El autismo como efecto de un trastorno de la intersubjetividad primaria (y II)

Filippo Muratori

 

RESUMEN

En este trabajo se plantea el autismo como un «espectro» de condiciones que afectan el desarrollo primario de la comprensión interpersonal. Se consideran las secuencias interactivas precoces que se pueden observar en las filmaciones familiares de niños posteriormente diagnosticados de autismo. A partir de tales observaciones, se detecta que los niños con autismo muestran pocas respuestas contingentes a sus madres, y que los episodios de contingencia son una función de aproximación del cuidador caracterizados por su alta intensidad y rico en comportamientos no verbales como el «maternage». Finalmente se proponen elementos para una mejor comprensión del desarrollo social y nuevas ideas para la prevención y la terapia de los déficit nucleares del autismo. PALABRAS CLAVE: autismo, intersubjetividad, contingencia, neuronas espejo.

ABSTRACT

AUTISM AS AN EFFECT OF A PRIMARY INTERSUBJECTIVITY DISORDER (PART II). Autism is a «spectrum» of conditions, all of which disturb the primary development of interpersonal understanding. This paper considers early interactions observed in the home movies of children later diagnosed with autism, and examines the sequences of maternal approach and infant’s responses to these approaches. The author hypothesizes that children with autism show fewer contingent responses towards their mother’s than typical children do, and that episodes of contingency are a function of increased closeness used by caregivers. These approaches are supposed to play an important role in creating interactive sequences which are the expression of the building of new cortical and sub-cortical networks in brain development. When these links are not properly formed early in life, a variety of downstream effects may occur. KEY WORDS: autism, intersubjectivity; contingency; mirror neurons.

RESUM

L’AUTISME COM EFECTE D’UN TRASTORN DE LA INTERSUBJETIVITAT PRIMÀRIA (I II). En aquest treball es planteja l’autisme com un «espectre» de condicions que afecten el desenvolupament primari de la comprensió interpersonal. Es consideren les seqüències interactives precoces que es poden observar en les filmacions familiars de nens posteriorment diagnosticats d’autisme. A partir d’aquestes observacions, es detecta que els nen amb autisme mostren poques respostes contingents a les seves mares, i que els episodis de contingència són una funció d’aproximació de la persona que en té cura caracteritzats per la seva alta intensitat i rics en comportaments no verbals com la maternalització. Finalment es proposen elements per una millor comprensió del desenvolupament social i noves idees per a la prevenció i la teràpia dels dèficits nuclears de l’autisme. PARAULES CLAU: autisme, intersubjetivitat, contingència, neurones mirall.bon tracte.

