Violencia de género en la pareja y su impacto en los menores. Estudio de caso

Juan Bustamante y Elisabeth Ballús

RESUMEN

El objetivo de este estudio es describir las consecuencias psicológicas y emocionales que la violencia de género en la pareja produce en los niños, a través de un diseño de estudio de caso. Se presenta la situación de una menor expuesta a la violencia de género a la que se le administraron dos pruebas proyectivas, el CAT-A y el Test de las Dos Figuras Humanas (T2F). Los resultados obtenidos del CAT-A sugieren que predominan sentimientos de miedo, en que las figuras parentales son percibidas como ausentes y frustrantes; el entorno se distingue por ser amenazante y la autoimagen se caracteriza por la de inseguridad y estar perdida. En relación al segundo (T2F), se observa la presencia de indicadores emocionales vinculados a sentimientos de soledad, dificultades en las habilidades sociales y necesidad de contacto. PALABRAS CLAVES: violencia de género, mundo interno, pruebas proyectivas, indicadores madurativos y emocionales.

ABSTRACT  

Gender violence in the couple and its impact on minors. Case study. The objective of this study is to describe, through a case study design, the psychological and emotional consequences that gender-based violence in the couple has on children. A case of a minor that was exposed to gender violence is presented, she had been submitted to two projective tests, the CAT-A and the Test of the two human figures (T2F). The results obtained from CAT-A suggest that feelings of fear predominate, in which parental figures are perceived as absent and frustrating; The environment is distinguished by being menacing and the self-image is characterized by the insecurity and being lost. In relation to the second (T2F), we see the presence of emotional indicators linked to feelings of loneliness, difficulties in social skills and need for contact. KEY WORDS: gender violence, internal world, projective testing, mature and emotional indicators.

RESUM  

Violència de gènere en la parella i el seu impacte en els menors. Estudi de cas. L’objectiu d’aquest estudi és descriure les conseqüències psicològiques i emocionals que la violència de gènere en la parella produeix en els infants, mitjançant el disseny d’un estudi de cas. Es presenta la situació d’una menor exposada a la violència de gènere a qui es van administrar dues proves projectives, el CAT-A i el Test de les Dues Figures Humanes. Els resultats obtinguts del CAT-A suggereixen que predominen sentiments de por, en els quals les figures parentals són percebudes com absents i frustrants; l’entorn es distin­geix perquè és amenaçant i l’autoimatge es caracteritza per la d’inseguretat i estar perduda. En relació amb el segon (T2F), s’observa la presència d’indicadors emocionals vinculats a sentiments de soledat, dificultats en les habilitats socials i necessitat de contacte. PARAULES CLAU: violència de gènere, món intern, proves projectives, indicadors maduratius i emocionals.

