Grupo de padres con hijos con trastorno mental grave

Pilar López Fraile y Blanca Tárrega Esteller

 

RESUMEN

Se transmite la experiencia de un grupo de padres dentro del centro de salud mental infantil y juvenil (CSMIJ) de Tarragona. Se puso en marcha un grupo con la idea de reflexionar acerca del rol parental con hijos que tienen trastorno mental grave (TMG). Se pretende facilitar un mayor conocimiento y manejo en la educación de sus hijos con problemas mentales, atendiendo a sus necesidades tanto en el ámbito familiar, como escolar y social. En el artículo se exponen los temas que han surgido en el grupo, la técnica utilizada, se realiza un análisis de la dinámica grupal, así como de los resultados obtenidos. PALABRAS CLAVE: terapia de grupo de padres, autismo, trastorno mental grave.

ABSTRACT

AN EXPERIENCE WITH A GROUP OF PARENTS OF CHILDREN WITH SEVERE MENTAL DISORDERS. This paper intends to transmit the experience with a group of parents assisted at the child and juvenile mental health centre of tarragona (spain). The group was created to consider and reflect on parental roles with children presenting severe mental disorders, particularly of the autistic spectrum. We attempted to increase parents’ comprehension of the education of their children and offer them skills. The paper exposes the topics and issues that appeared in the group, the group dynamics, the technique used and finally discusses the obtained results. KEY WORDS: parent group therapy, autism, pervasive developmental disorder, severe mental disorder.

RESUM

GRUP DE PARES AMB FILLS AMB TRASTORN MENTAL GREU. Es transmet l’experiència d’un grup de pares dins un centre de salut mental infantil i juvenil de Tarragona. Es crea el grup amb la idea de reflexionar al voltant del rol parental amb fills que presenten trastorn mental greu (TMG). Es pretén facilitar un major coneixement i una millor gestió en l’educació dels seus fills, atenent les seves necessitats tant a l’àmbit familiar, com escolar i social. A l’article s’exposen els temes que van sorgir en el grup, així com la tècnica utilitzada, es fa una anàlisi de la dinàmica del grup i dels resultats obtinguts. PARAULES CLAU:

En el equipo del Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil (CSMIJ) de Tarragona, y dentro del programa específico para trastornos mentales graves (TMG), se plantea la necesidad de acoger casos que han sido tratados durante un tiempo prolongado, desde los primeros meses o años de vida, en los servicios de atención precoç de nuestra zona. Se trataba, según la definición de TMG, de «patologías que tienen o pueden llegar a tener una repercusión importante en la calidad de vida de las personas que las padecen. Su evolución se ve comprometida por la gravedad de la presentación clínica y la persistencia en el tiempo, afectando gravemente a la vida familiar, escolar, laboral y social y producen una inadaptación importante» (Instituto Pere Mata, 2006). Tras la derivación a nuestro servicio entendemos que son niños que, por sus características, requerirán un trabajo terapéutico multidisciplinar intenso y prolongado, ya sea individual, farmacológico, grupal y en estrecha coordinación con otros servicios; además de una valoración social, de hábitos y/o un trabajo familiar. Por este motivo pensamos que podría ser muy útil, para las familias que llegan a nuestro servicio, un grupo de padres, con hijos entre 5-6 años y diagnosticados dentro del espectro autista. En estos casos, nos preguntamos si es posible establecer un vínculo seguro con un bebé que en los inicios de su vida no echa los brazos, no mira, no se comunica a través de los objetos, presenta dificultades en las respuestas anticipatorias, en la acción intencional y en la comunicación (Rivière, 1983), no sonríe, ni aparentemente diferencia a su madre del resto del mundo; es decir que no adquiere los organizadores básicos (Spitz, 1973). Para el niño es de gran relevancia un apego seguro (Bowlby, 1982), ya que este le va a permitir convertirse en un adulto autónomo, que busca apoyo y ayuda en los demás, que expresa sus intenciones y deseos (Ogden et al. 2009). Por otra parte consideramos que el niño está inmerso en un gran sistema en el que interactúan las características del propio niño, la familia, la comunidad y la cultura y sistema político (Barudy, 2005). En este sentido, nos parece que un grupo puede influir en la mejora del vinculo entre la familia y el niño, ya que se trata de una experiencia en la que los padres comparten sentimientos respecto a preocupaciones parecidas, pueden expresarse, escuchar y ser escuchado, disminuyendo la sensación de soledad y de anormalidad (Torras de Beà, 1996). Resulta, pues, especialmente interesante el concepto de mentalización de Fonagy, cuando expresa: «El cuidador que reconoce el niño como persona separada, con sus propias motivaciones, deseos y necesidades, demuestra tener capacidad de mentalización» (Orden, 2009). Esta habilidad permite al niño la posibilidad de percibir a los otros como separados de él, con sus propios intereses y motivaciones. Pensamos que el grupo puede ayudar en este proceso porque permite, además de aumentar la capacidad de observar y escuchar, construir ideas, teniendo más en cuenta a los hijos y su evolución (Torras de Beà, 1996). Para estos padres es muy difícil entender el mundo de sus hijos. Es frecuente que los padres de niños autistas renuncien a interpretar las acciones de sus hijos y dejen de acercarse a ellos, se alejen, debido al fracaso que tienen cada vez que lo intentan (Rivière, 1983). Ni el niño ni la madre logran entenderse, creándose un círculo que se retroalimenta (Corominas, 1998). Nuestro enfoque plantea, por tanto, que el niño, además de realizar un tratamiento individual que incida en los aspectos más incapacitantes (y sanos), trabajar sobre las figuras vinculares más próximas para favorecer una relación que permita el desarrollo máximo del menor. Entendemos que es prácticamente inevitable que haya un proceso de duelo por la pérdida del hijo imaginado, aspectos depresivos o sentimientos ambivalentes de amor y odio hacia el hijo, que dificultan que pueda haber un apego adecuado. Pensamos que a pesar de los avances de los últimos años en el saber sobre el espectro autista, todavía siguen vigentes prejuicios de la primera época de descubrimiento e investigación, en la cual la familia era responsable de la patología de su hijo (Frith, 1989). Aún hoy es relativamente frecuente escuchar, tanto en el ámbito educativo como sanitario, conversaciones en las que se confunden observaciones acertadas sobre funcionamientos familiares con las causas de la patología, con la consecuente culpabilización de la familia y la dificultad de entendimiento entre éstas y los profesionales.

