Diagnóstico psicodinámico de un niño que presenta un trastorno de identidad sexual

Paloma San Román Villalón

 

RESUMEN

A través de este trabajo la autora hace una revisión teórica de aspectos psicodinámicos de los trastornos de identidad sexual y presenta un caso clínico de un paciente que demanda tratamiento por presentar síntomas depresivos que esconden un trastorno de identidad sexual. PALABRAS CLAVE: identidad, identificación, trastorno de identidad sexual, desarrollo, niño, adolescente.

ABSTRACT

The author undertakes a theoretic revisión of the psychodiynamic aspects of gener identity disorders. A case is presented of a patient seeking treatment for depressive symptoms that conceal a gender identity disorder. KEY WORDS: identity, identification, gender identity disorders, development, child, adolescent.

RESUM

En aquest treball l’autora fa una revisió teòrica d’aspectes psicodinàmics dels trastorns d’identitat sexual i presenta el cas clínic d’un pacient que requereix tractament per presentar símptomes depressius que amaguen un trastorn d’identitat sexual. PARAULES CLAU: identitat, identificació, trastorn d’identitat sexual, desenvolupament, nen, adolescent.

Consideraciones psicodinámicas sobre los trastornos de identidad sexual

Con este trabajo quiero mostrar, a través de un caso clínico, una forma “de mirar” o “de entender”, desde el punto de vista dinámico, a un paciente de doce años que ha estado en tratamiento en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Complejo Hospitalario y Universitario de Albacete y que presenta un trastorno de identidad sexual.

No son frecuentes estos trastornos en la demanda habitual que llega a las unidades infanto-juveniles y, en todo caso, cuando llegan, el motivo de consulta viene referido a otros síntomas colaterales que esconden el diagnóstico de trastorno de identidad sexual. Pero antes de hablar del paciente quisiera referirme a ciertos conceptos que me parecen interesantes y que posiblemente ayudarán a entender el diagnostico dinámico de este caso.

En 1973, Ajuriaguerra definió la identidad como el conjunto de características que diferencian a un individuo de otro, e incluía en esta definición tanto características fenotípicas como de la personalidad. Centrándonos en las segundas, podríamos decir, también, que la identidad es la articulación dinámica y evolutiva de las identificaciones del individuo a lo largo de su vida.

En el diccionario de Laplanche y Pontalis (1971) se define la identificación como el proceso psicológico mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste. El resultado de la identificación es que la persona que se identifica se comporta como la persona con la cual se ha identificado.

* Psiquiatra infanto-juvenil. Responsable de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil, Albacete. Profesora Asociada de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Castilla la Mancha.

Correspondencia: psrv74@hotmail.com

Bassols, Beà y Coderch (1985) señalan que la identidad se origina a través de las primeras relaciones de objeto, mediante los procesos de identificación proyectiva e identificación introyectiva, teniendo en cuenta que en esa relación el bebé no se limita a incorporar los diversos aspectos de los padres como sujeto sólo receptor, sino que la identidad es el resultado de una compleja interacción en la cual el bebé aporta su propia identidad originaria -su yo primitivo- que está influenciada por los padres al tiempo que influye en ellos. 

Erikson (1968) resaltaba que el desarrollo de la identidad comenzaba en el primer encuentro verdadero de la madre con el niño, como dos personas que pueden tocarse y reconocerse una a la otra. De la cualidad de ese encuentro entre las capacidades más o menos coordinadas de ambos, decía, dependerá el sentido de la identidad en el niño, de ser uno mismo y de la confianza hacia el ambiente. 

Adquirir precozmente el sentimiento de pertenecer a un sexo, a su sexo, sigue y acompaña al de sentirse una persona en su cuerpo, en su cuerpo sexuado. Kreisler (1968) señala que la identidad sexual se establece precozmente, probablemente antes del final del segundo año e incluso desde el final del primer año, por tanto antes del estadio fálico. La dinámica de su génesis es mal conocida. Se trata, sin duda, de un proceso de identificación primaria atraumática donde la actitud consciente e inconsciente de los padres es determinante. Este autor concibe la identidad sexual como una primera huella sobre la que se va a sobreimprimir la evolución psicosexual posterior. 

