La capacidad de soñar como indicio de salud psico-somática en una adolescente

Marina Altmann de Litvan

 

RESUMEN

Este trabajo pretende analizar las cualidades del funcionamiento del sistema onírico de una adolescente con trastorno de la alimentación, a partir del marco conceptual de la escuela psicosomática de Pierre Marty. Los sueños que se dan en el transcurso de la terapia psicoanalítica se analizan desde la tipología de esta escuela: sueños operatorios, repetitivos y crudos. Se plantea que los sueños pueden oficiar como indicios de la salud somática, y la necesidad de una rigurosa diferenciación de los tipos de sueños que permita distinguir las distintas maneras de operar del aparato psíquico del sujeto. PALABRAS CLAVE: sistema onírico, bulimia nerviosa, adolescencia, psicoterapia, psicosomática.  

ABSTRACT

This work aims to analize the quality of the internal functioning in the oniric system of a female adolescent with eating disorders. The theoretical frame used for this analysis will be Pierre Marty’s Psychosomatic Theory. The dreams developed during a psychoanalytic treatment will be analyzed with the typology built by this School: operatoire, crudes and repetitives. It is sustained that dreams can operate as traces of the somatic health, and that a rigorous differentiation of the types of dreams that will enable to distinguish the different and particular ways a psichism could operate is needed. KEY WORDS: oneiric system, bulimia nervosa, adolescence, psychoterapy, psychosomatic.

RESUM

Aquest treball es planteja analitzar les qualitats del funcionament del sistema oníric d’una adolescent amb trastorn de l’alimentació, a partir del marc conceptual de l’escola psicosomàtica de Pierre Marty. Els somnis que es donen en el transcurs de la teràpia psicoanalítica s’analitzen des de la tipologia d’aquesta escola: somnis operatoris, repetitius i crus. Es planteja que els somnis poden oficiar com indicis de la salut somàtica, i la necessitat d’una rigorosa diferenciació dels tipus de somnis que permeti distingir les diferents maneres d’operar de l’aparell psíquic del subjecte. PARAULES CLAU: sistema oníric, bulímia nerviosa, adolescència, psicoteràpia, psicosomàtica.  

Introducción 

El objetivo de este trabajo es analizar las cualidades del funcionamiento del sistema onírico de una adolescente con trastornos en la alimentación. Sus sueños eran repetitivos y giraban alrededor de unas temáticas vinculadas a la alimentación y a la muerte. El tratamiento psicoterapéutico fue de corte psicoanalítico y con una frecuencia variable. En un principio fue tratada con 1-2 sesiones semanales, frecuencia que se fue modificando en los momentos que se requería una de mayor continuidad (3 a 5 sesiones semanales).

En el curso del proceso psicoterapéutico observamos que la paciente pone mucho de su valoración y autoestima en el peso y su silueta. Presenta algunas de las características esenciales de la bulimia nerviosa como atracones y  métodos compensatorios inapropiados para evitar el aumento de peso: provocación del vómito, ayunos o ejercicio físico intenso. Se siente muy avergonzada de su conducta e intenta ocultar los síntomas. 

Para este trabajo quisiera enfatizar el tema de la función de los sueños como marcas de la salud somática (Marty, P; Fain, M; David, C), tal como lo ha desarrollado la Escuela Psicosomática de París. M. Kahan plantea que si bien la posibilidad de soñar puede ser pensada como una característica del psiquismo humano, la capacidad de hacerlo, en cambio, debe ser desarrollada. Deberíamos distinguir, en el seno de la realidad psíquica interna de todo paciente, el proceso del sueño y el espacio del sueño dentro del cual el sueño se actualiza. 

Es precisamente en la actividad psíquica del dormir, que Freud desarrolla el modo de funcionamiento del aparato psíquico y la primera teoría de las pulsiones. Su tesis principal es que el sueño es el guardián del dormir, al servicio del deseo. La función del sueño se apuntala en la función psíquica del dormir. El sueño no es sólo un enigma a descifrar, sino un complemento de los investimentos de la  energía pulsional y una salida para las frustraciones muy marcadas.

