Un enfoque preventivo en trastornos del desarrollo: trabajo clínico con lactantes

Beatriz de la Fuente Galea

 

RESUMEN

Con un propósito preventivo, este estudio trata sobre factores de riesgo y factores protectores de psicopatologías graves precoces observando a sujetos durante sus primeros 6 meses de vida. Se considera como eje central de su origen a los trastornos en la relación padres-niño, los cuales el bebé es capaz de mostrar a través de unos signos de alarma de dicha evolución psicopatológica. Los resultados encontrados son acordes con esta teoría. PALABRAS CLAVE. factores de riesgo, factores protectores, psicopatologías graves precoces, trastornos en la relación padres-niño, signos de alarma.

ABSTRACT

A PREVENTIVE APPROACH TO DEVELOPMENTAL DISORDERS: CLINICAL WORK WITH BABIES. This paper studies, from a preventive viewpoint, the risk factors and protective factors of early severe psychopathologies by observing babies throughout their six first months of life. Parent-child relation disorders are considered as the main cause of these pathologies, which babies are able to manifest with several alarm signs of psychopathological development. The results obtained are in accordance with this theory. KEY WORDS: risk factors, protective factors, early severe psychopathologies, parent-child relation disorders, alarm signs.

RESUM

UN ENFOC PREVENTIU EN TRASTORNS DEL DESENVOLUPAMENT: TREBALL CLÍNIC AMB LACTANTS. Amb un propòsit preventiu,  aquest estudi tracta sobre factors de risc i factors protectors de psicopatologies greus precoces, observant a subjectes durant els seus primers 6 mesos de vida. Es considera como a eix central del seu origen els trastorns en la relació pares-nen, els quals el bebè és capaç de mostrar a través d’uns signes d’alarma de aquesta evolució psicopatològica. Els resultats trobats són conincidents con aquesta teoria. PARAULES CLAU. factors de risc, factors protectors, psicopatologies greus precoces, trastorns en la relació pares-nen, signes d’alarma.

Se realizó un trabajo en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, cuyo objetivo fue determinar la influencia de la calidad de las interacciones madre-bebé, padre-bebé, en la aparición de signos de posible evolución hacia formes de psicopatología mental grave. Con este fin, se observa la interacción madre-bebé, padre-bebé y el desarrollo psicomotor del bebé en sus 6 primeros meses en una muestra de niños ingresados en la unidad de vigilància intensiva (UVI) de neonatología y de niños sanos. Aunque la muestra final no es significativa para validar las hipótesis del estudio, es importante la aportación de la investigación porque los trabajos sobre la epidemiologia de los riesgos precoces del desarrollo son escassos y, más aún, las investigaciones con seguimientos longitudinales de los aspectos psicosociales. Este trabajo cumple con estas dos características, contribuyendo a que se consolide el estudio sobre la etiología de los trastornos en el desarrollo de cualquier área (cognitiva, afectiva, social). Algunos aspectos de la metodologia empleada son originales o poco conocidos como la lista de factores de riesgo psicológicos del bebé y de la madre que aparecen durante los primeros meses de vida, que están recogidos en este trabajo aunque poco difundida en el sector profesional y todavía no publicada. Tampoco lo está la adaptación de Valle y González de la escala de Lebovici para observar las interacciones precoces madre-bebé. Además, se ha confeccionado para esta ocasión una lista de preguntas dirigidas a los padres con el propósito de recoger factores de riesgo y signos de alarma. No existen intervenciones que se apliquen al grueso de la población destinadas a prevenir la aparición de psicopatologías mentales graves entre «sus» niños. El retraso en la aparición y desarrollo de equipos y profesionales específicos de salud mental del niño y del adolescente en España es una de las explicaciones. Lo único que cabe, entonces, es detectar los factores de riesgo de dichas patologías e incidir en ellos modificándolos o atenuando sus consecuencias. En el desarrollo del niño intervienen múltiples factores: biológicos, sociales, relacionales. Dentro de éstos, hay factores de riesgo y factores protectores. Este trabajo se centra en determinados factores en niños que tienen ya riesgo biológico y en niños que no tienen ninguno. Se consideran factores de riesgo todas aquellas circunstancias del niño o de su entorno que puedan conllevar una mayor posibilidad de trastorno psicopatológico que la que se observa en la población general. Un factor de riesgo, por sí solo, no tiene por qué ser significativo; es la asociación de varios de ellos lo que puede implicar un riesgo considerable de patología. Asimismo pueden atenuar o anular los factores de protección. Se establece que una circunstancia es factor de riesgo cuando se ha constatado que influye en la aparición de unos signos que evolucionan a cuadros mentales graves (Jiménez Pascual, 2002). Una clasificación de interés de dichos signos clínicos es la de Pedreira Massa (1995), que los divide en dos grupos: Signos Mayores (es característico que evolucionen hacia trastornos mentales precoces graves) y Signos Menores (por sí solos, pueden desarrollar problemas leves o no evolucionar a ningún trastorno). Para este autor, los Signos Mayores de alarma de la evolución hacia psicopatologías mentales graves en la infancia comprenden:

  1. Trastornos psicomotores y del tono.
  2. Caracteres peculiares de la mirada.
  3. Reacciones ante el espejo alteradas.
  4. Ausencia o alteración cualitativa y/o temporal de los objetos transicionales.
  5. Presencia de estereotipias.
  6. Alteraciones estructurales del lenguaje.
  7. Fobias masivas.
  8. Ausencia y alteraciones del juego simbólico. En los Signos Menores de alarma de la evolución hacia las psicopatologías mentales graves infantiles se encuentran:
  9. Trastornos de la alimentación.
  10. Trastornos del sueño.
  11. Ausencia del primer organizador del Yo (sonrisa social) al tercer mes.
  12. Ausencia del segundo organizador del Yo (angustia ante el extraño) que aparece entre el sexto y doceavo mes de vida.
  13. Trastornos graves de la agresividad y comportamiento.
  14. Trastornos del aprendizaje de forma disarmónica.
  15. Aparente hipermadurez.
  16. Trastornos psicosomáticos graves. Para evaluar los signos de alarma hay que tener en cuenta: I. Que ninguno de ellos es patológico de forma aislada, sino que es la asociación de varios de ellos lo significativo. II. Que pueden encontrarse en determinades fases del desarrollo normal desapareciendo seguidamente por lo que, si no se extinguen en el tiempo, empezaríamos a prestarles relevancia así como si no se reducen con tratamientos convencionales (Pedreira Massa, 1995; 2005). Esta clasificación forma parte de varias iniciativas asilades de estudio sobre los factores que pueden influir en el desarrollo emocional del bebé, provocando trastornos psicopatológicos definidos y que se recogen en propuestas como: «Protocolo de salud mental en Programas de niño sano», «Protocolo de seguimiento del neonato de alto riesgo» y «Programa de detección de riesgo social de la C.A.M» (Jiménez Pascual, 2002). La detección de dichos factores antes de la aparición de signos de alarma forma parte de la prevención primaria. La detección precoz de signos de alarma, cuando éstos ya han aparecido, y de manifestaciones patológicas, y su pronto tratamiento es prevención secundaria, evitando la aparición de trastornos mentales graves consolidados. Estos aspectos preventivos son parte del tema del que se ocupa la Atención Temprana y, dentro de este marco de actuación, se realiza esta investigación. Se parte de la base de que el ser humano, desde las primeras semanas de vida, se va adaptando a su cuidador y, si existen dificultades y éstas no evolucionan normalment o no se resuelven, pueden desencadenarse en la primera infancia trastornos emocionales graves. Es, entonces, fundamental centrarnos en la interacción padres-bebé, en la cual las características del bebé influyen muy intensamente. Su temperamento, predisposición biológica, influye a la madre en sus actitudes hacia él, en un proceso circular: es más fácil para la madre ser afectuosa con un bebé tranquilo, esta calificación también se denomina «actividad baja», que cuando el bebè es inquieto, con una «actividad alta». (Bèa, 2003; Burrueco Arjona, 2002). Si la predisposición biológica del bebé afecta a la interacción, se supone que la existencia en algunos niños de factores orgánicos o afectación neurològica puede dificultar en la madre la expresión de afectos positivos hacia él –por eso se han elegido en la muestra del estudio niños sin riesgo biológico y niños con riesgo biológico–. Por otra parte, también las madres tienen una serie de características psicológicas que dificultan o favorecen la expresión de afectos positivos. A su vez, también influyen en la interacción madre-niño características del entorno familiar, social o cultural de los padres. Por tanto, existen determinadas circunstancias en las que la interacción madre-hijo puede estar dificultada para que ambos se entiendan, lo cual puede influir significativamente en el desarrollo afectivo del sujeto (Bèa, 2003).