Robert Stoller (1978) basándose en sus prácticas médicas con pacientes con comportamientos sexuales diferentes (homosexuales, travestis, transexuales, intersexuales…..) ha estudiado durante más de 10 años la identidad sexual que aísla con el nombre de Identidad de Género (Gender Identity). A este autor le corresponde el mérito de haber subrayado el muy precoz impacto de la fantasmática bisexual de los padres en el destino psicosexual y sexual del hijo. Stoller (1968) señala que “el transexualismo es la convicción de un sujeto biológicamente normal de pertenecer al otro sexo; en el adulto esta creencia se acompaña, en nuestros días, de demandas de intervención quirúrgica y endocrinológica para modificar la apariencia anatómica en el sentido del otro sexo”.

Stoller  (1978) describió el “síndrome del niño afeminado” como la forma clínica donde la configuración familiar es particular; aunque él mismo reconoce que la presentación es rara (en 10 años encontró 3 casos). Este autor sólo llama transexuales a los casos puros donde él piensa que ha encontrado una etiología particular ligada a la dinámica familiar. Se trata de un niño especialmente bello y cariñoso que se revelará posteriormente dotado en el plano artístico y creador; su madre es bisexual. En la infancia se comportaba como un chico, pero en la pubertad aceptó su identidad de género; estas madres están invadidas por la rabia y un deseo de revancha inconsciente que les hace despreciar a su marido y a los demás hombres, que piensan de ellas que no conocen el deseo. 

La personalidad de las madres de estos niños es muy especial: se sienten neutras, presentan una sensación casi depresiva, de vacío, como si estuvieran incompletas; su madre no ha valorado de ninguna manera su feminidad. El niño con su cuerpo viene a llenar ese vacío; favorece una simbiosis excesiva que provoca una identificación patológica entre su hijo y ella. Ese contacto les produce un placer intenso e inextinguible. Por lo tanto, mantienen esa fusión corporal e intentan reducir todas las tendencias que pueda padecer su hijo, al que no se le prohíbe nada. 

El padre no existe, “ausencia tantalizante”, es decir, que dejan que se desarrolle esa relación fusional sin intentar evitarla. Ante esta situación, se establece una simbiosis estrecha, continuada en el plano afectivo y físico: ningún cambio en la vida cotidiana interrumpe ese intercambio cutáneo, ni durante el sueño, ni durante el aseo. La mirada de la madre seguirá permanentemente al niño. Si llora, la madre lo cogerá y mantendrá contra la piel, y esta relación es mucho más intensa que cualquier otra relación madre-hijo, incluida la que existe muy al principio de la vida del lactante.

El niño comienza a querer ponerse las ropas femeninas, los zapatos de su madre, sus adornos, muy pronto, a veces al final del primer año; a la madre y al padre les resulta divertido y no comienzan a inquietarse hasta más tarde; el niño rechaza los trajes, los juguetes, los juegos de chico (peleas, toda manifestación de agresividad) y la compañía de chicos; quiere ser una niña. Más tarde, frecuentemente sin haber tenido ninguna experiencia sexual, pedirá un cambio de sexo. Tiene horror a los órganos genitales de su sexo de origen. 

Stoller nos muestra que ese transexual no es psicótico, no delira. Lo que se ha denominado por numerosos autores como “síndrome del chico afeminado” es considerado por Stoller como la expresión del transexualismo en el niño, que siempre se encuentra en la anamnesis de los transexuales adultos. 

Todos los autores opinan que la identidad sexual está multideterminada. La identidad sexual de la persona depende, por una parte, de factores genéticos y hormonales y, por otra, del sexo que se atribuye a niño en el momento del nacimiento, del papel sexual en el que se le educa y de las experiencias interactivas con las figuras representativas. Probablemente no exista otra área como la identidad sexual en la que los asuntos biológicos y de desarrollo se entremezclen de manera tan rotunda. La masculinidad y feminidad en la mente y en el comportamiento del individuo se derivan de las experiencias a lo largo de su propio desarrollo y no se circunscriben únicamente por el sexo de los cromosomas, gónadas u órganos genitales. La identidad sexual no es una estructura unitaria, consiste en una particular síntesis e integración de masculinidad y feminidad cuyas raíces se encuentran, en parte, en las hormonas y en los genes (P. Kernberg, 1995).