Contingencia

El autismo emerge de nuestras investigaciones como un trastorno de la práctica de la intersubjetividad, y, por tanto, como una patología de la intersubjetividad secundaria enraizada en una disfunción de la intersubjetividad primaria. De acuerdo con el concepto de subjetividad, como atributo de los sujetos que ejecutan acciones (Trevarthen and Aitken, 2001), los niños pequeños con autismo parecen mostrar algunas formas de subjetividad, aunque son débiles y menos frecuentes y no parecen ser capaces de adaptar y de encajar estas formas débiles de subjetividad con las intenciones de las otras personas, y por ello de desarrollar habilidades intersubjetivas más complejas. Tal conexión, entre subjetividad e intersubjetividad, se hace más evidente alrededor de los nueve meses de edad, cuando el niño con desarrollo típico se muestra capaz de entrar en cadenas complejas de reciprocidad emocional, y pasa de la implicación diádica a la triádica. Esta es la razón por la cual sólo después de esta edad es más fácil sospechar la presencia de un trastorno autista. Es por tanto lógico preguntarse si la deficiencia a nivel de la intersubjetividad secundaria, que es típica del autismo, no es un fenómeno consecuencia de disfunciones intersubjetivas ya presentes durante los primeros meses de vida. Para responder a esta pregunta Gergely (2001) supuso que el autismo podía estar correlacionado con una disfunción del mecanismo de revelación de la contingencia. Anteriormente, Gergely y Watson (1999), habían destacado que los niños con desarrollo típico, durante los primeros meses de vida, son muy sensibles a las contingències perfectas entre la propia actividad corporal (como por ejemplo el movimiento repetido de las piernas) y los actos ocasionados (como por ejemplo el movimiento de un objeto). Se cree que éstas, provocadas por repeticiones cíclicas de actividades centradas en el cuerpo, procuran al niño una fuente importante de información para el desarrollo de la representación del esquema corporal y de la diferenciación de sí. Sin embargo, la presión evolutiva para la adaptación al ambiente externo es tal que los niños con desarrollo típico se desvían de la preferencia por estas contingències perfectas basadas en sí mismos hacia contingències imperfectas basadas en el ambiente. De hecho, a partir de los tres meses de edad, hay un ajuste progresivo del mecanismo de contingencia perfecta hacia algo menos perfecto, y el niño de cinco meses, a diferencia del de tres, muestra una clara preferencia por las interacciones nocontingentes (Bahrik and Watson, 1985). En los niños con autismo esta desviación normal, desencadenada por la experiencia y la madurez, no tiene lugar (Gergely, 2001). De hecho, en el setting experimental (en el cual se colocan sentados niños de dos-tres años ante dos televisores, uno de los cuales muestra una imagen de respuesta contingente perfecta del movimiento de la mano del niño y el otro, una respuesta contingente pero imperfecta) Gergely muestra que mientras los niños con desarrollo típico se orientaban preferiblemente hacia un feedback imitativo de sus acciones (que es un feedback contingente alto pero imperfecto), los niños con autismo pasaban significativamente más tiempo mirando al feedback perfectamente contingente que al feedback imitativo. Así, los niños con autismo, aun siendo capaces de individualitzar las contingencias imperfectas imitativas, tienen sin embargo dificultades para restablecer su propio mecanismo detector de la contingencia. También aquí, por tanto, no se trata de una cuestión del tipo todo-o-nada sino más bien de una cuestión de gradualidad de la disfunción a nivel del restablecimiento del sistema de la contingencia. De ahí derivaría el déficit de la conciencia de sí y del otro: de hecho, preferir contingencias menos perfectas significa que el niño está desarrollando un sentido del otro como agente independiente y en interacción con él. Por el contrario, el hecho que los niños con autismo continúen prefiriendo las contingencias perfectas se ve como uno de los índices más precoces de un amplio rango de síntomas característicos del autismo como son las estereotipias, los problemas a nivel de las funciones ejecutivas, la aversión por los estímulos sociales, la inatención por las caras, el déficit de comprensión social. Todos estos síntomas son de hecho reenlazables con la dificultad de adaptarse a una realidad externa imperfecta y a ciclos de interacciones imperfectas. En definitiva, las dificultades para abandonar las contingencias perfectas y entrar en el mundo social hecho de contingencias imperfectas constituiría, muy precozmente, un freno respecto a los empujes internos que hacen mover al niño de las interacciones diádicas (tendencialment contingentes) a las triádicas (mayormente no contingentes), y después a las acciones de colaboración. La hipótesis de Gergely es interesante porque trata de explorar aquellos mecanismos mentales que serían deficitarios en el niño con autismo antes de la aparición del déficit de la intersubjetividad secundaria. Al hacer esto, propone que las dificultades en el pasaje de la contingencia perfecta a la imperfecta puedan ser vistas como uno de los factores que hacen deficitaria la intersubjetividad primaria y la co-construcción del sí dialógico primario; el déficit a nivel de la intersubjetividad secundaria sería entonces sólo una consecuencia de estas disfunciones de base.