Planteamiento de trabajo

El punto de partida de este trabajo considera que los trastornos de la relación padres-niño es el eje central sobre el que se establecen la aparición de psicopatologías emocionales graves en la primera infancia. A partir de esta primera consideración, nos planteamos las cuestiones siguientes:

  1. «Existe riesgo en los niños prematuros de que la interacción madre-hijo (visual, corporal, vocal) presente connotaciones emocionales negativas en la madre».
  2. «Los niños con más factores de riesgo presentan más signos de alarma en el período neonatal o en los primeros 6 meses de vida que los que tienen menos factores de riesgo».
  3. «Los factores de riesgo en el tiempo perinatal a distintos niveles pueden, a su vez, estar compensados por la aparición de factores de protección en estos niveles» (Liria, 2004).
  4. «El ser prematuro es un factor de riesgo a nivel psicológico o la presencia del trastorno de disfunción interactiva precoz» [Grupo de Prevención y Atención al Desarrollo Infantil (PADI), Real Patronato sobre Discapacidad, actual Comisión para la Infancia y Adolescencia con Discapacidad de la Comunidad de Madrid, 2000].
  5. «Los niños con más factores de riesgo (postnatales y prenatales) pueden presentar una interacción de peor calidad que los que presentan menos factores». (La lista de factores de riesgo elaborada por la autora de esta investigación, se basada en las siguientes fuentes: IMMF, 1998; Liria, 2002; Liria, 2004; Varios, 2001; Grupo PADI, 2000, 2006).
  6. «Las dificultades de adaptación madre-hijo influyen en la presencia de signos de alarma de evolución hacia un cuadro emocional grave [signos registrados en la Escala de Barthelemy (Barthelemy et al., 1987)]. Signos de alarma del primer semestre (Pedreira, 1992; 1995).
  7. «Los factores de riesgo en el tiempo perinatal que más influyen en el desarrollo de un niño son los que están a distintos niveles de riesgo: padres, niño, entorno».
  8. «La existencia conjunta de factores de riesgo prenatales a distintos niveles (de los padres, del niño, del entorno) y postnatales en los seis primeros meses de vida del hijo (padres y niño) influye en la manifestación de signos de alarma en el bebé de evolución hacia trastornos emocionales graves».

Material y Método

En este trabajo, el número de sujetos de la muestra fueron 2 parejas madre-bebé y 17 parejas padres-bebé. Sin embargo, durante el seguimiento de los casos, se perdieron 13 parejas, quedándose una muestra de 3 parejas padres-hijos y 2 parejas madre-hijo. Distribución de los bebés: Con factores de alto riesgo biológico: 3. Sanos –sin el factor biológico–: 2. Se observa la interacción de cada bebé prematuro con su(s) padre(s) cuando ha cumplido las 40 semanas de gestación. A ese momento se denomina edad a-término o edad corregida (así se utilizarán en adelante) porque es el momento en torno al cual nace el recién nacido sano. Se observa el desarrollo psicomotor del bebé y se estudian los posibles signos de alarma de evolución hacia un trastorno mental grave de aparición temprana desde el primer mes hasta los seis meses. Para ello se hacen 3 entrevistas de seguimiento: al mes, a los tres y a los seis meses de edad a término.

 

Características de la muestra: Los 5 casos presentan diferencias entre sí en cuanto al nivel cultural y socioeconómico, todos son usuarios del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