Freud nos dirá que “…casi todos nuestros órganos interiores, que en estado de salud apenas nos dan noticia de su existencia, en los estados de afección –como solemos decir- o en las enfermedades, se convierten para nosotros en fuente de sensaciones casi siempre penosas y, como tales, equiparables a aquellos excitadores externos que nos provocan dolor.” (1900, p. 59)

El soñar es en sí mismo una función elaborativa y, en ese sentido, es terapéutico cuando ha logrado establecerse adecuadamente. Según Fain, M. y David, C. (1962) “el sueño tiene un gran valor expresivo de la gramática interior, pero no es éste su valor central…Tampoco el sueño es sólo realización de deseos; lo central es que tiene la funcionalidad de ligar tensiones, ligar situaciones traumáticas que se despiertan durante el dormir”. Por este, motivo el hecho de que un paciente pueda soñar y recordar el sueño es ya un dato clínico importante.

En los elementos constitutivos de los sueños encontraremos la mayor parte de los mecanismos clásicos y de su seguimiento dinámica: restos diurnos, pensamientos latentes, pulsiones, defensas, organización de los conflictos, compromiso, proyecciones, desplazamientos, condensaciones, representaciones simbólicas o no.

Marco teórico

La Escuela Psicosomática de París plantea que los movimientos de reorganización o de desorganización mental y somática reflejan la respuesta del sujeto a los conflictos. Los procesos de desorganización se producen cuando la intensificación de los estímulos no es elaborable y se da el desborde de los factores económicos que superan al psiquismo. 

La potencialidad traumática de un evento depende de este interjuego entre el monto de excitación aportado por el evento y los recursos de la persona para elaborarlo. El exceso de excitación afecta al aparato mental, en su nivel más evolucionado, y puede originar sintomatología mental, regresiones o desorganizaciones. Cuando las excitaciones pulsionales son de mediana importancia en un sujeto con buena mentalización, no suelen aparecer más que afecciones somáticas reversibles. Las somatizaciones o la enfermedad somática, es consecuencia de la ineficacia del aparato mental de elaborar las contradicciones que pesan sobre él; los conflictos no son elaborables mentalmente. En estos pacientes es  evidente la falla en la estructuración del preconsciente y la ineficacia de los mecanismos de defensa.

La homeostasis, la estabilidad global del funcionamiento mental y somático, consiste en sucesiones de desorganizaciones y reorganizaciones regresivas en numerosos niveles funcionales. Los movimientos reorganizadores se oponen a las desorganizaciones. Se dan alrededor de puntos de fijación mayor, los cuales muestran en esos momentos su valor defensivo. La fijación puede ser reorganizativa, pero si no hay un marcaje suficiente, la desorganización prosigue. En las desorganizaciones esos anclajes, que son las fijaciones, no se

configuran como puntos de defensa. Si los conflictos no son elaborables mentalmente dan lugar a angustias difusas, producido por movimientos instintuales no traducidos en representaciones. La angustia difusa aparece junto a la depresión esencial y el pensamiento operatorio. La depresión es calificada de esencial por la ausencia de síntomas positivos, traduce la ausencia del tono vital y la desaparición de la libido objetal y narcisista. Es una de las manifestaciones clínicas mayores de la presencia del instinto de muerte. El pensamiento operatorio es característico de algunos de estos  pacientes: las cosas y los hechos son descritas con excesivo detalle, con ausencia de afecto y de angustia, no hay lapsus en el discurso, ni rastros de vida onírica. 

Pierre Marty establecerá que la calidad del sistema onírico constituye una de las señales más importantes de los movimientos de desorganización como de reorganización “psique-soma”. Para este modelo de pensamiento, la calidad del sistema onírico se  evidenciará a través de la potencialidad para la asociación libre, de la riqueza simbólica y de la permeabilidad a los retoños del inconsciente: lapsus, fantasías.