El autismo como modificador de la interacciónpadres – niño

En las filmaciones familiares de niños con autismo es posible observar a menudo en los primeros meses de vida, interacciones intersubjetivas jubilosas; aunque en general son menos frecuentes y más dependientes del tipo de aproximación usado por el cuidador (como por ejemplo el «maternage» en el caso del niño descrito). Podemos preguntarnos si la progresiva reducción de estas interacciones, en el transcurso del primer año de vida, es debida al hecho de que el niño continúe prefiriendo relaciones contingentes que los padres no están naturalmente predispuestos a ello. Conviene tener presente que el desarrollo de las modalidades interactivas de los padres depende del niño y que los dos polos de la interacción están en continuo proceso de ajuste recíproco. Hemos visto ya, en el experimento de Burnham (2002), como el pico prosódico en el «maternage» de la madre es potenciado en presencia de interacciones positivas por parte del niño hacia la madre. La literatura sobre interacciones entre padres y niños con autismo es rica (Siller and Sigman, 2002). Doussard- Roosevelt (2003) ha realizado un estudio secuencial acerca de las aproximaciones maternales y las respuestas del niño a tales aproximaciones en situaciones de juego libre; a través de este tipo de estudio los autores han identificado aproximaciones maternas específicas que son particularment eficaces a la hora de suscitar respuestas pro-sociales en el niño. Estos mismos autores también han mostrado como los niños con autismo, respecto a los niños con desarrollo típico, tienen pocas respuestas consonantes a la aproximación materna y como tal consonancia es una función del tipo de aproximación utilizado por sus madres. De hecho, las respuestas eran más consonantes y agradables cuando la intensidad de la aproximación era alta y las madres se servían, en las interacciones con sus niños afectados de autismo, de comportamientos no verbales como el aumento de aproximación corporal o el uso de objetos en movimiento. La modificación específica de la interacción padres-niño en los casos con autismo es descrito en dos recientes estudios que han utilizado las filmaciones familiares de dos hermanas, una de las cuales fue sucesivamente diagnosticada como afectada de autismo. Trevarthen and Daniel (2005), a través del estudio microanalítico de dos gemelos menores de un año han detectado una desorganización de la sincronía interactiva como signo precoz de autismo. En el trabajo se describe a un padre que, intentando atraer la atención de la hija afectada de autismo, no recibe refuerzo alguno de los elementos pro-sociales e intersubjetivos de su comportamiento, mientras que sí sucede de forma consciente con el gemelo que tendrá un desarrollo normal. La ausencia de estas recompensas sociales enfría silenciosamente los ritmos de la interacción del padre, el cual, con el gemelo afectado de autismo, resulta cada vez más insistente e irregular, pierde el sentido del compartir emocional y renuncia a los intentos de regular las interacciones compartides en favor de frecuentes períodos de estimulación física. Tales comportamientos parentales, que no están presentes en el gemelo sano, son interpretados por Trevarthen como una respuesta natural adaptativa, por parte del padre, ante la reducción de las capacidades dialógicas en la hija afectada de autismo. En el otro estudio, Danon-Boileau (20007) ha dirigido un riguroso análisis de dos situaciones paralelas en las cuales la madre baña a su hija. La primera situación es la del baño a los cinco meses de edad de la hija con autismo mientras la segunda, que ocurre dos años más tarde, es la del baño a los tres meses de edad de la segunda hija con desarrollo típico. El baño, que representa una escena muy parecida y comparable en las dos filmaciones, es considerado por el autor como un momento particular de intimidad en las interacciones cuyo objetivo, el cuidado primario, está unido al juego basado en el placer y en los comportamientos compartidos. El artículo está focalizado sobre el comportamiento del bebé y sobre el discurso de la madre durante esta particular interacción precoz. La postura, la expresión facial y la mirada son muy diversas en los dos lactantes: la hija con desarrollo típico responde a la mirada de la madre, su cuerpo está relajado, produce señales que pueden ser interpretados por la madre, y por el observador, como señales de placer; la niña que tendrá un desarrollo autista tiene un escaso contacto ocular, una gran pobreza de mímica facial y una extraña posición que la hace aparecer como sujeta a sí misma sin señal alguna de placer en la interacción. Estas diferencias son tomadas como una explicación del porqué la madre, cuyo lenguaje está normalment marcado por la ambición universal de considerar al bebé como un verdadero partner, en realidad no actúa y no habla de la misma manera con las dos hijas. Con la niña afectada de autismo, la madre probablemente piensa que algo no va bien y se vuelve insegura acerca de su hija, como un potencial socio en el desarrollo de un pensamiento común. En consecuencia, respecto a la hija con desarrollo típico, la madre utiliza un tipo de lenguaje diferente: habla más, el lenguaje está lleno de elementos con función de reclamo (interacciones, preguntas, alargamiento de las sílabas), el uso del nombre de la niña no tiene la función evocativa de refuerzo para mantener el contacto, utiliza menos diminutivos afectuosos (como «mi pequeño» en vez de su nombre real), la prosodia es bastante diversa con mayor intensidad y entonación. Contrariamente, con la otra niña, la madre puede mantener el contacto sin utilitzar el lenguaje, y eso le permite producir frases afirmatives mayores y su prosodia es más melódica aun teniendo características lingüísticas más próximas a la de la conversación con un adulto. Este estudio concluye también que el comportamiento parental depende del comportamiento del niño. Si el niño es socialmente atento y dialógico el comportamiento de los padres es más natural y con menos intentos para atraer el niño con estimulaciones físicas y verbales. Esta impresión general se confirma en nuestros Nuevos estudios basados en análisis secuenciales de los comportamientos padres-niño en las filmaciones familiares de niños con autismo en el primer año de vida. En estos vídeos es frecuente observar patrones parentales interactivos caracterizados por comportamientos muy activos y enérgicos. La consecuencia es que los niños con autismo, respecto a los niños con desarrollo típico, reciben significativamente más solicitudes por parte de los padres para sostener su estado emocional y de atención. Todos estos datos parecen demostrar que los padres son «conscientes», muy precozmente en el tiempo y antes de toda preocupación consciente, de la anómala calidad interactiva de sus niños y de sus reducidas capacidades sociales, y en definitiva de su no pertinencia como co-constructores de patrones interactivos dialógicos.

