble­mas en otros lados, la vida sexual también está afectada. No obstante, muchas veces es el origen de los proble­mas, por lo que es importante valorarla. Creo que esta posición es más reciente que en la tradicional psicote­rapia psicoanalítica. Si hay problemas en la relación se­xual, podemos estudiar rápidamente en qué nivel están funcionando los dos participantes. En primer lugar, un funcionamiento normal indica capacidad de excitación sexual, de deseo erótico y la proyección de los aspectos más maduros del ideal del yo sobre la pareja. La persona amada es también deseada sexualmente como perso­na, como individuo que a uno le interesa y fascina; una persona que tiene un proyecto de vida e intereses con los que uno se puede identificar; que le hacen parecer la personificación en la vida real de los ideales profundos que uno quiere como objeto de amor en su fantasía.  Freud pensó que la idealización de la pareja significa­ba un empobrecimiento de la libido narcisista. Esto es absurdo. Amar aumenta la satisfacción de vivir con esta persona que uno siente como ideal. Esto es parte de la ca­pacidad normal, significa la posibilidad de pasión sexual. Esto no quiere decir que una pareja que convive desde hace años estén desesperadamente enamorados y vivien­do una novela romántica. Significa que normalmente existe un ir y venir de periodos tranquilos de convivencia con otros de intenso deseo sexual. Esto entra en contras­te con la psicología convencional que afirma que, al prin­cipio, la vida en pareja es una relación muy intensa pero a la que acaban acostumbrándose para, al final, no tener ya deseo de relaciones sexuales. Esto es una de las grandes fantasías que no corresponde al buen funcionamiento de parejas a largo plazo. Me refiero a parejas que han tenido tanto una relación de 10 años como de 60. Se trata de una situación permanente de la vida normal de pareja. Incluso hay psicoanalistas que tienen la teoría de que al no menta­lizar el erotismo del bebé, una vez que existe la excitación sexual, que llega la adolescencia, y que en la vida adulta es satisfecho sexualmente, los afectos sexuales se mentalizan y desaparece entonces la intensidad, que solo se recupera si uno tiene aventuras con nuevos objetos sexuales.  