Introducción

La violencia de género en la pareja es un hecho re­conocido como problema social desde la década de los 60. Anteriormente, se consideraba como un tema privado en el que no se podía intervenir ni mencio­nar (Bosch y Ferrer, 2000), como tampoco conocer la repercusión que ha tenido en la salud mental de quienes han estado expuestos a ella, las mujeres y sus hijos (Fremont, 2004; Horn y Trickett, 1998; Palacio, Sabatier, Abelló y Madariaga, 2000). Diversos estudios plantean que la violencia de género versa en el poder ejercido hacia la mujer y que supone un intento de con­trol de la relación y abuso de poder (Corsi, 1995). Los hombres ejercen maltrato como estrategia de control o castigo hacia la mujer para asegurar su so­metimiento y cambiar su conducta (Alberdi y Matas, 2002). Esta diferencia entre hombres y mujeres dada por el sistema patriarcal de nuestra sociedad favorece la construcción social en base al desequilibrio en las relaciones de poder establecidas (Ajuntament de Bar­celona, 2007). Este contexto de desigualdad también afecta a los me­nores que están expuestos a esta situación de tensión y malestar. El ambiente de violencia se ha definido como el tipo de maltrato infantil más frecuente (Russell, Sprin­ger y Greenfield, 2010; Valencia, 2016) y coloca a los menores en una zona de guerra que define un tipo de abuso hacia ellos (Lemmy, McFarlane, Wilson y Malec­cha, 2001). En este entorno de trasgresión, los efectos producidos por este evento traumático de forma croni­ficada pueden repercutir profundamente en el funciona­miento vital de quienes lo viven (Lazarus, 2000).  La sintomatología manifiesta ha sido ampliamente investigada, evidenciando que los menores presentan mayor comportamiento violento hacia sus iguales y hacia la madre, así como síntomas de ansiedad, triste­za, aislamiento y miedo hacia el maltratador (Corbalán y Patró, 2003). Los efectos se manifiestan en el ámbito cognitivo, conductual y emocional (Espinosa, 2004) y presentan aspectos psicopatológicos asociados a hipe­ractividad, trastornos de conducta, emocionales y de eliminación (Cervantes y García-López, 2012). Tam­bién origina sintomatología compatible con el trastor­no de estrés post traumático, además de dificultades de aprendizaje, cognitivas, conductas impulsivas y emo­cionales; manifiestan baja autoestima, ansiedad, depre­sión, conductas agresivas y fracaso escolar (Litcher y McCloskey, 2004; Caspi et al., 2003). La vivencia de esta situación traumática depende, entre otras cosas, del impacto que haya recibido en su aparato psíquico y de los factores sociales que hayan actuado como facto­res protectores (Luongo, Garroni, Portillo y Santana, 2006).  Los aspectos sintomatológicos y conductuales deri­vados de la violencia de género han sido descritos en diversos estudios (Patró y Limiñana, 2005; Holt, Buc­kley y Whelan, 2008; Khon, Jaffe, Odgers y Gallop, 2008; McFarlane, Groff, O’Brien y Watson, 2005; Wol­fe, Crooks, Lee, McIntyre-Smith y Jafee, 2003), siendo importante también conocer la experiencia interna e inconsciente que estos menores, siendo testigos de vio­lencia, han vivido. Esto permitirá establecer mecanis­mos reparadores para los menores que la han sufrido y dar herramientas adecuadas a los profesionales que intervienen en este proceso de recuperación. De esta manera, se podrá atender los diferentes aspectos indi­viduales y sociales que han influido en la construcción de su historia vital dado en este entorno de violencia.  El objetivo de este estudio es identificar y describir las consecuencias psicológicas y emocionales de una menor que ha sido expuesta a la violencia de género en la pareja. Para esto se han establecido indicadores que han permitido conocer el estado emocional pre­dominante, los mecanismos de defensa utilizados, la autoimagen, la percepción de las figuras parentales, la percepción del entorno y, finalmente, la presencia de indicadores madurativos y emocionales. Para cumplir estos objetivos ha sido fundamental utilizar pruebas proyectivas. Teniendo en cuenta que los infantes que han pasado por situaciones emocionalmente intensas y/o traumáticas no son capaces de verbalizar su males­tar directamente, estas herramientas permiten acceder a aspectos inconscientes y conocer la dinámica interna.

Método  

Participantes

Este caso forma parte de una muestra más amplia de menores que han estado expuestos a violencia de género en la pareja. La menor ha cumplido con los si­guientes criterios de inclusión: familia con anteceden­tes por violencia de género y que reside con su madre en pisos de acogida dentro de los primeros tres meses. Como criterios de exclusión, presentar algún trastorno diagnosticado (según criterios DSM V [2013] y CIE 10 [1992]) o reportado por su madre al momento de la in­vestigación y que haya recibido apoyo terapéutico con anterioridad.