Sabemos que la identidad y la identidad sexual evolucionan a lo largo de toda la vida y se desarrollan sobre la base de identificaciones que se van integrando. También conocemos que el niño no se identifica solamente con la madre y el padre como objetos globalmente, sino que se identifica a lo largo del tiempo, y de forma evolutiva, con aspectos de uno y de otro, lo cual hace que el proceso de identificación sea complejo, rico y lleno de matices.

Colette Chiland (1988) plantea que los pacientes construyen su identidad, esto es, el sentimiento de su continuidad narcisística, a partir de su interpretación personal de la imagen ideal que sus padres tienen de ellos, de lo que hay que hacer para ser amado por ellos. Según este autor los transexuales buscan más huir de su sexo que adquirir el otro sexo, porque la imagen que se han hecho de la virilidad o la femineidad les resulta intolerable. Para este autor, el niño susceptible de volverse transexual no absorbe la feminidad de su madre; se siente amado con la condición de que rechace toda manifestación de virilidad, no le dicen “tú eres una niña” o “yo hubiera preferido tener una niña”, pero lo dicen de forma implícita. Todo le hace sentir la imagen ideal con la que él se debe de conformar para ser amado, sin que nadie se lo diga. La madre y el padre ríen, se divierten y están contentos cuando empieza a ponerse los zapatos, los adornos de la madre, muchas veces desde el final del primer año. La madre y el padre, insiste el autor, no es sólo la ausencia del padre, es el malestar que el padre tiene con su virilidad.

Manzano y Palacios, desde 1993, han desarrollado en Ginebra una técnica de psicoterapia breve padres-niños-adolescentes basada en la comprensión dinámica de la psicopatología y la evolución. Estos autores formulan el concepto de “escenificaciones narcisísticas de la parentalidad”, concepto que utilizan como un instrumento de lectura a través de las asociaciones que hacen los padres en la consulta y que permiten una comprensión de la dinámica interactiva y una intervención interpretativa. A través de estas escenificaciones es posible entender las proyecciones que cada uno de los padres hace sobre el niño y la identificación complementaria de los padres. Los autores explican que los fenómenos de la escenificación narcisística forman parte de la evolución normal de la parentalidad cuando no son excesivos o con características especiales y los niños se desarrollan sin

problemas. En los casos “patológicos”, el niño va a reaccionar a esas escenificaciones adaptándose en función de sus pulsiones y necesidades; en algunos casos, asume mientras puede el rol que le es asignado, con posibles trastornos más tarde y, en otros, se rebela porque se siente abandonado dado que la relación con él realmente no existe o existe poco y en consecuencia aparecen síntomas.

Caso clínico

El paciente que voy a presentar es un varón al que llamaremos Carlos, que consulta a la edad de doce años y que pidió a los padres venir a la consulta. Los síntomas que los padres observan en el niño son tristeza y llanto frecuente e inmotivado, dificultad para conciliar el sueño, pesadillas, miedos, rabietas, falta de interés por el aprendizaje y enfrentamientos frecuentes con la madre.

Carlos es el segundo de tres hermanos; el mayor, varón de veintiún años, es hijo del primer matrimonio del padre y desde hace siete años no tienen relación con él. Los padres atribuyen inicialmente la sintomatología que el niño presenta con la pérdida de relación con este hermano. La hermana pequeña tiene seis años y también consideran que con el nacimiento de esta niña se inician los síntomas que presenta el paciente.

El padre, de cuarenta años, es un alto ejecutivo de una gran empresa, hombre muy activo, dedicado a su trabajo que le obliga a viajar con frecuencia. Es un hombre muy educado. Apenas está con la familia, pero es la  figura de autoridad en la casa y la ejerce verbalmente de forma violenta. Por el trabajo que el padre desempeña han tenido que cambiar con frecuencia de ciudad. Llevan dos años instalados en esta ciudad.

