Consecuencias de la explotación de los niños y niñas mediante su uso como soldados

Noemí Pereda

RESUMEN

Consecuencias de la explotación de los niños y niñas mediante su uso como soldados. La explotación de los niños como soldados es una violación de sus derechos y una grave forma de violencia institucional que ha ido aumentando en los últimos años y ante la que la comunidad internacional debe actuar. Un primer paso es reconocer a estos niños como víctimas, más allá de juzgarlos como victimarios de los crímenes más atroces. A su vez, conocer las consecuencias que sobre el desarrollo físico, afectivo, cognitivo y social tiene esta explotación es importante para los profesionales clínicos que, en un mundo globalizado, pueden tener que tratar a estos niños y las múltiples manifestaciones psicopatológicas que presentan derivadas de sus experiencias de trauma complejo. En esta revisión narrativa, se presenta una integración crítica de los principales efectos de la explotación como soldados en los niños, así como se apunta a aquellas líneas y programas de intervención que se están aplicando en su tratamiento. Palabras clave: niñas soldado, niños soldado, reclutamiento, conflictos armados, consecuencias, intervención, tratamiento.

ABSTRACT

Consequences of the exploitation of children using them as soldiers. The exploitation of children as soldiers is a violation of their rights and a serious form of institutional violence that has been increasing in recent years and against which the international community must act. A first step is to recognize these children as victims, beyond judging them as perpetrators of the most heinous crimes. In turn, knowing the consequences of this exploitation on physical, affective, cognitive and social development is important for clinicians who, in a globalized world, may have to treat these children and the multiple psychopathological manifestations they present as a result of their experiences of complex trauma. In this narrative review, a critical integration of the main effects of exploitation as soldiers on children is presented, as well as pointing to those lines and programs of intervention that are being applied in their treatment. Key words: girl soldiers, child soldiers, recruitment, armed conflicts, consequences, intervention, treatment.

RESUM

Conseqüències de l’explotació dels nens i nenes com a soldats. L’explotació dels nens com a soldats és una violació dels seus drets i una forma greu de violència institucional que ha anat augmentant els darrers anys i davant la qual la comunitat internacional ha d’actuar. Un primer pas és reconèixer aquests nens com a víctimes, més enllà de jutjar-los com a victimaris dels crims més atroços. Alhora, conèixer les conseqüències que sobre el desenvolupament físic, afectiu, cognitiu i social té aquesta explotació és important per als professionals clínics que, en un món globalitzat, poden haver de tractar aquests nens i les múltiples manifestacions psicopatològiques que presenten derivades de les seves experiències de trauma complex. En aquesta revisió narrativa es presenta una integració crítica dels principals efectes de l’explotació com a soldats en els infants, així com també s’apunten les línies i els programes d’intervenció que s’estan aplicant en el tractament. Paraules clau: nenes soldat, nens soldat, reclutament, conflictes armats, conseqüències, intervenció, tractament.

Introducción

El uso de los niños y niñas como soldados es una forma de explotación contra la infan­cia y la adolescencia que ha ido aumentando en los últimos años en los conflictos armados más violentos (Save the Children, 2019). La explotación de los niños y niñas como solda­dos supone la participación de cualquier per­sona menor de 18 años en cualquier tipo de fuerza armada, regular o irregular, para ser usados como escudos humanos, combatien­tes, espías, llevar a cabo atentados suicidas, pero también en funciones de apoyo como cocineros, porteadores o mensajeros y, es­pecialmente en el caso de las niñas, contraer matrimonios forzados y ser esclavas sexua­les. La definición incluye a los niños y niñas que prestan cualquier tipo de servicio para los grupos armados, aunque no participen di­rectamente en el combate portando armas.

Se trata de una violación de sus derechos que incluye diferentes formas de victimización y que se encuentra recogida en el artículo 38 de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989). A su vez, el Protocolo Facultativo de la Conven­ción sobre los Derechos del Niño relativo a la Participación de Niños en los Conflictos Arma­dos, aprobado por la Asamblea General el 25 de mayo de 2000, aumenta la protección de los ni­ños y niñas de 15 años o más con el objetivo de evitar que participen en conflictos armados.