Es a través del proceso psicoterapéutico que podemos reconocer las elaboraciones secundarias de los sueños, sus rechazos (o renegaciones), la toma de conciencia de determinados conflictes

o modos de vincularse con la realidad, así como el peso de los investimentos y de los contra investimentos, es decir, las marcas de la transferencia. El sueño también puede representar un anclaje desde donde podamos entender aquellos elementos que han llevado a las desorganizaciones y a sus consecuencias somáticas.

Desde la investigación psicosomática (Pierre Marty, 1984), la forma y eventualmente el contenido de los sueños, representan los elementos necesarios del diagnostico, indicándonos durante la psicoterapia los distintos caminos o modos de interpretación en que la terapia debería conducirse. Para la escuela de P. Marty la ausencia de sueños o la aparición de sueños de tipo operatorio, repetitivos o crudos, denotan el deterioro del funcionamiento mental. 

Los sueños del paciente dan cuenta:

  • por su presencia, de la actividad mental de la paciente y su relación con la terapeuta;
  • por su contenido, de la calidad de los sistemas de representación y sus agrupamientos en los diferentes sistemas evolutivos;
  • por las asociaciones donde los sueños son el objeto, del grado de ligazón de todo su funcionamiento psíquico;
  • por sus sucesión, de las variaciones o no de la economía psíquica. (Marty, P. 1989)

En la Asociación Psicoanalítica Uruguaya (Varela, G. y Bagattini, C) han destacado refiriéndose a los sueños de las bulímicas un primer período de ausencia de los sueños. A medida que el análisis progresa, comienzan a aparecer los primeros sueños que son, fundamentalmente, de dos tipos: directamente vinculados al tema alimentario, muy concretos y en los que hay mucha dificultad del paciente para establecer asociaciones; y sueños en los que aparece la realización de un deseo que ha quedado insatisfecho en la vida de vigilia. 

Si el tratamiento progresa, el paciente comienza a tener sueños cada vez más complejos y también más oscuros. La condensación y el desplazamiento hacen más notorio su trabajo. Pero el paciente tiene ahora enormes dificultades para asociar. Da a las escenas su contenido más concreto, dándonos muy a menudo la penosa impresión de que es casi imposible recorrer, en sentido inverso, el camino que el trabajo del sueño ha recorrido para su formación.

Material clínico

Presentación de la paciente

Irina, comenzó su tratamiento porque estaba muy deprimida y angustiada. Es una joven adolescente de complexión normal que tiene una vivencia distorsionada de su cuerpo, al que siente obeso. Lo trata como a una máquina, sometiéndolo a exigencias de ejercicio –danza– y a dietas muy especiales para satisfacer ese ideal interno de “felicidad”: “su flacura”. Esto la lleva, por momentos, a comer compulsivamente y luego vomitar (desde los 12 años). 

Desde niña recuerda distintas ocasiones, a los 6 y a los 9 años, en las que debía bailar. Por ejemplo, en una de estas ocasiones, en una representación de Montevideo colonial tenía puesto un corsé que le apretaba mucho: “Me veía rellenita y mis compañeros me decían que yo era una gordita. Eso me re traumó. Me volvió muy insegura”. Las vivencias de atracción-rechazo en relación al cuerpo flaco-gordo se repiten en la relación con su analista.

Vivencias y distorsiones de la imagen corporal

A lo largo del tratamiento van surgiendo diferentes vivencias de su imagen corporal: la boca que todo lo come, los brazos cortados con tijeras, el cuerpo flaco sin tetas, el corsé que le aprieta, la bailarina, el cuerpo vestido de fiesta, Madonna. Todas estas vivencias corporales denotan diferentes identificaciones femeninas. Ese interjuego de su imagen corporal se da conjuntamente con un sentimiento de la mirada de los otros sobre ella. En algún momento, a través de su vestimenta, busca producir impacto en los demás.

A partir del trabajo de estas vivencias y distorsiones de la imagen corporal es que se podrá tomar contacto con el self de la paciente y se irá desarrollando el tratamiento. La paciente logrará la articulación de estas vivencias con su historia infantil. Los sueños repiten su preocupación manifiesta pero se va modificando el espesor y fluidez de las diferentes representaciones, surgiendo asociaciones más ricas a los contenidos oníricos y relaciones con su propia historia infantil.

