¿Vidas paralelas?: Hacia el año de vida (y II)

J. L. Tizón; N. Amado; P. Jufresa; A. Gamiz; I. Hernández; I. Minguella; M. Martínez

 

RESUMEN

Se comparan sesiones de observación realizadas según el método de Esther Bick. Dos corresponden a un niño observado en su familia, durante más de un año, según la técnica clásica. Otras dos corresponden a otro niño, ingresado desde el nacimiento en un Centro de Acogida de Menores del Departamento de Justicia. La técnica observacional es la misma, si bien la situación de la observación y el desarrollo difieren ampliamente entre un bebé y el otro. Se muestran dos observaciones aproximadamente coetáneas: a los seis meses de edad del niño y a los doce meses. Las sesiones fueron escogidas según el criterio de los observadores y participantes en el seminario y no del coordinador del mismo. Finalmente se aportan unas reflexiones sobre el desarrollo en la primera infancia y sus resultados en las dos situaciones. PALABRAS CLAVE: observación, primera infancia, institucionalización, cuidados en grupo, centros de acogida.

ABSTRACT

Parallel lives?: observation of a baby in his family and of a baby in a reception centre for minors (Part II). Two observation sessions, following Esther Bick’s method, are compared. They correspond to a boy observed in his family and to a boy living from birth onwards in a Reception Centre for Minors pertaining to the Catalan Department of Justice. The observation technique employed was the classical one, although the contexts of observation and developments greatly differed between one baby and the other. Two approximately contemporary observations are compared: at 6 and 12 months. To avoid a preconception bias, the observation sessions were chosen according to the criteria of the observers and participants in the seminar, and not the seminar director. The paper finally makes some reflections concerning early childhood development and the outcomes in each case. KEY WORDS: observation, early childhood, institutionalization, group-care, reception centres.

RESUM

Vides paral·leles?: observació d’un bebè en la seva família i d’un coetani acollit en una institució (i II). Es comparen dues sessions d’observació realitzades segons el mètode d’Esther Bick. Unes corresponen a un nen observat en la seva família, durant més d’un any, segons la tècnica clàssica. Les altres corresponen a altre nen que ha estat ingressat en un centre d’acollida de menors del Departament de Justícia des del naixement. La tècnica observacional és també la mateixa si bé la situació de l’observació i el desenvolupament són molt diferents entre un bebè i l’altre. Es comparen dues observacions aproximadament coetànies: als 6 i als 12 mesos. Les sessions es van escollir segons el criteri dels observadors i participants en el seminari i no segons el del coordinador del seminari. Finalment s’aporten unes reflexions sobre el desenvolupament en la primera infància i els seus resultats en les dues situacions. PARAULES CLAU: observació, primera infància, institucionalització, cures en grup, centres d’acollida.

Continuamos en esta segunda parte las observaciones y reflexiones que nos propusimos en el artículo anterior. Como allí recordábamos, los efectos comparativamente desventajosos que la crianza en institución posee para los humanos en formación han podido documentarse en multitud de ocasiones, desde las observaciones pioneres de Spitz (1965) en la especie humana hasta la larga serie de experiencias de los Harlow y sus discípulos con especies no humanas (1971). Sin embargo, esos hallazgos siempre han sido discutidos por partidarios de otras posturas y vías educativas, que echaban en cara al psicoanàlisis una cierta exageración de los efectos negativos de la institucionalización y una caricaturización de sus efectos, convirtiendo esa circunstancia vital, verdadero factor de riesgo para la salud mental, en una especie de determinante de graves problemas de salud mental. Por eso pensamos que podría ser útil reflexionar junto con los lectores sobre dos niños sometidos a esos dos medios de crianza. Son niños observados en nuestro seminario de Observación Terapéutica en la Infancia durante más de medio año. Las presentes observaciones «de campo», realizadas según la técnica de Esther Bick de observación naturalística (Bick 1964,1968; Pérez-Sánchez 1981; Sandri 1994; Haag 2002) se acordaron por motivos formativos la una y por motivos preventivos la otra. Sólo a posteriori se nos ocurrió su interés para reflexionar en grupo sobre el tema mediante las aportaciones que las observaciones realizan. En este segundo trabajo, de entre el conjunto de observaciones, intentamos ilustrar el tema con sendes observaciones cuando ambos niños tenían alrededor de 12 meses.

Gabriel

Datos de la observación: 12,30 de la mañana, domicilio familiar. Están presentes G y la madre. Edad de Gabriel: 12 meses y 1 día.