El autismo y el sistema de neuronas en espejo

La comprensión de las dificultades primarias del autismo ha dado un paso más a partir del descubrimiento del sistema de neuronas espejo –Mirror Neuron System (MNS)–. Este descubrimiento tiene notables implicaciones para la comprensión del primitivo sí dialógico y sus bases neurobiológicas. Inicialmente descubiertas en la corteza premotora ventral (área F5) del macaco, las neuronas espejo se activan ya sea mientras el mono dirige las acciones directas a un objetivo, bien cuando el mono observa las mismas acciones ejecutadas por otros (Rizzolatti and Craighero, 2004). Se cree que este sistema unitario de observación-ejecución sea el mecanismo neuronal que permite la simulación de las acciones de los otros, posibilitando así una comprensión de las emociones y de las intenciones asociadas a las acciones. Sucesivamente se ha demostrado también la existencia de un sistema análogo de neuronas espejo en los humanos y se ha señalado que su disfunción en las fases más precoces del desarrollo puede dar origen a una cascada de efectos que concuerdan con muchas características clínicas del autismo (Gallase, 2006; Iacoboni and Dapretto, 2006). Más importante todavía para una teoría del autismo basada en el déficit de las neuronas espejo es que este sistema, concertado con la actividad en los centros límbicos, puede mediar nuestra comprensión de los estados emocionales de los demás. Para examinar las anomalías del sistema de neuronas espejo en el autismo, un grupo de niños fue sometido a fMRI mientras imitaban expresiones emocionales (Dapretto et al, 2006). Los resultados de esta investigación muestran que, aunque los niños con autismo ejecutan las tareas de imitación requeridos, las estrategias neuronales adoptades son bastante diversas en comparación con las de los niños con desarrollo típico. De hecho, mientras estos últimos pueden confiar en el sistema espejo, a través del cual el significado de la emoción imitada es directamente probada y por tanto entendida, en los niños con autismo el sistema espejo no está implicado y por ello los niños deben adoptar una estrategia alternativa de incremento de la atención visual y motriz, por medio de la cual la tarea imitativa se ejecuta pero el significado emocional de la expresión facial imitada no se experimenta realmente. El déficit a nivel del sistema de las neuronas espejo durante la imitación de la expresión emocional es una importante contribución de la hipótesis que las disfunciones precoces de este sistema puedan ser el centro de los déficit sociales observados en el autismo. De forma complementaria a estos estudios sobre neurones espejo y sobre sus disfunciones en el autismo, otro estudio de imagen funcional (Kennedy et al. 2006) ha demostrado que en pacientes con autismo no existe la diferenciación normal de la actividad entre el estado de reposo y aquel en curso de tareas cognitivas, a nivel de aquella red cerebral definida como «estado de default» (un set de áreas corticales que muestra una actividad metabòlica tónica y alta cuando el individuo está en reposo, y que reduce típicamente su actividad cuando el sujeto está atrapado en las tareas cognitivas). Se supone que esta red tiene relación con pensamientos orientados a sí mismo y con el procesamiento de los estímulos sociales externos. En el estado de default, el sí y el otro, como dos caras de la misma moneda (Iacobini, 2006), están unidos de forma inextricable: por ejemplo la actividad en la corteza pre-frontal anterior (que en el autismo no logra desactivarse durante una tarea cognitiva) es sustancialmente idéntica cuando un sujeto formula juicios sobre sí mismo y sobre los demás, sugiriendo que en el momento en que hacemos juicios a los demás parecidos a nosotros, simulamos formular juicios a nosotros mismos. Los procesos de simulación del sistema de default (que está