  • Para observar las interacciones madre-bebé; padrebebé, se utiliza gran parte de una adaptación de la «Escala de evaluación de las interacciones precoces madre-bebé durante los primeros meses de vida (RAF)» de Lebovici modificada por Pedreira Massa (González Lozano y Valle Trapero, 2004).
  • Para realizar el seguimiento de la evolución en la presencia/ausencia de los signos más característicos en el avance de un síndrome autístico se utiliza el registro del protocolo de Barthelemy et al (1987): «Signos más característicos que pueden ser observados en los dos primeros años de evolución de un síndrome autístico».
  • La observación de posibles signos de alarma, según el protocolo, se hace mediante la evaluación del desarrollo que se realiza en la consulta a los niños de alto riesgo biológico y de una entrevista semiestructurada (Fuente Galea, 2005), a los padres en la misma entrevista. Las entrevistas a los padres van dirigidas a descartar/ comprobar la existencia de factores de riesgo que pueden influir en la relación con sus bebés; características del embarazo y parto, grado de satisfacción con el niño, apoyo familiar y social en el cuidado del niño, identificación en el niño de proyecciones parentales positivas/negativas, características de la historia de los padres con sus propios padres. En ellas, se observa en directo la actitud de cada uno de los padres hacia el bebé y del bebé hacia cada uno de ellos. Previamente, se ha recogido los factores de riesgo biológico de los bebés del estudio que fueron ingresados en neonatologia según los criterios de la Sociedad Española de Neonatología (SEN).

 

Procedimiento

Se describen los resultados de los instrumentos utilizados en cada uno de los sujetos, se comparan las descripciones, se formulan las hipótesis que se plantearían si la muestra fuera significativa y se comprueba si los resultados van en la dirección de cada una de las hipótesis. Este tipo de diseño de investigación se asemeja a N=1. Entre las dificultades a la hora de llevar adelante el trabajo hay que destacar la pérdida de muestra, motivada entre otras razones por cambios de ciudad y trabajo, falta de tiempo para acudir en horario de mañana o tarde a las entrevistas debido a distintas causas (tareas domésticas durante todo el día, reincorporación al trabajo), falta de medios para acudir al hospital con la «sillita» del bebé, problemas psicológicos en alguno de los padres.

Resultados

Teniendo en cuenta los 5 sujetos de la investigación, se encuentran resultados que van en la misma dirección de las cuestiones planteadas:

  1. «Existe riesgo en los niños prematuros de que la interacción madre-hijo (visual, corporal, vocal) presente connotaciones emocionales negativas en la madre»: las madres de los 3 prematuros (caso 2 –Guillermo–; 4 –Thor– y 5 –Óliver–) presentan una tonalidad afectiva de tipo negativo: en dos de ellos: Guillermo y Óliver, se observa esta afectividad negativa de la madre en su relación con el hijo durante la toma y en el tercer caso –Thor–, se infiere a partir de la percepción registrada en esta madre de su bebé como enfermo, a pesar de haber sido dado de alta en el hospital, lo que la lleva a estar siempre preocupada por el niño. Esta preocupación exagerada y equivocada es un factor de riesgo llamado «Carga emocional intensa y conflictiva respecto al niño» (Tabla 1).
  2. «Los niños con más factores de riesgo presentan más signos de alarma en el período neonatal o en los primeros 6 meses de edad corregida que los que tienen menos factores de riesgo», teniendo en cuenta que se registran los signos de alarma en tres periodos (al mes, a los tres y a los seis meses de edad corregida del bebé). Se confirma que en el cómputo global de signos de alarma sí aparecen más signos entre los que presentan más factores de riesgo. Son los casos de Guadalupe y Óliver (caso 3 y caso 5). No se observa esta relación durante el seguimiento entre el número de factores de riesgo y el número de signos de alarma en 4 de los 5 casos. En el caso restante (Caso 3: Guadalupe) es llamativo el aumento de los signos de alarma a los seis meses. En el marco de las entrevistas de seguimiento no solo se evalúa al bebé y se devuelve dicha evaluación a los padres, sino que también se analizan con ellos las dificultades encontradas en su bebé. Los padres casi siempre demandan orientación y, si la orientación es aprovechada, se van resolviendo los problemas-signos de alarma del bebé. Por eso, se observó que si los padres no cambian sus pautas de conducta con relación al bebè a pesar de las indicaciones de las entrevistas, esta reducción no se produce. Es lo que le ocurre a la madre del bebé, que empeora cada vez más durante su seguimiento (desde el primer mes hasta los seis meses de vida), como el caso de Guadalupe; la madre es rígida, no se adapta a las necesidades cambiantes de su hija (Tabla 2). 3. «Los factores de riesgo en el tiempo perinatal a distintos niveles pueden, a su vez, estar compensados por la aparición de factores de protección en estos niveles», en un caso (5: Óliver), hay más factores de riesgo en torno al nacimiento que en el resto, pero también más factores de protección. Se observa la reducción de signos de alarma desde su primer mes hasta sus seis meses de edad corregida y, a la inversa, en el siguiente caso con más factores de riesgo y menos factores de protección (caso 3: Guadalupe) se ve un aumento significativo de los signos de alarma en el bebé en el mismo intervalo de edad. También puede ocurrir que los factores compensatorios del primero sean más poderosos que los del segundo. En concreto, hablamos de: – Redes de apoyo y contención a nivel comunitario. Es el apoyo social que, desde la Unidad en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, se le ofreció gratuitamente a la madre de Oliver, por la condición de gran prematuro de su bebé. Este apoyo se realizó a través de entrevistes con la asistente social, consultas periódicas con la psicóloga de neonatología y con pediatras del hospital y las vacunas correspondientes de su bebé. – Habilidades interpersonales de la madre. La madre de Óliver entiende bien a su bebé y se identifica bien con él, mientras que la madre de Guadalupe presenta como hándicap la característica personal de falta de empatía. El que la madre de Guadalupe no se adapte a las necesidades cambiantes del bebé se traduce en una disfunción interactiva precoz entre la madre y el bebé; no hay un encuentro placentero predominante de esta niña con su madre, que expresa presentando gran parte de los signos de alarma que aparecen cuando tiene 6 meses de vida (en el tercer y último seguimiento del bebé): Hipertonía. Por causas emocionales. Debido a que evita, rechaza el contacto con la madre, se pone boca abajo, favoreciéndose así el tono