La psicosis y el cuidador profesional

Robert D. Hinshelwood

 

RESUMEN

La asistencia en salud mental es una profesión estresante. El estrés genera una presión que puede afectar el trabajo. Los cuidadores profesionales afrontan el estrés de varias formas, a menudo manteniendo una distancia emocional de las persones que cuidan. Esto, a su vez, tiene un efecto en los pacientes y clientes, y también interfiere en la satisfacción laboral. Muchos de estos procesos y dinámicas son inconscientes. PALABRAS CLAVE: estrés, psicosis, cuidador profesional, distancia emocional.

 

ABSTRACT

SUFFERING THE IMPACT. PSYCHOSIS AND THE PROFESSIONAL CARER. Mental health care is a stressful occupation. The stress causes a pressure which can affect the work. Carers have various ways in which they cope with the stress, often keeping an emotional distance from the people they care for. This in turn has an effect on patients and clients, and it also interferes with the proper job satisfaction of the work. Many of these processes and dynamics are unconscious. KEY WORDS: stress, psychosis, professional carer, emotional distance.

 

RESUM

SOFRINT L’IMPACTE. LA PSICOSI I EL CUIDADOR PROFESSIONAL. L’assistència en salut mental és una professió estressant. L’estrès genera una pressió que pot afectar el treball. Els cuidadors professionals afronten l’estrès de diverses formes, sovint mantenint una distància emocional de les persones que cuiden. Això, a la vegada, té un efecte en els pacients i clients, i també interfereix en la satisfacció laboral. Molts d’aquests processos i dinàmiques són inconscients. PARAULES CLAU: estrès, psicosi, cuidador professional, distància emocional.

Los cuidadores profesionales quedan afectados por el trabajo que realizan con las personas que sufren. Este es un estrés laboral que a menudo es negado. Por ejemplo, el Presidente del Royal College of Psychiatrists comentaba recientemente en Inglaterra: «…la mayoría de psiquiatras… se cuidan de forma tan apasionada de sus pacientes que a menudo se quedan molidos durante el proceso. Pero, por muy duro que trabajemos, por mucho que absorbamos el sufrimiento de nuestros pacientes, por mucho que estemos tentados en llevarnos a casa este sufrimiento, la mayoría de nosotros puede cerrar la puerta del dispensario clínico a nuestras obligaciones cuando todo nos sobrepasa. Y aún así tenemos la compensación de una remuneración económica y de un aprecio por lo que hacemos (Shooter, 2004)». Sin embargo, los trabajadores de la salud mental no siempre cierran la puerta de sus sentimientos cuando llegan a casa. Ni tampoco siempre están lo más abiertos posible a sus pacientes en el trabajo. La problemàtica para retener a psiquiatras y enfermeros psiquiátricos sugiere que no se presta la suficiente atención al bajo nivel de satisfacción laboral en nuestro trabajo. La desmotivación y desmoralización parecen endémicas y necesitamos saber más acerca de cómo cuidar de los cuidadores profesionales (Hinshelwood, 2004). Pienso que existe un estrés particular al afrontar la psicosis (me limitaré a la esquizofrenia). Samuel Beckett describió un encuentro que tuvo con un paciente esquizofrénico cuando visitó el Hospital Bethlem: «…era como un pedazo de carne, no había nadie allí (Beckett, 1935; citado en Knowlson, 1996, p. 209)». Beckett está describiendo la confrontación casi ofensiva causada por el paciente. Fue imposible para aquel hombre sensible, dramaturgo y ganador del premio Nobel, reconocer a una persona dentro del cuerpo del paciente. El paciente esquizofrénico parecía completamente insensible al encuentro. Sin embargo, tras años de estudio, Frieda Fromm-Reichmann reconocía que: «…el paciente esquizofrénico y el terapeuta son persones que viven en mundos diferentes y en niveles diferentes de desarrollo personal, con diferentes formas de expresarse y de orientarse. Sabemos poco acerca del lenguaje del inconsciente del esquizofrénico, y nuestro acceso a él está bloqueado por nuestro propio proceso de ajuste a un mundo que el esquizofrénico ha abandonado. Por tanto, no debería sorprendernos que tengan lugar fallos y malentendidos cuando pretendemos comunicarnos con él y conseguir un rapport [1] (Fromm- Reichmann, 1939, p. 416)». Su experiencia se afinó con las ideas de Harry Stack Sullivan y con su trabajo a lo largo de muchos años en el Chestnut Lodge en Estados Unidos. Ella explicó que el cuidador psiquiátrico ha de realizar la extremadamente difícil tarea de acceso a este mundo completamente foráneo: «La técnica que utilizamos con los pacientes psicóticos es diferente a la utilizada en nuestra aproximación a los psiconeuróticos. Esto es debido a las reacciones transferenciales tan extremadamente sensibles e intensas que presentan (Fromm-Riechmann, 1939, p. 412)». Sabemos que con formación y apoyo es posible entrar en ese mundo. Sin embargo, es una ardua tarea. Y además, no hay demasiada tolerancia por parte del paciente para permitir errores. El psicótico tiene un self extremadamente frágil que debe ser protegido y conservado a toda costa. Y si el cuidador aparece alejado del mundo del esquizofrénico, éste reaccionará cortando el vinculo y excluyendo de forma abrupta al cuidador. Fromm- Reichmann atribuyó una gran parte del comportamiento bizarro del paciente esquizofrénico a fallos en la comprensión del cuidador. Ella insistió en que debíamos ensanchar nuestra imaginación para sentir la extrema sensibilidad del esquizofrénico y, por tanto, reconocer nuestros errores cuando tengan consecuencias graves.