Objetivos del grupo de padres

Los objetivos básicos fueron los siguientes:

  • Ayudar a comprender mejor el funcionamiento de estos niños, sus necesidades y cómo acercarse a ellos. Este objetivo fomentaría la «empatía» (Rothschild, 2009) de los padres, en contraposición al pensar y hacer por ellos, que elimina su autonomía. También se favorecería la «mentalización».
  • Favorecer los recursos internos de las familias, así como desarrollar y reflexionar sobre las funciones parentales.
  • Encontrar apoyo en el contexto grupal y sentirse «sostenidos», ya que los otros miembros del grupo son personas que están pasando por procesos similares frente a sus hijos.
  • Pensar y reflexionar acerca de cómo situarse ante los recursos educativos, familiares, sanitarios y sociales que existen y ante los recursos que faltan para su hijo o hija. Este «pensar y reflexionar» nos incluye a los profesionales que tenemos la responsabilidad de ser un elemento de apoyo en las familias (Barudy, 2005).

Metodológia

En la reunión de equipo, que se realiza en nuestro centro, se propuso esta actividad que después se ofreció a los padres con hijos con TMG. El grupo se acotó a seis parejas de padres, acudiendo finalmente seis madres (una de ellas con dos hijos con TMG). La modalidad es de grupo cerrado en el que no puede haber nuevas incorporaciones, con el fin de posibilitar la profundización en las problemáticas que interesan a las familias, además que los grupos funcionan como un individuo: con su historia vital, un inicio y un final (Palacios, 1979). Fue dirigido por dos psicólogas del equipo y acudió como observadora, durante tres meses, una residente de psiquiatría. Se programaron sesiones de una hora a la semana, durante de 6 meses, realizándose un total de 18 sesiones. Se tuvo que finalizar en esta fecha por la incorporación al trabajo de una de las madres y el abandono de otras dos. Se realizaron seis sesiones con una supervisora externa al servicio. Respecto a las características de las familias que integraban el grupo y de los diagnósticos de los niños, hacemos un resumen de aspectos más destacables en la Tabla 1. Los padres de estos pacientes no presentaban patologia tratada en salud mental ni tampoco antecedentes psiquiátricos familiares conocidos. Hay diferentes diagnósticos en los hijos (ver Tabla anterior) y también diferente perspectiva y conciencia de la sintomatología de los hijos por parte de los padres: todos ellos son conscientes de los problemas que han presentado en los primeros años de vida, pero algunos más que otros, teniendo en cuenta que los diagnósticos y la sintomatología son de diferente evolución y gravedad.