Desarrollo sexual

Desde el punto de vista psicoanalítico, sabemos hoy en día que el afecto erótico comienza en el nacimiento. Hay una disposición afectiva innata, genéticamente de­terminada constitucionalmente. Está representada por un sistema afectivo y hormonal y por neurotransmi­sores específicos que activan los deseos, la capacidad de interés, la excitación, el orgasmo, la relajación, etc. No voy a entrar en detalles pero, sobre esta base ge­nética, existe la estimulación erótica que la madre hace automáticamente al satisfacer las necesidades de apego. El sistema afectivo de apego, erótico y de juego (amis­tad y vínculo), nos une en forma de juego afectivo con otros miembros de nuestra especie. Estos son los tres sistemas afectivos básicos y hay mucha investigación sobre el apego en este momento. En cambio, no hay investigación sobre el erotismo por el tabú social de no estudiar lo erótico. En los departamentos de cien­cias sociales de los Estados Unidos está prohibido dar ningún fondo para estudiar la vida sexual de los niños. De modo que los descubrimientos de Freud hay que rehacerlos en cada época porque se olvidan. No obstante, apego, erotismo y vínculo social son sistemas positi­vos y la madre refuerza inconscientemente la respues­ta erótica del bebé con la capacidad de responder con una sensualidad normal. Responde de forma distinta al niño y a la niña, motivando así diferentes desarrollos psicológicos. La masturbación normal representante de excitación en los niños empieza entre los seis primeros meses y el año si no es interrumpida pero ya hacia los dos años tiende a inhibirse en la niña, que tiene que redescubrir su excitación sexual más adelante. En cam­bio, en el niño se mantiene de manera ininterrumpida como potencial masturbatorio habitual. Una vez en la adolescencia, hay mucha libertad se­xual en los chicos mientras que, por el contrario, ellas tienen menos consciencia sexual directa, que tiene que ser redescubierta. En cambio, tienen una capacidad más profunda de relación emocional, amorosa, afecti­va, por el cambio de objeto primario de madre a padre. Este amor a distancia de la niña al padre implica una maduración temprana respecto las relaciones de ob­jeto que hace que, en general, las adolescentes tengan más capacidad ya de amor maduro que los hombres. Éstos gradualmente tienen que madurar su capacidad emocional, mientras que las mujeres tienen que crecer a nivel sexual. Al final, los dos géneros se equilibran, a pesar de que la curva de interés erótico es distinta. Como ustedes saben, la mujer aumenta gradualmente el deseo de frecuencia sexual, si no es interrumpida y si hay buena relación. Se estabiliza a partir de los 30 años y, hasta donde tenemos investigación, se mantiene hasta los 60-70 años.  En los hombres, se da un máximo de excitación se­xual en la adolescencia tardía, hacia los 20 años. Des­pués decrece gradualmente pero sin desaparecer, de modo que la oportunidad de la relación sexual habitual satisfactoria persiste hasta los 70 y 80 años. No tene­mos mucha experiencia a partir de los 90, excepto en casos clínicos, pero creo que es justificado decir que ésta es la curva en general. Esto implica una necesidad de adaptación mutua pero que, en general, no repre­senta ningún problema cuando hay una buena relación emocional. Al mismo tiempo, esta primera relación erotizante con la madre activa todas las capacidades de sensualidad de la piel y de las aperturas mucosas, boca, vagina, ano, los órganos sexuales correspondientes, y ambos pechos. Esta sensibilidad es mucho más acen­tuada en mujeres y determina la curiosidad, el interés en una intimidad física que produce gratificación sensual, y una presión que se expresa en la sexualidad polimorfa infantil. Se llamaba polimorfa perversa infantil porque da origen a las perversiones. Las perversiones son inhi­biciones sexuales en las que orgasmo está ligado a una de estas satisfacciones tempranas pero sin el predomi­nio de la relación genital que caracteriza al desarrollo normal, y a todas estas excitaciones y su manifestación en sentido de deseo voyerista. Todo esto nace en los primeros años de vida. En las tendencias exhibicionis­tas, voyeristas, masoquistas y sadísticas, la excitación sexual está forzada a producir o sufrir distintos grados de dolor. La excitación con objetos que representan la persona querida se da en la persona fetichista.  La sexualidad primaria estimulada por la madre está también reforzada por el hecho de que los niños gra­dualmente descubren que están excluidos de la enorme intimidad que existe entre los padres. No obstante, esta capacidad de polimorfismo sexual se mantiene y llega a ser parte de la sexualidad adulta, del placer. Los jue­gos polimorfos perversos forman parte de la relación sexual normal. Joyce McDougall, una psicoanalista francesa, fue la primera en insistir en la normalidad de estos aspectos de la sexualidad. El niño y la niña son excluidos de la relación íntima sexual de los padres, y se quedan con la sensación de ser el tercero excluido. Esto es una problemática permanente de la vida; el deseo de tomar revancha para estar con dos personas de otro género y, en vez de ser la tercera excluida, tener otras dos que se pelean por uno (triangulación reversa), es la manifestación edípica que normalmente se expresa en el triunfo que implica tener pareja y reemplazar a los padres del temor a ser abandonado por otra persona. Los celos representan una emoción fundamental de alerta de la situación edípica. Cuando no se resuelve la situación pre-edípica normal, se repiten inconsciente­mente conflictos en esta esfera. Bajo condiciones nor­males, la estimulación pre-edípicia sensual, en la cual la madre tiene una función esencial, y la función edípica refuerzan la sexualidad y determinan en la esencia y en el dominio de la genitalidad infantil. En la adolescen­cia, se expresan en la capacidad del desarrollo de una relación emocional plena y de pasión sexual, lo que es la combinación de interés erótico, interés humano e idealización.  