A través de distintos fragmentos de material clínico desplegaré las distintas caracterizaciones de sueños repetitivos, operatorios y crudos que presenta esta paciente, así como el trabajo del sueño y la calidad del sistema onírico. A través de su capacidad de soñar visualizaremos los indicios de su organización-desorganización “psique-soma”.

Sueños repetitivos

Para la escuela Psicosomática de P. Marty (1984), los sueños repetitivos testimonian un estancamiento iterativo del sistema onírico. 

La paciente presenta a lo largo de su tratamiento dos tipos de temática que se repiten en sus sueños: de muerte de personas queridas y de alimentación. “Siempre que sueño son personas muy flacas, sin tetas, sin nada, como de campos de concentración. También desde chiquita siempre sueño con el Holocausto, situaciones de persecución. Cuando sueño las caras no aparecen, aunque sí sé que son las caras de mi mamá o de mi papá, siempre el cuerpo super flaco”. Siempre aparece subrayado el contorno-límite del cuerpo: flaco, super flaco. Sus preocupaciones diurnas aparecen en el contenido manifiesto del sueño sin la suficiente deformación onírica.

Sin tetas: es la niña púber que consultó anteriormente, en otra etapa de su vida, preocupada por las marcas. Las tetas son ahora una de esas marcas que la convierten en mujer y que despliega, en otras sesiones, al referirse a sus aspectos de mujer sexy.

Su cuerpo superficie y el mío son parte de ese reflejo-espejo, en el que ella necesita mirarse y ser mirada. El contorno es también el límite, la superficie que nos separa y discrimina. En estos sueños repetitivos aparecen rostros sin cara, eliminando así la mirada que mira, controla, vigila, aprueba o reprueba en la sesión. 

Otras temáticas repetitivas a lo largo del análisis estaban vinculadas con los sueños de muerte de personas queridas: “Antes soñaba mucho que se moría mi madre, sobre todo cuando empecé a venir acá. Estaba caminando y tenía la sensación, de que había fallecido mi mamá  y le había hecho la promesa  de adelgazar muchos kilos» o  «estoy en la tumba de mi papá que fallece…” Sueño que se mueren… no  que estoy  enojada con ellos”. Estos sueños repetitivos de muerte de personas queridas aparecen asociados a otras muertes. “Tiene que ver con la muerte de mi abuelo Nos afectó   mucho a mi y  a mi mama.  Cuesta que de un día para otros desaparece”.

Pero también observamos un comienzo de un trabajo del sueño, porque surgen los elementos agresivos a través del mecanismo de la negación: “sueño que se mueren… no que estoy enojada con ellos”.

En la reiteración de los contenidos de sus sueños observamos fijaciones y regresiones anudadas a un Edipo no suficientemente anclado, que presenta regresiones a niveles de relación de objeto dual. “Ayer soñé que mi abuela Ana se estaba por morir y se despedía de mí. Se moría

enojada…. Apenas me desperté, pensé en mi abuelo, quería que vuelva… Si yo pierdo a mi

abuela me muero… soy la nieta preferida”. 

En este sueño ella trae asociaciones que vinculan  la pérdida del abuelo y el miedo a perder a su mamá. Como contrapartida dirá: “Soy muy pegada a ella…, la extraño si no la veo”. Surge el tipo de relación de objeto que tiene con la madre y con su abuela. La muerte de un familiar cercano y otras han oficiado como acontecimientos traumáticos que la han hecho más vulnerable a desorganizaciones psicosomáticas. 

Más adelante se irán transformando esas vivencias de su cuerpo, a través de un mayor entrelazamiento con su sexualidad. Es ahí que surgen sueños que nuevamente toman el contenido de la persecución, con asociaciones de sí como salvadora, como prostituta y como Madonna: “Protegía a mi hermano y conseguía distintos trabajos clandestinos. Me prostituía y mandaba dinero a mi hermano que estaba con otra familia. Le pagaba a esa familia y mi hermano estaba a salvo. Y era  parecida a Madonna, rubia, creo que era yo.”