La madre, de cuarenta y dos años, es una mujer con aspecto depresivo, dedicada sólo a sus hijos y a su familia de origen, que vive en otra ciudad, y sin otras relaciones sociales por los cambios frecuentes de domicilio. El embarazo de Carlos fue deseado aunque la madre quería una niña, el padre no tenía predilección de sexo pero ya tenía un hijo anterior. El parto fue a término, con fórceps, pesó 3,100 Kg. La alimentación fue materna durante ocho meses. Los primeros tres meses fueron difíciles, el niño lloraba con frecuencia hasta que a esta edad le diagnosticaron una hernia inguinal que operaron a los cuatro meses. Esta fue una etapa difícil para la madre porque estaba sola, lejos de su familia de origen, sin contacto con la familia de su esposo que se opuso inicialmente a esta relación. 

Carlos nunca ha presentado problemas de alimentación pero come en exceso, no le importa tener sobrepeso. El paciente presentó un desarrollo psicomotor normal, sin complicaciones. El desarrollo del lenguaje y el control de esfínteres no presentó problemas. De siempre ha dormido poco, lo sacaron de la habitación de los padres a los dos años, duerme con la luz encendida y con la radio puesta, todos los días oye programas que se relacionan con temas sexuales. 

No le gustan los deportes violentos. Tiene una gran sensibilidad, le gusta lo artístico: la guitarra, el baile, el dibujo; desde muy pequeño le ha gustado mucho disfrazarse y suele hacerlo con ropas de mujer, le quita las ropas y las pinturas a su madre para hacerlo. Le gusta jugar al ajedrez y, ocasionalmente, lo hace con el padre.

Ha estado escolarizado en seis centros escolares en diferentes ciudades, sin presentar problemas de adaptación. Los profesores siempre han dicho que es un niño inteligente y abierto; le gusta llamar la atención para ser el centro, la madre dice que hasta tener amigos se porta mal en el colegio. En el momento actual cursa 1º de la ESO en un colegio privado. No hace los deberes, no estudia, los profesores últimamente llaman a los padres por los problemas de comportamiento que presenta en el aula. Le cuesta trabajo hacer amigos, tiene un grupito con los que sale el fin de semana y mantiene relación con amigos de otras ciudades. 

Hasta que nació su hermana la madre le ha dedicado todo su tiempo, han tenido una relación muy cercana, dormían juntos, se bañan juntos, “ha sido la niña de mis ojos, cuando no está el padre hace de marido y de papá de la niña”, controla a la madre. Desde que nació su hermana los enfrentamientos con la madre han ido aumentando, ahora son muy frecuentes; no admite los castigos que la madre le impone, la cuestiona, no la respeta. La madre se siente maltratada y sin poder poner límites a su hijo. Tiene que recurrir al padre, cuando llega, para que ponga autoridad. 

La relación de Carlos con su padre es de respeto, temor y admiración. Desea estar y jugar con el padre, pero éste siempre está cansado. Con su hermana, cuando era más pequeña, jugaba mucho, pedía a los padres que le compraran muñecas para poder jugar él, le gustaba vestirlas y desvestirlas. Desde hace un tiempo las relaciones con la hermana son de enfrentamientos continuos. Cuando Carlos se enfada con la madre pega a su hermana, ésta no quiere estar sola con él, dice que le tiene miedo.

En la primera sesión que tuve con los padres y el niño su actitud es de oposición, tan solo habla para defenderse cuando la madre dice que la maltrata. No existen acercamientos afectivos y si frecuentes amenazas verbales del padre hacia el hijo diciéndole en una ocasión: “no te consiento que maltrates a mi esposa”.

En la primera sesión que mantengo con el niño me plantea que sólo quiere hablar conmigo, no acepta que haya más personas en las sesiones (habitualmente paso consulta con un MIR en formación). Carlos es un niño obeso, de aspecto delicado, cuidado en su aspecto físico, inteligente, seductor, muy pendiente de lo que hago y digo. 