Patología de la sexualidad

Si dos personas que tienen este potencial se juntan y se quieren ya están en buen camino pero podemos encontrar patología en los dos. En patología más gra­ve, donde predominan los conflictos agresivos desde el comienzo de la vida, puede producirse una inhibición primaria de toda sexualidad, de todo erotismo. No hay masturbación, no hay sensualidad de la piel, no hay vida sexual. Son los pacientes más graves, en los que agresión y sexualidad se combinan en perversiones agresivas pe­ligrosas. Este es el nivel más severo de patología.  En un segundo nivel, encontraríamos las estructuras narcisistas. El narcisismo patológico implica graves in­hibiciones de la capacidad de amar, de relaciones de objeto. Se trata de individuos que pueden tener una perfecta vida genital, sexual, pero que no pueden amar. Son un desastre para las relaciones de amor y, desde luego, para relaciones de pareja. Muchas veces necesi­tan tratamiento individual. Enseñar a aprender a amar es uno de los desafíos más importantes del tratamiento psicoanalítico y de la psicoterapia psicoanalítica, como la TFP. El tercer nivel ya es mucho más tolerable. Las es­tructuras limítrofes habituales son trastornos graves de personalidad pero, por lo menos, aquellos en que la disociación del sí mismo y de las relaciones de objeto coinciden con un caos de la vida sexual (promiscuidad, tanto en individuos con impulsos heterosexuales, ho­mosexuales, fetichistas, masoquistas, sadísticos, voye­ristas, exhibicionistas) pueden tener buen pronóstico porque, al menos, tienen capacidad de sexualidad. Una vez que se arregla la vida emocional, pueden tener buen pronóstico. Otro grupo en los que la inhibición pri­maria o sexual ha sido tal que no parece tener ningún interés sexual, cuando hay unas estructuras limítrofes, aunque no se produce este caos sexual el pronóstico es muy grave.  Más por encima, las estructuras neuróticas en que hay identidad normal y en que los desarrollos de la ca­pacidad sexual han sido normales pero donde se han producido prohibiciones edípicas salvajes, los senti­mientos de culpa inconscientes pendientes o arruinan el matrimonio o se expresan directamente en inhibicio­nes sexuales. En los hombres, impotencia y eyaculación precoz o retardada. En las mujeres, frigidez. En este plano, tenemos buena capacidad de relaciones de amor profundas con algún grado de inhibición sexual pero no de este grave temario sino por represiones excesivas relacionado con problemática edípica. Esto tiene muy buen pronóstico con tratamiento, psicoterapia, psicoa­nálisis y terapia sexual.  El pronóstico es variable, naturalmente, y hay una gama en grados de impotencia y de eyaculación pre­matura fatal, así como la frigidez, la inhibición sexual en la mujer. Es posible tratar lo más leve, como inhi­bición orgásmica (lo más frecuente) o inhibición antes de orgasmo, en tres meses con terapia sexual. La falta de deseo sexual o la insensibilidad desde el momento de la penetración es más problemático. La inhibición de deseo sexual, el vaginismo crónico, y, en general, las inhibiciones graves, suelen combinarse con problemas serios de personalidad. Implican tratamientos psico­terapéuticos más difíciles pero, en todo caso, es trata­ble. Lo típico de lo neurótico entre hombres y mujeres es la capacidad de amar y alguna inhibición sexual y, después, la normalidad que ya he descrito. Entonces evaluamos la pareja teniendo en mente todo este de­sarrollo complejo de la sexualidad que les he resumido muy brevemente. Al tratar de hacerlo con el tiempo que tengo, puedo sonar más autoritario y dogmático de lo que quisiera ser.