Observación número 34

Llego puntual. Sale la vecina con un nene y me explica que está esperando a su hija. Le comento que igual Aurora no está, porque no se ve el carrito. Pero cuando llamo a la puerta del piso, me abren enseguida. Han llegado, pero el pequeño se ha dormido en el cochecito y su madre le ha dejado ahí. Ella se está cambiando y me va explicando que ahora a veces le ocurre (lo de dormirse al venir de la guardería), pero que lo despierta para comer. Entramos, la madre se mete en la cocina y yo me quedo en el pasillo, observando a la madre y a G que duerme espatarrado en el cochecito. De tanto en tanto mueve el pie y la mano, pero está KO profundo. La madre le prepara la comida. Luego la pone en un plató y la mete en el microondas. El pequeño continúa durmiendo. La madre recoge la cocina y limpia los trastos. Cuando ha acabado, va a ver a G y le desata el cinturón. Le va diciendo cosas cariñosas, lo saca del cochecito, y el pequeño, como si nada. Le saca el anorak: el pequeño reposa en su hombro y continúa durmiendo. La madre le va hablando con suavidad, le saca los zapatos, le acaricia la cabeza, los cabellos… Gabriel está sudado: ella le seca con la mano e intenta despertarlo. Gabriel levanta la cabeza, aunque con los ojos bien cerrados. Mantiene la cabeza recta, pero sigue durmiendo. La madre continúa intentando despertarlo, pero el pequeño está muy dormido. Poco a poco intenta abrir los ojos, pero no reacciona. La madre le explica que ya es hora de comer y que no le puede dejar dormir, porque si no, después ni comerá ni dormirá. Sienta al niño en la trona. Gabriel me ha visto, pero no sonríe ni expresa nada. Ya en la silla, el nene se queja y se revuelve Comienza a despertarse. Ve los tomates y los quiere agarrar. Me mira y comienza a sonreír, pero poquito, tímidamente. Estira los brazos hacia el mármol de la cocina. La madre le dice «¿Qué has visto, qué quieres?». Pero el pequeño no alcanza y la madre llega con un plato y se lo pone en la mesita. Gabriel observa. Aurora toma el babero y se lo pone: es de mariquitas rojas y el pequeño se las mira. Parece que le gustan y las toca con la mano. La madre saca un quesito blando de la nevera, se sienta y comienza a dar de comer al niño, que abre la boca. Gabriel ya se ha despertado y está reaccionando. Me mira y ríe. Toma el vaso de agua y bebe. La madre le va dando la comida sin dejar demasiado tiempo entre las cucharadas. Cuando acaba, le dice que muy bien y Gabriel, sin más, se pone a aplaudir. La madre le enseña el quesito y le pregunta si quiere. Le dice que le gustará. Como está frío, se lo explica y se lo acerca a la mano. El pequeño ríe y habla con la madre. Ella comienza a dárselo y, sin más, se lo va comiendo. Cuando acaba, limpia al nene y lo saca de la trona. Lo acaricia y besa y le explica que «ahora tenemos que hacer la digestión. Aún no puedes ir a dormir». Toma al nene en brazos y van hacia el comedor. Gabriel pasa muy cerca de mí, me estira la mano, quiere tocarme o venir. Su madre le dice «Ya has visto a Núria». El me saluda con la mano. Su madre le dice: «Dile hola» y parece que él repite. De golpe, hace el gesto de mandarme un beso con la mano. Se dirigen a la alfombra. La madre deja a G sentado y busca un juguete: los cubos para construir y para pasar piezas por las aberturas. Se los da al nene, que parece que sabe manejarlos bien. G intenta poner la tapa del cubo bastante bien. Después toma una pieza pequeña y la quiere poner dentro. La madre le enseña dónde está el agujero, y el nene lo encuentra y la pone dentro. Después lo intenta con los otros pero no le sale. Le hace gracia ver la pieza que ha colocado dentro y va hablando: está muy expresivo. Con gestos, pide ayuda a su madre y ella le dice dónde