Organización social y cambio: su influencia sobre la salud mental

Eulàlia Torras de Beà

RESUMEN

Este trabajo se centra especialmente en los cambios sociales que inciden en los sistemas de crianza y en la influencia de éstos sobre el desarrollo de salud mental. Resume los resultados de las recientes investigaciones por neuroimagen y los conecta con la función de los cuidados parentales en el desarrollo del cerebro y la evolución intelectual y de la personalidad. Sostiene la necesidad de medidas políticas reales de conciliación entre el trabajo de los padres y las necesidades de los hijos para una evolución neurológica y mental saludable de éstos, en lugar de las falsas y demagógicas medidas propuestas hasta ahora que potencian mayor institucionalización de los bebés y los niños. PALABRAS CLAVE: cambio social, salud mental, neuroimagen, conciliación, medidas sociales, crianza.

ABSTRACT

SOCIAL ORGANIZATION AND CHANGE: ITS INFLUENCE ON MENTAL HEALTH. This paper deals with the social changes that affect the systems of upbringing and examines the influence of these on the development of mental health. It summarizes recent neuroimaging research and connects it with the function of parental caregivers of fostering the development of the brain, the intellect and personality. The author defends the need for real political measures of conciliation between parents’ work occupations and children’s needs for a healthy neurological and mental development, instead of the false and demagògic measures proposed up to now which increase infant and child institutionalization. KEY WORDS: social change, mental health, neuroimaging, conciliation, social measures, upbringing.

RESUM

ORGANITZACIÓ SOCIAL I CANVI: LA SEVA INFLUÈNCIA SOBRE LA SALUT MENTAL. Aquest treball se centra especialment en el canvis socials que incideixen en els sistemes de criança i en la influència d’aquests sobre el desenvolupament de la salut mental. Resumeix els resultats de les recents investigacions per neuroimatge i els connecta amb la funció de les cures parentals en el desenvolupament del cervell i la evolució intel·lectual i de la personalitat. Sosté la necessitat de mesures polítiques reals de conciliació entre el treball dels pares i les necessitats dels fills per a una evolució neurològica i mental saludable d’aquests, enlloc de les falses i demagògiques mesures proposades fins ara que potencien més institucionalització del bebès i dels nens. PARAULES CLAU: canvi social, salut mental, neuroimatge, conciliació, mesures socials, criança.

Como sabemos, la organización social viene determinada –y determina– posiciones sociales, funciones y cargos y finalmente influye en el lugar que ocupan y la forma como son tratados los ciudadanos o miembros de ese grupo social. Todo esto repercute sobre los sistemes de crianza, que finalmente dan lugar a distintas formes de salud mental y de psicopatología. Por tanto, las características de la sociedad influyen en el funcionamiento de las familias, en la distribución de roles, en las relaciones interpersonales dentro de ellas y, a través de éstas, en el cuidado de los hijos. A lo largo de los años, muchos autores nos han ofrecido el resultado de sus estudios sobre la influencia de la crianza en la evolución y salud mental de los niños, entre ellos René Spitz, Margaret Mead, Bruno Bethlelheim. Pero me referiré solamente a situaciones mucho más cercanas a nosotros.

Cambios sociales sin la legislación correspondiente

En los últimos decenios nuestra organización social ha ido cambiando mucho y lógicamente notamos las repercusiones desde nuestro trabajo como profesionales. La base del cambio sería la evolución desde família patriarcal, tradicional o clásica, a familia postpatriarcal, democràtica o moderna, con sus corolarios o causas –ya que en realidad se trata de ambas cosas en situación circular–:

  • La incorporación masiva de la mujer al trabajo fuera de casa,
  • El aumento notable de las separaciones y divorcios.
  • El aumento de familias reconstituidas y de
  • nuevos tipos de familia –monoparentales, homoparentales– y como consecuencia de todo esto,
  • el importante cambio en las formas de crianza. Podría referirme también a la influencia de la intensa inmigración de los últimos años, aumentando marcadamente la diversidad de todo tipo a integrar en nuestra sociedad, con todo lo positivo y a veces lo difícil que pueda ser, y también la provisionalidad o precariedad, más intensa que en otras épocas, que se desprende de todo lo dicho hasta aquí. Pero dejaré estos temas para otra ocasión. Evolución de la familia, incorporación general de la mujer al trabajo, aumento de las separaciones y divorcios, familias reconstituidas y nuevas familias, son fenómenos que dependen unos de otros. Su centro álgido son las distintas formas como se organizan los padres para conciliar el cuidado de los hijos y el trabajo. Muy a menudo nos encontramos con padres y madres muy absorbidos por la profesión, que trabajan muchas hores y que en consecuencia no tienen tiempo para estar con sus hijos. Cuando llegan a casa suelen estar tan cansados que todo los irrita y no tienen humor para jugar con ellos. No suele haber conversación en estas familias. En general estos padres no llegan a conocer bien a sus hijos. Suelen delegar su cuidado de manera más o menos adecuada a las necesidades de éstos. Incide también, la poca presencia de la familia extensa, especialmente los abuelos y a todo esto se suma el protagonismo preocupante de las instituciones cuidadoras. Se trata de un cambio notable en la organización para el cuidado de los hijos, de la que dependen en buena parte, como decía, las nuevas formas de salud mental y de psicopatología.

Familia patriarcal hacia familia democrática y cambios concomitantes

En su trabajo Família i Educació, el sociólogo Luís Flaquer (1999) se refiere a la familia y a la escuela como las dos instituciones que tienen como función compartida la socialización del niño y del joven. Este autor dice que educar no es sólo transmitir conocimientos sino también actitudes, valores, una determinada disciplina y –me parece importante que lo diga un sociólogo– un cierto orden personal interno, al que nosotros, profesionales de la salud, llamaríamos salud mental. Flaquer se pregunta como queda esta función de socialización delante de la deslegitimación de la tradición y de la autoridad. Habla de que, ante la construcción de una nueva familia donde los roles no están establecidos por la tradición, sino que cada pareja debe reflexionarlos, acordarlos y ejercerlos, los padres han de llegar a una reordenación general de los horarios y de los tiempos laborales y de crianza para conciliar su vida familiar y profesional. Esta evolución afecta también los roles en la escuela, donde los maestros, por su parte, deben dotarse de una autoridad moral que se base en su capacidad para interpretar la realidad cambiante y para

recrear un universo de valores. Los roles se complican cuando se añaden separaciones o divorcios. Entonces, con pocas excepciones, las funciones de los padres se hallan en situación de debilidad, dado que, en estas circunstancias, es mucho más difícil negociar el rol de cada uno y brindarse apoyo mutuo. Como sabemos el aumento de las separaciones y de los divorcios ha sido importante en los últimos tiempos. Si hace 25 años hablábamos de un 10% de parejas separadas, en este momento podemos hablar por lo menos de un 50% y según parece, al alza. Muchas separaciones tienen que ver con la evolución de la familia de patriarcal a pospatriarcal. Como encontramos en la clínica, en ocasiones se trata de parejas que se formaron en régimen patriarcal pero que han evolucionado divergiendo y no han podido asumir la transición hacia un régimen democrático. Hace falta mucha tolerancia por parte de ambos miembros de la pareja para que los nuevos roles pospatriarcales puedan integrarse o soportarse. No me entretendré en explicar lo que para la mujer y para el hombre significan estos cambios, pero el caso es que, cuando esto no se soporta, suele llegarse a la separación. Hoy en día una buena proporción de las separaciones son iniciativa de la mujer. Otras separaciones son debidas a que la pareja está formada por personas, una o ambas, a las que, en suinfancia, no se les ha ofrecido vínculos estables y que, por tanto, ellos tampoco pueden establecerlos en la edad adulta. El problema es que el trastorno del vinculo se transmite transgeneracionalmente y repercute a través de la crianza en la evolución de los hijos. A este conjunto se añade el consecuente aumento de las familias reconstituidas. Si bien esta reconstitución aporta una esperanza, un problema radica en que, como sociedad, no hemos desarrollado aún suficientemente la cultura necesaria para integrar esta nueva realidad y para ayudar a integrarla. Esto complica, aún hoy, la posición de los hijos en sus grupos sociales. Todo esto repercutí negativamente en la crianza de los hijos, que se encuentran ante una situación social para la que sus propios padres –y profesionales– no tienen aún posiciones y conceptos claros válidos para integrar las nuevas situaciones. A todo esto hay que añadir las llamadas «nuevas familias»: familias monoparentales –por separación, divorcio o elección– familias homoparentales, etc., ante las cuales aún estamos más carentes de la experiencia y la cultura necesarias para integrarlas socialmente e incluso para intervenir profesionalmente. Por otro lado, no es infrecuente que la evolución de la familia –aún más si se suman separaciones o divorcios– desemboque en una familia desestructurada, hoy en día tan numerosas en nuestra práctica profesional. Sabemos de sobras la dificultad que representan para los hijos estos medios familiares. En ellas son habituales las dificultades para establecer vínculos estables lo que perpetúa la tendencia a la desestructuración que, como decía, se transmite transgeneracionalmente, incrementándose el malestar y la psicopatología en los hijos.