Tratamiento de los conflictos de pareja

Cuando vemos una pareja que tiene conflictos, ¿cómo evaluamos la personalidad de cada uno de los dos y la naturaleza de los conflictos? Normalmente los vemos juntos y les pedimos que nos digan cuáles son los problemas y que nos los describan en gran detalle. Preguntamos explícitamente y directamente cómo se llevan en la vida sexual, en la vida consciente cotidia­na, en la relación con sus hijos, padres, parientes, en su relación con la cultura, con sus valores y con sus ambi­ciones a largo plazo. Por regla general, si se llevan mal en los tres niveles, lo más probable es que esta relación se vaya al diablo. Si al menos se llevan bien en uno, hay esperanza. Si hay problema en uno o dos, las cosas an­dan en general bien excepto en aquellos casos graves en los que uno de los miembros sufre muchas veces de un narcisismo maligno y de una tendencia inconsciente a encontrar el mayor placer en destruir al otro. No estoy hablando de casos de violencia. Los casos de violencia doméstica son muy variables, y pueden ir desde graví­simos a muy leves. Me refiero a casos en los que, de forma sutil, uno de los dos está tratando de hacer sufrir al otro. Rápidamente el terapeuta lo ve y el tratamiento se transforma en el de por qué la persona más sana se somete a eso, siendo el masoquista el que mantiene, por supuesto, esta situación. Es impresionante cómo hay individuos que, inconscientemente, necesitan man­tener la relación que los está destruyendo psicológica y económicamente. Son verdaderas tragedias. Por suerte, esto es relativamente raro y sabemos que, desde el prin­cipio, tenemos que concentrarnos en el tratamiento del individuo con masoquismo grave.  En general, en los conflictos de pareja, nadie es per­fecto y los dos pueden tener problemas de inhibición de algún tipo. Suelen predominar problemas de inhibi­ción edípica y la mezcla de edípica y preedípica tipo bor­deline. Entonces se presenta una pregunta interesante y fundamental: ¿Cómo es posible que estos problemas se junten en un arreglo armónico de conflicto crónico? Henry Dicks fue el primero que se hizo esta pregunta y la contestó con una respuesta definitiva muy simple y, a mi juicio y de todos los expertos, del todo correcta: en general, los dos miembros de la pareja reproducen el conflicto dominante no resuelto de su infancia, recreán­dolo de forma complementaria a través de una com­binación de mecanismos de identificación proyectiva. Uno proyecta sobre el otro aspectos importantes de la persona del pasado con quien tuvo conflictos significa­tivos. Se trata de una activación de identificación doble, tanto con estas personas con quien tenían el conflicto dominante como con sus víctimas. Estos mecanismos de identificación proyectiva son mecanismos primitivos derivados de la posición esquizoparanoide descrita por Melanie Klein de los primeros años de vida, antes que predominen defensas represivas. Estos mecanismos son universales en toda relación íntima de pareja a largo plazo. Todos los usamos de forma discreta y el hecho de que nuestra pareja no res­ponda aceptando a estas identificaciones que estamos tratando de imponer nos mantiene a todos normales. En cambio, en las relaciones como las que hemos des­crito, se producen tensiones entre estos problemas no resueltos y la normalidad que nos imponemos. Esto se ve en estallidos de conflictos en que los dos partici­pantes, en una relación muy buena, se vuelven locos atacándose, peleándose, por nada. En los conflictos crónicos, la intensidad de la necesi­dad de reproducir un conflicto del pasado es tal que se mantiene en forma permanente. Se produce entonces una integración entre los conflictos del pasado de am­bos. Se da entonces un esfuerzo inconsciente de resol­ver este conflicto en la relación presente pero en vez de resolverlo, lo repiten. Esta es la estructura de los conflictos maritales crónicos y el objeto del tratamiento psicoanalítico de pareja es resolverlos. La aplicación de la TFP es, precisamente, analizar estas relaciones trans­ferenciales dentro de la pareja en un marco donde el terapeuta entra como tercera persona. Éste queda ex­cluido del conflicto y, a su vez, llega a ser receptor de las proyecciones. Las trasferencias empiezan a influir al terapeuta pero se mantiene fuera. No actúa dentro del conflicto activado por la pareja pero interpreta toda esta situación hasta resolverla.  