¿Qué noticia nos dan los sueños repetitivos en ese momento de los conflictos psíquicos de la paciente, de la estructura y funcionamiento de su aparato psíquico y de su representación de sí? En este sueño habría un conflicto entre instancias, una realización de deseos  y una representación de sí donde ella es esa mujer sexuada: Madonna, que se contrapone a las “personas muy flacas, sin tetas” de sus otros sueños. Hay un mayor entrelazamiento con su sexualidad. A través de la repetición, en la transferencia, se irán transformando las distintas vivencias de su cuerpo. Las asociaciones del relato del sueño son muy acotadas. Los sueños se repiten pero hay un trabajo de sueño diferente, en la medida que se entrelazan a otros aspectos de su historia y de ella misma. 

Sueños operatorios

“Los sueños operatorios repiten actos de la jornada terminada o que preceden a los actos del programa de la jornada siguiente. Objetividad, realidad, banalidad, ausencia de deformaciones, dominan por lo tanto la representación de las actividades habituales, a menudo profesionales”. (Marty, 1984).

“Este tipo de sueño traduciría, casi como en la ausencia de los sueños, la ausencia de un desgaste de las excitaciones del inconsciente en la vía de representación elemental, al menos una ausencia de desgaste en la vía ulterior del trabajo onírico. La superficialidad sensorio- motriz de las huellas mnésicas del resto diurno o de su devenir de la víspera indicarían, en todo caso, la limitación considerable del movimiento elaborativo de lazos entre las representaciones” (Marty, 1984).

“Sueño que  como cosas de chocolate, galletitas, No son siempre los mismos sueños, pero siempre  comiendo cosas ahí”. Cuando le pregunto acerca de los sentidos surgen estos contenidos: “Todo el día me pasé comiendo chocolate. No le encuentro otra acepción, en la semana me comí dos paquetes de chocolate por día, eso pasó en la realidad. Lo corté de golpe y siento la falta. No tengo más nada para decir”.

Como observamos, en este sueño se repiten sus preocupaciones diurnas.  Se trata de un sueño objetivo, banal, con muy pocas deformaciones. En la misma sesión me comenta: “Ah, me vino la menstruación”. Comentario que es vinculado al sueño a pesar de que la analista va sintiendo que la paciente compensa las pérdidas (menstruación, pérdida del abuelo) con sus compulsiones alimenticias. “!Bajé 2 kilos esta semana solo por no comer chocolate¡”. Este sueño de alimentación se enlaza más adelante con otros contenidos. 

En una sesión en la que habla de los vómitos dice: “Para mi es horrible comer, para mi es horrible vomitar, para mi es horrible mentir…” ya que cuando vomita lo hace de manera escondida y secreta. En esa sesión aparece otro sueño que pensamos que está dentro de los operatorios.”A veces sueño que me internan en una clínica un mes. Te internan y salís bárbara. Pila de veces tengo ese sueño, o que me encierran en una clínica para adelgazar y ahí puedo. Pila de veces lloro por eso”. Sueña con preocupaciones que trae habitualmente en sus restos diurnos (1).

Tanto en los sueños repetitivos como en los sueños operatorios en el paciente no hay eco a las interpretaciones que haga el terapeuta. El paciente se resiste a aceptar una significación distinta a los sueños y les quita valor. Por lo tanto, para el terapeuta, la conducta a seguir es a menudo delicada, porque se corre el riesgo de descuidar el enorme peso de lo factual y de lo actual, y no prestar atención a los riesgos somáticos de la desorganización o la inorganización mental, porque las interpretaciones pueden excitar un inconsciente cuyo congeniamiento con otros lazos preconcientes está mal asegurado.

¿Sueños crudos?

“En los sueños crudos (Debray, R) se figuran en escenas directas la realización del fin de la pulsión. Poder agresivo, oral o anal, poder genital. La  deformación es escasa y  el inconsciente aparece como una fotografía del inconsciente originario y reprimido del soñante… El terapeuta queda petrificado delante del relato de tales sueños… demasiado claros”.  “El estallido instintual, la descarga  pulsional constituyen las cargas de estos sueños  aparentemente irruptivos sin arreglos, sin defensas y que, además, despiertan habitualmente al soñante…”. 

