Grupo de madres y padres frente a la desolación

Júlia Masip Serra y Rafel Tubau Clará

 

RESUMEN

Este artículo, tiene como objetivo describir y reflejar, a partir de una experiencia grupal en situaciones de alta conflictividad y agresión familiar, el trabajo complejo pero actual de profesionales de atención primaria en servicios sociales. Se plantea como mediante un trabajo interdisciplinar, con un grupo integrado por madres y padres que sufren agresiones de sus hijos, se disminuye la alta conflictividad familiar, a la vez que se mejora la intervención social. PALABRAS CLAVE: adolescencia y agresión, conflictividad familiar, intervención grupal, interdisciplinariedad.

ABSTRACT

GROUP OF MOTHERS AND FATHERS IN FRONT OF DESOLATION. The main objective of this paper is to describe and show, through a group experience in highly aggressive and conflictive family situations, the complex work of primary care professionals of social services. An interdisciplinary approach with a group of mothers and fathers who suffered aggressions from their children decreased the family conflictive, also improving the social intervention. KEY WORDS: adolescence and aggression, family conflictive, group intervention, interdisciplinary.

RESUM

GRUP DE MARES I PARES DAVANT LA DESOLACIÓ. Aquest article té com a objectiu descriure i reflectir, a partir d’una experiència grupal en situacions d’alta conflictivitat i agressió familiar, el treball complex però actual de professionals d’atenció primària en serveis socials. Es planteja com, mitjançant un treball interdisciplinari, amb un grup integrat per mares i pares que pateixen agressions dels seus fills, es disminueix l’alta conflictivitat familiar, a la vegada que es millora la intervenció social. PARAULES CLAU: adolescència i agressió, conflictivitat familiar, intervenció grupal, interdisciplinarietat.