Viñeta clínica

Una mujer de 48 años, médico especialista de gran éxito, inteligente, atractiva, buena persona, con una ca­pacidad de contacto social excelente, está prometida con un industrial muy poderoso, de 52 años, también muy atractivo e inteligente, que está divorciado, des­pués de haber estado casado con una mujer muy do­minante y, al mismo tiempo, muy insegura. Él intentó protegerse de someterse a ella hasta que al final hubo un divorcio muy conflictivo. Después, se enamoró de esta mujer. Parecía fuerte pero cariñosa, sin los aspec­tos dominantes de la ex mujer. Hasta ahora, ella nunca se había planteado casarse. Tenía relaciones con hom­bres, relaciones muy intensas y apasionadas pero recha­zando totalmente el compromiso y con una tremenda libertad sexual. Tenía un grupo de amigas con las que le encantaba hacer tríos en las que dos de ellas tenían sexo con un hombre, o incluso una relación entre cua­tro personas. Tenía una actitud no muy convencional pero, al mismo tiempo, trataba de evitar a toda costa el matrimonio. Ahora tenía peleas terribles con su pareja. Ella se quejaba de que él no le prestaba atención, no le decía cuándo venía, no hacía esto, no hacía lo otro, la frustraba. No se sentía querida y se enojaba, mientras él no reconocía estar actuando mal. Se producían crisis a razón de nada. Un día, ella tenía entradas para el teatro y él le dijo que tenía una reunión importante y que no podía ir. Se sintió terriblemente insultada. Ella había decidido que quería tener niños y, antes de comenzar la relación con él, se compró semen, seleccionando muy bien un padre. Estaba embarazada de gemelos cuando inició la relación con este hombre. Él le dijo que los adoptaría y todo iba bien pero se producían estas cri­sis horripilantes. Como he dicho antes, él había tenido ya esta experiencia con su primera mujer y de repente se encontraba con que la segunda mujer le hacía unas escenas de dominancia terrible, en las que ella le exigía que le pidiera perdón. Si lo hacía, todo quedaba per­donado, pero tenía que pedirle perdón. Así que él está asustado porque siente que está repitiendo su primer matrimonio y piensa que, inconscientemente, se ha buscado otra mujer que, dicho sea de paso, era como su madre dominante, hipocondríaca y quejumbrosa. Su padre, en cambio, era un individuo tranquilo y distan­te, que dejaba que las cosas se resolvieran solas. Este hombre era el hijo preferido sobre el cual caían todos los ataques. La mujer tenía una madre que era de una violencia extraordinaria, que había tratado a esta hija de forma brutal durante toda su infancia. El padre se so­metía completamente a su mujer y, cuando la paciente era niña, le decía “pídele perdón a mamá”. Ella le pedía perdón y le preguntaba “¿por qué, papá?”, a lo que él respondía: “pídele, no importa, pídele perdón, que ella va a estar bien”. La mamá entonces la perdonaba, todo quedaba perfecto y esto nunca se arregló. El padre es­taba totalmente castrado, era como un esclavo de su mujer y forzaba a la hija a actuar del mismo modo.  Un día, mi paciente me explicó que tenía conflictos con su madre: “mamá se enojó conmigo porque la se­mana pasada no fui a comer con ella. Ella quería que mi hermana y yo fuéramos juntas a comer y ahora está furiosa. Si yo la llamo me va a estar gritando una hora”. Yo le dije “¡Ah! ¿Por qué no la llama? Llámela ahora”. Mi paciente la llamó y los dos escuchamos por teléfono una gritería de locos. Fueron 20 minutos de la sesión y yo le dije: “su mama está completamente loca” (como ustedes ven, hago interpretaciones muy sutiles). Estoy ilustrando que esta mujer, en el fondo, tenía permiso para tener una vida sexual muy libre siempre que no sa­liera de la familia. Si ella se casaba, la abandonaba y esto estaba prohibido. La madre tenía que controlarla hasta la muerte. Inconscientemente, esta mujer parecía dis­frutar de una gran libertad sexual porque no tenía amor permanente. Ahora podemos ver la culpa inconsciente de una buena relación y el sometimiento a su madre. Los padres no eran pobres pero eran de clase media limitada, y la relación con este hombre de negocios multimillonario significaba para ella un ascenso total de nivel de vida. Ella no podía tolerar esto, y le daba una sensación de resentimiento profundo. Se sentía culpa­ble no solo de salir de la familia sino de que pudiera vi­vir mejor que su madre. Entonces, inconscientemente, repetía esta relación de sometimiento, comportándose de manera destructiva hacia esta nueva relación, y, al mismo tiempo, forzando a su pareja a someterse a ella, pidiéndole perdón igual que la mamá había hecho con su papá, con intensa rabia y con un deseo inconsciente de que su novio la parara, cosa que él no se atrevía a hacer. Tardamos varios meses en aclarar todo esto, atendiendo a la pareja de manera habitual: yo veía a la pareja una vez por semana una hora y media, después cada uno de los participantes durante 45 minutos una vez por semana y nuevamente a la pareja. La psicoterapia de pareja es tanto psicoterapia de pareja como individual lo que sea necesario. Tuvimos sesiones semanales de pareja y yo solo veía al marido una vez al mes. A mi paciente la veía todas las semanas porque claramente la problemática principal era de ella. En medio de todo esto, ella me sintió como un aliado del marido. Yo era el enemigo y representaba la parte de los maridos que querían some­ter a las mujeres. Llegó incluso a sospechar que yo era enemigo también de las creencias religiosas de su fami­lia, ya que eran judíos, mientras la familia de él era pro­testante. Ella sospechó que yo tenía un prejuicio contra su familia por judío. En el fondo, llegué a ser otro ene­migo de la madre a quien tenía que combatir. Todo este tipo de complejidades se ven gradualmente tratando de crear la consciencia en los participantes de cómo están repitiendo el conflicto principal inconsciente tentándo­se mutuamente a repetirlo.  