va la pieza, pero él no consigue ponerla dentro hasta que su madre no le dirige la mano. El pequeño está contento, mueve el cubo y hace ruido con las dos piezas dentro. Lo deja y estira medio cuerpo sobre las piernas de su madre, ella le acaricia y él sonríe y se incorpora. Mientras, la madre ha hecho un castillo con cubos de diferente tamaño. Gabriel los ve, se los mira, nos mira y sonríe. Va hacia allá, los toca y caen. Pero él está contento. La madre le dice si los va a buscar y sale tras uno de los cubos que da vueltas: lo mira, lo toma y vuelve hacia la alfombra. Se sitúa medio sobre su madre y ella vuelve a hacer la torre. El agarra dos cubos e imita el gesto: no se le aguantan porque lo hace en el aire, pero ha situado bien el pequeño sobre el grande. Pierde el equilibrio y cae de espaldas sobre la alfombra. Mientras está estirado, su madre le hace cosquillas y Gabriel ríe escandalosamente. G va a buscar un libro que hay en el suelo, y su madre va hacia la cocina. G la observa y la deja ir. Toma el libro y lo abre. Parece que se lo esté contando. Cierra el libro y se queja: se ha pillado el dedo con el libro. La madre lo oye y le pregunta qué le ha pasado, pero él toma el libro y va hacia la estantería. Parece que tiene intención de colocarlo con los otros. Cuando llega, se sienta y lo vuelve a mirar. Lo abre y con el dedo señala el tigre pequeño y parece que se lo cuenta. Deja el libro en el suelo y me mira. Lo tengo a un palmo, va hacia mi bota y se distrae con los cordones. Después se endereza y se pone derecho, apoyado en mi pierna. Me acerca la mano y parece que pida tocarme los pendientes. Yo intento quedarme sonriente pero sin moverme. El me ríe y se explica con monosílabos con diferentes intensidades de timbre. Cuando ve que no le respondo, baja y se distrae con mi bolso y mi abrigo: parece que sepa que son míos. Acaba junto al mueble de los juguetes y abre un cajón. Se estira con la cara en el suelo como si buscase la pose para dormir y se está así un ratito. La madre pregunta por él y Gabriel levanta la cabeza. Poco a poco se sitúa y gatea hacia la cocina. Llega y ve a su madre cortando y preparando alcachofas. El pequeño se acerca hasta sus piernas. La madre le explica que son alcachofas y las hace «cantar», hacer ruido al abrirlas y al romperlas. Al bebé parece que le gusta, pero hace un gesto extraño. La madre repite el sonido con cada alcachofa que prepara y el pequeño, cuando ve la alcachofa, se gira… La madre dice que le preparará el biberón y comienza a hacerlo. Cuando G lo ve, se sienta en el suelo y se queja, levanta los brazos, parece que le haya entrado hambre de golpe. La madre lo acaba de preparar y se lo calienta. Lo deja en un bol con agua fría y toma en brazos a G, que hace un rato que reclama. Le explica que primero hay que ir a cambiar el pañal y limpiar el culete. Así lo hacemos. G está tranquilo y feliz. Ha hecho caca, su madre le ha cambiado y limpiado. Después le lava la cara y él va lamiendo el agua. Se queda con el pañal pero sin pantalones. Su madre, con él en brazos, va a buscar el biberón, se sienta en el sofà y con G encima, le va dando besitos en la cabeza y cariños en la barriga y piernas, le pone el biberón en los labios. Gabriel ríe. Su madre se lo saca y se lo vuelve a poner, como si le engañase. No es la primera vez y pueden jugar. Finalmente G toma el biberón con las manos y se lo pone él mismo en la boca. Luego se lo saca y su madre se lo vuelve a poner. Él lo toma y ya no lo deja. Cuando aún queda leche, se lo quita de la boca y juega con él. La madre entiende que ya tiene bastante y lo retira. G protesta, pero se conforma enseguida. La madre le dice «Ahora, a dormir». G pasa delante de mí, me saluda con la mano y va hacia la cama.