Contextualización del caso

La menor tiene ocho años y proviene de familia espa­ñola. Es hija única de una relación en la que ha habido violencia de género tanto física como emocional a lo largo de 12 años. La violencia a la que ha sido expuesta ha aumentado en intensidad en el último año, sin que haya habido agresión directa hacia ella. No se infor­ma sobre antecedentes de drogadicción o problemas mentales de ambos progenitores. La situación socioe­conómica es precaria, ya que la madre no cuenta con estabilidad laboral. La menor ha mostrado dificultades en su proceso de aprendizaje debido a absentismo es­colar y baja concentración en las tareas escolares. Su conducta es definida como contenida; disfruta de las amistades aunque ha establecido un número reducido de ellas; se muestra atenta aunque poco participativa de las actividades grupales. No se reportan dificultades significativas en el desarrollo evolutivo. Tienen familia extensa por parte de madre, aunque la relación con ésta es distante y no hay contacto con la paterna. La madre informa que en los últimos meses ha observado que la menor se muestra dependiente, sensible y desmotivada.

Instrumentos

CAT-A (Bellak, 1975). Es una prueba proyectiva creada en 1949 como alternativa al Test de Murray y que ofrece información sobre los principales conflictos del niño, sus figuras de identificación, necesidades, de­fensas y ansiedades (Schwartz y Caride, 1999). Consta de diez láminas de animales en situaciones diversas y puede aplicarse a menores de entre tres y diez años de ambos géneros. Implica la administración de las diez láminas en el orden secuencial establecido por el au­tor. La consigna es: “jugaremos a contar cuentos. Tú los contarás mirando las láminas y me dirás qué suce­de, qué están haciendo los animales”. En el momento oportuno, se le preguntará “¿qué ha sucedido antes?” y “¿qué sucederá después?”. El evaluador debe estimular al infante a generar respuestas a partir de indicaciones neutras (“cuéntame un poco más”, “y entonces…”) sin sugerir contenidos no planteados por el menor. Es importante hacer un registro preciso de la narra­ción creada, así como de la actitud del infante durante la aplicación de la prueba. Las respuestas se registran literalmente y se analizan de acuerdo a las instrucciones de interpretación planteadas por el autor (Bellak, 1975). Test de las dos figuras humanas (Maganto y Garaigor­dobil, 2009). Es una prueba proyectiva gráfica que per­mite identificar las posibles dificultades del funciona­miento intelectual/madurativo (T2F-M) y emocional (T2F-E) que se puedan presentar en el menor. El ám­bito de aplicación abarca el clínico, educativo y social. Otro aspecto importante es que facilita la aplicación a infantes con dificultades de lenguaje o cognitivas al no ser una prueba verbal. Este instrumento valora me­diante una metodología psicométrica aspectos evoluti­vos y proyectivos, para así dar mayor validez y fiabilidad a la misma. Consta de dos plantillas de corrección, una para cada escala (madurativa y mental). La madurativa consta de 52 ítems; la presencia de éstos se puntúa y el valor resultante se transforma en percentiles para cada edad. Con este valor se interpreta la edad madurativa del menor. Clasifica a cada infante en relación a su gru­po normativo, edad y género. La segunda, la emocio­nal, consta de 35 ítems. El sistema de puntuación in­dica la presencia de indicadores emocionales teniendo en cuenta edad y sexo. La interpretación de estos indi­cadores debe ser rigurosa, atendiendo a la edad de los menores, ya que existen variaciones en este aspecto. La aplicación consiste en pedirle al menor que dibuje una persona y después que dibuje otra, del género opuesto a la primera. Los baremos para el indicador madurativo constan de una tabla de conversión a percentiles para ambos sexos, a partir de la puntuación total y distribui­da desde tercero de Educación Infantil hasta sexto de Educación Primaria. La interpretación de percentiles se distribuye en rangos: • Percentil 0 – 30: rango inferior que indica problemas madurativos e intelectuales. • Percentil 30 – 70: rango normal. • Percentil 70 – 90: rango alto o muy alto. • Percentil superior a 90: rango superior. Los baremos para el indicador emocional también se distribuyen en una tabla de conversión de puntuación directa a percentil, habiendo tres tramos de corte. El primero, puntuaciones iguales o superiores al percentil 75, alerta sobre la posible existencia de problemas emo­cionales. El segundo, puntuaciones iguales o superiores al percentil 85, permite considerar con un alto nivel de probabilidad la existencia de problemas emocionales en un sujeto. Finalmente, las puntuaciones iguales o supe­riores al percentil 95 confirman la existencia de proble­mas emocionales en un sujeto.  