La crianza en la sociedad pospatriarcal

En el artículo citado, Flaquer se pregunta cuáles seran las características de la nueva familia que está emergiendo. En ella será necesario llegar, dice, a un compromiso entre los propios intereses y la imprescindible solidaridad del grupo familiar. En otras palabras, se trataría de conseguir atender las necesidades de cada uno de los miembros de la familia y especialmente de los más vulnerables, los pequeños. Pero ¿qué es lo que estamos observando desde la escuela y desde la clínica? Este sociólogo señala el problema de la falta de tiempo para estar con los hijos como característico de la familia pospatriarcal, y destaca que en nuestra sociedad es habitual que los niños estén solos en casa cuando llegan de la escuela y que pasen demasiado tiempo cada día frente al televisor. Hay que añadir a esto el hecho de que la mayoría de niños están «colocados» en un exceso de actividades extraescolares. Me parece importantísimo que Flaquer destaque las repercusiones en la crianza de la falta de tiempo de los padres, sin embargo, debido a que focaliza únicamente en las edades escolares, no se refiere a un hecho absolutamente básico: que esta misma falta de tiempo conducte a que los hijos asistan demasiadas horas y desde demasiado temprano a la guardería. Hoy en día es común que una mujer no lacte a su bebé o, en el mejor de los casos, que a los dos meses comience a preparar el destete para reincorporarse al trabajo a los cuatro. O sea que, tan temprano, cuando aún falta tiempo para llegar a consolidarse, se ve en la situación de romper el vínculo recientemente iniciado con su bebé, en ocasiones por temor a perder su puesto de trabajo. Además, como decía antes, estos padres que trabajan tantas horas no suelen llegar a casa con el estado mental necesario para interesarse por los hijos. Sabemos que la procreación, además de ser una necesidad de los padres es también una necesidad social, por tanto la sociedad debe contribuir ayudando a la crianza. Pero ¿cómo responden los políticos ante la dificultad de los padres de conciliar crianza y trabajo? En Cataluña, hasta ahora lo han hecho instituyendo la recientemente establecida sexta hora escolar y, a través de la propuesta de Ernest Maragall, Conseller de Educación, de escolarización obligatoria desde los 3 años. En España, podemos señalar las demagógicas y repetidas campañas electorales basadas en la promesa de crear miles de nuevas plazas de guardería, por tanto para bebés entre cero y tres años. Esta sería la forma de entender la «conciliación» entre trabajo y crianza por parte de los políticos: más horas y más plazas para institucionalizar a los bebès y a los niños. Estas políticas educativas, no solamente no atienden las necesidades de los más pequeños para el desarrollo de su salud mental, sino que tampoco resuelven la tarea de la escuela de transmitir conocimientos y conducir a sus alumnos a un buen nivel académico. Si bien la família y la escuela comparten la socialización y la formación del niño y del joven, como dice el autor citado, ambas instituciones tienen funciones distintas y complementarias. Sin lugar a dudas, es en la familia, en el buen cuidado del bebé y del niño pequeño, donde se sientan las bases de lo que después la escuela podrá desarrollar. Como explicaré después, es en los primeros meses y años cuando se preparan las bases anatómicas y fisiológicas del sistema nervioso central, para el desarrollo de la salud mental y del buen rendimiento escolar. Las políticas educativas que pretenden arreglar el fracaso escolar con más horas de institución a cualquier edad o, basadas en la absurda idea de socializar al bebé, desde que el niño nace, son antieducativas para la población ya que transmiten –y a menudo inculcan– a los padres un error fundamental de concepto: precisamente la creencia de que hay que «sociabilizar» a los bebés a los pocos meses, que asistir muchas horas a la escuela es mejor que los cuidados que ellos pueden brindar y que los padres deben trabajar más y esforzarse para poder pagar muchas actividades extraescolares en aras de la formación de sus hijos. Es preocupante tanto retraso en la promulgación de leyes que realmente atiendan las necesidades de los pequeños en materia de salud mental y por ende de aprendizaje. Las actuales políticas de crianza contradicen completamente los resultados de las importantes investigacions llevadas a cabo en las últimas décadas y que se sitúan en dos líneas: una, los estudios sobre el vínculo y el apego, como funciones estructurantes fundamentales y, dos, las investigaciones sobre la plasticidad neuronal desde el nacimiento.