Sin embargo, esta realidad, cuyo número de afectados se desconoce, pero que se presupone que afecta a cientos de miles de niños y niñas, si­gue siendo un fenómeno invisibilizado que se da en muchos países del mundo, violando las legis­laciones nacionales y las normas definidas por los convenios internacionales. Se trata de una de las más graves formas de violencia institucio­nal llevada a cabo, entre otros, en países como Afganistán, República Democrática del Congo, Chad, Myanmar (Palacián de Inza y Amador, 2017), Sudán, Sudán del Sur, Yemen y Somalia (Amador y Palacián de Inza, 2017), o Colombia (Alarcón-Palacio, 2019) y El Salvador (Santacruz y Arana, 2002). Países europeos, como el Reino Unido, también reclutan a menores de 18 años como política de estado en sus fuerzas armadas, constituyéndose en alrededor de un 20 % de to­dos los reclutados (Abu-Hayyeh y Singh, 2019).

Un aspecto a tener en cuenta es que los niños y niñas explotados como soldados son, proba­blemente, el ejemplo más ilustrativo del fenóme­no criminológico conocido como solapamiento entre víctima y ofensor, que se ha confirmado en una multiplicidad de delitos y contextos cul­turales (Posick y Gould, 2015). Todos los actos que son forzados a cometer los hacen verse a sí mismos, así como a la comunidad, como agresores, como victimarios, y no como vícti­mas, si bien comparten ambas condiciones. De acuerdo con Caballero (2012), los niños y niñas soldado deben ser considerados principalmente víctimas de los conflictos y no victimarios, aun­que puedan ser obligados por las fuerzas arma­das nacionales o forzados por guerrillas y grupos armados, de uno u otro modo, a cometer las más terribles atrocidades. De forma similar, Sampaio y McEvoy (2016), basándose en un análisis de las normas internacionales, abogan por tratar a los niños y niñas explotados como soldados siempre como víctimas, sin una intención real de participar en hostilidades. Los estudios alertan que el supuesto reclutamiento voluntario, que en algunos casos aducen, suele ser resultado de la especial vulnerabilidad de estos niños y niñas, ya sea por pobreza, abuso, discriminación y ex­clusión (Hinestroza-Arenas, 2008), perjudican­do gravemente su integridad física y emocional. A pesar de ello, sigue existiendo un gran debate sobre si estos menores deben ser considerados responsables de los actos cometidos como vic­timarios durante el tiempo pasado con los gru­pos armados y qué proceso de justicia se les debe aplicar (Haer, 2016).

A este tema se añaden las niñas y sus matri­monios y maternidad dentro del grupo militar. Por ejemplo, la Lord Resistance Army (LRA) del norte de Uganda, liderada por Joseph Kony, tuvo durante años como estrategia militar el matrimonio forzado de las niñas con líderes del grupo para, de este modo, contar con nuevas generaciones de niños y niñas forzados al reclu­tamiento desde su nacimiento. Así, las niñas ex­plotadas sexualmente, forzadas a contraer ma­trimonio y a tener hijos para el grupo armado, son víctimas directas de la brutalidad, mientras que sus hijos e hijas, nacidos para ser explota­dos por el grupo, son víctimas secundarias. Sin embargo, los estudios indican que estos niños y niñas son marginados como sujetos de dere­chos y que se les tiende a identificar con los vic­timarios, antes que como víctimas de la explo­tación y la violencia contra sus madres (Erjavec y Volčič, 2010).