Nolasc

Datos de la observación: 11 de la mañana. En el centro de acogida. Están presentes 2 cuidadoras, Nolasc y 2 niños más. Edad de Nolasc: 11meses y 25 días.

Observación número 20

Llego al centro a la hora habitual. Subo a la sala de siempre. En la sala solo está C. La terraza está abierta y veo a Ainoa barriendo. Le pregunto si Nolasc (N) está fuera. Me responde que sí. Salgo. N está jugando con un coche. Ainoa le dice: «Mira quién te viene a ver». N se ríe, parece que me diga «Hola». También veo a Manel tumbado en el suelo junto a otro coche. N está de pié, empujando su coche. Después se monta en él y empieza a deslazarse hacia atrás. Está contento. Ainoa le dice que vaya hacia delante. N camina hacia delante. A va haciendo: «Pi, pi, pii…». N hace «Rrrr…» con la llengua entre los labios, contento. Pasa por delante de donde estoy, me mira y me sonríe. Sigue andando hasta que llega a una casita de plástico. Se detiene junto a una de las ventanas que está cerrada con contraventanas. Baja del coche y se queda de pié junto a la ventana. La abre, mete la mano dentro de la casa y toca un grifo que está bajo la ventana. Saca la mano y vuelve a cerrar la ventana. La vuelve a abrir, mete la cabeza y mira dentro de la casa. Vuelve a salir y cierra la ventana. Sujetándose a la pared, se desplaza hacia otra ventana y de allí a la puerta. Abre la puerta y entra en la casa. En la entrada hay un escalón, que le hace caer. Se levanta, anda dos o tres pasos solo, sin agarrarse a nada, por dentro de la casa, hasta una mesa que está en el otro extremo, junto al grifo. Pega con las dos manos en la mesa. Toca el grifo, ahora desde dentro, y abre y cierra la ventana. Vuelve hacia la puerta y se cae. En el suelo, toca unas hojas de papel que estaban allí y se vuelve a poner de pié. Serafina me explica que ya anda solo. Le digo que ya lo he visto, pero ella insiste: que no solo unos pasitos, que ya cruza toda la terraza. N sigue dentro de la casa. Va hacia la puerta y parece que quiere abrirla hacia dentro. Como no se abre, empuja hacia fuera: quiere salir. Vuelve a caerse. Finalmente, sale gateando. Una vez está fuera, se incorpora y vuelve andando hacia la puerta. Mira, la abre, la cierra, sigue con la mano su contorno, se aparta, y se va andando hacia el coche. Vuelve a subir en él. Primero anda hacia atrás hasta, que choca con la pared. Después camina hacia delante. Va hablando, pasa junto a una pelota y la desplaza con la mano. Se acerca a la baranda de la terraza, baja del coche, oye a los niños que juegan en la terraza del piso de abajo y mira hacia allí. Después ve que Serafina ha dejado a Manel de pié junto a la ventana de la casita: se gira y va andando hacia allí. Va bastante rápido y se cae. Se vuelve a poner de pié y sigue andando. Entra en la casa y, como siempre, se cae. Se pone de pié y va hacia la ventana. Queda de pié frente a Manel. Parece que hablen entre ellos. Están contentos, balbucean. N golpea con las dos manos la mesa y después, parece que quiera subirse encima. Para ello, se ayuda trepando con los pies por la pared, pero no consigue subir. Se cae y vuelve a levantarse. Se dirige al otro lado. Ainoa le llama desde la ventana. La cierra y se esconde. N abre la ventana y la busca. Ainoa va a otra ventana. N la va siguiendo. Manel, mientras, se ha caído y está tumbado en el suelo. A dice: «¿Dónde está Manel?» N le señala con el dedo. N sale de la casa, se cae, se levanta y va hacia Ainoa, que le está llamando. N la sigue andando, solo. Van hasta el extremo de la terraza. Desde allí se ve la calle. Ainoa le señala cosas: «Mira, un coche». N intenta subir al escalón en que se aguanta la barandilla. Ainoa ve que tiene mocos y va a limpiarle. N va andando, solo. A medio camino, se cae, pero vuelve a levantarse y sigue andando hasta la puerta de entrada a la sala, que es donde tienen los pañuelos. Ainoa le limpia, N gesticula y se enfada, pero