Técnica de trabajo dentro de la terapia de grupo

  • Grupo no directivo, se favorece la libre expresión, no se ofrecen orientaciones o soluciones directas sino que se pretende que puedan expresar su malestar y preocupaciones particulares, aportando ellos mismos estratègies que beneficien a sus hijos. Pensamos que a través de la explicación de su propia experiencia pueden reflexionar sobre su modo de actuar con sus hijos y también ofrecer ideas a otros padres. Esto favorece los recursos internos de estas familias.
  • Escucha activa de las vivencias de los padres en todo lo relacionado con sus hijos y las funciones parentales, y acotamiento de temas que les alejen de los objetivos grupales.
  • Observación de las dinámicas grupales e intervención en aquellas que dificulten los objetivos del grupo.
  • Facilitación de la comunicación mediante preguntas, afirmaciones o resúmenes de los días anteriores. Se refuerza especialmente hablar acerca de: las decisions que han de ir tomando, miedos, inseguridades, limitaciones; así como las capacidades de observación, de entender y atender las necesidades de sus hijos y de ofrecerles una relación afectuosa.
  • Regulación de las emociones que aparecen, siendoconscientes de que el exceso de emociones intensas, así como la no implicación emocional son poco beneficiosos para el grupo.

Contenidos relevantes que surgieron en el grupo

Los temas que se exponen a continuación surgieron espontáneamente, por parte de las madres que acudían, desde el primer día y se fueron repitiendo a lo largo de las sesiones, pensamos que por su relevancia. Son temas que aparecen entrelazados pero para facilitar la comprensión los clasificaremos temáticamente.

La separación. Apareció en primer plano la angustia que supone que sus hijos comiencen a relacionarse fuera de la familia, con iguales y otros adultos, ampliándose el entorno familiar, sobre todo, con la escolarización. Aparecen recuerdos muy precisos de la primera excursión, las colonias, así como el primer día de clase. Son situaciones habituales para todos los niños, pero que en estos casos presentan serias dificultades que hacen que tengan una gran fragilidad, tal como resumimos a continuación. Son niños con un retraso en la adquisición del lenguaje, en su articulación, en la expresión o en todas ellas. También la comunicación cualitativa está afectada, no saben cómo acercarse al adulto ni al igual, las relaciones sociales y la función comunicativa están alteradas, así como el juego, que es repetitivo y solitario, no siendo habituales sus intereses y gustos. Suelen ser muy frecuente los retrasos y dificultades en el aprendizaje, siendo su modo de aprender y memorizar diferente al ordinario, con dificultades cognitivas serias. Todo esto genera un alto nivel de angustia ante situaciones nuevas y ante la separación de los progenitores, además de problemas para expresarse, así como de explicar las actividades cotidianas o los pequeños o graves problemas que les pueden surgir diariamente. Los padres, debido en parte a las dificultades comunicatives de sus hijos, se ocupan de informarse de lo que han hecho a lo largo del día a través de otras persones generando diversidad de opiniones entre los professores y otros profesionales -ya que suelen preguntar más que otros padres sobre detalles del día a día- o una distorsión de la información. Las dificultades que hemos mencionado antes producen una vigilancia parental que es muy útil en muchas circunstancias, pero que en otras puede tornarse excesiva. No es fácil encontrar el equilibrio entre el acercamiento o la separación, cosa muy relevante a la hora de establecer un vínculo adecuado (Ulnik, 2004). La madres se preguntan si sus hijos «han de ir de colonias tan pronto», si «han de ir de excursión», «si los han de acompañar», «cómo estar con ellos en el parque», si muy próximos o más lejos. Se trabaja en el grupo cómo encontrar los puntos intermedios de Seguridad y de flexibilidad. Surgen ansiedades y miedos, en los niños y en los padres, y aparecen en el grupo contenidos de terror a los secuestros, a las violaciones, a la pérdida del niño. No debemos olvidar que son niños que «se pierden fácilmente», tanto en el sentido metafórico –en forma de desconexión del entorno–, como en el sentido real, así pueden extraviarse y no saber explicar quienes son o dónde viven. Esto produce inseguridad en los padres generando una hiperobservación e hipervigilancia. Se trabajan estrategias intermedias de vigilància y se habla de todos estos miedos. Es muy importante poder encontrar una distancia adecuada, ya que hace tiempo que sabemos de los efectos que tiene en la capacidad de simbolización y de juego del niño, el hecho de que la figura cuidadora no le deje un espacio solo o con otros (Freud, 1920). Durante varias sesiones se habla de la separación durante las horas de sueño, ya que casi todos estos niños tienen problemas para dormir solos y para calmarse solos si tienen miedo. Cada madre adoptaba estrategias y tenía opiniones diferentes en este tema.