Conclusiones

Hay maneras alternativas de tratar parejas. Existe toda una técnica cognitivo conductual que en muchos casos puede ser muy útil. Hay parejas que no toleran un enfoque analítico porque tienen una actitud de rechazo tal que va en contra de este tipo de encuentros. En ese caso, es útil volver a una técnica cognitiva conductual. Es interesante ver cómo podemos integrar elementos sumamente útiles del tratamiento cognitivo conduc­tual dentro de una concepción analítica y de autoridad técnica. Recomiendo, como les he dicho, el autor más importante desde el punto de visto psicoanalítico, Hen­ry Dicks. Marital Tensions es la obra clásica. Desde el punto de vista cognitivo conductual, les recomiendo la obra de Gottman y Gottman. Ellos son unos expertos máximos y conocen muy bien la teoría psicoanalítica de las relaciones de objeto. Un principio es que es importante reconocer los as­pectos fundamentales de la personalidad de cada uno y que se tienen que tolerar que ésta no cambie. En cam­bio, otros problemas conductuales sí pueden cambiar y tienen que negociarse.  La relación democrática de la pareja se puede ver cuando hay realmente una distribución justa de traba­jos y, en este sentido, la noción convencional de que siempre hay lucha de poder entre hombres y mujeres no corresponde a la realidad de una pareja que fun­ciona bien. Hay múltiples aspectos prácticos, tácticos y técnicos, de la terapia cognitivo conductual que pueden ser utilizables.