Me dice con lágrimas en los ojos, que sólo va a ser feliz cuando sea una mujer, que quiere cambiarse de sexo, que cuándo podrá hacerlo, que nunca a nadie le ha hablado de su problema, que lo tiene muy claro, que le atraen los hombres en un 95% y el resto las mujeres. Cree que si cuenta este problema a sus padres lo echarán de casa. 

Es un niño con proyección hacia el futuro: de mayor le gustaría ser cocinero o ingeniero informático. Cuando sea mayor se imagina casado y con hijos, pero siendo la mujer en la relación. Sus deseos son ser feliz y cambiarse de sexo. No le gusta el deporte, me dice: “a los hombres les gusta el deporte y a las mujeres no”. Le gustan los videojuegos sangrientos y cuando le señalo que esos juegos son de varón me responde que también  las niñas juegan a eso. Cuando le pregunto por el juego que más le gusta me responde que disfrazarse de mujer, y recuerda con gozo una ocasión en la que a los cinco años, vestido con una minifalda jugaba a dar saltos en la cama con su prima. 

Le gusta pintarse, “me pinto como una mujer, los labios, los ojos”. No le gusta su cuerpo, sí la cara y las manos que lleva con varios anillos, pero no los pies “son muy anchos”. No le gustan sus órganos sexuales, “¿cuando podré operarme?” De las mujeres le gusta todo. Nadie sabe que tiene este problema, disimula con su familia y sus amigos: “mi madre sabe que me gusta pintarme, pero no que me gusta pintarme como una mujer”. Siempre está disimulando: el día de San Valentín compró una rosa a una compañera de la clase y se la llevó a su casa para que los amigos creyeran que le gustan las niñas. Les dice que tiene novia y manda cartas de amor a las niñas para que sus amigos lo vean. Lleva las uñas largas de la mano derecha porque le gustan las uñas largas, pero dice a los amigos que está dando clases de guitarra. Le gustaría dejarse el pelo largo pero sus padres no se lo permiten. 

El niño está triste, llora, está muy preocupado por su problema, dice no poder concentrarse en los estudios y continuamente está pensando cómo hacer para disimularlo. Me plantea muchas quejas sobre sus padres: que su madre confía poco en él, que no le gustan los amigos que tiene y que no

quiere perderlos porque sólo tiene dos amigos, los demás  “es como si me rechazaran”, le gustaría jugar con las niñas pero se ríen de él.

En el presente curso escolar ha suspendido 8 asignaturas, y los padres le han suprimido muchas cosas, le han quitado la radio, que escuchaba todos los días, los peluches, tenía el cuarto lleno de peluches porque conserva todos los juguetes que tenía de pequeño. Recuerda el pasado como más feliz que el momento actual, también se queja de que incluso le han quitado las fotos de su tío que murió hace unos meses al que quería mucho: “tenía pesadillas y él me cantaba, me sacaba en el coche para que me tranquilizara”. Siente que su padre le quita todo lo que él quiere: la paga, las

golosinas, un perro al que quería mucho…. No puede hablar con su padre, nunca ha hablado con él.

Lo admira y lo teme.

Los dibujos que realiza son apropiados para su edad cronológica, son dibujos estructurados. El contenido del dibujo libre (Dibujo 1, solo aparece en la versión en papel) se refiere a su conflicto, quiere ser una mujer, y mientras pinta dice: “antes me entretenía pintando mujeres con diferentes ropas”. En el dibujo de la familia (Dibujo2) se identificaría con la madre y le gustaría ocupar su lugar. El dibujo de la casa (Dibujo 3) se refiere a la relación transferencial (puerta semiabierta), es un dibujo expansivo, sin comunicación con el exterior y el árbol aparece pegado a la casa que podría tener que ver con ciertos aspectos simbióticos con la madre.