Sean secuestrados, o se adhieran al grupo ar­mado por motivos diversos que puedan consi­derarse una opción voluntaria, los niños y niñas son sometidos a una estrategia de alienación y manipulación que tiene como objeto conver­tirlos en soldados obedientes que no conocen el miedo, destruyendo sus límites y barreras. En algunos casos, los explotadores se aprove­chan de sus creencias, usando rituales por parte de brujos, o ju-jus en Sierra Leona (Caballero, 2005), o el adoctrinamiento religioso en Irak (Kizilhan y Noll-Hussong, 2018), que les hacen creer que son invencibles, que disponen de po­deres sobrenaturales, que son los elegidos de Dios, así como se les deshumaniza ante el do­lor, la brutalidad y el terror. En algunos casos, se les hace beber sangre de sus víctimas, co­mer carne humana, o asesinar a miembros de su propia familia para destruir sus lazos familiares y comunitarios y hacerles creer que los explo­tadores son los únicos que los aceptan y que si abandonan el grupo no podrán regresar a nin­gún lugar. Las niñas también son coaccionadas con el daño que pueden hacerles a sus hijos e hijas si no obedecen, o el rechazo que sentirán si abandonan el grupo armado como madres sol­teras. A su vez, en muchos casos se utilizan dro­gas y alcohol para quitarles el miedo antes de entrar en combate, evitar el dolor y el cansancio y favorecer el estado de disociación necesario para hacer frente a la realidad (Blom y Pereda, 2009).

Objetivo del estudio

Estudios previos advertían que el impacto del uso de los niños y niñas como soldados sobre su salud mental era un tema muy poco estudia­do y que existían escasos trabajos en lengua española que permitieran a los profesionales conocer esta realidad (Blom y Pereda, 2009). Así, el objetivo de la presente revisión narrati­va (Greenhalgh et al., 2018) ha sido actualizar las publicaciones de los últimos años sobre las consecuencias de la explotación de los niños y niñas como soldado y acercarlas, mediante una integración crítica de sus resultados, a los pro­fesionales de nuestro país.

Las consecuencias de la explotación de los ni­ños y niñas como soldados

Entender las consecuencias del impacto de la explotación de los niños y niñas como soldados supone analizar los múltiples niveles de influen­cia que configuran la salud y el bienestar (Be­tancourt et al., 2018). Los niños y niñas explota­dos como soldados pierden su infancia y cargan con los efectos adversos de las experiencias que han vivido a lo largo de su vida. Por este motivo, los menores soldado forman un subgru­po dentro del conjunto de menores que han vi­vido la guerra, ya que afrontan una multiplicidad de experiencias potencialmente traumáticas que se añaden a las del resto de los menores en conflicto armado (Vindevogel et al., 2013a). En este sentido, los niños y niñas soldado no solo pueden desarrollar problemas derivados de su exposición a actos de violencia, o a la victimiza­ción directa que pueden sufrir, sino también a su propia perpetración de actos violentos contra otros (Wainryb, 2011). A su vez, algunos estudios han analizado efectos a largo plazo que pueden acabar afectando a los descendientes de estos niños y niñas, constituyéndose en un trauma in­tergeneracional que se transmite mediante la forma que tienen de criar a sus hijos e hijas, su elevado malestar emocional, o la estigmatiza­ción social que perciben (Song et al., 2014).