Haciendo significados

Ronnie Laing fue una inspiración cuando yo era un joven psiquiatra. En un tour de force de una comprensión sensible de la experiencia psicótica, Laing elaboró un relato revisado de casos descritos por Kraepelin, quien hacia 1890 entrevistó a sus pacientes como demostracions para auditorios de profesionales invitados y el público: «El paciente que hoy os enseñaré casi tiene que ser acompañado a la sala, ya que camina de forma esparrancada sobre la parte externa de sus pies. Al entrar, lanza sus zapatillas, canta a lo alto un himno, y entonces grita dos veces (en inglés): «¡Mi padre, padre verdadero!». Tiene dieciocho años, y es alumno del Oberrealschule (escuela de secundaria), es alto y de complexión más bien fuerte, pero de rostro pálido, en el que a menudo aparece un sonrojo fugaz. El paciente permanece sentado con los ojos cerrados, sin prestar atención alguna a su alrededor. No alza la mirada ni cuando se le habla, pero cuando se le pregunta contesta con una voz baja que paulatinamente se hace más y más fuerte (Kraepelin, 1905, p. 79-80; citado en Laing, 1960, p. 29-30). Mientras leemos el relato de Kraepelin, Laing nos invita a escuchar como si el paciente esquizofrénico realmente estuviera respondiendo al psiquiatra, pero con una imitación jocosa. «Cuando se le pregunta por donde está, responde: «¿Quiere saber eso también? Yo le digo quien está siendo medido, y está medido, y quién se medirá. Yo sé todo eso, y podría decírselo, pero no quiero hacerlo.» Cuando se le pregunta su nombre, grita. «¿Cuál es su nombre? ¿Qué cierra? Cierra sus ojos. ¿Qué oye? No entiende, no entiende nada. ¿Cómo? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué quiere decir? Cuando le digo que mire, no lo hace correctamente. Tú, allí, ¡solo mira! ¿Qué sucede? ¿Qué pasa? Atiende; no atiende. Yo digo, ¿qué pasa entonces? ¿Por qué no me das una respuesta? ¿Te estás volviendo insolente otra vez? ¿Cómo puedes ser tan insolente? ¡Ahora vengo! ¡Ya verás! Tú no me vas a putear. Tampoco has de ser listo, tú eres un insolente, un tipo miserable, el tipo más miserable e insolente que he conocido. ¿Empieza otra vez de nuevo? No entiendes nada, nada de nada; entiende nada de nada. Si tú le sigues ahora, no te seguirá, no seguirá. ¿Te estás volviendo más insolente? ¿Te estás volviendo aún más insolente? Como atienden, ellos atienden, y así y así.» Al final, expresa un lenguaje soez mediante palabras mal articuladas.» El relato de Kraepelin concluye del siguiente modo: «Aunque sin lugar a dudas comprendió todas las pre- guntas, no nos ha dado ni un solo elemento de información útil. Su hablar era… únicamente una serie de frases desconectadas sin tener relación alguna con la situación general (p. 79-80)». Kraepelin esperaba que el paciente entendería las preguntes y creyó que el paciente podía hacerlo pero que no quería obedecer. Sin embargo, Kraepelin no tiene una comprensión de la versión del paciente. Laing tuvo un enfoque diferente con este encuentro. Laing pudo ver que desde el punto de vista del paciente, el psiquiatra estaba haciendo el ridículo, y el paciente únicamente podía responder burlándose de semejante pomposidad: «Sin duda, este paciente, está mostrando los ‘signos’ de la excitación catatónica. La construcción que añadamos a este comportamiento dependerá, sin embargo, de la relación que establezcamos