Turno de preguntas

Ha explicado una visión de un modelo anglosajón muy centrado en Dicks. Me gustaría saber su opinión sobre otras escuelas psicoanalíticas, como la argentina, basada en Pichon-Rivière… y de las otras escuelas, como la francesa, con Raca­mier,… Lo digo, por ejemplo, porque autores como David y Jill Scharff se están acercando al trabajo de parejas a partir de la teoría vincular de Pichon-Rivière. Quería saber su opinión al respecto. Gracias. Creo que en la escuela argentina, la teoría vincular que viene de Pichon-Rivière ha sido tradición en tera­pia, tanto grupal como familiar. En Argentina, se tra­ta de una importante contribución que está realmente muy ligada a la visión de Henry Dicks acerca de las relaciones de objeto. En el fondo, ambas derivan de la teoría de Fairbairn y Henry Dicks reconoce eso plena­mente. Hasta donde yo lo conozco, Pichon-Rivière no se refiere a Fairbairn pero pienso que, en este sentido, la relación vincular es realmente una manera de formular la teoría de relaciones de objeto. No siento que sea dis­tinto en la tradición argentina. En realidad, uno podría traducir la fórmula de relación vincular por la forma de relación de objeto, así que la veo muy emparentada. En cuanto a los franceses, ¿usted se refiere a Lemaire? Más bien a Racamier o Caillot  Sí, yo creo que están en este sentido más influidos por la Psicología del Yo y no por el psicoanálisis klei­niano. Pienso que hay contribuciones importantes con­cretas en la dinámica de parejas; especialmente Anzieu, que habló de la piel común de la pareja y del peligro de que una pareja que esté tan incluida en sí misma gene­re una agresión que la destruya. También habló de la importancia de que las parejas tengan períodos de cer­canía y de distanciamiento, de intimidad y de otras ex­periencias, para que se diluya la agresión que se genera en todas las relaciones humanas. Las parejas que viven en un medio social y que están totalmente aisladas ter­minan con graves conflictos internos. Por lo tanto, es importante que la pareja tenga su límite que la proteja de la familia, que la familia tenga su límite que la prote­ja del ambiente pero que sean límites semipermeables. Esta es la contribución de la escuela francesa que me parece importante. André Green, como ya dije, ha tenido contribuciones importantes respecto el manejo de agresiones inevitables. De hecho, las relaciones de amor tanto en el plano sexual, como emocional y de valores, dependen de la integración entre amor y odio en el sentido de que en el impulso, la excitación sexual, el deseo sexual normal, contiene siem­pre un elemento agresivo: el deseo de penetrar o de ser penetrado que intensifica la excitación sexual. En la relación humana, el paso de la posesión esqui­zoparanoide a la posesión depresiva que implica inte­gración de los elementos agresivos dentro de la tole­rancia de ambivalencia muestra también la integración de amor y odio. En el plano de los valores, el Superyó tiene que poder poner límites, una obligación moral a la pareja pero, al mismo tiempo, protegerla de ataques externos. Quisiera saber su opinión en cuanto a la visión sistémica de la terapia de pareja desde la perspectiva psicoanalítica y cómo valora usted la terapia con participación de familiares cuando aborda la pareja, si en algún momento la ha considerado. Mi conocimiento de la aplicación de la teoría de sistémica de tratamiento de parejas es limitado pero tengo la impresión que está muy cercana a la teoría moderna de las relaciones de objeto. Una crítica que yo tengo al enfoque sistémico es que tiende a ver la problemática en la estructura colectiva, ya sea de pare­ja o de familia, mientras yo pienso que, a veces, la pro­blemática está dentro de un individuo. Muchas veces, se trata de una problemática de relación pero otras es un individuo enfermo el que enferma a todo el siste­ma. Así que quizás encontremos aquí una diferencia de énfasis pero mi conocimiento al respecto es limita­do. En todo caso, creo que la teoría sistémica también tomó sus raíces, si no me equivoco, en los trabajos de Henry Dicks.  Hoy en día, dicho de paso, me parece que los tra­tamientos de pareja desde un punto de visto analítico están concentrados en dos instituciones: una, la clínica Tavistock, que está bajo influencia kleiniana y usa con­ceptos kleinianos y otro, el grupo estudio de pareja de California. Éste último está muy influido por la teoría de apego. Estudiando las contribuciones, confieso que pienso que las de la clínica Tavistock son más profun­das pero la verdad es que ha habido muy poco avance teórico desde los trabajos de Henry Dicks. Hay algo que no entiendo y que debo mencionarlo. Los autores presentes de la clínica Tavistock se refieren muy poco a Henry Dicks. Hay como una tendencia a ignorarlo que no sé a qué situación política se refiere pero mi inten­ción es averiguar qué es lo que pasa.

Bibliografía

Anzieu, D. (1987). El yo-piel. Madrid: Biblioteca Nueva.  Dicks, H. V. (1970). Tensiones matrimoniales. Buenos Aires: Hormé.

Fairbairn, W. R. D. (1966). Estudio psicoanalítico de la personalidad. Buenos Aires: Hormé.  

Gottman, J. M. (2000). Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione. Nueva York: Random House/Three Rivers.

McDougall, J. (1978). Plaidoyer pour une certaine anor­malité. París: Gallimard.  

Scharff, J. S. y Scharff, D. E. (2008). Object rela­tions couple therapy. En A. S. Gurman (Ed.), Clinical handbook of couple therapy, 4ª Ed. (págs. 167-195). Nueva York: Guilford.