Los estudios de revisión llevados a cabo han mostrado que las experiencias vividas durante el conflicto van asociadas a una amplia variedad de problemas (Betancourt, Borisova et al., 2013) vinculados a un mayor riesgo de mortalidad, a enfermedades físicas derivadas de una peor nutrición, higiene, acceso a servicios o seguri­dad, un menor rendimiento educativo o incluso la ausencia total de educación, y una multiplici­dad de problemas sociales, de convivencia y de salud mental que incluyen el trastorno por es­trés postraumático (TEPT), al abuso del alcohol y otras drogas, las autolesiones o la ideación y conducta suicida, entre otros (Kadir et al., 2018). El estigma, la vergüenza y la culpa, la interiori­zación de la violencia como forma de relación, problemas de autoestima y autoconcepto, son también frecuentes y requieren de una interven­ción. En el caso de las niñas, tal y como ilustra la revisión de Freeman (2020), a todo ello se añaden los problemas sexuales y reproducti­vos, con múltiples lesiones y enfermedades de transmisión sexual así como, en muchos casos, con hijos e hijas propios, fruto de la explotación sexual, a su cargo. Entre los trabajos cuantitativos llevados a cabo para conocer las consecuencias de la ex­plotación de niños y niñas soldado, cabe des­tacar el Estudio Longitudinal de Jóvenes Afec­tados por a Guerra (The Longitudinal Study of War-Affected Youth, LSWAY) que analiza las consecuencias a largo plazo de niños y niñas que fueron soldados en la guerra civil de Sierra Leona desde su fin en 2002. Dentro de este es­tudio, Betancourt, Newnham et al. (2013), con una muestra de 243 adolescentes con una me­dia de edad cercana a los 17 años, que habían sido niños y niñas soldados, encuentran que, en el momento de inicio del estudio, un 32 % de la muestra presentaba síntomas compatibles con un diagnóstico de TEPT. Los casos con síntomas más intensos estaban vinculados a experiencias de violación y al haber herido o asesinado a otras personas. El porcentaje de casos con diag­nóstico de TEPT era del 16 %, seis años más tar­de. La muerte de uno de los padres por la guerra y la estigmatización por parte de la comunidad empeoraban los síntomas de TEPT significativa­mente, mientras que la aceptación de la familia reducía los síntomas de trastorno. En un estudio posterior, Betancourt et al. (2020) analizaron los efectos de haber sido niños soldado 14 años más tarde, encontrando un porcentaje del 47 % para ansiedad y depresión, y de un 28 % para el TEPT. Aquellos con una menor aceptación de sus familias y comunidad eran los que presen­taban un mayor riesgo de estos trastornos, así como de intentos de suicidio. Dentro del mismo estudio, Su et al. (2020) confirman que los ni­ños y niñas soldado altamente expuestos a si­tuaciones traumáticas durante su participación en el conflicto presentan más síntomas de TEPT, especialmente de hiperactivación, y más pro­blemas para la autoregulación emocional, años después. En Uganda, con una muestra de 330 niños y niñas soldado con una media de edad de 14 años, Klasen et al. (2010a) encuentran que un 33 % presentaba TEPT, un 36 % depresión ma­yor y un 61 % problemas de conducta y emocio­nales. El trabajo de Weierstall et al. (2012), tam­bién en Uganda, con 42 niños y niñas soldado de la LRA ilustra el efecto dosis respuesta entre el número de sucesos traumáticos vividos y la pre­sencia de TEPT, siempre más alto en estos niños y niñas que en aquellos no reclutados. Por su parte, Ertl et al. (2014) encuentran también una mayor exposición a violencia en un grupo de 474 niños y niñas soldado de entre 12 y 25 años en la actualidad, así como un 25 % de TEPT, en comparación con un 7 % en el grupo control, y un 16 % de ideación suicida, en comparación con un 6 % en el grupo control. Un mayor número de sucesos traumáticos, la pérdida de familiares directos y el número de actos violentos perpe­trados con violencia actuaban como factores de riesgo para el TEPT. Otro estudio, con 81 niños yazidíes, de entre 8 y 14 años, que habían sido explotados como soldados por el Estado Islámi­co en el norte de Irak entre 2014 y 2017 muestra el elevado porcentaje de TEPT (48 %), trastor­nos depresivos (46 %), trastornos de ansiedad (46 %), problemas somáticos (51 %), así como una marcada baja autoestima, al ser compara­dos con un grupo control de niños y niñas de la misma región (Kizilhan y Noll-Hussong, 2018). En uno de los pocos estudios centrado en las niñas soldado se observan problemas similares, con elevados niveles de TEPT y de agresión y conducta violenta (Robjant et al., 2020).

Cabe añadir que muchos de los síntomas de desajuste y malestar que presentan estos niños y niñas, una vez desmovilizados, se acercan más al concepto de trauma complejo o trastorno traumático del desarrollo (Cook et al., 2005), que a un diagnóstico de estrés postraumático. Estos niños y niñas presentan una diversidad de manifestaciones psicopatológicas que exceden la sintomatología del TEPT y que afectan a la regulación de sus afectos, cogniciones y con­ducta. Así, Klasen et al. (2013) encuentran que el trauma del desarrollo afecta a un 78 % de su muestra de 330 niños y niñas soldado de Ugan­da, de entre 11 y 17 años, mientras que la pre­valencia de TEPT es del 33 % y del 36 % para la depresión. La Tabla 1 del anexo muestra un resumen de los resultados de estos estudios.