con el paciente… Seguramente, el paciente está llevando a cabo un dialogo entre su propia versión parodiada de Kraepelin, y su propio self rebelde y desafiante (Laing, 1960, p. 30)». En el mundo de Kraepelin, él esperaba una respuesta coherente, cognitivamente formada, a una pregunta sencilla. En el mundo del paciente, según Laing, el paciente estaba interesado en la mente y en las motivacions del psiquiatra, y respondía más a esto que a las preguntas. Es fácil condenar a Kraepelin, tal como hizo Laing. Sin embargo, mi argumento es que es extraordinariamente difícil extenderse uno mismo del modo que Laing y el grupo americano de Chestnut Lodge recomendaban. La queja de Kraepelin era el sinsentido de las expresiones del paciente. Y este es también el problema del paciente. No logra dar un sentido claro y sano, para nadie. La mente humana, nuestras mentes, necesitan sentido, son «máquinas de significado». Necesitamos significado y creamos significados. Somos un tipo de máquinas en perpetuo movimiento para hacer significados. Siendo así, cuando nos topamos con algo sin sentido, necesitamos poder darle un sentido para nosotros mismos y en nuestros términos. Por tanto, quiero sugerir que con el gran córtex cognitivo con el que la evolución nos ha dotado, somos especialmente vulnerables al estrés de afrontar el sinsentido. El mundo que habita la persona esquizofrénica es un universo paralelo y le convierte en sinsentido en el nuestro. Sin significado surgen numerosos problemas que tienden a emparejarse con los síntomas del diagnostico psiquiátrico estándar, muchos de los cuales fueron descritos por Kraepelin. Sin un significado, describió: I) trastornos cognitivos; II) trastornos de la comunicación y III), problemas de identidad. Por consiguiente, mi argumento es que la confrontación con el sinsentido (o un sinsentido aparente, que a fin de cuentas es lo mismo) da lugar al estrés especial en los servicios de psiquiatría. Para este estrés es el que nosotros, los cuidadores, necesitamos un apoyo especial con el fin de poderlo soportar. Necesitamos saber, dar sentido, darnos unas explicaciones significativas. Y a menudo, esta inquietante necesidad entorpece el camino de una curiosidad realmente abierta. Muchas personas estarán en desacuerdo con este punto. Porque, podría argumentarse, que hay formes claras y directas de hacerse cargo del sinsentido de la psicosis. Tal como Shooter hizo, en la cita del principio, simplemente podemos cerrar la puerta al irnos a casa. Sin embargo, desde mi punto de vista, opino que hay modos de manejar el estrés que no son tan benignos y que además pueden ocurrir mientras aún estamos en el trabajo. Algunas de estas formas no son beneficioses para nuestra práctica clínica con pacientes que pueden estar bien lejos de lo que está sucediendo en nuestras mentes, mientras nosotros nos rendimos en el intento de comprender lo que sucede en las suyas. Se hace necesario, por tanto, comprender un poco lo que puede estar sucediendo en nuestra psicología, y entonces cuestionarnos si nuestros pacientes están reaccionando de algún modo a ello. En otras palabras, deberíamos procurar saber más acerca de las cuestiones estresantes que el trabajo nos causa y, por consiguiente, reconocer que el modo en que afrontamos ese estrés puede ser una parte no reconocida del mundo en que vive una persona psicótica.