no llora. Después va hacia la baranda, para ver a los niños de abajo. Ainoa entra en la sala y quedan en la terraza Serafina con los tres niños. Cristina hoy llora continuamente. Serafina me explica que tiene las encías muy inflamadas, y que, por ello, está prácticamente todo el tiempo tranquilizando a la pequeña. N se suelta de la baranda y se sienta junto a una pelota. Serafina le dice que se la tire. N la toma con las dos manos y la tira. La pelota sigue rodando hasta el extremo de la terraza. N no la sigue: prefiere volver al coche. Deja el coche y vuelve a la casa. Abre y cierra la puerta, después entra. Al entrar, cae, se levanta y va hacia la mesa. Toca el grifo, parece que acerca la boca al grifo. Serafina le dice «¿Hay agua, N?» N sigue jugando. Va de un lado a otro de la casa, abre y cierra la puerta. De vez en cuando se cae, y aprovecha para jugar con las hojas que hay en suelo. Se pone de pié y saca la cabeza por las ventanas. Abre la puerta, sube el escalón y ya no se cae al salir. Vuelve a entrar, cierra la puerta. La vuelve a abrir. Primero lo intenta hacia dentro, después hacia fuera. Sale, cae al salir y sale gateando. Se pone de pié. Oye llorar a Cristina, y va hacia allí. Se queda parado junto a la niña, que está en su sillita. Serafina le dice que la mesa. N empieza a mecerla. Pasa entonces detrás de la sillita y la mece con más fuerza. Serafina le dice que vigile, que tenga cuidado. N le toca el cabello a la niña. Serafina le dice que la acaricie, pero no se fía, y se lo lleva con la excusa de limpiarle los mocos. N se enfada. Se queda sentado junto al otro coche. Lo empuja, intenta subirse a él, pero no puede. Al intentarlo, vuelca el coche. Levanta el asiento y mira a ver que hay dentro. Serafina le dice: «Que, ¿lo arreglas?». N se está enfadando. Serafina le dice que vaya a la casita. N ve que Manel vuelve a estar de pié junto a la casita y va hacia allá. Se pone de pié detrás de Manel y le toca. Parece que quiere que Manel se dé la vuelta y le mire. Serafina no se fía y le dice que vaya a cerrar la puerta. Le enseña el timbre y finalmente se mete en la casa. N va detrás de ella. Serafina sale de la casa y le dice: «Entra tú, que yo no quepo». N entra. Serafina le dice: «¿Dónde está Manel?». N le busca y cuando le ve, se dirige hacia él. Quedan de pié uno delante del otro. Manel se cae y N saca la cabeza por la ventana, para verle. Después sale de la casa y va andando. Se para en medio de la terraza, me ve y viene caminando hacia mí. Se sujeta en mis piernas, me mira, sonríe. Como que yo no le sigo el juego, se gira y va hacia Cristina que está llorando otra vez. Se queda de pié junto a ella. Serafina le dice que le dé el chupete. Él intenta acariciar a la niña, pero más que una caricia parece un cachete. Serafina le dice que vigile, que vaya con cuidado. N mece la sillita, con bastante fuerza. Serafina se lo vuelve a llevar, esta vez para limpiarle los mocos. Le deja en el suelo. N llora. Serafina le dice: «Rabietas no». N hace pucheritos pero no llora. Se va hacia la reja que impide la entrada en la sala, pero que en este momento está abierta. Se agarra a ella, quiere subir el escalón. Serafina tiene miedo de que se pille los dedos y cierra la reja. N se queda mirando hacia dentro. Oye llorar a los pequeños. Va andando a buscar el coche, primero lo empuja y después se monta en él. Entra la Directora del centro con un señor que viene a mirar los toldos. N se queda mirándoles. Vuelve a acercarse a mi lado. Se apoya un momento en mis piernas, me mira. Después se suelta y vuelve a la casita. Está un tiempo mirando la puerta. La abre, la cierra, entra, va hacia la mesa, intenta encaramarse a ella, no puede. Sale de la casa. Serafina le dice que toque el timbre. Nolasc busca el timbre, lo toca con el índice. Serafina hace: «Ring, ring…» Sale de la casa, se dirige al coche. Aprovecho para marchar, pues ya es la hora.