A su vez, en un estudio cualitativo con una muestra de 26 niños soldado en Uganda, 10 años después de la desmilitarización, los auto­res encuentran emociones intensas de impoten­cia e ira, tras años de esperanzas frustradas re­lativas a su educación, posibilidades de empleo o ayudas del Estado (Both y Reis, 2014). Otro estudio cualitativo con una muestra de 60 niños y niñas nacidos en cautividad de matrimonios forzados entre niñas soldado y líderes de la LRA en el norte de Uganda (Denov y Lakor, 2018) también muestra el sentimiento de estigmatiza­ción, abandono y rechazo que los acompaña, la ruptura de sus lazos familiares con la figura del padre/comandante que los protegía e, incluso, en algunos casos con su madre, que ha rehecho su vida y tiene una nueva familia donde el hijo o hija derivado de un matrimonio forzado no tiene cabida, así como la violencia y el maltrato continuado por parte de otros familiares y cui­dadores. También muestran la marginación de­rivada del maltrato por parte de los profesores en su escuela, sus compañeros y compañeras y, en general, la comunidad, que tiene importantes repercusiones personales, sociales, educaciona­les y económicas para las víctimas (ver tabla 1 del anexo).

Pero la relación entre el reclutamiento como niño o niña soldado y el desarrollo de proble­mas psicológicos no parece ser directo. En esta línea, el trabajo de Murphy et al. (2017), con una muestra de 122 participantes de entre 18 y 25 años, niños y niñas soldado del norte de Ugan­da, apunta a que la rabia y la culpa actúan como mediadoras entre las experiencias vividas en la guerra y el desarrollo de TEPT, así que los pro­gramas de tratamiento deben dirigirse a inter­venir sobre estas emociones. De forma similar, Klasen et al. (2015), con una muestra del mismo país, detecta la culpa como una variable que incide en el diagnóstico de TEPT, depresión y síntomas externalizantes (ira, rabia, agresivi­dad). También en el norte de Uganda, el estudio WAYS (Amone-P’Olak et al., 2014) va en esta misma línea y ha confirmado que el entorno postconflicto es una variable que media entre el estado emocional de los niños y niñas solda­do y las experiencias vividas durante el mismo. Así, en una muestra de 539 adultos explotados como niños y niñas soldado por el LRA, la rela­ción entre las experiencias de la guerra y la sin­tomatología de ansiedad y depresión, así como los problemas de conducta, se ve influida por el entorno postconflicto (dificultades económicas, conflictos interpersonales). El trabajo de Kohrt et al. (2016) encuentra un porcentaje de TEPT del 16 % en 154 jóvenes nepalíes, de entre 16 y 26 años, que habían sido niños y niñas soldado, más del triple que en aquellos participantes que no lo habían sido. Sin embargo, la resiliencia au­topercibida era muy similar en ambos grupos, apelando los autores al estudio de esta variable que parece ser más compleja que la ausencia de psicopatología. Así, por ejemplo, Weierstall et al. (2012) encuentran un resultado difícil de interpretar, al observar que la propensión de estos niños y niñas a perpetrar actos violentos parece reducir el riesgo de desarrollar TEPT.