Procedimiento

Se contactó con un piso de acogida barcelonés a través de una entidad privada y se definió el caso que cumplía con los criterios de inclusión para el estudio. Posteriormente, se pidió a la madre su participación voluntaria en el estudio y se le garantizó la confidencia­lidad de la información que proporcionara. Las prue­bas fueron aplicadas en dos sesiones. En la primera, se estableció el vínculo con la menor y se realizó el T2F. Una semana después, se aplicó el CAT-A. Las entre­vistas se realizaron en la misma casa de acogida para preservar el entorno conocido por la menor, evitando así interferir en su rutina de manera significativa.

Análisis de los datos

Para el C.A.T-A se procedió a categorizar los conte­nidos de las historias en relación a seis indicadores defi­nidos operacionalmente para este estudio: Afectividad, Temática principal, Mecanismos de Defensa, Autoi­magen, Percepción de Figuras Parentales y Percepción del Entorno (ver Tabla 1 del anexo). Posteriormente se estableció la frecuencia para cada contenido y el indica­dor correspondiente.  A continuación se muestran los indicadores y la defi­nición operacional correspondiente: Afectividad, cuando el menor verbalice o aluda a un estado emocional en la historia narrada por el infante. En este indicador, se tienen en cuenta las emociones que se desprenden de las cuatro básicas: rabia, tristeza, miedo y alegría (Antoni y Zentner, 2015). Se especifica­rán las emociones mencionadas o sugeridas.  Temática principal, cuando el menor refiera o aluda a una temática central del relato que puede coincidir o no a la temática latente que Bellak (1975) plantea para cada lámina (oralidad, rivalidad fraterna, imagen pa­terna, imagen materna, curiosidad sexual, relación con carga agresiva, culpabilidad, soledad/abandono, miedo, aspectos del superyó). Mecanismos de defensa, mecanismos inconscientes que se infieren de las historias narradas del CAT-A. Para este estudio se utilizan los propuestos por Herrera (en Nuñez, 2010): 1. Represión: héroe bueno, se controla, aprende de las situaciones y las acepta tal y como son; imposición de castigo a personaje infantil; describir la lámina de modo indiferente, sin involucrarse. 2. Negación: referencia a pérdidas u olvidos en la historia o que lo ocurrido es un sueño, no real; omitir figuras o contenidos manifiestos que le pueden parecer conflictivos; verbalizaciones como: “no es…” 3. Regresión: nombrar elementos o situaciones rela­cionadas a etapas anteriores; autoreferencias en el rela­to; expresar una intensa emoción y sobresalto al narrar la historia, referir objetos persecutorios (fantasmas, brujas, hechiceros); decir frases sin sentido (como al inicio del habla); repetir insistentemente contenido de una lámina anterior. 4. Formación reactiva: el contenido de la historia es opuesto al presentado visualmente; exagerada referen­cia de limpieza o la bondad; personajes con actitud re­belde y oposicionista, personajes que no son buenos en un inicio y se transforman en buenos a partir de un cambio de identidad; discrepancia entre la emoción y el contenido del relato. 5. Aislamiento: se describen detalles de las situacio­nes o la estructura de la historia, obviando contenido emocional; los personajes experimentan diferentes vi­vencias sin reaccionar emocionalmente; huida del hé­roe al experimentar rabia, no tolerando su expresión; narrar historias de hadas; poner título al relato; rechazar la producción o bien que no es capaz de contar una historia. 