“Sueño que como un pedazo de torta y después me corto con una tijera  los brazos…”Pensamos que se trata de lo que Rosine Debray llama sueños crudos, tiene poca transformación. El relato de este sueño produce en el terapueta un impacto muy fuerte que la lleva a encarar y tomar medidas a fin de ayudar, progresivamente, a Irina a establecer un funcionamiento preconciente más conveniente y que le permita elaborar un conflicto, ésta vez más ligado a sus deseos y defensas. Se había desplegado así violentas evidencias pulsionales sin

contrainvestimentos y con escasas asociaciones. Al mismo tiempo que se corta, pide en la realidad otros brazos que la contengan, que la internen, pide más sesiones”. 

“En los sueños crudos se trataría de una debilidad general de los sistemas de censura, es decir, de una debilidad general del tonus evolutivo mental y, más precisamente, del tonus de las fijaciones de la mayoría de los escalones constitutivos del aparato mental. Este testificaría de su debilidad revelando la ausencia de sus conflictos evolutivos, orígenes de las fijaciones eventuales” (Marty, 1984).

Por un lado, este sueño tiene características de sueño crudo pues en este momento del tratamiento este sueño queda entramado en lo que Pierre Marty llamará “desorganizaciones reorganizativas del psique-soma”. Ella relata  que le vinieron  ganas de tomarse un frasco entero de pastillas   Pensó en ponerse una caravana  en la  lengua, así podría estar dos semanas sin ingerir alimentos.  Todo esto porque…”Quiero adelgazar pila.  Todo el  día tomo aspirinas. Me siento enferma. Quiero desaparecer.  De noche me dio un ataque de llanto. Nadie  se dio cuenta. Me quedé vomitando en la ducha”.

El trabajo del sueño no se prolonga en el aparato mental y rápidamente surgen “defensas comportamentales”…”En este momento tengo la preocupación  por  irme de viaje”. El contexto de este  sueño está vinculado al  procesamiento de las vacaciones, cuando la interrupción va a ser por más tiempo  y a la elaboración de un viaje en el que, Irina, va a trabajar durante el verano en París.

Los afectos, en relación a los contenidos (el horror que despertó en mí), estaban aislados. Surge todo un erotismo sadomasoquista: pincharse la lengua con una caravana, así como cortarse los brazos con una tijera. Asocia: “no me gusta que me toquen (brazos, tocar). Cuando me abrazan… Me parece que me están midiendo la grasa.”.

El sueño del principio se repite, pero vinculado a sucesos actuales (desprendimiento del análisis por las vacaciones) y a otras pérdidas significativas de su vida. Trae pensamientos de desaparecer,  escaparse, dormirse  o internarse: “Ganas de  internarme o tomarme las pastillas”, llora, llora en la sesión. Le planteo que me está planteando internarnos juntas en el trabajo psíquico de lo que le está sucediendo. A partir de ese momento comenzamos a trabajar durante un tiempo en alta frecuencia (cinco veces a la semana). 

Continuamos trabajando la muerte  del abuelo. “Mi  cuarto está lleno de fotos de mi abuelo. Las veo y  me pongo a  llorar. No  lo puedo creer.  Con mi abuelo  pasa algo así, era el abuelo

de los sueños…. Yo no estaba preparada, me  re cuestan esas cosas….”.

El surgimiento de lo que ella llamará sus “pensamientos malignos” se repetirá más adelante en el curso del análisis. “Entonces el viernes me vino el trauma porque ta, era una realidad aunque yo no lo diga acá, como que pasaba dos días sin vomitar y cuatro días vomitando y vomitando y atracándome. Es verdad y, entonces, me pesé y había subido como dos kilos y medio. Ta, me vino las locuras de siempre, me estaba bañando y me bajó pila la presión y me caí en la ducha”. ¿Qué hiciste… Lo que pasa es que… capaz que ese día no había comido justo nada, entonces yo ahí como que puse punto final y llamé a Julia y le dije que no iba a ir.