Las sesiones

Se realizaron en total 6 sesiones, todas ellas altamente participativas (en las dos últimas, una por vacaciones y por qué se precipitó una crisis agresiva en otra, dos familias no pudieron asistir). Presentamos, a continuación, un resumen de la evolución de las sesiones, remarcando y sintetizando los aspectos más relevantes de nuestras intervenciones, de las dinámicas presentes y de las respuestas individuales de las familias integrantes del grupo. La sesiones se desarrollaban, de forma esquemática, de la manera siguiente: presentación, tema trabajado, evolución y análisis de la sesión, cierre y tareas a realizar. Primera sesión: Presentación y encuadre del porqué de la intervención en grupo Primera pregunta para comenzar: ¿Cómo se sienten como padres-madres? Desolados, es la respuesta más compartida después de una rueda de exposiciones en las que nos presentan su grado de impotencia, desconsuelo, angustia, pena, desgaste y desolación: no saben como han llegado hasta aquí ni tampoco como salir. Otra cuestión a destacar en esta primera sesión: las separaciones. Todas las familias, de una manera u otra, las han sufrido. Pensamos si al tener casi todas las separaciones un origen traumático: ¿no habrán han influido en la evolución de la dinámica familiar para llegar hasta esta situación? (Nuestra hipótesis es que sí han influido). Al finalizar preguntamos como se han sentido en el grupo y con los profesionales. Como elemento de cohesión y para iniciar el diálogo realizamos comentarios de cuestiones guardadas hasta el momento y se sugiere un ejercicio para realizar en casa: que piensen y escriban sobre los tres puntos siguientes: Cuál creen que ha sido la causa o el origen del maltrato de los hijos hacia ellos-as, las conexiones positivas que quedan todavía con los hijos y alternativas tomadas hasta el momento para mejorar la relación. Segunda sesión Se repasa el ejercicio. Todas las familias lo han realizado. Salen a relucir aspectos positivos (el gran afecto y cariño, la estima, los recuerdos de infancia, etc.). Como hipótesis apuntadas destacamos dos: la del primer padre. Que su separación de pareja le ha influido mucho al hijo –diagnosticado de trastorno de personalidad–. La de una madre: la gran influencia de su padre agresivo. En cuanto a las alternativas aportadas: más sentido del humor, más límites, cambios de rol en la pareja. Nos sorprendió gratamente el hecho de fueran tan aplicados e hicieran las tareas, como las alternativas positivas frente tanta desolación. También la confirmación de nuestra hipótesis por parte del resto del grupo. En esta sesión, la dinámica grupal es muy activa, se da un alto grado de conexión entre las familias. El interés y las ganas por introducirse en el tema, trabajar los ejercicios, la escucha y el respeto hacia los profesionales permitió la reflexión sobre las tareas, las hipótesis y la posición individual frente a las responsabilidades. Con agilidad y determinación los profesionales nos apresuramos a combinar la devolución con un ejercicio, más individual, para realizar en casa: explorar y analizar sus dificultades individuales como madre-padre frente a situaciones de crisis con sus hijos. Tercera sesión Viene una pareja –padre y madre– y ella manifiesta su sentimiento de descontrol y rabia como dificultad individual. No se siente buena madre, se avergüenza de que le llamen la atención por su hijo, por delegar demasiadas de sus funciones maternales. Otra madre dice: “demasiadas responsabilidades y dedicación muy absorbente”. Está muy negativa. En cuanto a las posibles soluciones o salidas no las puede ver. Se siente impotente: la agreden, –las otras madres y padre le dicen que pruebe límites sociales: Guardia Urbana, Fiscalía, denuncia–. El grupo empieza a funcionar como ayuda y elemento de cura (Pichon Riviére, 1985), Los profesionales analizamos la dinámica positiva del grupo en cuanto a espacio donde compartir las dificultades pero, a la vez, también vemos como se repiten pautas relacionales marcadas por la culpabilidad: “el padre”, el propio hijo, el “compañero”; siempre aparece un “otro”a la hora de buscar responsabilidades propias. Comentamos las grandes resistencias a mirarse a ellos mismos. Pensamos que es muy importante hacer una devolución y pedir un esfuerzo por ver su parte de responsabilidad respecto a conductas, comportamientos, límites, etc. Se continúa ofreciendo el espacio para los hijos. El educador se pone en contacto con alguno de ellos, las dos partes (padres e hijos) se muestran muy reticentes a este segundo espacio. Cuarta sesión Intuíamos, por sus exposiciones y movimientos en el grupo que la pareja de madre y padre sufrían no sólo por el comportamiento de su hijo, también por sus diferencias. Efectivamente, en esta sesión plantean las discrepancias y la falta de respeto hacia sus diferentes decisiones. Se da un clima de escucha, las aportaciones del grupo son moderadas y buscan la mediación. También exponen las dificultades durante las vacaciones: su hijo quiere ir con ellos de camping y llevar a la novia. El padre no quiere, la madre piensa que es una oportunidad para mejorar la relación. El grupo les aporta aspectos positivos a la demanda del hijo: que le pongan condiciones, que le limiten la edad para vivir en casa, que escuchen a la novia de su hijo y a éste cuando dice que quiere trabajar. Aportaciones que los padres escuchan con mucha atención. Una madre de tres hijos, expone los insultos y