Qué contar y a quién. Qué informar al niño. En el grupo las madres expresan cierta desconfianza por parte de las familias hacia el entorno. Para ellas es imprescindible conocer bien a los lugares y las personas que se harán cargo de su hijo o hija. Se producen situaciones muy dolorosas cuando estas familias han de repetir una y otra vez la historia y características de su hijo, repetición que no produce un beneficio ni elaboración porque dura muchos años y cada vez el relato comienza pràcticament desde cero. Parece que las instituciones no tenemos memoria. También surgía en el grupo la comparación de las enfermedades mentales con aquellas en las que hay un fenotipo visible, como el Síndrome de Down, en el cual «todo el mundo sabe», «no hace falta dar explicaciones». Puesto que en sus hijos el desarrollo físico es normal en la mayoría de ellos y no hay una evidencia para el mundo exterior, hay que tomar continuas decisiones sobre a quién contar, qué contar o cómo, generando un gran estrés en las familias. Creemos que la enfermedad mental en sí misma es más difícil de entender que otras enfermedades (Tomás, 2002).

Las funciones parentales: ¿dónde está la «supernani»? El nivel de protección puede ser muy difícil de regular, todas las madres, por ejemplo, explicaban la angustia que habían sentido al dejar a su hijo en las clases de piscina. Ha ocurrido que el niño «se equivoque de monitor» o «haya sentido pánico al agua», comportando un cierto riesgo para él, por lo que la delegación en esos momentos no fue fácil, requiriendo un mayor contacto con los monitores o un hipercontrol. Para la madre o la figura cuidadora más cercana este cuidado tan cercano puede provocar, por un lado, una gran soledad y cansancio, pero también una gran satisfacción o goce (Lacan, 1968) que puede conducir hasta una sensación de omnipotencia, que hace difícil delegar a otras persones el cuidado del hijo y dificultar, así, la capacidad de exploración del niño (Cyrulnik, 2002). Una madre del grupo dice: «¿No os pasa que es el hijo que más os llena?». En los comienzos del grupo las madres solicitaban orientaciones precisas –»¿dónde está la supernani?»–. Con la evolución de las sesiones pudimos ir comprendiendo la inexistencia de ese ideal, de esas pautas vàlides para todo niño o niña; es decir, que cada uno tiene una responsabilidad respecto a su hijo que es sólo suya, aunque las decisiones las tomen acompañados por los distintos servicios y profesionales. Esta responsabilidad a veces se torna en culpa, otras en dolor, otras en angustia. En el grupo se intentó entender qué responsabilidades tenemos cada uno de los que intervenimos, además de rescatar todas las habilidades que han tenido estas madres y estos niños para afrontar cada nueva situación. La demanda de pautas es señalada por Torras de Beà (1996) cómo una manera de los padres para expresar la frustración que les producen sus hijos dependientes, regresivos, incapaces de encargarse de sus necesidades y destaca que el grupo les ayuda a observar y a pensar por sí mismos, y a encontrar las formas apropiadas para cada uno de ellos. Muy relacionado con lo anterior son las situacions de gran angustia en las que los padres acaban pegando al niño en momentos de gran peligro para su vida –como cuando cruzan una carretera–. Son momentos de mucha tensión. En estos casos planteamos qué hacer. Hablamos de las leyes, de la justicia del menor, de cómo las leyes van cambiando a la vez que la forma de educar a los hijos. Esto lleva a reflexionar, en el grupo, la respuesta sancionadora de los padres ante algunes conductas de sus hijos, con la consiguiente falta de contacto y pérdida de diálogo precisamente cuando sería lo más necesario (Torras de Beà, 1996).