6. Anulación: se proponen alternativas dormido-des­pierto en las historias; señalar que la historia creada no es adecuada y por ello se hará otra (“esa no mejor”); frases como “no son malos”, “desde entonces nunca jamás”; indecisión o duda de los personajes; soluciones alternativas al conflicto; pedir al evaluador que no ano­te lo narrado, que lo borre. 7. Disociación: podría manifestarse en las narracio­nes a través de historias imaginativas, con sentimientos que sólo son descritos. 8. Proyección: puede observarse en situaciones de agresión, donde se ataca y es atacado, pudiendo ser agresor; contenidos mágicos, personajes con poderes para afrontar las dificultades; tendencia a la adición de personajes u objetos relacionados con aspectos agresi­vos u orales. 9. Racionalización: en la narración, se observa cuan­do se justifican actos del héroe; tratar de describir emo­ciones detallando su origen. 10. Defensas hipomaníacas: pueden observarse cuan­do se exagera la expresión de afectos en los personajes; gran entusiasmo al describir las láminas; personajes in­fantiles con poder para resolver problemas presenta­dos; fiestas, describir ambientes soleados y con mucha luz; personajes en extremo activos, tanto mental como físicamente; negar invalidez. 11. Idealización: puede manifestarse a través de his­torias que convengan personajes muy buenos, finales felices, sin problemas, resolución mágica de los conflic­tos; personajes y ambientes acogedores. 12. Desplazamiento: en las historias se observa a tra­vés de la descripción de detalles superficiales; describir paisajes y contenido manifiesto más que los personajes. 13. Evitación: se pone en evidencia cuando con­ductualmente se manifiesta rechazo, silencio; realizar preguntas al evaluador; describir conflictos sin especi­ficarlos; al expresar alguna temática con un monto de ansiedad elevado se coarta o interrumpe el relato. Autoimagen, cuando el menor verbalice o aluda a tra­vés de verbos o adjetivos virtudes o defectos percibidos de sí mismo; registrando el tipo de cualidad menciona­da o sugerida. Percepción de las figuras parentales. Se evaluará este indi­cador siguiendo los parámetros de Yarnoz (1993), como figuras parentales frustrantes en verbalizaciones en las que el infante perciba a los progenitores como referen­tes que no satisfacen las necesidades; gratificantes, en verbalizaciones en la cuales el infante alude a bienestar, comodidad o satisfacción en relación a sus referentes; ausentes, en verbalizaciones en relación a la presencia de uno o ambos referentes o cuando no hay interacción con ellos; y agresivas, en verbalizaciones donde refie­ra una acción por parte de los referentes que signifique malestar, amenaza, abandono, disgusto o daño. Percepción del entorno. Continuando con los parámetros de Yarnoz (1993), se evaluará este indicador como gra­tificante, cuando el menor verbaliza o alude bienestar, satisfacción o comodidad por el entorno físico o afecti­vo que le rodea, o amenazante, cuando verbaliza o alu­de desagrado, preocupación, inquietud o miedo por el entorno afectivo o físico que le rodea. Para el T2F, se siguieron las pautas de corrección de las autoras, que consistieron en registrar la presencia de los ítems específicos para cada escala a partir de los dibujos hechos por la menor. Son 52 ítems para la es­cala madurativo/mental y 35 para la emocional. Segui­damente se transformó la puntuación total para cada escala en percentiles. Finalmente, este valor porcentual se contrastó con la tabla de corrección específica, dan­do la información de la edad madurativa y presencia de problemas emocionales.