Las entrevistas posteriores que mantengo con los padres me permiten entender el lugar que ocupa el paciente en la historia familiar. La madre – en la descripción siempre con Carlos como referente en la relación familiar– es la pequeña de tres hermanas. Los abuelos maternos se separaron cuando ella tenía un año, se crió con su padre y con su abuela paterna, la abuela materna siempre ha sido una mujer muy independiente, que se fue a trabajar fuera de España para conseguir dinero. Las relaciones de la madre con la abuela materna hasta los doce años apenas existieron y, a partir de esta edad, se instala en la misma ciudad donde vivía el abuelo y las tres hermanas se alternaban para vivir con ella, eran ellas quienes tenían que cuidarla. Es alcohólica y miembro de una secta religiosa. 

El abuelo materno, de niño siempre estuvo cerca de las figuras femeninas de la familia, su madre y hermana, aunque tenía hermanos. Hacía ropa a sus hermanos, muy habilidoso para la decoración,

para los dibujos, le gusta la cocina….Es  homosexual. Él es quien ha criado a la madre de mi

paciente, y cuando se refiere a él lo describe como a Carlos: con una gran sensibilidad, “nos peinaba, nos hacía las ropas, habilidoso para la cocina, para la decoración”. Ha sido el personaje más importante en la infancia de la madre y durante toda la infancia de Carlos han mantenido una importante relación, va con frecuencia a pasar los fines de semana, las vacaciones las pasa siempre con ellos. El abuelo ha pasado largas temporadas en la casa de nuestro paciente y Carlos tiene una muy buena relación con él.

El abuelo paterno es una personalidad fuerte. Es un hombre duro. Viajaba con frecuencia, se iba largas temporadas. Hombre muy estricto. La abuela paterna es cariñosa y maternal. El padre tiene una importante relación con ella. El padre es el segundo de tres hermanos. La familia paterna se opuso al segundo matrimonio del padre por lo que durante cinco años no mantuvieron relaciones con ellos, ahora las relaciones son escasas y distantes.

La madre de nuestro paciente tiene una historia carencial, cuando recuerda su infancia dice: “no se ocupaban de nosotras, nos teníamos que resolver nosotras todas las cosas”, se siente sola y necesitada, “nunca he tenido una madre a quien poder hablar o contar”. El padre juega con la madre un papel materno, pero en sus múltiples ausencias la madre se ha refugiado en el hijo adhiriéndose a él y no ha podido establecer los límites de su intimidad; ha seducido al niño: ha dormido con él, se baña con él. Ha hecho de pareja porque el padre no estaba: “he debido de hacerlo mal pero siempre le he pedido su parecer y me he apoyado en él, ha sido la niña de mis ojos”, señala la madre. La

madre no ha podido cubrir sus necesidades afectivas porque su madre estaba ausente y tiene una relación idealizada que necesita recrearla en la relación con su hijo. El niño vendría a representar y a remplazar este objeto. La madre en esa relación carencial lo disfraza, hace una contraidentificación proyectiva y coloca en él lo que ella cree que debe ser una madre. El escenario narcisístico que tendríamos en la relación de la madre con el niño sería: Carlos sería la madre y ella “la niña necesitada de afecto”; de esa manera, la madre negaría su ausencia y combatiría sus sentimientos de carencia teniendo una relación con la madre en la persona de su hijo, como si aquella no la hubiera abandonado. La madre ha tenido un padre maternal. El niño para la madre representaría aspectos del padre y de la madre. 

El padre está poco presente en la mente del niño, es un padre ausente. Por su trabajo apenas está en casa, viaja con frecuencia y cuando llega a casa está cansado. Dice el niño: “nunca he hablado con él, no tiene tiempo de jugar conmigo”. En la vida de Carlos existen 2 personajes importantes con los que se identificaría; uno es el abuelo materno (homosexual) con quien ha pasado largas temporadas –la madre señala que cuando está el abuelo siempre está con él– varón pero con una identidad femenina. El otro personaje con el que se identificaría sería el tío materno muerto, que también ha sido un personaje maternal, “se ocupaba mucho de mí, me daba paseos en el coche cuando no podía dormirme y me cantaba cuando tenía pesadillas”. Los dos son modelos femeninos para el niño y el padre está poco presente por su ausencia, de ahí la identidad femenina que presenta el niño. Además, en el niño existe un componente agresivo asociado a lo masculino, “de las mujeres me gusta todo”, “mi padre prefiere a mi hermana porque es niña, si tuviera que elegir la elegiría a ella”, también mi abuelo (paterno) prefiere a las mujeres, dice que los niños fuera, que sólo quiere a las nietas”