vejaciones a que la someten. El resto del grupo (4 miembros) le dan apoyo y aportan situaciones legales. Todos manifiestan la necesidad de poner límites a su difícil situación. La devolución de los profesionales esta vez va dirigida más a tener en cuenta la parte de responsabilidad de los hijos hacia sí mismos: el estudio, el trabaja, etc. En esta última parte se produce cierta tensión, la mayoría son madres, solo hay un padre y se siente en minoría. Los profesionales aprovechamos para introducir, al final, un ejercicio corporal que ya teníamos preparado por si se daba la oportunidad y, así, valorar el nivel de agresión, de distanciamiento o de proximidad de los progenitores hacia sus hijos e hijas. Han de hacer, en dos tiempos, una escultura que refleje y represente el afecto hacia sus hijos: como se sienten en la actualidad y como les gustaría sentirse en el futuro. En el primero, aportan más pensamiento racional de distancia (contención del cuello, tensión, todos muy rígidos, les cuesta y se lo piensan mucho) que de exposición con el cuerpo, pero no hay agresión, se da en común un gran deseo de proximidad. Es en la segunda parte del ejercicio, que corresponde a la situación de futuro, todos se relajan y se muestran más tranquilos, algunas de las participantes hasta se sientan. Muestran un deseo de armonía y tranquilidad. Después, al comentarlo en grupo, comparten y coinciden en la gran necesidad de contacto físico con sus hijos e hijas y también en la distancia que los separa. Como ejercicio en casa: procurar distanciarse de las responsabilidades que deben de asumir los hijos e hijas como “sus propias” decisiones. Quinta sesión Los profesionales, en el análisis después de la última sesión, pensamos que las familias que no han expuesto abiertamente su problemática lo hicieran, favoreciendo una participación equitativa, pues aunque los conflictos no fueran tan graves, no por ello dejaran de exponerlos y poder aprovechar los efectos grupales. Al mismo tiempo, se trataba de seguir introduciendo el concepto de la responsabilidad de los padres: “¿De qué se sienten responsables?” y, así, “excluir” de la narrativa la “culpabilidad” que no les deja avanzar en sus sentimientos. Introducimos el libro: Socorro tengo un hijo adolescente. Inicia la sesión la madre que tiene una hija que va con un grupo peligroso del barrio y sólo tiene quince años. Expone como ha mejorado la relación, ya no le tiene tanto miedo pues la escucha y se muestra dispuesta a dialogar, quiere empezar el curso y cambiar de gente porque le agredieron con una bofetada. La madre, además, piensa enviarla de colonias, ésta misma semana, para alejarla y sin móvil. El grupo le propone que también implique al padre, que vaya más días con él. La madre lo ve complicado, tienen pendiente un juicio en septiembre –también expone su situación actual de pareja, se siente presionada y no quiere repetir el mismo tipo de relación–. Manifiesta que asistir al grupo le hace bien. Otra madre comenta que se siente todavía muy mal con el padre de su hijo, que la persigue y no la deja rehacer su vida. Con el hijo va mejor. Es la integrante más positiva del grupo, expone continuamente el trabajo terapéutico realizado cuando se separó. Para ella ha sido un proceso muy positivo para poder avanzar como mujer separada y, sobre todo, para poder afrontar la relación con el hijo sin perder los papeles. Explica, también, que en la última discusión el hijo se fue de casa, con su padre. Si vuelve se propone ponerle condiciones ya que le destroza el piso. Por último, la madre de tres hijos expone que llamó a la fiscalía y expuso su situación. Se siente muy mal porque los acontecimientos se precipitan, es su límite legal y tiene mucho miedo a perder los hijos. El grupo le comenta: “es lo mejor que puedes hacer para ti y para ellos”. Es una sesión tranquila y rica. Proponemos que en la última se haga una valoración de todo el proceso. En la postsesión, los profesionales analizamos los avances logrados por las integrantes del grupo: se sienten más responsables de los límites que proponen, más firmes y seguras en las decisiones, a pesar de las posibles respuestas de distanciamiento por parte de los hijos e hijas, pero que para ellas representa una posición más fuerte. Sexta sesión Esa semana, la madre que ha hecho la denuncia a la fiscalía llama para disculparse, no podrá asistir porqué se siente muy mal. Se solicita visita en psiquiatría y se deriva, de urgencia, al centro de salud mental. También querríamos dar un espacio y tiempo a la pareja que habían regresado de las vacaciones, pero no vienen –por teléfono se disculpan y dicen que no les ha ido bien–. Asisten sólo las dos madres que expusieron su avance en la sesión anterior. Hacemos una evaluación de todo el proceso y de la intervención grupal, junto con propuestas e intenciones futuras. Exponen que les ha ido muy bien. Diversos acontecimientos no permitieron la intervención paralela con los hijos –los madres y padres eran muy reacios: el tiempo, el verano, las vacaciones, los horarios, etc.–. Los profesionales también hacemos una evaluación positiva respecto a los temas trabajados y sus respuestas. Dejamos el espacio abierto para septiembre. Se ha creado una cierta situación de empatía entre profesionales e integrantes del grupo, donde el profesional asume una función de ayuda desinteresada, de escucha y de retorno, sin presión frente a las crisis aportadas, ya que el grupo hace de contención.  

