Conflictos de identidad en adolescentes inmigrantes

Ramón A. Mon P

 

RESUMEN

El artículo trata de los esfuerzos psicológicos que realizan algunos adolescentes chinos, nacidos y educados en Panamá e hijos de inmigrantes. Estos jóvenes luchan por alcanzar una identidad sólida que les permita funcionar psicológicamente en un ambiente que entra en conflicto con la cultura de donde provienen sus antepasados y/o con ellos mismos. Se estudia a tres adolescentes de una segunda generación de inmigrantes, y que forman parte de la comunidad china del país. Se analiza el grado de adaptación e integración: identidad del self, y el nivel económico correspondiente. Un asunto de integración o diferenciación, en fin, un dilema de ecología humana. PALABRAS CLAVES: emigración, identidad del self, adaptación, dilema ecológico, cambios en la adolescencia.

ABSTRACT

Identity conflicts in adolescent immigrants. This paper examines the psychological effort made by some Chinese adolescents, born and raised in Panama and sons of immigrants. These adolescents struggle to achieve a solid identity that allows them to function psychologically in an environment that is in conflict with the culture of their ancestors and/or with themselves. Three adolescents belonging to a second generation of immigrants who are part of the country’s Chinese community are studied. Their degree of adaptation and integration: identity of self, and their corresponding economic status are analyzed. A question of integration or differentiation, in short, a human ecological dilemma. KEY WORDS: migration, identity of the self, adaptation, ecological dilemma, changes in adolescence.

RESUM

Conflictes d’identitat en adolescents immigrants. L’article tracta dels esforços psicològics que realitzen alguns adolescents xinesos, nascuts i educats al Panamà i fills d’immigrants. Aquests joves lluiten per assolir una identitat sòlida amb la qual funcionar psicològicament en un ambient que entra en conflicte amb la cultura d’on procedeixen els seus avantpassats i/o amb ells mateixos. S’estudien tres adolescents d’una segona generació d’immigrants, que formen part de la comunitat xinesa del país. S’analitza el grau d’adaptació i integració: identitat del self i el nivell econòmic corresponent. Un tema d’integració o diferenciació; en fi, un dilema d’ecologia humana. PARAULES CLAU: emigració, identitat del self, adaptació, dilema ecològic, canvis en l’adolescència.

Uno de los tópicos más importantes de la psicología psicoanalítica de hoy lo constituye el estudio de los procesos involucrados en la conformación de la identidad. De una u otra forma las distintas aproximaciones psicológicas al problema del hombre en su relación consigo mismo y con la naturaleza tiene que ver con el concepto de identidad y el controversial concepto de adaptación. La adaptación a un medio extraño, generalmente preñado de ilusiones y deseos, puede tomar varios caminos: la asimilación, la integración, la integración diferenciada o el multiculturalismo.

Los estudios psicoanalíticos tienden a ubicar el problema de la identidad/adaptación a partir de los conflictos internos del psiquismo y/o en las presiones que la estructura social ejerce sobre el hombre. Sin embargo, la solución a este dilema parece encontrarse en el estudio de interrelaciones estrechas y a veces casi imperceptibles, pero no por eso menos poderosas, el hombre con los engranajes de la sociedad; es decir, en lo que podemos definir como un dilema ecológico.

Resulta imperativo hacer una reflexión psicoanalítica sobre el proceso de emigración y la identidad del self en los inmigrantes. El proceso de emigración en realidad se puede desdoblar en dos fases (Harlem, 2010): una fase de emigración y otra de inmigración. Cuando una persona emigra, es decir, abandona su tierra natal, pierde la condición de ser uno más, de verse reflejado en los “otros” y este no-reconocimiento social necesariamente afecta la integridad del self, razón por la cual debe apropiarse de nuevas imágenes que le permitan ser él mismo y mantener el sentido de continuidad existencial tal como lo describe Winnicott (1971), o de “estar” en el mundo como lo describe Stolorow (2007).

Para mantener este sentido de continuidad existencial el inmigrante no debe olvidar su lugar de origen, como dijo Vargas Llosa en su discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura (2010): “El amor al país donde nací ha fortalecido más bien aquellos vínculos, añadiéndoles una perspectiva más lúcida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantienen reverberando los recuerdos. El amor al país en donde uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí… No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del “otro”, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sueños, paisaje familiar de geografías, seres queridos y ocurrencia que se convierten en hitos de la memoria y escudos de la soledad”.