Conviviendo con el estrés

Existen varias estrategias que pueden observarse en los equipos de psiquiatría. Aunque sean los individuos quienes sientan el estrés y necesiten apoyo, a menudo es el equipo y las series de actitudes pertenecientes a la psiquiatria en su conjunto lo que acaba por distorsionarse como parte del proceso de convivencia. Por ejemplo, pueden haber ‘ideologías’ firmemente sostenidas acerca de los trastornos psiquiátricos y de los pacientes psiquiátricos. Ideologías psiquiátricas: Muchas personas del equipo de psiquiatría mantienen con mucho convencimiento unas opiniones acerca de lo que es la psicosis. Nosotros sabemos lo que es y como tratarla –sea desde un punto de vista biológico/farmacológico, psicoanalítico, cognitivo o un punto de vista iluminado por una mezcla de todos ellos–. El rasgo importante es el convencimiento con que se sostiene. Tal convicción puede ser razonable, o no serla. Sin embargo, la importancia de estar convencido es más que la función racional cognitiva. Estar convencido de una explicación de la psicosis, le da, por fin, un sentido. Por tanto, el convencimiento es una forma de gestionar el sinsentido (2). Cuando necesitamos estar convencidos porque nos protege de un vacío de significado, es difícil entonces dar a la explicación una valoración crítica ecuánime. Esto es lo que supone tener necesidades inconscientes –no podemos cuestionar de forma consciente nuestras convicciones; más bien hemos de racionalizar los argumentos en contra de toda crítica. En otra línea, cuando yo era un joven psiquiatra, era un fan entusiasta de la antipsiquiatría. Nosotros sabíamos que la psiquiatría estándar estaba equivocada. La incesante medicación de los pacientes, tal como lo veíamos, les destrozaba como seres humanos. Nosotros estábamos en el lado de los ángeles; la psiquiatría estándar era el demonio. Con el decurso de los hechos, la antipsiquiatria desfalleció más rápidamente que la psicofarmacologia ortodoxa. Yo, y muchos otros, nos quedamos desamparados preguntándonos acerca de aquel saber con convicción. ¿Qué estaba ocurriendo con nosotros, y con nuestras facultades críticas, que creíamos que sabíamos, cuando solamente teníamos un punto de vista? Recientemente, releyendo El Yo Dividido de Laing, y concretamente el pasaje (citado anteriormente) en que critica la descripción clínica de Kraepelin, recordé con nostalgia el entusiasmo de aquellos días y las certezas que teníamos. Saber algo con certeza era una bendición y estar sin ella requería de mecanismo de apoyo. Actitudes organizacionales: En la actualidad continúan existiendo, con un peso considerable en la psiquiatría, estrategias similares de conocimiento. Las estrategias de tratamiento y de investigación basadas en estas ideologies son sostenidas para explicar y disipar la sensación de sinsentido. El modo como gestionamos el estrés de la asistencia en salud mental (3) es el desarrollo de una ideología. Kraepelin fue uno de los primeros en desarrollar una aproximación que ahora se parece a una ideología. Era un patrón de pensamiento que se aplicava de un modo global. Has de buscar signos y síntomas de una forma emocionalmente neutra y desapasionada. Esta aproximación era el ideal científico del siglo diecinueve en el que trabajó Kraepelin. Ha sido de gran utilidad, en muchas casos. No deberíamos quejarnos de la psiquiatría diagnóstica. Sin embargo, es ideológica en el sentido en que los que la practican pueden ser extremadamente sensibles acerca de las personas con otros puntós de vista. Existe la necesidad de decir: «Esta es la forma correcta de practicar la psiquiatría». A veces los pacientes no se ponen de acuerdo y, a veces, otros miembros del equipo tampoco. Por ejemplo, las personas comprometidas con una aproximación psicoterapéutica pueden criticar la distancia emocional de la psiquiatría científica y pueden desarrollar una ideologia propia –en la que la cuestión central es la misma necesidad de saber la respuesta correcta a la psicosis–. La necesidad de saber es una estrategia de protección contra el sentimiento potencial de sinsentido. De nuevo, puede obtenerse un gran beneficio con el saber, pero mucho puede quedar barrado por la necesidad de saber. Si nos aferramos a la idea correcta, ésta nos conduce a relaciones llenas de tensión y a la fricción potencial entre nosotros. Comportamientos grupales: Claro que esto no sucede en toda la psiquiatría, pero a menudo existe la tendència entre diferentes grupos de personal y en diferentes disciplines a albergar antipatías mutuas. Es legendario que las reuniones multidisciplinares se transformen en una fragmentación multidisciplinar. Desde las autoridades se pide a menudo, un trabajo interagencias, sin fissures –probablemente con motivos–. No obstante, cuando se ha de exhortar a las personas para que trabajen mejor conjuntamente, normalmente constituye un claro signo de la existencia de «grava ideológica» en las ruedas de las relaciones entre agencias. En otras palabras, tales exhortaciones se dan en un contexto que está lleno de «descosidos» y podría ser provechoso reflexionar sobre por qué tales descosidos proliferan con tanta facilidad, una reflexión que se espera que este artículo podrá animar. En síntesis, mi argumento aquí es que un estrés sentido por individuos, que seguramente es inevitable, puede llevar a problemas organizacionales y a la pérdida del funcionamiento del servicio como un todo. Cuando existe un problema de comunicación de esta índole entre diferentes grupos de la organización, no se produce una sinergia conjunta de tipo constructivo. La calidad del trabajo se ve resentida; entonces se cometen errores e inevitablemente aumentan los riesgos, especialmente con los pacientes más peligrosos. Los riesgos en nuestro trabajo pueden ocasionalment ser desastrosos. El juicio personal y profesional, basado en la experiencia y en la formación, sufre un declivi con un profundo sentimiento entre los profesionales de estar infradotados. Nuestros errores interactúan con el temor a la locura de la población en general, para generar situaciones de pánico público. La atención y ansiedad de los medios de comunicación y de las instancias gubernamentales se ve incrementada, conduciendo a un aumento de las reformas asistenciales y de las estratègies de gestión del riesgo, como puede ser la «manualización» de procedimientos. El resultado final de estos ciclos de sucesos intangibles es una pérdida significativa de la satisfacción laboral, seguida de la pérdida de personal en el servicio, lo cual lleva a empleos temporales, sustituciones y a una mayor interrupción de la comunicación y pérdida del trabajo en equipo. Esto retroalimentará el inicio de la cadena de acontecimientos.

