Experiencias y funciones del narcisisme en los trastornos de personalidad en el niño y en el adolescente

Alain Braconnier y Sandra Murcia

 

RESUMEN

La noción de Trastorno de la personalidad narcisista y el concepto de narcisismo son complejos. Nos proponemos estudiar estos trastornos en los niños desde un punto de vista funcional y no estructural. La elección se ha realizado teniendo en cuenta el desarrollo que caracteriza esta época de la vida. A partir de un caso clínico destacamos tres funciones: una necesidad de crear un momento para sí mismo, una necesidad de satisfacción a través de su propio cuerpo y una necesidad de auto preservación frente a los fantasmas agresivos y a sus proyecciones. Para el niño, el narcisismo se puede entender igualment como un espacio protegido que permite al sujeto de vivir en el mejor de los mundos posibles. PALABRAS CLAVE: trastorno de la personalidad, niño, adolescente, narcisismo.

 

ABSTRACT

EXPERIENCES AND FUNCTIONS OF NARCISSISM IN CHILD AND ADOLESCENT PERSONALITY DISORDERS. The notion of narcissistic personality disorder and the concept of narcissism are complex. In this paper the authors examine these disorders in children from a functional, and not a structural, point of view. This option is chosen after considering the development which is characteristic to this period of life. Based on a clinical case, the authors highlight three functions: a need to create a moment for oneself, a need for satisfaction through one’s own body and a need for self-preservation from aggressive phantasies and their projections. For the child, narcissism can also be understood as a protected space which allows the subject to live in the best of possible worlds. KEY WORDS: personality disorder, child, adolescent, narcissism.

 

RESUM

EXPERIÈNCIES I FUNCIONS DEL NARCISISME EN ELS TRASTORNS DE LA PERSONALITAT EN EL NEN I L’ADOLESCENT. La noció de trastorn de la personalitat narcisista i el concepte de narcisisme són complexos. Ens proposem estudiar aquests trastorns en els nens des d’un punt de vista funcional i no estructural. L’elecció s’ha fet tenint en compte el desenvolupament que caracteritza aquesta època de la vida. A partir d’un cas clínic destaquem tres funcions: una necessitat de crear un moment per a si mateix, una necessitat de satisfacció a través del seu cos i una necessitat d’auto preservació dels fantasmes agressius i a les seves projeccions. Per al nen, el narcisisme es pot entendre, igualment, com un espai protegit que permet el subjecte viure en el millor dels mons possibles. PARAULES CLAU: trastorn de la personalitat, nen, adolescent, narcisisme.

En el momento en el que en las grandes clasificaciones internacionales vuelven a cuestionarse el punto de vista categorial en beneficio de un punto de vista dimensional, particularmente en lo que concierne a los trastornos de la personalidad (Widiger et al, 2006), no se puede evitar el preguntarse por el lugar del narcisisme en estos trastornos. Desde un punto de vista esencialmente psicodinámico y psicoanalítico, el lugar del narcisismo en los trastornos de la personalidad plantea evidentemente cuestiones diferentes según se le sitúe del lado de la experiencia narcisista y de su estructura, o del lado de la función del narcisismo en la construcción de la personalidad, ya sea éste sea normal o patológico. El concepto de narcisismo es complejo. Propondría abordarlo esencialmente del lado de sus funciones, concretamente, de tres fundamentales:

  • Necesidad de crear un mundo para sí mismo
  • Necesidad de obtener satisfacción recurriendo a su propio cuerpo
  • Necesidad de autopreservación frente a los fantasmes y proyecciones agresivos Esto plantea, como lo ha remarcado particularment Jean Laplanche (2007), la cuestión teórica de los lazos entre autoconservación, autoerotismo y narcisisimo. Desde 1911, y por tanto antes de 1914, en su articulo Nota psicoanalítica sobre el informe autobiográfico de un caso de paranoia, Freud afirma que el narcisismo se inscribe como capital en el desarrollo de todo ser humano y puede entenderse el porqué de la elección de sí mismo como objeto libidinal. Es pues, para Freud, una etapa normal del autoerotismo en el desarrollo libidinal precoz. En este sentido, se trataría entonces de ligar la experiència narcisista a la experiencia autoerótica. Esto abre la vía a una primera función del narcisismo, la de obtenir satisfacción apelando a su propio cuerpo sin recurrir al objeto externo (Laplanche y Pontalis, 1968). De esta experiencia y de esta función conocemos casos, especialmente en ciertos trastornos de la personalidad, como aquellos que nos encontramos, por ejemplo, en los niños autistas o en las adolescentes anoréxicas. Podemos extender esta experiencia y esta función a la necesidad que ciertos niños o adolescentes nos expresan poderosamente, como es la de «crear ante todo, un mundo para sí mismo». Nos parece que sentimos esta necesidad de «crear un mundo para sí», especialmente en los niños que presentan un trastorno de la personalidad psicótica, pero también en algunos con un trastorno de la personalidad depresiva. En relación a de estas dos organizaciones de la personalidad, psicóticas y depresivas en el niño, no insistiremos sobre el punto de vista apasionante expuesto por Juan Manzano, dentro de una óptica esencialmente referida a la teoría kleiniana. Nos gustaría simplemente subrayar que estos niños o adolescentes psicóticos o depresivos nos hacen sentir esta necesidad de «crear un mundo para sí», cuando delante de la amenaza psicótica el objetivo sería evitar el caos y la disociación, y delante de la amenaza depressiva la necesidad de evitar la decepción y la desesperanza. Pero esta creación de un mundo para sí, esencialmente para sí mismo, parece responder también a otra mirada funcional: la de retirarse de la relación con los demás debido a la amenaza que esto conlleva, aunque permaneciendo conectado a la realidad, lo que permite mantenir una cierta productividad fantasmática, representativa y afectiva. Se trataría, en esta ocasión, de relacionar la experiencia narcisista a la función de autopreservación. Aquí la comprensión del lugar el narcisismo en ciertas personalidades patológicas se encuentra mucho más influenciada por los lazos que pueden existir entre narcisismo y destructividad. Freud introduce entonces el primero, de los que designa en su artículo, «los tipos libidinales» bajo el término de «tipo libidinal narcisista» (1931). El interés principal del sujeto, de nuevo el niño o el adolescente, se vuelve la autopreservación. El «tipo libidinal narcisista» se distingue por un carácter independiente y resistente a la intidimidación. Su Yo tiene una carga libidinal agresiva importante que se manifestará, igualmente, en su propensión a la acción. La descripción de W. Reich en 1933 del «carácter fálico narcisístico» se inscribe en esta línea. Se trata de un carácter marcado por la frialdad, la arrogancia, la excessiva confianza en sí mismo, la energía. Reich pensaba que este carácter fálico narcisista podía estar en el origen tanto de genios creativos como de delincuentes criminales. Él ya había notado que este carácter podía también tener rasgos opuestos como la pasividad, la tendencia a la ensoñación, la dependencia marcada entre otras por las conductas adictivas. Nos encontramos de nuevo con los rasgos de tipo borderline, antisocial, histriónico y, por supuesto, típicamente narcisista. Es en la continuación de los trabajos de Freud y de Reich que podemos inscribir la introducción más contemporánea de los Trastornos de la personalidad, en particular los de Kohut y sobre todo de Kernberg. Inspirado igualment por Klein y Rosenfeld, Kernberg subrayó que los pacientes que presentan un trastorno de la personalidad narcisista, se caracterizan por un sí mismo grandioso, patológico y por fantasmas agresivos. Aquí el narcisisme permite al niño, al adolescente, o al adulto, de preservarse esencialmente de sus fantasmas agresivos y de sus proyecciones (Ronningstan, 2005).