Resultados

Se realizaron seis sesiones, con una participación de 5 familias (cuatro madres solas y una pareja – padre y madre–), que han aportado sus vivencias y situaciones de confrontación y sufrimiento, compartiéndolas con nuestra propuesta de reconstrucción positiva. A continuación se valora como ha ido a cada una de ellas: – Familia 1: Asistió a más de la mitad de las sesiones. No sabemos directamente los resultados, pero sí la resolución de la madre: recuperar la afectividad hacia el hijo, también a través de su novia, aceptándola (dijo que lo aprendió en el grupo). El padre siempre mostró una gran dificultad para aceptar su responsabilidad hacia los conflictos del hijo, padeciendo una gran rivalidad y celotipia (Corsi, J. 2002). – Familia 2: Asistió a todas las sesiones. Compartió una implicación más intensa y positiva con unos resultados más gratificantes (habían hecho terapia durante un año y medio). El hijo había vuelto a casa, se reafirmó en su posición y límites hacia él, al mismo tiempo que mantenía una buena relación con la novia de éste. También sabe que ha de continuar su tarea respecto al futuro para sí misma y para el hijo. – Familia 3: Posiblemente la más difícil y en estado de fuerte crisis (madre con separación de años, muy traumática, con pleitos, discusiones y rivalidades por los hijos). Asiste a prácticamente a todas las sesiones. Inició un proceso de autocura personal en salud mental, poniendo límites a los maltratos físicos y psicológicos de dos de sus hijos (Corsi, J. 2002), a través de denunciarlo a la Fiscalía. Este hecho que le ha comportado una sentencia de distanciamiento. Los hijos deben irse con el padre por orden judicial, todo y que uno de ellos (el menos agresivo) ha permanecido con ella. Tendrá que buscar trabajo para mantenerse económicamente, ya que ha perdido la pensión que el padre le pasaba. La madre sigue en terapia individual. Los hijos, también, por prescripción judicial. – Familia 4: Madre sola que asiste a todas las sesiones (aunque se incorporó una sesión más tarde). El grupo le sirvió para darse cuenta de la parte más positiva de la relación con la hija (la única chica). Aunque inicialmente le tenía mucho miedo, se fue reafirmando frente a los límites y estrategias que el propio grupo le sugería. Cedió más pero con condiciones, retirándole el móvil, pactando horarios, cambio de amistades, estudios. También se replanteó su nueva relación de pareja, no se iría a vivir con él, por lo que interpretó el cambio de su hija, más calmada y dialogante, como consecuencia de su decisión. Familia 5: Otra madres sola que lo dejó a la segunda sesión por motivos de horario. Aunque sigue vinculada a servicios sociales por el mismo problema.  

Evaluación profesional de la intervención

Como profesionales lo primero queremos apuntar es que la situación por la que atravesaba el equipo era, como mínimo, difícil. Además, tuvimos que trabajar fuera del centro (nos cedió un espacio el Centro de Recursos Pedagógicos), entrando en período de final de curso (pocas sesiones y precipitadas) y expuestos a una dinámica de fuerte presión técnica (número de casos atendidos, gravedad de los mismos, etc.). A pesar de ello, valorando los resultados, cinco meses después, la mayoría de las familias –todas menos una– han mejorado respecto a la gravedad de las situaciones de crisis y de las agresiones. Dos ya no vienen al servicio, las menos graves. Otras dos siguen en el servicio, una de ellas, la madre de tres hijos, hace terapia individual, está más tranquila, elaborando la pérdida de los hijos agresores y la ganancia de su integridad y amor propio. La otra, la pareja que tenía graves conflictos por resolver, la educadora continua tratando al hijo que quiere independizarse con la novia. Estas dos últimas eran las familias que tenían peor pronóstico. Pensamos que quizás, para la pareja, el grupo no era precisamente el espacio más adecuado. Por lo que respecta al equipo, a pesar del trabajo que comportan, las intervenciones grupales creemos que fueron positivas a medio y largo plazo. En primer lugar, debido a la obtención de resultados inminentes: las agresiones se frenaron. En segundo lugar, por la dinámica que se establece: cohesión frente al problema, puntos de vista, aportaciones, y alternativas diferentes; coincidencias en el sentimiento de desolación, escucha, y comprensión; dependencia, primero de los profesionales, después del grupo para lograr aprender a distanciarse del problema y retomarlo desde otra perspectiva: dar nombre a las agresiones, fortalecerse frente la desolación, poder hablar de sentimientos, buscar alianzas con otra madre o con la novia del hijo, reflexionar sobre las huidas de los otros, etc. (García y Musitu 2000; Villalva, 2003). Por último, creemos que este trabajo permitió a dos profesionales de diferentes disciplinas compartir, desde la intervención, el enfoque teórico-práctico de un problema grave y actual como son las agresiones intrafamiliares, en este caso de hijos e hija hacia los progenitores. Encontramos a faltar, en esta intervención, el trabajo con los hijos para completar el proceso y poder, así, confirmar algunas de las hipótesis que nos habíamos planteado. De todas maneras los elementos extraídos de la intervención con los padres nos animan a seguir trabajando, investigando, proponiendo nuevas alternativas no solo a nivel terapéutico individual y familiar, también a nivel grupal y comunitario, desde la prevención en atención primaria.  

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