Grupos de apoyo

La conciencia de este tipo de fenómenos es a menudo muy pobre. Una cultura de silencio se cierne sobre estas problemáticas. Las convicciones implícitas dan pie a un clamor muy explícito de diferentes grupos para apoyar su convicción correcta. A pesar del silencio acerca de estos procesos implícitos, el profesional, que sufre a menudo, puede conservar un ingenio agudo. Una de las respuestas es instituir grupos de apoyo de profesionales. Esta es una estrategia importante y saludable. Sin embargo, a menudo no siempre se tiene una idea clara acerca de lo que debe ser el apoyo profesional. En base a las conclusiones a las que he llegado quiero hacer unos comentarios sobre el apoyo. El poder compartir el malestar y la ansiedad del trabajo ya es, de por sí, un apoyo. Un problema compartido es un problema reducido a la mitad. Sin embargo, el gran peligro del apoyo de grupo es que la cultura del mismo pueda convertirse en apoyo a una ideología. Como sabemos, los grupos pueden funcionar creando poderosas actitudes y una influencia coercitiva entre sus miembros para que adopten actitudes grupales comunes. De esta forma el grupo puede funcionar para apoyar a sus miembros, pero ser disfuncional si el grupo se ve tentado, como sucede con frecuencia, a apoyar una ideología grupal como se ha descrito anteriormente. Aun siendo una forma de apoyo, al proporcionar un «saber seguro» en lugar del sinsentido, tiene consecuencias perjudiciales. Convierte al grupo en una cultura que mira hacia adentro, que alza un muro frente a otros grupos. Debe adoptarse, por tanto, un exquisito cuidado cuando se conducen grupos de apoyo de personal. No es suficiente con crear simplemente una experiència grupal de solidaridad. El tipo específico de apoyo se ha de poder identificar. Debe desarrollarse alrededor de una tarea específica que realce el trabajo de la psiquiatría, más que simplemente proteger a los individuos del estrés laboral. Sugiero que, en un sentido laxo, la tarea consista en la reflexión; reflexionar sobre el trabajo y su impacto entre los miembros del equipo. El tema de mí artículo es que esto ha de suponer la capacidad de reflexionar sobre el problema de la no comprensión y la tolerancia del sentido del no comprender, del sinsentido. La reflexión no debería comportar el desarrollo de fuertes convicciones ideológicas acerca del trabajo, ya que ello desvincularía al grupo de otros grupos. En su lugar, la reflexión debería comportar una apertura hacia otros puntos de vista, y no solo de los pacientes, sino también de otros miembros del personal. No es meramente un acto expresivo, un modo de reaccionar al malestar del trabajo. Esta vía puede llevar a un uso personal del grupo y al peligro de que degenere en un grupo de terapia para el equipo. Tampoco significa escuchar solamente al miembro más antiguo del grupo o al conductor del grupo, aceptando sus consejos, síntesis o incluso instrucciones. Hasta aquí lo que no debería ser el apoyo. En lugar de eso debería abordarse el estrés central compartido, que implica desarrollar la capacidad de no saber o, por lo menos, la tolerancia del no saber hasta que surja un momento de mayor claridad y comprensión; e incluso si ello no tuviese lugar. Si podemos tolerar un estado de desconcierto, existe alguna posibilidad de que nuestros pacientes piensen que estamos en algun lugar de su misma onda.