Investigaciones sobre la vínculo y la teoría del apego

En 1951 la Organización Mundial de la Salud encargó a Bowlby un estudio sobre «los niños sin hogar en su país natal». Como sabemos, de este estudio surgió el libro Cuidados maternales y salud mental (Bowlby, 1951), que tiene como principio de base la teoría etiológica de la salud mental y de sus perturbaciones. Según ésta, el bebé y el niño pequeño «deberán haber sido criados en una atmósfera cálida y haber estado unidos a su madre (o persona que hace función de madre) por un vinculo afectivo íntimo y constante, fuente de satisfacción y de alegría para ambos. Gracias a este vínculo afectivo, los sentimientos de ansiedad y de culpabilidad, cuyo desarrollo exagerado caracteriza la psicopatología, seran canalizados y ordenados». Considera que la carencia afectiva puede tener distintos grados y la repercusión de la privación de cuidados maternos varía en función de factores hereditarios, edad del niño, duración y grado de la carencia sufrida. Hoy en día, gracias a Cyrulnik, añadiríamos que la repercusión depende también de la resiliencia del niño. Según ésta, el niño supera en formas muy diversas las experiències negativas, aunque hay que tener en cuenta que, según este autor, la resiliencia depende a su vez de haber tenido un vínculo afectivo suficientemente bien establecido en la primera etapa de la vida como para proporcionar una seguridad interna sostenedora. Nuevamente, después de una situación traumática, el niño evoluciona bien si tiene un «tutor de resiliencia», alguien con quien pueda establecer vínculos seguros. Mario Marrone (2001) y Peter Fonagy (2004) son dos de los investigadores que han confirmado y desarrollado los primeros estudios de Bowlby y han ofrecido su propia conceptualización sobre el apego. Así, Fonagy subraya el punto de vista de Bowlby de que las relaciones primarias perturbadas madre-hijo deben ser considerades como un precursor clave de la enfermedad mental. Además, destaca como contribución crucial de Bowlby su inalterable opinión de la necesidad del niño de un temprano apego seguro a la madre. Bowlby pensaba que el niño que no desarrolla este apego podía presentar signos de deprivación parcial: una necesidad excesiva de ser amado o por el contrario, una reacción de resentimiento, venganza, intensa culpabilidad y depresión; o también signos de deprivación completa: apatía, indiferencia, retardo en el desarrollo y, más tarde, signos de superficialidad, falta de sentimientos profundos, tendencia a la falsedad y al robo compulsivo. Fonagy (2004) dice que la teoría del apego significaba, desde el principio, más que el simple vínculo al cuidador. La figura de apego provee, en los primeros años, la seguridad básica esencial para poder explorar y es en esta que se basa la capacidad de aprender. La ausencia de la figura de apego inhibe la exploración y por tanto la capacidad de aprender. Por ello un apego que se percibe como seguro, para el cual es necesaria la disponibilidad y la sensibilidad del cuidador, permite al niño un estado emocional de sentirse seguro y es beneficioso para el desarrollo de las capacidades cognitivas y sociales que se basan en la exploración, como por ejemplo el desarrollo de autonomía. Por esta razón, el apego seguro tiene una función evolutiva clara. El apego no es un fin en sí mismo, sino que se trata de un sistema adaptado en vistes a la evolución para llevar a cabo tareas psicológicas, fisiológicas y ontogénicas esenciales. Pero entonces ¿qué relación puede tener el desarrollo de «nuevas patologías» o también, el aparente aumento de psicopatología en la población, con los cambios sociales y de los sistemas de crianza que he venido describiendo? Flaquer, como sociólogo, también se pregunta si muchos de los problemas llamados problemas sociales, como las drogodependencias, el fracaso escolar, la violencia doméstica o la delincuencia juvenil, para citar algunos, son consecuencia de la desestructuración en el ámbito de la familia –para precisar diría que: especialmente en relación al cuidado del bebé y del niño pequeño–. Además, a estos trastornos añadiríamos, por lo menos, el famoso trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el aumento de los llamados trastornos generales del desarrollo (TGD), la sexualidad promiscua e irresponsable, las nuevas y modernas dependencias, muchas de ellas ligadas a la tecnología. Cuando el niño es cuidado en la ausencia de figures suficientemente constantes como para conocerlo a fondo y que en consecuencia puedan ofrecer mayormente respuestas adecuadas, realistas y coherentes y por tanto estructurantes (Torras, 2002), la organización de su personalidad está aún más comprometida. En este tipo de cuidado suele tomar parte el mal uso y el abuso de la guardería que produce un cierto grado de «institucionalización», y todas las otras formas de vinculación en las que participan demasiados cuidadores demasiado pronto, con la consecuente dispersión. También, la ausencia de un cuidador «central» que integre la colaboración del otro cuidador o cuidadores, lo que produce la correspondiente debilidad o ausencia del apego seguro o de un vínculo de suficiente calidad. Por otro lado, cuando en las bases de la evolución del niño existe un déficit de organización de la personalidad –cosa que se produce si es cuidado en forma dispersa con ausencia de un vínculo fuerte y permanente– se desarrollan insuficientemente las funciones de contención de los impulsos. En este caso, la disminución de la represión –que es una forma regresiva de contención– que acompaña el paso de sociedad patriarcal a pospatriarcal, puede facilitar muchas de las conflictivas sociales por impulsividad, paso al acto y agresividad destructiva. De hecho, al principio del cambio social que comenzó hace más de 30 años, esto pudo observarse en forma caricaturesca. Otro factor es que, la privación emocional y de Seguridad en el niño pequeño, que se da cuando las condiciones no permiten un apego seguro, conducen a necesidades afectivas pendientes y estancadas. Más tarde, al entrar en la adolescencia sin haber desarrollado una personalidad suficientemente fuerte y estable con la correspondiente autonomía, estas necesidades afectivas pendientes son una base propicia para toda clase de dependencias y por tanto de adicciones. La promiscuidad sexual, por ejemplo, es una clara expresión de necesidad y búsqueda de intimidad y compañía que deberían compensar privaciones atrasadas. Y citaríamos, claro, el uso de tóxicos y de alcohol, las adicciones a las técnicas: messenger, móvil, televisión, etc.