Discusión y reflexiones iniciales

Para no sesgar las reflexiones del lector (y, originalmente, del taller), hemos omitido hasta después de las sesiones una serie de informaciones sobre los niños, informaciones que, por otra parte, no poseían los observadores ni siquiera al final de la observación. Pero creemos que para la discusión científica son elementos que hay que tener en cuenta. Como ya hemos dicho, Gabriel tuvo un desarrollo bastante adecuado, sobre todo hasta que ingresó en la guardería, de forma temprana y bastante inopinada (patrones culturales de los padres, además de personales, debieron jugar un papel en ese hecho). Desde entonces, un niño que había destacado siempre por su salud y vitalidad, ha padecido numerosas recurrències de diversas infecciones y molestias orgánicas que, sin embargo, no han alterado gravemente su desarrollo psicomotor ni, probablemente, psicoafectivo, ni la relación con sus padres. Nolasc era el treceavo hijo de una familia de etnia gitana que vive en la calle. Los otros doce hijos les han sido retirados por la autoridad competente: nueve han crecido en centros de acogida (CRAE), tres en familias de acogida y Nolasc, en un centro, esperando –largo tiempo– ser acogido por una familia. Varios de los hermanos de Nolasc, a medida que han ido creciendo, han sido devueltos a la familia biológica (¿?). Casi todos los miembros de esta familia presentan problemas importantes de salud mental y toxicomanía y han pasado períodes en prisión a raíz de agresiones graves a otras personas. El resultado es que Nolasc ha sido ingresado desde el nacimiento en una institución de acogida, a pesar de que nació de un embarazo controlado y de un intento de la madre de organizar su situación. La pareja recibía ayuda social, vivía en una pensión, y ese embarazo parecía representar para ellos una forma de vida nueva. Por otro lado, continuaban los problemas de toxicomanía y agresividad en el padre y la imposibilidad de la madre de afrontar la situación. De ahí que el niño ingresara en centro inmediatamente después de nacer. En lo que entendimos como un intento reparatorio, la madre le ofreció la canastilla que había ido preparando para él. El desarrollo motor de Nolasc ha sido bueno. Desde las primeras observaciones hay desplazamiento autónomo. Primero se arrastró, después gateó y finalment caminó, a los 11 meses (antes que Gabriel). Era un niño muy rápido en sus movimientos. Sin embargo, como pudimos ver en las observaciones, la psicomotoricidad fina no era tan buena. Al principio le costaba abrir la mano, soltar los objetos. Al año de edad, abría y cerraba puertas, intentaba encajar piezas, podía apretar botones, hacía girar objetos, etc. Durante la observación y al final de la misma, Nolasc se muestra como un niño sociable en extremo. Siempre sonríe al que llega, intentando captar su atención. Parece no extrañar a nadie, quizás por el gran número de personas que participan en el cuidado de los niños en esa institución: tutoras, educadoras, voluntarias, estudiantes en prácticas, monjas y personal de la casa. Todas le conocían y él no extrañaba a nadie. También busca el contacto con otros niños. Desde las primeras observaciones se acerca a los otros niños. Si oye llorar a uno de ellos intenta calmarlo, o parece que se dirija a las cuidadores para que le atiendan. Aunque, por su brusquedat y falta de modulación, sus «caricias» son temidas, tanto por las cuidadoras como por los otros niños. Al principio seguía siempre a uno de los niños mayores, hasta que éste fue adoptado. Después, siguió buscando la compañía de los otros niños más que la de los adultos. En su relación con los otros niños era bastante dominante, haciendo valer su superioridad física. Pasaba literalmente por encima del que encontraba en su camino, y solía ser el más fuerte cuando dos niños querían el mismo juguete: de ahí que, a menudo, fuera tildado con los sobrenombres de «machote» y Terminator. Cuando una de las cuidadoras atendía a un niño, él se acercaba reclamando también su atención: de hecho, las cuidadores le calificaban de «celoso». Los días en que estaba enfermo o muy cansado, parecía necesitar más el contacto con la cuidadora. En esos días lloraba, cosa que no era habitual en él, y costaba más que se tranquilizara. En cuanto al lenguaje, era muy incipiente: «baba», «papa» y otras vocalizaciones elementales. Al final de la observación, al año, hacía «si» y «no» con la cabeza, y entendía las órdenes sencillas, como recoger los juguetes, hola y adiós. Conocía su nombre y los nombres de sus compañeros, y podía señalar alguna parte de su cuerpo. Una dificultad añadida, en cuanto al lenguaje, era la variedad de personal que atendía a los niños: unas hablaban catalán, otras castellano; con distintos acentos, además. Muchas veces las cuidadoras hablaban entre ellas y poco con los niños, y casi siempre sonaba en el centro