alto. Dificultad en el contacto visual. Evita la mirada de las demás personas. Lo manifiesta poniéndose boca abajo o cuando se gira hacia la izquierda estando el adulto mirándole colocado a su derecha. Hipersensibilidad a ciertos sonidos. La causa es que la niña no tiene suficiente contención (seguridad que le es transmitida por medio su entorno). Por eso, cualquier sonido la altera. Pobreza en la vinculación afectiva. Hay un déficit en la vinculación; ésta es escasa. Por eso, evita el contacto pero juega con la madre, se ríe mirándola, se interesa por ella. Humor sombrío, irritable; crisis, cóleras. Para que la atiendan tiene que quejarse. Dificultades en la alimentación. Se han cronificado. La madre niega su existencia porque impone su ritmo al bebé y éste se ha acostumbrado, no se rebela. Pero, observo dificultades en todas las tomas efectuadas en el despacho donde hacemos las entrevistas de seguimiento. La madre expresa que es el bebé el que se adapta a ella; me cuenta que le da las tomas en todas las posturas: de pie, tumbada, sentada, andando, según le venga bien a ella –la madre– y prosigue: «ya nos hemos acostumbrado, hecho la una a la otra». 4. No se ha encontrado ningún prematuro con el trastorno de disfunción interactiva precoz, con lo cual no se ajustan a la cuarta formulación: «El ser prematuro es un factor de riesgo a nivel psicológico de la presencia del trastorno de disfunción interactiva precoz». Creemos que puede ser debido a que es una muestra muy pequeña. Pero también a la existencia de un programa de atención psicológica al recién nacido hospitalizado, recogido como un factor de protección (Valle, 2007). Comparando entre sí a los 5 sujetos del estudio, se observan similitudes entre los casos que llevan a conclusions interesantes: Se ha observado como a los bebès les afectan negativamente ciertas dificultades psicológicas de sus madres y los afectos displacenteros que tienen hacia ellos. En cuanto a las dificultades psicológicas de las madres que afectan negativamente al bebé, se observa que las madres de los bebés que presentan el signo de alarma «bebé serio» muestran falta de capacidad empática hacia su hijo (Guadalupe y Guillermo). En estos mismos casos, durante el tiempo de lactancia, se observa que el bebé no vocaliza hacia su madre y que no hay juegos de vocalizaciones recíprocos y que, después de la toma, el bebé se duerme. La explicación de la «seriedad del bebé» reside en que la madre, debido a que no se pone en el lugar del hijo, no le gratifica, no le hace disfrutar. El porque el bebé no vocaliza hacia su madre y que se duerma después de la toma habría que buscarlo en que ésta no lo estimula a comunicarse con ella (no hay juegos de vocalizaciones recíprocos) y no le mantiene interesado una vez que la toma finaliza. Hay 3 casos de bebés en los que se ha registrado durante el seguimiento el signo de alarma de «seriedad en el rostro» (Guillermo y Guadalupe) o de que apenas sonríen a los adultos que les observan (Óliver). En estos bebés, se había observado que, apenas o en absoluto, sonreían a su madre durante el tiempo de lactancia, cuando aún permanecían ingresados en el hospital desde su nacimiento. En estos 3 bebés se observa que continúa apareciendo el escaso o nulo intercambio de sonrisas entre el bebé y su madre que se observó durante la toma, durante el intercambio posterior entre la madre y el bebé y, posiblemente, ha generalizado esta forma de intercambio a los demás adultos. En cuanto a los afectos displacenteros de las madres hacia sus bebés que les afectan negativamente, se observa una actitud de ansiedad o de excesiva preocupación en dos madres durante la toma a su bebé de alto riesgo biológico ingresado (los casos de Guillermo y Óliver). Ambas madres exteriorizan una carga emocional intensa con respecto al hijo durante los primeros 6 meses de edad corregida del bebé y estos presentan, al menos el primer mes de edad a-término, signos de alarma que indican la presencia de excitación en ellos. Todo esto lleva a sugerir que determinadas actitudes maternas se corresponden con determinados signos de alarma. En este caso concreto, el comportamiento del bebé denota que no está relajado en la comunicación con la madre.