La relación entre estructuras neurológicas del cerebro y desarrollo personal

El cerebro en el recién nacido está por hacer. Su sistema nervioso goza de plasticidad, la plasticidad neuronal, que permite que el cerebro se modele según los estímulos y las experiencias que el bebé vive. Estos estímulos y experiencias crearán la estructura anatómica y funcional del cerebro, procesos que han sido estudiados en base a las nuevas tecnologías sobre todo la neuroimagen. Es indiscutible que es sobre la estructura anatómica y funcional que se desarrolla la mente y sus funciones, las funciones psíquicas. Los estudios por neuroimagen demuestran que el desarrollo de las neuronas, de sus dendritas o arborizaciones, de sus sinapsis, de los neurotransmisores necesarios para las conexiones y de la mielinización, dependen, desde el principio de la vida, de la calidad y cantidad de estímulos que el niño reciba en su interacción con su entorno. Eso determinará la calidad de las funciones del sistema nervioso de ese niño también cuando sea adulto. Para que los estímulos puedan facilitar el correcto desarrollo del sistema nervioso deben ser significatives para el niño, de forma que sean integrables. Cuando las interacciones y los estímulos son pobres o de baja calidad, como sucede por ejemplo con los niños institucionalizados, se produce una «poda» (pérdida de neurones y de conexiones), que afecta especialmente las que corresponden a las funciones menos o peor estimuladas. Si la pérdida neuronal y de conexiones se prolonga, llega a ser irreversible. Esta pérdida de conexiones significa un empobrecimiento de las capacidades de evolución y de funcionamiento del niño, del adolescente y del adulto en las distintas áreas: intelectual, personal, social, capacidad de aprendizaje. Estas investigaciones son definitivamente importantes en la medida en que documentan las bases cerebrales del desarrollo mental y nos enseñan que el desarrollo del cerebro depende de la calidad de la crianza. Por tanto nos muestran el atentado que representa, contra una buena evolución y contra la salud mental, aquellos sistema de crianza que impiden el establecimiento de un vínculo y de un apego seguros y una interacción y estimulación de calidad que sólo pueden ofrecer los padres al bebé y al niño pequeño.