relacionado con aspectos internos de sí mismo y del otro) requieren los procesos de simulación en el sistema de neuronas espejo (que tiene que ver con aspectos externos del otro y de sí mismo). Por tanto el estudio sobre fracassos en la desactivación del sistema de default, junto con los estudios sobre déficit de neuronas espejo en el autismo, son interpretados por Iacoboni (2006) como suggeridores de un principio unificador del déficit social del autismo: lo que sería deficitario en tal situación serían los sistemes neuronales que sostienen los procesos relativos tanto a aspectos internos como externos del sí y del otro. Se trataría de un déficit nuclear, base de las dificultades en el desarrollo del sí dialógico, de la intersubjetividad primaria y por tanto de la consecución de la intersubjetividad secundaria. Esta disfunción del sistema de las neuronas espejo podría ser también causa de las dificultades en la anticipación de la intención del otro que emerge en nuestras investigacions de filmaciones familiares, como uno de los primeros comportamientos capaces de distinguir los niños típicos de los niños con autismo ya a los seis meses; de hecho ya en esta edad los niños con autismo muestran dificultades para prever los objetivos de otras personas y para anticiparse a las intenciones de los demás. La falta de anticipación en la intencionalidad del otro puede estar correlacionada con el déficit de «sintonización intencional» que está considerado por Gallese (2006) como la expresión más precoz del déficit del sistema de neuronas espejo localitzable en los niños con autismo. Según este autor, la sintonización intencional se experimenta cuando la confrontación con el comportamiento intencional del otro genera una peculiar calidad de la familiaridad con los otros seres humanos, producida por el choque de las intenciones del otro con las del observador. Gallese piensa que la sintonización intencional juega un papel central en el desarrollo de la intersubjetividad y que la mayor parte de los dèficit sociales y cognitivos del autismo se pueden adscribir a un defecto de su pleno desarrollo verosímilmente sostenido por compromisos en la conectividad y en el funcionamiento del sistema de neuronas espejo. Con esta reciente lectura el sí y el otro aparecen entonces, sobre el sistema de neuronas espejo, como inextricablement unidos: el uno no puede existir sin el otro. Esto significa que para observarnos a nosotros mismos debemos apropiarnos de la visión de los demás; el sí y el otro están co-constituidos y son extrapolados por la intersubjetividad primaria –que es de algún modo sinónimo del enganche diádico según Tomasello (2005), o del espacio nosotros– centro según Gallese (2006), o del sí dialógico según Hermans and Dimaggio (2004). Así, el sistema neuronal que sostiene los aspectos internos y externos del sí puede ser considerado crucial para la inscripción de la intersubjetividad en el desarrollo precoz del cerebro. Estas ideas están en sintonía con el concepto de Braten (1998) del «otro virtual» con el cual este autor indica el hecho que los niños nacen con el concepto del otro, pero este concepto (o preconcepción) no es condición suficiente para la adquisición de la dialógica; con el fin de permitir el pleno desarrollo de esta característica debe existir una contrapartida ambiental. Parecida a esta idea es la siguiente afirmación de Tomasello (2005): «… Aunque la naturaleza precisa que esta relación –… entre la comprensión de la acción intencional por parte del mono y la intencionalidad compartida humana…– no sea totalmente clara, nuestra visión general es que los niños empiezan a entender particulares tipos de estados mentales e intencionales en los demás sólo tras haber experimentado los mismos estados mentales en su propia actividad y han utilizado la propia experiència para simular la de los demás…» (p. 688).