¿Qué no ibas a ir adónde? A bailar, que no me sentía bien. Le conté un poco así rápido lo que me pasaba, pero que no iba a bailar porque no me sentía bien. Como que me puse a mí por arriba, yo hubiera ido igual pero me hubiera sentido horrible porque yo estaba con pensamientos malignos. Es como que… es así: mi estado de ánimo cambia de un segundo para el otro radicalmente. Y voy bien, por ejemplo, en lo que va del día de hoy voy excelente,

comiendo excelente sin ni ganas de vomitar, ni de comer nada. Si no me vienen los pensamientos… si mi conducta está bien, yo soy positiva, tengo proyectos, planeo hacer esto, planeo hacer lo otro, ya si me pasa que me agarré el atracón y vomito… ahora me pasó eso que me dio la otra vez en  los ojos, en la nariz, como que hice un derrame en la nariz y no sé como llegó a la nariz y, entonces, me empiezan a venir como ganas de morir, como que no puedo sola contra mis cosas y me dan ganas de decir, ta… no la peleo más, me importa todo un huevo, me mato”.

Caracterizaciones del proceso psicoterapéutico psicoanalítico

El material clínico que presentamos en este trabajo nos estaría indicando, tanto a través de la presencia de los sueños repetitivos (que denotan un estancamiento iterativo del sistema onírico), cómo de los sueños de tipo operatorio (donde se repiten actos de la jornada o del día siguiente y se caracterizan por ser objetivos, reales, banales y con ausencia de deformaciones), que estaríamos frente a irregularidades de funcionamiento mental. Lo vemos fundamentalmente por la falta de potencialidad para la asociación libre y la falta de espesor fantasmático.

Pero en la medida que estos sueños, a través de la transferencia, comienzan a enlazarse con otros contenidos, comienzan a establecerse procesos de desorganización donde surgen defensas mentales (en este caso angustias) y defensas somática (vómitos) o comportamentales (“quiero desaparecer”) que tienen la posibilidad, a través de la transferencia, de restablecer nuevos funcionamientos.

Este tipo de sueños en esta adolescente llevan a que se precise el trabajo psicoterapéutico. Cuando nos encontramos con pacientes con un riesgo somático y un funcionamiento mental insuficiente nos preguntamos si no deberíamos adaptar el proceso terapéutico y sus modalidades de intervención. En este caso, modificaciones en la frecuencia y el estilo de intervención donde la presencia el terapeuta favorece, por el juego, el arte, la conversación, un proceso regrediente capaz de servir de punto de apoyo a una interpretación más completa. El analista se adapta a las necesidades, sobrevive, se deja utilizar y ofrece las condiciones de restauración de lo transicional a fin que el verdadero self pueda salir de su escondite; entonces la interpretación será encontrada –creada– en el juego, matriz de la simbolización (Winnicott).

  1. Marty como C. Parat (1974) señalan el riesgo de interpretaciones psicoanalíticas clásicas que deconstruyen el edificio neurótico. Los pacientes somáticos imponen a la situación clínica una singularidad donde se presentan variaciones y diferencias en la elaboración de los sueños y representaciones lo que supone, también, variaciones y diferencias en la interpretación. P. Marty recomienda intervenciones que se sostengan en la función maternal del terapeuta. Función maternal llena de investimentos narcisistas y eróticos de la madre que vehiculiza la amenaza de castración del padre (Smadja, Claude, Szwec, G, 1999).

Discusión

Revisando esta hipótesis, a la luz de algunos trabajos de otros analistas, para tratar de visualizar si esta caracterización de los sueños se despliega en los procesos psicoanalíticos presentados por estos autores, observamos que tanto Varela, G. como Steiner, C. destacan el lugar de los sueños repetitivos vinculados a aspectos no elaborados del paciente, pero sin vínculo con desorganizaciones somáticas; mientras que el trabajo de Gutiérrez, M. “De los hilos al tapiz” presenta a una paciente con una afección psicosomática con sueños que no presentan las características anteriormente mencionadas.