Políticas educativas y la “conciliación” entre trabajo y crianza

Después del establecimiento de «la sexta hora», la propuesta de la nueva ley de educación en Cataluña, con la novedad de que la escuela sea obligatoria a partir de los 3 años, ha movido a algunos ciudadanos a manifestarse a través de la prensa con artículos, cartas al director, etc. (1). Estas cartas expresan su desacuerdo con las medidas de conciliación ofrecidas por la política educativa. Lástima que la reacción sea tan comedida. Una de estas manifestaciones es una carta abierta, firmada por ahora por más de 250 padres, dirigida al Conseller Ernest Maragall como respuesta a la ley de obligatoriedad de la enseñanza a partir de 3 años. En ésta se citan los informes publicados recientemente por las universidades de Stanford y Berkeley sobre los riesgos de la educación preescolar, que si bien favorecen la adquisición de habilidades cognitivas, dicen, incide negativamente en el desarrollo social y emocional de los pequeños, generando un incremento de los problemas de conducta. Citan también el estudio publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) bajo el título Starting Strong II: Early Childhood Education and Care, sobre las políticas de educación y atención a la primera infancia en veinte países. Se describen los factores sociales, económicos y conceptuales que condicionan estas políticas, que informan de que en ningún país de la Unión Europea la enseñanza es obligatòria antes de los seis años (siete, en el caso de Dinamarca, Suecia y Finlandia). Tampoco lo es en Canadá, Estados Unidos ni Australia. Citan otro dato que consideran muy significativo: en el caso de Finlandia, país que en el último informe PISA obtiene los mejores resultados en materia de educación, el porcentaje de niños que van a la escuela a partir de los 3 años no supera el 50%, lo que contrasta con el 98% de niños catalanes según afirma Maragall al justificar la escolarización obligatoria a los tres años. La carta de los padres continúa preguntándose si habrá relación directa entre este déficit de atención en el seno de la familia durante la primera infancia y el creciente número de casos de depresión y trastornos de conducta entre los menores o el hecho de que España tenga el dudoso honor de ser el tercer país del mundo en que se recetan más psicofármacos a menores. Se basan en estas y otras referencias para defender la idea –por otro lado defendida también en algunas de las cartas de lectores– de que las medidas de conciliación propuestas hasta ahora no son defendibles. Consideran que las verdaderas medidas de conciliación pasan por ampliar los permisos de maternidad, legislar excedencias remuneradas y con garantía de reincorporación al lugar de trabajo y mantenimiento del sueldo para uno de los padres con niños pequeños, como sucede en los países que nos aventajan en los índices de bienestar y de éxito escolar. Este tipo de conciliación es radicalment diferente de la noción, muy extendida, de que conciliar la vida laboral y la familiar consiste en mantener los niños «aparcados», dicen, mientras los padres trabajan. Pensamos que lo dicho hasta aquí es válido también para otras partes de España. Creo que todo esto es claro indicio de que una medida imprescindible, en primer lugar, es la concienciación de la población, a través de campañas de difusión y de educación psicológica sanitaria, acerca de las necesidades de los niños y de las valiosas e insustituibles funciones de los padres, para conseguir ciudadanos sanos y capaces física y mentalmente. Esta concienciación haría, seguramente, que los ciudadanos supieran qué deben exigir a sus políticos para el bienestar de su familia y el sano crecimiento de sus hijos, y que no aceptaran como buenas las medidas demagógicas y antieducativas que se les ofrecen. Este paso podría, con suerte, mover a los políticos a ofrecer en sus campañas electorales aquello que la salud mental de la población realmente necesita. Hace ya años que la sociedad está muy alarmada por la evolución que han ido haciendo nuestros adolescentes: el consumo de tóxicos y toda clase de adicciones, la pasividad, la sexualidad irresponsable, la delincuencia juvenil, las conductas agresivas y antisociales, etc. Pero ¿no son los adolescentes de ahora y también los de hace años, aquellos que inauguraron la tendencia polititzada de asistir demasiadas horas a la guardería, los que ahora nos preocupan? En los años 70 dudar en voz alta, en reuniones profesionales, que la guardería fuera la mejor opción para nuestros pequeños, era no sólo políticamente incorrecto sino además profesionalmente sancionado. Sin embargo, sobre otros aspectos de la sanidad se ha hecho una política de educación de la población: campañas sobre calendario de vacunaciones, dietas infantiles, dejar de fumar, drogas, sida, etc. ¿Por qué razón no se ha educado también acerca de la importancia de las relaciones familiares en la crianza, de la atención paterna y materna, de la función organizadora y evolutiva del vínculo y del apego, del riesgo de las separaciones precoces y de las crianzas en las que intervienen demasiadas personas sin una relación personalizada y un conocimiento a fondo del bebé y del niño por parte de ninguna, etc.? Para decidir las leyes no se debe haber consultado a los profesionales que pueden explicar las necesidades neurológicas y emocionales del bebé para una buena evolución física y mental. Se han escuchado, en cambio, posiciones políticas sobre la «socialización» del bebé. El resultado es entonces un error de concepto. Con esto se crea una grave contradicción: se invierte en más plazas de guardería, y después en más plazas de aulas de refuerzo para niños con fracaso escolar y de hospital de día para adolescentes, mientras no se está ayudando económicamente a los padres para que tengan tiempo para estar con sus hijos, para realizar actividades con ellos y fomentar una buena evolución, o sea salud mental. Estas son las verdaderas medidas preventivas. Sin ellas estaremos siempre tratando de corregir, en los años siguientes, lo que se ha comenzado mal en los primeros años. Y esto sí que resulta mucho más caro en todos sentidos: económica y emocionalmente.