Relación de los padres con los recursos. Generalmente las familias que tienen hijos con estas problemáticas están muy pendientes de ellos. Desde los primeros meses de la vida han acudido al pediatra, después a estimulación precoz donde son atendidos semanalmente, por diversos profesionales. Cuando tienen el «alta administrativa» –a los cinco años–, a los padres les es muy difícil asumirla pues «su hijo no está bien». Al llegar al CSMIJ hay

un procedimiento distinto, algunos profesionales han de buscarlos por la vía privada, como los psicomotricistas, fisioterapeutas o logopedas. El neuropediatra los atenderá en el hospital y el tratamiento psicológico y/o farmacológico en el CSMIJ. Esto supone una fragmentación del tratamiento y de la asistencia, así como de las informaciones y orientaciones que reciben del niño. Las madres en el grupo hablan del «abismo», del vacío que sienten ante la falta de un referente claro. Cada madre ha realizado un itinerario diferente, por las características de cada familia y niño, pero también por las limitacions institucionales, que no se pueden eliminar, pero sí mejorar (Tizio, 2002). En relación con la escuela plantean, en general, una sensación de impotencia que se traduce en muchos casos en la queja y las demandas a distintas Instituciones como, por ejemplo, de USEE (unidades de apoyo a la educación especial) que son escasas (Calmet, 2007). Estos niños no son de educación especial y tampoco lo son del centro ordinario. La impotencia y la culpa se focaliza en distintas personas: el tutor, el psicólogo, el vetllador (auxiliar de educación especial que ha sido concebida para ayudar a niños con discapacidad física, no psíquica). En el grupo ha sido un trabajo fundamental el transformar esa impotencia en acción, en búsqueda de soluciones a partir de los recursos que se tienen. También hablaron de asociarse, pero no ha cuajado esta idea. La escolarización en la época actual representa muchos aspectos en la vida del niño: aprendizaje, relación con los iguales, con los padres, con el resto de padres; también están las notas, el rendimiento, la evaluación, los horarios, las rutinas o la alimentación en muchos casos. Estas madres explicaron en el grupo la angustia ante cada uno de estos aspectos. Se habló, por ejemplo, del tipo de aprendizaje que beneficia más a sus hijos, del aislamiento o miedo a lo que suceda en el patio y de las decisiones que han ido tomando al respecto.

El niño crece: expectativas. Desde la primera sesión se habló, en el grupo, de miedo al futuro. Se pregunto sobre la autonomía del niño, si podrá arreglárselas solos, si necesitará su ayuda siempre; «qué será de ellos cuando nosotras hayamos muerto». Los sentimientos depresivos que estuvieron en primera línea, son difíciles de escuchar ya que conllevan una gran intensidad. En el grupo se les dio un lugar, se hizo un acompañamiento, pues son sentimientos que provocan identificaciones en las otras madres –también en las terapeutas–, todo ello acompañado de tristeza y angustia. Se intentó regular estas emociones explorando la esperanza, sin hacer una negación de los problemas. Como son niños que necesitarán tratamiento o ayuda de profesionales diversos durante largos períodos de tiempo, se trabajó la concienciación de lo que implica un niño con TMG. Algunas madres trasmitieron la gravedad y la cronicidad de sus hijos en algunos momentos, en otros hablaron mucho de su normalidad. Se pasa, continuamente, de la negación a la concienciación, también de los aspectos sanos y a otros patológicos. Dentro de este proceso de desarrollo pudimos hablar de los avances y progresos observados en los años de tratamiento previos. En general hay una mayor conciencia de cronicidad en los casos más graves, siendo también el diagnóstico más claro para los clínicos. En los demás casos hay más dudas sobre el futuro, y nos planteamos si las mejoras de estos niños generan unas expectativas de «normalidad» total, siendo la palabra «normal» utilizada de modo muy frecuente, sobre todo tras hablar de las incapacidades del niño. Por último, señalar que las expectativas también dependen del presente, y aumentan considerablemente si las familias se sienten con recursos, tanto personales como por parte de las diversas instituciones.