Conclusiones

He intentado mostrar que hay un estrés particular que nos aflige en nuestro trabajo en psiquiatría, que deriva específicamente de la condición psicótica de la esquizofrenia. El problema es cómo puede el sofisticado cerebro humano hacer frente al sinsentido. Es un problema para aquellos que sufren la condición, para los familiares cuidadores y para los cuidadores profesionales. Las consecuencias son que los pacientes se descompensan, que la satisfacción laboral de los cuidadores profesionales está en peligro y que para las organizaciones psiquiátricas, en sí misma, las amenazas son las ideologías y la fragmentación. El buen funcionamiento de nuestros servicios está íntimamente conectado con el apoyo personal que necesitan los cuidadores profesionales. Esta es una conexión que no es considerada suficientemente. Es, como este artículo ha demostrado, una conexión compleja y posiblemente este sea un motivo de la negligencia; sin embargo, también es rechazada porque el problema en sí es que las estrategias de manejo están dirigidas a pasar por alto el sufrimiento que causa los problemas. Este artículo propone que debemos abordar la etiologia de nuestros problemas en términos de los mecanismes que utilizamos para hacerles frente y las consecuencias perjudiciales que inadvertidamente pueden tener. Necesitamos cuestionarnos constantemente y reflexionar sobre: ¿Qué impacto tiene sobre nosotros mismos nuestro especial tipo de trabajo?

Notas

  1. Nota del traductor: la palabra inglesa rapport hace referencia al grado de contacto emocional entre paciente y terapeuta, o cuidador profesional.
  2. He abordado previamente (Hinshelwood, 1999) este tipo de actitudes culturales no habladas de la psiquiatría.
  3. Me he ocupado específicamente del sinsentido como agente provocador de estrategias disfuncionales de afrontamiento, pero existen otros como el temor a enloquecer uno mismo. Por razones de espacio, y para mantenir mi argumento lo más claro posible, me centraré en el temor del sinsentido y sus consecuencias.

Traducción de Sacha Cuppa

Bibliografia

FROMM-REICHMANN, F. (1939). Transference problems in schizophrenics. Psychoanalytic Quarterly, vol. 8, 412-426.

HINSHELWOOD, R. D. (1999). The difficult patient: the role of ‘scientific’ psychiatry in understanding patients with chronic schizophrenia or severe personality disorder. British Journal of Psychiatry, vol. 174, 187-190.

HINSHELWOOD, R. D. (2004). Suffering insanity. London: Routledge.

KNOWLSON, J. (1996). Damned to fame: the life of Samuel Beckett. London: Bloomsbury.

LAING, R. D. (1960). The divided self. London: Penguin. Shooter, M. (2004). Partners in care: Who cares for the carers? Psychiatric Bulletin, vol. 28, 313-314.