En esta línea, trabajos cualitativos como el de Medeiros et al. (2020) con 17 niños soldado ne­palíes advierten que la relación entre haber sido reclutado y el malestar psicológico no es direc­ta, universal ni inevitable, sino que depende, es­pecialmente, de variables sociales. Así, un sen­timiento de cercanía emocional con la familia, proximidad ideológica con los valores del grupo armado, vínculo con la comunidad y recursos para superar las limitaciones y dificultades de la vida postconflicto, afectan directamente al bienestar de los participantes. Esta capacidad de resiliencia también se ha encontrado en es­tudios previos como el de Klasen et al. (2010b), donde un 28 % de su muestra de niños y niñas soldado de Uganda no presentó TEPT, depre­sión ni problemas conductuales o emocionales significativos. En la misma línea, Vindevogel et al. (2013b), con una muestra de 424 niños y ni­ñas soldado con una media de edad de 16 años, atendidos en el Racheele Rehabilitation Centre en el norte de Uganda, encuentran que, a lar­go plazo, los efectos psicológicos que presen­tan estos niños y niñas están más relacionados con variables sociales que con lo vivido durante el conflicto. Así, no disponer de suficientes re­cursos para cubrir necesidades básicas o sen­tirse estigmatizado mediante insultos por parte de la comunidad son factores que incrementan el malestar, el miedo, el aislamiento y el estrés, mientras que la asistencia a la escuela y el apoyo de un profesional reduce las pesadillas y mejo­ra el funcionamiento psicológico. En un estudio similar, Vindevogel et al. (2014), con una mues­tra de 330 niños y niñas soldado con una me­dia de edad de 17 años, reclutados por el LRA, encuentran que la religiosidad, disponer de una red de apoyo social, formal e informal, el uso de un afrontamiento evitativo, ilustrado a través de actividades como el dibujo, y recursos tangibles como acceso a dinero, sustento y educación, son importantes en la recuperación de los niños y niñas soldado y deben tenerse en cuenta en los programas de intervención que deben, por tanto, incluir recursos humanos, sociales y cul­turales.

La intervención con niños y niñas soldado

La intervención con niños y niñas soldado es un proceso complejo que requiere que se tra­baje en varias áreas y desde distintas perspec­tivas, con un enfoque ecológico (Kiyala, 2021). Las intervenciones que se han llevado a cabo se engloban en programas de Desmoviliza­ción, Desarme, Rehabilitación y Reintegración (DDRR), aludiendo a sus principales fases (1). Así, la intervención con niños y niñas soldado debe ir dirigida a su desmovilización y desarme, en primer lugar, alejándose del grupo armado; a implementar programas terapéuticos y de inter­vención o rehabilitación, en un segundo lugar, que les permitan tratar muchos de los síntomas de malestar que presentan; y, en tercer lugar, a proyectos de reintegración social (educación y formación profesional) y a proporcionarles apo­yo psicosocial (apoyo entre niños y niñas de la misma edad, apoyo comunitario y orientación psicosocial).

En este sentido, la estigmatización y la exclu­sión son características de los niños y niñas sol­dado que deben tratarse y, para ello, contar con la comunidad es fundamental. La participación plena de la comunidad constituye un compo­nente integral de la creación de un ámbito de protección para los niños y niñas y para ayudar­les a resolver de manera conjunta los problemas de estigmatización, falta de recursos económi­cos y de oportunidades laborales, y otros de­safíos a los que se suelen enfrentar los meno­res soldado (Betancourt, Barisova et al., 2013). Estos programas también implican promover la reunificación de la familia como un factor de protección y apoyo fundamental en la reinte­gración social y la reincorporación a la vida civil (Borisova et al., 2013). A su vez, el apoyo de los iguales es otra de las variables que se ha visto que incrementa el bienestar emocional, facilita la integración y reduce la sintomatología pos­traumática en niños y niñas soldado (Morley y Kohrt, 2013). Se trata, por lo tanto, de potenciar la creación de un entorno protector para estos niños y niñas (Arenas y Greco Petry, 2014). Para ello, la sensibilización social respecto a la vul­nerabilidad y necesidades de los niños y niñas que regresan de los grupos armados, en casa, la escuela, la comunidad y el propio gobierno, es un primer paso que desarrollar (Denov y Lakor, 2018).

En este contexto, son diversos los programas que se han aplicado y que han presentado evi­dencia de su efectividad en la mejora del estado emocional de los niños y niñas soldado. Estos programas presentan múltiples formatos que in­cluyen actividades distintas (Ramírez-Guarín et al., 2022) y tienen efectos que no se limitan a mejorar el bienestar sino que, por ejemplo, tam­bién se ha visto que contribuyen a la prevención de nuevas conductas violentas (Kiyala, 2021). Muchos de estos programas tienen como obje­tivo incidir sobre las necesidades que presenta el niño o niña desde una perspectiva de ecolo­gía social (Kohrt, 2013). Entre estos, destaca el primer programa de acogida y rehabilitación de niños soldado creado en Sierra Leona en 1999 (Caballero, 2005), o el modelo SAFE de protec­ción en niños y niñas soldado (Betancourt et al., 2018). Concretamente, en el ámbito clínico, se han implementado programas para tratar los problemas de estrés postraumático, conducta agresiva y otros problemas clínicos y sociales que presentan muchos de estos niños y niñas. Entre ellos, cabe mencionar la Terapia Narrativa (Ertl et al., 2011; Robjant et al., 2019) y sus adap­taciones (Narrative Exposure Therapy for Foren­sic Offender Rehabilitation, FORNET) (Koebach et al., 2021), o la Terapia Cognitivo-Conductual centrada en el Trauma (TF-CBT), en formato de intervención grupal (McMullen et al., 2013).