Viñeta clínica

Para ilustrar estas reflexiones, relataremos brevemente a historia de Jeremías y que comentaremos a partir de tres de los múltiples dibujos que ha hecho a lo largo de su terapia. A raíz de un retraso global del desarrollo Jeremías y sus padres, aconsejados por su pediatra, consultan a un equipo paidopsiquiátrico cuando éste tenia tres años. Tras efectuar una exploración completa, psicológica, ortofónica y de psicomotricidad, llegan al diagnóstico de autismo atípico. Ciertos elementos llevan a preguntarme si Jeremías no había presentado una catástrofe narcisista precoz que le llevó a desarrollar unos procesos de tipo autístico. Pues, de hecho, Jeremías parece un chico inteligente con unas dificultades en la audición que no fueron diagnosticadas hasta los tres años. Entonces se puso en marcha una acción psicoterapéutica, ortofónica y de psicomotricidad. Esto permitió a Jeremías un progreso. Adquiere, con retraso, un lenguaje pero con dificultad para hacerse entender por los demás. Permanece aislado aunque, no obstante, consigue ser admitido en primero de primaria en una escuela ordinaria. Se observa entonces que comprende perfectamente lo que se le dice, pero se le entiende muy mal; se queda de lado de forma voluntaria y, sobre todo, parece extremadamente agitado y a menudo agresivo. Adquiere, por el contrario, perfectamente la lectura y la escritura. A pesar de su lentitud, asimila los conocimientos necesarios para pasar de curso cada año en una escuela bastante exigente. Lo atiendo cuando tiene ocho años, a raíz de su agitación y sus dificultades relacionales con los otros. Sus profesores lo describen como arrogante e indiferente con los demás. Me choca de entrada por su indigencia, su curiosidad, su agitación y su necesidad de interrumpir a los demás para preguntar lo que significa la palabra o la frase que acaba de pronunciar. Por ejemplo, si yo le digo: «Pareces hoy algo travieso», inmediatamente me pregunta: «¿Qué es malicioso?, lo cual me suscita una fuerte irritación ya que después de estas intervenciones, no parece escuchar la respuesta. Esta irritación que siento se asemeja a que manifiestan sus padres con motivo de sus múltiples intervenciones, pero también por el hecho de que él parece regularment intervenir sin lazos asociativos aparentes con lo que dice, pero con un propósito siempre coherente. Su agitación y su inatención me llevan a pedir un examen que permita evaluar si existe o no un trastorno hiperactivo con déficit de atención (TDHA), aunque proponiendo a los padres una psicoterapia para el niño, que acepta de buen grado, además de entrevistas espaciadas con el padre, la madre o los dos, en su presencia. Se confirma el diagnóstico de TDAH. Se prescribe entonces un tratamiento farmacológico. La agitación del chico puede también entenderse, desde el punto de vista psicopatológico, como la búsqueda de una satisfacción apelando a su propio cuerpo sin el recurso a un objeto externo. El medicamento atenúa fuertemente esta agitación, lo que facilita su integración escolar y la relación positiva que él mismo y sus padres establecen conmigo. Es aquí donde les comentaré el primer dibujo de este chico: se trata, me dice él, de un «marser en una cama que es admirado por todos los niños que lo miran». Este «marser» es un animal que él se ha inventado, que asocia con un marsupial, animal dulce y amable, y una serpiente, animal agresivo y peligroso. Estoy evidentemente impresionado por la proyección directa de la representación de Jeremías en este dibujo. Este «marser» representa para mi un continente-pantalla, particularment significativo de la personalidad de este chico, que deja ver lo que contiene, una imagen admirada pero que hace pantalla a una doble interpretación: por un lado la proyección de un mundo dividido, bueno y malo, libidinal y destructor; y por otro lado, una pantalla de humo, verdadero velo que esconde un mundo interno que me queda por descubrir. A medida que va tomando confianza conmigo, Jeremías deja poco a poco este velo y me permite ver en efecto que su mundo interno es un mundo violento, hecho como lo muestra su segundo dibujo de meteoritos que explotan, de cohetes que destruyen, de impactos sobre su propio espacio, que lo llevan a sentirse sumergido, a temer ser engullido, ya que todos estos impactos sobre su tierra crean un tsunami del cual no dice si logra escapar, aunque sus padres, al menos sí lo logran. Interpreto esto como un efecto de la pulsión de autoconservación que de hecho está siempre en búsqueda de la presencia reaseguradota del objeto «parental». Paralelamente Jeremías progresa en la relación con los demás y en el manejo de su lenguaje. No interrumpe más a los de otros de forma constante. Incluso es invitado por un compañero de clase, lo que no le había pasado anteriormente y que manifestará como: «Jeremías es supersimpático». Será la madre la que me dará esta información. Jeremías, por la sonrisa que esboza, muestra satisfacción en su rostro a la vez que está contento de que su madre me lo haya dicho y de que transcurriera de esa manera con su nuevo amiguito. Manifestó por primera esta reflexionalidad emocional de la que habla Bernard Golse. Ahora se comprende mejor que su primer dibujo –el «marser», este continente pantalla narcisístico– le prote ja de contenidos psíquicos agresivos y destructores. Así, Jeremías nos permite proponer la idea siguiente: la personalidad narcisista se puede identificar desde la infancia. Se puede entender como un «continente pantalla» que tiene una funcionalidad autoerótica y de autoconservación, preservando al niño de fantasmas destructives todavía demasiado activos a raíz de una insuficiente elaboración de los vínculos libidinales con el objeto. Cuando poco a poco estos se construyen gracias, entre otros motivos, al trabajo psicoterapéutico, la relación con el otro puede representarse como este tercer dibujo muestra: «Jeremías está en la escuela, comparte su estuche con su compañera de clase pero añade, no obstante, que no le gusta cuando los otros le dan la impresión de ir a su territorio, como cuando él dice por ejemplo, que meten los «codos en su mesa», mostrando así que el espacio físico de este chico, igual que el psíquico, todavía está amenazado y que hará falta a lo mejor un largo tratamiento antes que esta amenaza de intrusión desaparezca totalmente». Para concluir diremos que el caso de Jeremías nos permite ilustrar el lugar del narcisismo y de sus diferentes funciones en la construcción movediza de la personalidad. Nos encontramos, pues, con estas tres funciones del narcisismo a lo largo de su historia:

  • Necesidad de crear un mundo para sí mismo, que le había llevado a presentarse como un niño pequeño manifestando un autismo atípico.
  • Necesidad de obtener satisfacción recurriendo a su propio cuerpo, que le había llevado a presentarse como un niño agitado e hiperactivo, desbordado entonces por una conducta que precisaba ser tratada a fin de no perpetuar y reforzar la mala imagen que daba de sí mismo.
  • Necesidad de autopreservación frente a sus fantasmes y sus proyecciones agresivas, que le había llevado a presentarse como un niño arrogante y particularment egoísta. Jeremías nos muestra así que el narcisismo, verdadero «continente pantalla» del ser humano, no se debe rechazar o descalificar. Por el contrario, posibilita en cada tipo de personalidad, y esto se da de forma diferente y cambiante, la construcción del sujeto de manera que le permita poder vivir en el mejor de los mundos posibles. Retomaremos aquí, para finalizar, la acertada fórmula de Joyce McDougall (1976): «No olvidemos que Narciso de hecho se hallaba en la búsqueda de una fuente… una fuente de amor».

Traducido por el Dr. Vicenç de Novoa

Bibliografía

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