Conclusiones

Entre los cambios sociales son especialmente importantes aquellos que afectan los sistemas de crianza, ya que de éstos depende la salud neurológica y mental de los hijos. La neuropsicología nos ofrece conocimientos definitivamente importantes sobre la evolución del cerebro, la intelectual y la de la personalidad y la incidencia de los sistemas de cuidado sobre ellas. Según estos conocimientos, son especialmente preocupantes en cuanto a salud mental aquellos sistemas de crianza en que se institucionaliza a los bebés y a los niños demasiado pronto y durante demasiadas horas por día. Para paliar esta situación son urgentes verdaderes medidas de conciliación entre el trabajo de los padres y las necesidades de los bebés y de los niños, en forma de ayudas que permitan a los primeros dedicar suficiente tiempo al cuidado de sus hijos. De hecho nos dan ejemplo de esta realidad los países que nos aventajan en los índices de bienestar y de éxito escolar.

Notas

  1. El País, «Los niños tienen que poder ser niños» por Roser Jordà y 9 firmas más. Manlleu 2 diciembre 2007; «Escolarización a los tres años» por E. T. Armangué, Barcelona, 9 diciembre 2007. La Vanguardia, «Escuchar y prometer» por Ma Gloria Franzi Escalante, Barcelona, 4 diciembre; «Bebés y salud pública» por Santiago García-Tornel, Barcelona 4 diciembre 2007; Celeste López, Madrid, 24 enero 2008.

Bibliografía

BOWLBY, J (1951). Soins maternels et Santé Mentale. Genève. Organisation Mondiale de la Santé.

FLAQUER, LLUÍS (1999). Família i Educació. Publicado en el libro: Per una ciutat compromesa amb l’educació. Volumen II. Instituto de Educación del Ayuntamiento de Barcelona, p. 77-93.

FONAGY, PETER (2004). Teoría del apego y psicoanálisis. Barcelona. Espax S.A.

MARRONE, MARIO (2001). La teoría del apego. Un enfoque actual. Madrid. Editorial Psimática.

TORRAS DE BEÀ, EULÀLIA (2002). Dislexia en el desarrollo psíquico. Barcelona. Paidós

VAN CUTSEM, CHANTAL (1998) La famille recomposée. Entre défi et incertitude.Ramonville Saint-Agne. Éditions Érès.