Discusión

Los resultados van en la dirección del objetivo planteado de que «la calidad de la interacción madre-hijo influye en la aparición de signos precoces de alarma en el hijo». En este estudio, se observa que la existencia de los factores de riesgo sería suficiente para precipitar una patología mental precoz en un sujeto ya que actúan muy precozmente a no ser que sean compensados por factores de protección importantes. Desde las primeres semanas de vida se observa su impacto en la conducta del bebé y se constata la emisión por su parte de signos de alarma de evolución a psicopatologías graves, signos que denotan sus dificultades de acomodación al entorno. Los resultados, comparados con otras investigaciones, son los siguientes:

  1. La no reciprocidad de los comportamientos de una madre del estudio con los de su bebé (caso 3), el no adaptarse a sus necesidades se traduce en una disfunción interactiva precoz entre la madre y la hija que precipita en el bebé la presencia de signos de alarma de evolución hacia trastornos del desarrollo afectivos graves, en su extremo hacia formas de psicosis infantil. Es similar al caso clínico Mario (Pérez Sánchez, M., 1987), en el que, debido a una dificultad en el establecimiento de unas relaciones con su madre y su entorno, el autor concluye que aparecían en el bebé manifestaciones de un trastorno básico en la atención y en la posibilidad de conectar y coordinar los diversos órganos de los sentidos. Mario, como en el caso de Guadalupe, muestra disfunciones interactivas con su madre y con el entorno: mayor desconexión emocional del bebé, otras manifestacions sintomáticas y una funcionalidad integradora en la utilización de los órganos de los sentidos. Aparece también la no reciprocidad de la madre con respecto al comportamiento de su bebé: la no metabolización, dice el autor, de sensaciones y emociones del bebé por parte de la madre. Este autor afirma que todos estos fenómenos son indicios de riesgo de psicosis.
  2. Se ha observado que a los bebés les afectan negativamente ciertas dificultades psicológicas de sus madres y los afectos displacenteros que tiene hacia ellos; es decir, el bebé responde ante los comportamientos de los padres de forma coherente con dichos comportamientos. En cuanto a las dificultades psicológicas que afectan a los bebés, las madres de aquellos que presentan el signo de alarma «bebé serio» muestran falta de capacidad empática hacia su hijo (caso 2 y 3). En cuanto a los afectos displacenteros, las dos madres que expresan una carga emocional intensa en relación al hijo (casos 2 y 5) tienen en su bebé signos de alarma que indican en él excitación; el comportamiento del bebè repercute si no está relajado en la comunicación con la madre. Tronick (1978), constató la reciprocidad de los mensajes maternos pidiendo a unas madres que mantuvieran un rostro impasible y tan desprovisto de emoción como pudieran, durante 3 minutos de situación cara a cara con sus respectivos bebés mientras éste estaba sentado en un baby-relax. El resultado fue que los bebés, al ver a la madre sonreían, pero, como ésta permanecía seria, terminaban dejando de mirar en dirección a su madre y la expresión de su rostro era seria y angustiada, siendo la única excepción un lactante de 5 meses (los demás bebés tenían entre 2 semanas y 2 meses) que acabó por estallar en carcajadas, razón por la cual la madre acabó riendo también (Lebovici, 1998).
  3. La ausencia de adaptación al ritmo del bebé está en relación con una reducción por su parte de la comunicación. En este estudio, se observó que en los casos en que las madres no se adaptaban al ritmo del bebé, bien estimulándole demasiado poco en relación a lo que el bebé emite (caso 2: Guillermo), bien estimulándole en exceso (Caso 3: Guadalupe) éste reducía su comunicación con la madre. Una investigación con resultados análogos que muestra esta influencia de la comunicación de los padres hacia su bebé se debe a Brazelton. Este autor dividió los comportamientos de los protagonistes de la díada madre-bebé, en categorías: 10 para el bebé y 6 para la madre, siendo similares entre ambos: sonrisas, vocalizaciones, miradas, posturas, y observó que si la madre iba demasiado rápida en relación a la actividad de su bebé (exceso de estimulación), éste reducía el nivel de comunicación, infiriendo que bajaba la comunicación con la madre porque ésta le cansaba con la excesiva estimulación comunicativa con respecto a él. La madre, dice Brazelton, está obligada a adaptarse al ritmo del bebé (Lebovici, 1998).
  4. En las observaciones de la interacción madre-hijo (visual, corporal, vocal) durante la investigación, todas las madres de la muestra de los niños de alto riesgo biológico presentan características emocionales negativas, mientras que esto no sucede así en el caso de las madres de la muestra de los bebés sin el factor biológico. Anteriormente, González y Valle ya habían observado la tonalidad afectiva predominante de la madre durante la toma a su bebé comparando díadas madre-bebé de alto riesgo biológico con díadas madre-bebé sin el factor biológico, a través de una adaptación de una escala de evaluación que ya existía, empleándose esta misma escala adaptada para el estudio presente. Las categories de las tonalidades afectivas en el estudio de González coinciden en su mayoría con las de este estudio, obteniéndose el mismo resultado: el estado emocional predominante de las madres de los bebés de alto riesgo biológico es de carácter triste frente al de carácter alegre que predomina entre las madres de los bebés sanos (González Lozano y Valle Trapero, 2004). Federico Menéndez Osorio (2001) ratifica que es muy frecuente en los padres, en relación al bebé de alto riesgo biológico, la existencia de sentimientos de tinte negativo. Explica: «La expectativa puesta en su bebé y las fantasías abiertas del encuentro esperado quedan frustradas y postergadas ante la incertidumbre y evolución de la enfermedad».
  5. Siguiendo la teoría de que los factores de riesgo de psicopatologías tempranas inciden en la aparición de signos de alarma en el niño, a mayor número de factores de riesgo, más signos de alarma presentará. Pero la presencia de factores de protección en los casos con mucho riesgo compensa la influencia patológica de estos factores, de modo que los signos de alarma durante el desarrollo del niño (en este caso durante los seis primeros meses) son menores en los casos con mucho riesgo que presentan más factores de protección. Es lo que ocurre en la investigación: hay dos casos con moderado/ alto riesgo de patología mental precoz en el niño y el que presenta más factores de protección tiene muchos menos signos de alarma. Varios autores también hablaron de factores de protección de possibles alteraciones en el desarrollo del niño relacionados, directa o indirectamente, con la interacción social temprana: destacándose la clasificación que hace Werner. (Díez Itza, 1991). Este estudio muestra dos formas de trabajo para prevenir la aparición de patologías mentales precoces: I. A través de la exploración de signos de alarma en el bebé y II. implementando programas para aumentar los factores de protección en las familias que presentan muchos factores de riesgo que pueden evolucionar hacia una patología mental grave en su primera infancia. Sería muy deseable replicar este estudio aumentando la muestra y, en caso de aparecer la disfunción interactiva precoz madre-bebé (como en el estudio), efectuar un seguimiento hasta cumplidos los 3 años de edad y valorar la presencia de un trastorno emocional grave precoz, que se suelen estructurar en esa edad (San Román Villalón, 2002).

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