Futuras líneas de trabajo

Una de las cuestiones a desarrollar en estudios futuros con niños y niñas soldado es la perspec­tiva de género. Los estudios revisados muestran que las niñas soldado suelen realizar las mismas funciones y tareas que los niños dentro de los distintos grupos armados, a la vez que son utili­zadas con fines de explotación sexual. Estas es­tán aún más expuestas a la violencia, en especial a la sexual, e incluso por parte de sus propios compañeros, lo que las posiciona en el último escalón de la discriminación (Jiménez, 2013). Al­gunos autores han alertado del mayor rechazo de la comunidad hacia las niñas, así como de la necesidad de replantear el tratamiento que se les ofrece, dado que sus necesidades específi­cas siguen siendo invisibles y los procesos de DDRR suelen ignorarlas (Caballero, 2012). Deri­vado de esta invisibilidad, la realidad de los ni­ños y niñas nacidos de la violencia sexual que han experimentado sus madres en el conflicto armado es otro de los temas que prácticamente no ha recibido ninguna atención, permanecien­do en el silencio, la vergüenza y la negación no sólo de la investigación, sino también de las po­líticas públicas (Denov, 2015).

Otro aspecto a tener en cuenta en futuros es­tudios es el análisis de los factores de protec­ción y la resiliencia en este colectivo, entendida como la capacidad de adaptarse y funcionar re­lativamente bien a pesar de la exposición a la adversidad (Masten et al. 1990). Esta capacidad se encuentra presente en un porcentaje de ni­ños y niñas soldado, como ha podido verse en los resultados de los estudios y, por tanto, es fundamental detectar aquellos factores que les han permitido desarrollar esta resiliencia, par­tiendo de la educación y las prácticas culturales y espirituales (Stark y Wessells, 2013).

Conclusiones

La existencia de niños y niñas soldado es una grave forma de explotación de la infancia que conlleva serias y perdurables consecuencias en su desarrollo, difíciles de tratar. En la última década, son diversos los trabajos que se han publicado al respecto, incrementando el cono­cimiento de los graves efectos de esta violen­cia institucional que se da de forma global en múltiples países del mundo. Los resultados de los diferentes estudios advierten que es nece­sario mantener una perspectiva de género, ya que las niñas son víctimas no sólo de las mis­mas atrocidades que sus compañeros, sino de violencia sexual y afectiva, manteniéndose su vergüenza y estigma una vez desmilitarizadas y transmitiendo esta marginación a los hijos e hijas que tuvieron dentro del grupo armado. Pero estas consecuencias no sólo afectan a los niños y niñas sino también a la sociedad, que pierde un importante capital humano, necesario para poder seguir adelante cuando el conflicto armado ha finalizado. A su vez, desarrollar una comprensión más detallada de los factores cul­turales, sociales e interpersonales involucrados en la  rehabilitación de los niños y niñas soldados puede ayudar a políticas públicas y prácticas de intervención y tratamiento más eficaces. Se tra­ta de no simplificar la realidad de estos niños y niñas y de analizar en profundidad el complejo perfil de factores de riesgo y de protección, en un contexto que va más allá del individuo y afec­ta a sus pares, familia y comunidad, que inciden en el desarrollo de psicopatología y malestar o, por el contrario, en su resiliencia y reintegración (Wainryb y Kerig, 2013).

Notas

(1) Véase el centro de recursos de las Nacio­nes Unidas sobre este proceso y sus fases en https://www.unddr.org/

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