Por todos es conocido el emocionante juego de hacer de papá o mamá, de indagar y entrar en el espacio prohibido, de sustituir, remplazar y desplazar a las personas queridas y, a la vez, odiadas porque poseen en exclusiva a otras personas también queridas –y en tanto que inasequibles, también odiadas–. Para solucionar este conflicto –edípico– el niño se identificará con el padre y la niña con la madre. Pero ante la ausencia de uno de los padres, ausencia que puede ser física o psíquica, el niño se identificará con la figura que tenga a su alcance o sea más fuerte. 

Carlos tiene un edipo invertido, se siente en medio de la relación de sus padres, la madre lo ha seducido, ha sustituido al padre cuando éste no estaba y ante su ausencia se ha identificado con la madre y le gustaría ocupar el lugar que ella tiene, por eso la quiere pero también tiene un fuerte componente agresivo hacia su madre que es su rival potencial. Desea a su padre, ser querido y reconocido por él. Recuerda el padre que en alguna ocasión, paseando con Carlos, cuando era pequeño, le señalaba a las mujeres guapas que tenían mucho pecho para que él se fijara, porque son las mujeres que a él le gustan. Carlos pasa mucho tiempo en el baño mirándose los pechos, la madre señala que cree que quiere estar gordo para tener pechos. Este deseo de querer ser único para el padre le produciría culpa y de ahí surge el masoquismo (desea que su padre le pegue) y odio a su madre, que es su rival potencial (en las rabietas decía que pegaba a los cojines pensando que era su madre). En el niño existiría un fuerte componente agresivo asociado a lo femenino, nos dice la madre: “no me explico como quiere ser mujer, a veces nos odia a mí y a su hermana, al único que respeta es al padre”.

Estas constelaciones familiares –madre dominante o invasiva y padre desvalorizado o ausente– han sido descritas en muchos casos de homosexualidad, al punto de llegar a parecer el antecedente edípico favorecedor de esa evolución. De todos modos, sabemos que constelaciones familiares parecidas se dan en niños que no evolucionan hacia la homosexualidad o el transvestismo. Además hemos de tener presente que estamos valorando unos factores que son los visibles y detectables en las entrevistas exploratorias y que muchos factores que participan en la relación y en la evolución escapan a la captación exploratoria, por lo cual, no podemos evaluar su influencia. Entre estos

factores, que de momento desconocemos, estarían el factor constitucional o genético, del que sabemos hoy en día muy poco. El psicoterapeuta no posee un camino directo para influir en los componentes biológicos de la identidad sexual del sujeto, solo puede actuar de una forma indirecta. El terapeuta de niños debe conocer los factores biológicos que podrían hacer conveniente una derivación al médico especialista. Sin embargo, el papel principal del terapeuta se centra en las primeras experiencias del desarrollo y sus consecuencias en la personalidad del niño.

A modo de conclusión

Con este caso he pretendido mostrarles las dificultades que ha tenido este niño en la adquisición de una identidad sexual diferenciada. En la historia de este paciente existen elementos confusionales con respecto a la figura materna y alejamiento respecto a la figura paterna, que no hacen posible el establecimiento de unas identificaciones positivas con la figura masculina, impidiendo la configuración de una identidad masculina diferenciada. Sería un ejercicio interesante imaginar, según la experiencia clínica de cada uno de nosotros, a este niño en la edad adulta.

La identidad sexual del individuo es un fenómeno complejo y aún no conocido, en el que intervienen factores genéticos, neuroendocrinos y ambientales. Estudiar el papel concreto que corresponde a cada uno y la forma en que intervienen es un tema destacado de investigación para los próximos años. 

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