Resultados

Del análisis de las historias del CAT-A, se muestra en la Tabla 2 del anexo la frecuencia de las respuestas dadas por la menor para cada indicador. Se despren­de que el estado emocional predominante es el miedo (60 %); en relación a la temática principal, se describe que un 50 % corresponden a temas relacionados con el peligro, daño o amenaza externa. Los mecanismos defensivos predominantes se relacionan con disocia­ción (40 %), aislamiento (20 %), formación reactiva (20 %) y represión (20 %). Por lo que respecta a la autoimagen, el 80 % refieren a sentimientos de preo­cupación, abandono, daño e inseguridad. La figura pa­terna es percibida mayormente como ausente (70 %) y también como frustrante (20 %) y agresiva (10 %). Por su parte, la madre es percibida como gratificante (40 %) y frustrante (40 %) y, en menor porcentaje, como ausente (10 %) y agresiva (10 %). Finalmente, se perci­be un entorno amenazante en la mayoría de las láminas (80 %) y sólo un 20 % como gratificante. En el T2F, obtiene la puntuación de 78, que corres­ponde a un percentil 10, que sugiere dificultades a nivel madurativo/mental en relación a la edad de la menor. Los indicadores emocionales muestran una puntuación de 6, que corresponde a un percentil 95, lo que con­firma la presencia de indicadores emocionales. Estos últimos sugieren necesidad de contacto, sentimiento de soledad, insuficientes habilidades sociales y compensa­ción de carencias percibidas en sí misma (ver Tabla 3 del anexo).

Discusión

Los menores que han vivido en una relación de vio­lencia de género también son víctimas, ya que la histo­ria del menor no es ajena a la historia de pareja. Es fun­damental atenderlos en un escenario social protector y reparador, ya que manifiestan problemas conductuales y emocionales graves.  Los resultados de este estudio concuerdan con las premisas teóricas mencionadas acerca de estas repercu­siones, ya que podrían sugerir que la vivencia interna de la menor estaría determinada por un marco de malestar generalizado. Ésta influye en la percepción de sí mis­mo y el vínculo establecido con sus referentes. De esta manera, se ve afectado el establecimiento de relacio­nes sociales satisfactorias (Lizana, 2014; Cairns, Cairns, Neckermarn, Gest y Gariepy, 1988; Emery, 1982 y Gonçalves, 2003). De la misma manera que afecta en un nivel conductual y emocional también lo hace en el desarrollo madurativo y cognitivo (García, 2006; Ro­mero, García, Ortega y Martínez, 2009).  El estado emocional presente en la menor caracterizado por el miedo, la rabia y la tristeza coincide también con diversas afirmaciones teóricas, ya que los menores no pue­den o no saben gestionarlas adecuadamente (Sepúlveda, 2006; Sternberg, Baradaran, Abbott, Lamb y Guterman, 2006; Rivett, Howarth y Harold, 2006; Hornor, 2005) teniendo repercusiones a corto y largo plazo (Gámez-Guadix y Almendros, 2011; Lizana, 2014). Es importante señalar que los indicadores propuestos ofrecen información que enriquece a la existente. Los mecanismos defensivos utilizados (disociación, forma­ción reactiva, represión y anulación) dan cuenta de las estrategias que la menor ha encontrado para protegerse del malestar y manejar las situaciones de tensión a la que ha sido expuesta; también la percepción del entor­no, cuya apreciación se caracteriza por ser amenazante, siendo un aspecto que podría evidenciar la sensación de hipervigilancia y alerta en la que se sitúan los menores. La utilización de pruebas proyectivas ha favorecido el acceso a aspectos inconscientes de la menor. Esto ha sido fundamental debido a la información que pue­de obtenerse de la vivencia interna del individuo y los mecanismos utilizados para afrontar situaciones emo­cionalmente intensas y atender su malestar, que no ha podido expresar directamente. Como limitación de este estudio, se tiene en cuenta que es un caso, por lo que sería interesante explorar con una muestra mayor y ampliar conocimientos acerca de este fenómeno social; de esta manera, podrían atender­se a otros aspectos que pueden afectar esta experiencia vital de los menores (sexo, tipo de maltrato, situación socioeconómica, si maltrato ejercido proviene o no del padre del menor, existencia de patología de los proge­nitores o de los infantes). Si bien existen estas limitacio­nes, la información obtenida de este estudio confirma que la exposición a la violencia de género está asociada con un mayor malestar emocional y que deviene como un problema grave para los menores que han sido ex­puestos a ella.  

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