Conclusión

En este trabajo he mirado de explorar la misteriosa pregunta formulada por Courchesne (2005): «¿cómo puede el deseo por las relaciones sociales no estar presente en un lactante?». O todavía más misteriosa: «¿cómo puede el deseo del otro aparecer fuertemente una vez y después desaparecer lentamente, dejando un extraño vacío?». El autismo es una enfermedad que golpea la forma en que un ser que está creciendo aprende a moverse y a responder al ambiente físico e interpersonal. El conocimiento de los estados precoces de esta enfermedad puede beneficiar una teoría científica de la intersubjetividad (2004) y de sus mecanismos neurobiológicos; de hecho, la intersubjetividad es uno de los primeros indicios capaces de discriminar los niños típicos de aquellos con autismo. Todos los demás déficit, que normalmente están descritos como criterios para el diagnóstico de autismo, sólo se desarrollan sucesivamente en el tiempo, y pueden ser considerados la consecuencia de dificultades intersubjetivas precoces que permiten transformar comportamientos sociales simples en comportamientos sociales complejos y cada vez más cargados de afectos. Esta teoría se basa sobre el hecho que el niño con desarrollo típico es un niño dotado de iniciativa (2004), que busca al otro y que se ve empujado a profunditzar en las acciones compartidas e imperfectes (Gergely, 2001). En diversas teorías psicológicas este estado intersubjetivo original está descrito como enganche diádico, contingencia, espacio nosotros-centro, intersubjetividad primaria, estado precedente al mecanismo de atención compartida, todas ellas descripciones procedentes de diversas referencias teóricas pero congruentes en el concepto de un primitivo sí dialógico. Por el contrario, los niños con autismo tienen dificultad para ser conscientes de la existencia del otro y para modular las propias acciones en relación a su presencia: estas dificultades minan los fundamentos del desarrollo del diálogo y el empuje hacia el otro. La hipótesis es que en el autismo existe un dèficit nuclear de la intersubjetividad primaria que compromete el desarrollo del niño y que al mismo tiempo inhibe las oportunidades de los cuidadores para crear interacciones dialógicas con él. En este trabajo se ha propuesto que dicha dificultad nuclear no tiene sólo un creciente efecto negativo en la interacción niño-padres-niño sino que también está intrincablemente relacionada con la alteración de la maduración biológica del cerebro social. Entre estas hemos considerado una inclinación de la conectividad local y de la de larga distancia, la activación de redes neuronales distintas de las implicadas en individuos no autistas por diversos estímulos socialmente relevantes, entre los más importantes la cara y la voz, y la disfunción del sistema de las neuronas espejo. Todos estos déficit de maduración cerebral asumen un papel importante en el desarrollo del sí dialógico y del normal equilibrio dinámico entre el empuje por las acciones sí-directas y el empuje hacia el enganche con el otro. La hipótesis de un déficit del sistema de las neuronas espejo en el autismo, que ha sido repetidamente verificada en los últimos años, proporciona muchos insight sobre la condición del autismo y podría en un futuro abrir nuevas vías para su tratamiento. Se propone que la disfunción del sistema de las neuronas espejo no permite la organización de la «sintonización intencional» que juega un papel crucial en el desarrollo de la intersubjetividad. En cuanto a la interacción niño-padres se han considerado diversos estudios que muestran como los niños con autismo tienen menos respuestas contingentes hacia las acciones de sus padres con respecto a los niños no autistas, y que los episodios de contingencia dependen del tipo de aproximación ejercida por el adulto. De hecho, diverses observaciones apuntan que las respuestas contingentes aumentan cuando la intensidad de la proximidad del comportamiento adulto es mayor y cuando éste tiene comportamientos no verbales como la cercanía corporal, el «maternage» y el uso de objetos en la interacción. El hecho que incluso los niños con autismo, cuando confrontados al «maternage», muestran inesperadas competencias dialógicas, hace pensar que el «maternage» pueda ayudar al niño a salir del autismo. Por otro lado, cabe considerar que la creación de interacciones dialógicas es la expresión de Nuevos circuitos corticales y subcorticales que no pueden desarrollarse diversamente. También se ha subrayado que el «maternage» es una auténtica co-construcción entre el niño y la madre, y como eso es compatible con la vertiente conceptual del sí dialógico donde los demás no son simplemente externos sino más bien poseen, desde la primera infancia, una posición tanto interna como externa al individuo. La unificación de diversos niveles de análisis propuesta aquí proporciona al mismo tiempo elementos para una mejor comprensión del cerebro social y nuevas ideas para la prevención y la terapia de los déficit nucleares del autismo. A través de ellos es posible empezar a pensar en teràpies que no sean sólo sintomáticas o dirigidas a los comportamientos que se derivan, sino que estén también orientadas a reconstruir los circuitos y las conexiones que permiten el desarrollo del cerebro social. Podemos entonces empezar a imaginar que un programa de intervención precoz creado en un contexto relacional, rico en interacciones dialógicas y estudiado para proporcionar inputs sociales adecuados para el niño, podría reducir los efectos acumulativos de las disfunciones a nivel de la intersubjetividad primaria y favorecer la maduración biológica del cerebro social. Será todavía necesario verificar esta hipòtesis mediante la formulación y la aplicación de aproximacions terapéuticas que sean específicamente diseñadas para incrementar la habilidad de los niños con autismo para permanecer implicados en tales interacciones dialógicas (por ejemplo, la anticipación de la intención del otro podría ser considerado un comportamiento clave para utilitzar como un eficaz input terapéutico). En definitiva, es posible considerar el estado intersubjetivo original y el sí dialógico como objetivo crítico para un tratamiento precoç capaz de aumentar las oportunidades en el desarrollo de estrategias compensatorias adecuadas y limitar así los efectos sucesivos de las disfunciones intersubjetivas originales.

Traducción de Montserrat Balcells

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