alguna música de fondo, a veces con un volumen excesivo. Otro elemento a reseñar es la diferente actitud de Nolasc en las observaciones hechas en el centro de acogida, en las que parecía sentirse seguro y estaba muy activo, y las observaciones realizadas en el parque: allí el niño estaba mucho más quieto; quizás observaba más, se fijaba en todo, todo le llamaba la atención, pero le costaba desplazarse. Esperaba mucho más que en el centro la actuación de la cuidadora, aunque parecía disfrutar de los juegos, quizás porque comportaban una atención individual. En realidad, creemos que los juegos del parque de la zona al que acudíamos no eran adecuados para la edad de los niños, que en aquel momento solo gateaban. Comparando el desarrollo de los dos niños, destaca, obviamente, la estrecha relación de Gabriel con su madre, que Nolasc no ha disfrutado nunca. La madre de Gabriel no faltó en ninguna observación y menudearon en las sesiones los momentos de juego, las palabras afectuosas, caricias, juegos y arrumacos, aprovechando la comida, el baño, los cambios de pañal, etc. A Nolasc, en cambio, le califican de Terminator y hasta temen sus caricias. En ningún momento se han visto juegos de falda y muy poca actividad individual con él solo. En los momentos en que hay que limpiarle, predominan las palabras y los gestos de asco sobre las palabras cariñosas. Gabriel y su madre se entienden solo con mirarse: la mamá siempre sabe lo que el niño quiere o necesita en cada momento. Nolasc funciona con un horario: cuando toca levantarse, le sacan de la cama. Si es hora de jugar, juega; y cuando es hora de comer, le sientan en su silla, y allí está hasta que han acabado todos, sin tener en cuenta si está cansado, o si preferiría seguir durmiendo. Nolasc nunca ha tenido un adulto para él solo, aunque el hecho de que apareciera una observadora ha significado que todo el personal del centro le ha individualizado, diferenciado, atendido diferenciadamente. De alguna forma es lo que esperábamos y deseábamos en el seminario cuando planteamos su «observación terapéutica», pero el efecto ha sido mucho mayor del esperado, pues desde su nacimiento comparte habitación de día y de noche con siete-ocho niños, y le atiende un gran número de personas, repartidas en dos o tres turnos. Nolasc parece conocerlas a todas, pero la observadora no tiene tan claro que en realidad las diferencie. A pesar de todo lo anterior, Nolasc parece tener un desarrollo motor mayor y/o más rápido que Gabriel. La observadora de entrada apuntó que ello deberse a que desde el principio Nolasc ha tenido mucho espacio donde desenvolverse, sin muchas barreras físicas ni frenos, lo que le ha permitido explorar el espacio e ir desarrollando sus capacidades. En una casa familiar es más difícil disponer de un espacio amplio y sin obstáculos por donde desplazarse libremente. En cambio, Gabriel tiene mejor motricidad fina (y, por supuesto, una mayor y más fina modulación emocional): mira cuentos, pasa las páginas, puede ordenarlos. Conoce bien los juegos de que dispone y los va a buscar. Sabe los que pertenecen a su hermana y cuáles son suyos, en una clara manifestación de la organización del self, de la identidad. Por el contrario, Nolasc tiene acceso a muchos juguetes, que suelen ser adecuados a la edad y variados, pero siempre compartidos, a menudo con conflictos entre pares. Al pensar comparativamente en las dos observaciones, nos dimos cuenta de que en ellas faltan sesiones de observación en las cuales se vea la relación de Gabriel con otros niños de su edad. Va a la guardería, pero no se ha realizado ninguna observación allí. Nolasc «vive» en la guardería. Está habituado a compartirlo todo. Disfruta con la compañía de otros niños, la busca, aunque de alguna forma pasa por encima de los demás, haciendo valer su superioridad física. Algunas de las reflexiones anteriores hacen pensar hasta qué punto ciertas premisas que suelen postularse para el desarrollo de los niños de institución corresponden, en buena medida, a generalizaciones abusivas y poco asentadas en la observación cuidadosa o los estudios empíricos: se trata de un tema demasiado cargado de afectos e ideología como para que aún pueda observarse e investigarse sin prejuicios, al menos si no se utilizan técnicas estrictas. Y aún así, las posibilidades de sesgos y deformaciones ideológicas son notables: un observador o pensador de base colectivista, social, comunitarista, tenderá a seleccionar los logros, avances, la ausencia de daños aparatosos que Nolasc muestra en estas comparaciones. Un observador de base ideològica individualista, personalista, psicoanalítica tradicional, remarcará las diferencias entre uno y otro niño y las dificultades de Nolasc ya al año y en el futuro. Serían unas diferencias que, como mero apunte y para ayudar a la reflexión y a la discusión, nosotros hemos resumido en cinco ámbitos:

  • Desarrollo del lenguaje. Mucho mayor y más matizado en Gabriel y con cierto retraso, al menos expresivo, en Nolasc.
  • Desarrollo psicomotor: La motoricidad amplia parece ser mejor y más avanzada en Nolasc. Sin embargo, muestra ya algunos déficits de psicomotoricidad fina, aspecto que queda remarcado por la delicada y cuidadosa psicomotoricidad desarrollada por Gabriel.
  • Ambos niños parecen muy sociables e interesados por los demás. Nolasc, por todos, de tal forma que su interés social parece algo general, superficial e indiferenciado. Gabriel casi sólo ha podido ser observado en familia y, por tanto, sólo sabemos de su socialización familiar, aunque, en su día, dio claras muestras de «ansiedad ante el extraño» (el segundo organizador), algo que sólo pudimos intuir en Nolasc, y sólo ocasionalment –un dato más para las dificultades de diferenciación–.
  • Ambos tiene un gran capacidad e interés para interactuar en su medio habitual (familia y centro) y se muestran interesados por los avatares conductuales y afectivos de cada medio.
  • Las habilidades y capacidades discriminativas en la comunicación afectiva son muy amplias y multimodales en Gabriel, mientras que en Nolasc, simplemente, son difíciles de observar, dada la escasez de respuestas afectives directas que recibe. Es fácil hipotetizar que esa es la situación que seguirá en el futuro y que, por tanto, Nolasc poseerá una menor capacidad de comunicación emocional, de comunicación profunda, que su «teoria de la mente» del otro estará más o menos empobrecida en el futuro. Pero esas diferencias, y otras muchas que nos hemos planteado a lo largo de estas difíciles observaciones, son hipótesis que habría que probar con un adecuado estudio, ya sea observacional, clínico, o incluso experimental, de niños colocados en esas situaciones –situacions que, por desgracia, siguen dándose cotidianamente en nuestras sociedades y, por cierto, con resultados a menudo más aparatosamente deficientes que en Nolasc–. Nos referimos a las situaciones en las cuales los niños son dejados en instituciones durante semanas, meses o incluso años, sin que se defina un cuidador principal para cada uno, personalizado; sin que haya una estabilidad mínima de los cuidadores, que pueden rotar un mínimo de tres turnos y, en ocasiones, hasta en cinco turnos; sin actividades organizadas y dirigidas intencionalment a sustituir, al menos parcialmente, la falta de relación primigenia de esos niños y una cierta carència de estímulos (que pueden ser proporcionados, al menos parcialmente, por el ambiente material y por las abigarradas relaciones con los pares que se establecen en tales instituciones, como muy bien mostraron las observaciones de Nolasc). Para terminar diremos que en el seminario, al realizar el trabajo, nos planteábamos cómo todo lo anterior se estará representando en el mundo interno de ambos niños y cómo irá estructurándose éste en función de las grandes diferencias iniciales. Pero sobre todo, al final de la observación de Nolasc, predominaban en el seminario dos tipos de impresiones: En primer lugar, que la observación había sido de inestimable ayuda para que Nolasc fuera diferenciado y considerado en la institución. En segundo lugar, las dudas y temores sobre el porvenir de Nolasc. No sólo por este primer año de su desarrollo, sino por cómo esta (posible) fragilidad o vulnerabilidad inicial podrá soportar las presiones, desequilibrios y problemas del resto de la vida. A pesar de que Nolasc, ya de entrada, ha dado importantes muestras de resiliencia, y parece estar especialmente bien dotado a nivel connatal, la duda es hasta qué punto el desarrollo inicial puede llevar a dificultades en la estructuración del mundo interno, las relaciones afectivas internas y las relaciones sociales y afectivas externas. Porque no sabemos hasta qué extremo esa situación ha favorecido y favorecerá los sentimientos de tristeza, abandono y desesperación en Nolasc: hasta qué punto reaccionarà maníacamente ante ellos, y hasta qué punto se va a sentir marginado en el futuro (o nuevos acontecimientos desventajosos van a hacérselo sentir así). En definitiva: cómo y con qué magnitud y cualidades esas situacions y esos afectos están marcando ya sus relaciones de objeto presentes y futuras. Se trata de un asunto de màxima importancia, tanto a nivel individual, del desarrollo de Nolasc, como social, del desarrollo de los niños, hoy cada vez más institucionalizados. Porque, si predominan los afectos y representacions mentales ligadas a la tristeza, el abandono, la desvinculación, hoy ya sabemos que: la marginación engendra desesperación, la desesperación engendra violencia, y la violencia, desesperación y marginación.

Bibliografía (II Parte)

BICK, E (1964). Notes on infant observation in psychoanalytic training. International Journal of Psychoa-nalysis 45,

4:538-566.

BICK, E (1968). The experience of the skin in early object relations. Int.J. Psycho Anal., 49, 484-486.

HAAG, M (ED.) (2002). Le méthode d’Esther Bick pour l’observation régulière et prolongée du tout-peit au sein de sa famille. Paris: 2002 (autoédition).

HARLOW, H. F., HARLOW, M. K., SUOMI, S. J (1971). From thought to therapy: lessons from a primate laboratory. Americam Scientist, 59 (5): 538-549.

PÉREZ-SÁNCHEZ, M (1981). Observación de bebés. Relaciones emocionales en el primer año de vida. Barcelona. Paidós.

SANDRI, R. (DIR.) (1994). L’observation du nourrisson selon Esther Bick. Lyon: Cesura.

SPITZ, R. (1965). El primer año de la vida del niño. México: F.C.E.