Reflexiones sobre la terapia grupal

Las primeras sesiones tuvieron un ritmo muy rápido, las madres hablaban sin pausas, sin interrupción. Fue bastante complicado regular este ritmo y parar a pensar y a analizar las cuestiones que explicaban, que eran importantes. Dado que los cambios de tema eran continuos, sobre todo al principio, pensamos que era debido a la angustia. Durante las sesiones era habitual que una persona o dos participaran bastante más que el resto, como es habitual en los grupos (Yalom, 1996), aspecto que fue necesario regular, fomentando activamente la participación de todos los miembros. Las primeras sesiones tuvieron un tono muy depresivo que fue pasando a medida que se reguló poder hablar de intereses de menor emotividad y más resolutivos, aunque este tono desapareció en ningún momento. Se observó mucha sensibilidad ante los comentarios de las demás madres, aspecto que no ha emergido de forma clara hasta la última sesión. Pensamos que hubiera sido útil interrogar de forma más directiva sobre los sentimientos respecto de lo que se hablaba en el grupo y sobre lo que cada participante entendía que le decían. El análisis de lo que ocurría en el grupo «en el aquí y ahora», posiblemente, hubiera posibilitado una apertura mayor. Dos madres abandonaron el grupo. Pensamos que pudo estar relacionado, en uno de los casos, con la falta de compromiso y que fue más una demanda de las terapeutes que de esta participante. En el segundo caso, nuestra hipótesis es que se movilizaron síntomas melancólicos, de tristeza y rabia, que eran difíciles de abordar en el grupo por el momento personal que estaba pasando. Consideramos que el tiempo fue demasiado breve, probablemente hubiera sido beneficioso un número mayor de sesiones y así lo manifestaron también algunes madres. Resultó útil, para la dinámica, realizar al inicio de cada sesión un resumen de lo que se había hablado en la anterior reunión, pudiendo de este modo crear un hilo conductor del contenido.

Resultados y conclusiones

En cuanto a los resultados los valoraremos en función de los objetivos que nos habíamos planteado.

  • Respecto a comprender el hecho de tener un hijo con TMG creemos que sí se pudieron entender mejor algunas de sus conductas, compartirlas con otras madres, ver las diferencias y semejanzas con los otros niños y, también, darse cuenta de que tienen un conocimiento muy amplio de lo que beneficia más a su hijo. Han pasado de preguntarse por la «supernani», a la toma de decisiones pensando en las características de su hijo.
  • En cuanto a pensar estrategias posibles, pudieron explicar las formas de enfrentarse a los problemas que han funcionado con éxito, así como otras en las que no fue posible y se intercambiaron estas estrategias entre las madres. Esto se reforzó mucho en el grupo, insistiendo en que cada niño es diferente, así como cada familia, y que para buscar soluciones se han de tener presente muchos factores.
  • Se observó una dificultad para la identificación, empatía y apoyo entre las madres lo que podría atribuirse a una duración insuficiente del grupo, defectos en la técnica grupal o la elección de un momento familiar demasiado temprano para asumir la gravedad de su hijo. Aunque, por otro lado, pensamos que sí que han encontrado en el grupo un lugar contenedor, donde han compartido experiencias, ansiedades, miedos y también satisfacciones de la crianza de estos hijos.
  • Se reflexionó mucho sobre los recursos externos e institucionales. Esto permitió pasar de la queja inespecífica a la tristeza por su escasez y, después, a la operatividad; es decir, conocer los que existen, no tener expectatives demasiado altas e inalcanzables, pero poder pedir y concretar de modo adecuado recursos que puedan ser beneficiosos a sus hijos. Esta experiencia nos ha hecho pensar en que es muy necesario un trabajo con padres de pacientes con estas patologías, y que la terapia de grupo es de gran valor terapéutico. Respecto a este grupo, pudimos observar que cuando la negación es muy fuerte, es prioritario un trabajo individual, así como cuando el proceso de duelo está en un momento de gran intensidad. Creemos, también, que un factor relevante en el grupo es la franja de edad escogida. Nuestra hipótesis es que en la primera infancia es más fácil normalizar las conductas de: «ya se le pasará», «es porque es pequeño», mientras que en edades posteriores es mucho más visible y se hace más difícil la negación. Por último nos gustaría resaltar la ausencia de los progenitores varones en este grupo y, en general, en los tratamientos en el CSMIJ. Es una cuestión difícil de resolver y, de hecho, es casi estructural en nuestra cultura (Tizón y Fuster, 2003). Sin embargo, habrá que seguir reflexionando sobre este tema. En los seguimientos posteriores al grupo de las familias, se observó un desfase entre los padres, respecto al conocimiento y cuidado de los hijos.

Agradecimientos

A Teresa Ferret Piñol, psicóloga clínica, psicoanalista, psicoterapeuta de la ACPP. Supervisora de la terapia de grupo y de este trabajo.

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