La temática de enfermarse durante o después del análisis fue abordada por Franco, G. (1998) por Fine, A. (2000), Knsensee, A. (2000) y Fain, M. (1952). Ya Freud, en su historial clínico de Dora adolescente nos señala el carácter repetitivo de su primer sueño, soñado en distintos momentos de su vida. … Dora falleció de cáncer de colon. La pregunta es si en la historia de las relaciones de esta niña con sus padres alrededor de su cuerpo no quedaron zonas de fijación y fragilidad de este cuerpo erótico, que la dejaron más vulnerable y predispuesta a desarrollar una enfermedad orgánica. Por su parte, Marty planteó como hipótesis que las fijaciones y regresiones somáticas dependen del rol desempeñado por la madre en la adquisición y el desarrollo de las funciones somáticas. Tanto el desinvestimento materno como su falta de continuidad o coherencia afectan las mismas” (Szwec, G, 1999).

El trabajo con estos pacientes nos plantea el cuestionamiento sobre la necesidad de establecer condiciones previas antes de comprometerse en un trabajo de interpretación. Interpretar: ¿cuándo y cómo? Nos abre la pregunta acerca de la capacidad del paciente de tolerar la regresión que implica el diván y las mociones pasivas que caracterizan las neurosis de carácter o de comportamiento o de otras variedades de pacientes donde su funcionamiento mental puede conducir a riesgo somático.

La teoría de los sueños ha sido tomada también por otros marcos teóricos, como por ejemplo, la psicología cognitiva a través de Calvin S. Hall que sostiene que el sueño es una actividad cognitiva: las imágenes del sueño son la materialización de los pensamientos. Esta teoría plantea que el sueño posee dos características que lo hacen altamente elegible como un instrumento serio y sistemático de investigación: es un documento personal y es una proyección. A través de los sueños, se puede descubrir información significativa sobre las dinámicas internas de la personalidad. En este sentido, hay esfuerzos de Kachele, Eberhart y Leuzinger-Bohleber de introducir la investigación sistemática de los sueños en el contexto clínico. Este enfoque de los sueños como reflejo de características y procesos del sujeto resulta de gran interés desde nuestra perspectiva. Pensamos por ello que es importante estar atentos a los momentos de desmentalización en el curso del trabajo analítico para de esta manera darle todo su valor y alcance, ya que los sueños son, también, señales de la marcha del proceso analítico.

Para concluir, mi impresión es que si bien los sueños pueden oficiar como indicios de la salud somática, como se puede observar a través del material clínico presentado, esta hipótesis necesita aún de más desarrollos y experiencias que otros analistas puedan aportar, además de una precisión más fina de los diferentes tipos de sueños, a fin de poder distinguir las distintas maneras de operar del aparato psíquico del sujeto. 

 “A pesar de que se conoce bastante acerca de los productos de los pensamientos, poco se conoce de su proceso. Un pintor expresa sus concepciones o ideas en términos visuales, mientras los escritores usan las palabras para hacer públicas sus ideas. Los matemáticos emplean números y símbolos para plantear sus pensamientos y los músicos se expresan en patrones de tono, ritmo, intensidad o calidad. Un bailarín corporiza sus ideas en movimientos físicos, un escultor en formas tridimensionales y un arquitecto en  edificios. La formulación y comunicación de las ideas es la esencia de todas las empresas creativas. Si los sueños se definen como pensamientos que ocurren en el estado de sueño y si el pensar consiste esencialmente en generar imágenes, los sueños pueden verse como la reificación de los conceptos. Aquello invisible se vuelve visible cuando se transforma en una imagen de sueño” (Hall, C. 1953).

Notas

  1. Gonzalo Varela cita (APU, mayo 2002) un artículo de Phelippeau “¿Con qué sueñan las anoréxicas?” en el que el autor encuentra: La importancia de los temas alimentarios en el contenido manifiesto de los sueños, las escenas evocadas en el sueño muy próximas a las escenas de la vida real de esos pacientes, el relato de los sueños obtenidos en estas condiciones era por demás claro, coherente y adaptado.
  2. Los sueños repetitivos están a menudo integrados en las neurosis traumáticas y no conducen forzosamente a síntomas somáticos

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