Desafortunadamente, no siempre sucede así, y la memoria traicionera puede eliminar todo recuerdo grato o ingrato de la patria abandonada como si fuera la mejor o la única forma de subsistir. Dependiendo de la edad del emigrante y de lo complicado (traumático) que resulte el proceso, esta fase puede ser más o menos difícil y exigente. Edward Said en su biografía, Fuera de lugar (1999) describe cabalmente el sentimiento de extrañeza interior asociado a la emigración y reflexiona en un momento de su pre-adolescencia: “¿Dónde estaba? ¿Qué hacía aquí? En que me había convertido después de estar tres años en una escuela americana en el Cairo…” y como forma de apropiarse de una identidad y evitar un sentimiento de extrañeza interior hace esfuerzos para destacarse como deportista y es reconocido entre sus compañeros norteamericanos como “Ed Said, la maravilla del Cairo”.

Esa otra fase del proceso de emigración, es la de inmigración, que resulta ser igualmente conflictiva; imposible pensarlo como una fase ausente de conflictos. Al convertirse en inmigrantes, la pérdida de lo conocido se hace patente e incontrovertible. El inmigrante adulto carece de espejo en el cual reconocerse. La cultura, la etnia, la lengua pueden resultar absolutamente extrañas. Es un estado anómalo, de anomia, de una mezcla de estos dos sentimientos y sin embargo, se exige cumplir con los deberes y sobrevivir. Este es el caso de los inmigrantes chinos cuando llegan a tierras occidentales, y reconozco y acepto los prejuicios y estereotipos a los que hace alusión E. Said en su libro Orientalism (1979), con respecto a los estereotipos asociados a los términos Oriente y Occidente.

Salman Akhtar (1995) en su artículo Una tercera individuación: inmigración, identidad y proceso psicoanalítico, sostiene que “la inmigración es un proceso psicosocial complejo con efectos perdurables en la identidad del individuo. Los cambios dinámicos provocados por la combinación del «choque cultural» y el duelo de las pérdidas inherentes a la inmigración gradualmente lleva a cambios psico-estructurales y al surgimiento de una identidad hibrida…el inmigrante fluctúa entre dos extremos, su representación de self original y su representación de self naciente como residente del país adoptado. El fracaso en la negociación de la distancia entre estas dos representaciones de self trae como resultado dos posibles desenlaces para la identidad: el retiro etnocéntrico o la asimilación contrafóbica”.

El papel que juega el duelo de los objetos perdidos es de suma importancia para comprender los cambios que sufren los inmigrantes en su conducta. Este duelo se puede ver complicado por los procesos de disociación psíquica que pretenden evitar el dolor y que pueden llevar finalmente a reprimirlo, negarlo o intelectualizarlo.

¿Cómo sobrevivir a toda esta penosa experiencia? La supervivencia va a depender de diferentes transacciones que hacemos con nosotros mismos y con la nueva cultura. A partir del trabajo clásico de Heinz Hartmann (1939) La adaptación y los Estudios de la Psicología del Yo, se formulan criterios que ayudan a orientar la comprensión de los mecanismos de adaptación en situaciones especiales. Estas formulaciones teóricas son utilizadas como una herramienta para acercarnos a los datos recogidos en el estudio y son divididos en dos ejes: 1) La situación en sí, y 2) La posible solución.

La situación en sí incluye un reconocimiento de las situaciones conflictivas presentes en el inmigrante; las posibles áreas libres de conflicto que puedan tener o desarrollar, y la interacción de los estímulos o conflictos internos y externos. La posible solución incluye cambios aloplásticos, o sea, cambios que el inmigrante realiza en el medio ambiente para acomodarse mejor y cambios autoplásticos, o aquellos que el sujeto intenta en su conducta o en su persona, tal vez mediante psicoterapia; y/o finalmente una nueva emigración, es decir, cambiando de lugar (país o región) con el fin de satisfacer lo anhelado, de encontrar el lugar seguro que permita la consolidación de una nueva identidad del self.

Este un concepto complejo pero imprescindible. Su complejidad se debe a que no existe un self único e indivisible, sino un conjunto de “estados de self” para utilizar la terminología de Phil Bromberg (1998) que implica un self múltiple y heterogéneo, constituido por partes o elementos.

Usualmente el ser humano se mantiene en un espacio intermedio desde el cual puede sostener un diálogo entre los diferentes “estados de self”. Dado que estos estados no tienen un desarrollo unitario y simultáneo, cuando se da un proceso inmigratorio especialmente traumático (el exilio), podemos observar una disociación en el funcionamiento de los diferentes elementos o estados de self que eventualmente conduce a la presentación de síntomas o cuadros psicopatológicos.

El estudio de los procesos adaptativos y de identidad de adolescentes chino-panameños se hace particularmente complicado porque el objeto de estudio presenta varias facetas:

  • como adolescentes, sus procesos de adaptación se están dando en una intensidad no experimentada en ningún otro período del desarrollo; durante una segunda diferenciación (Blos, 1967),
  • pertenecen a un grupo minoritario que trae consigo algunos valores culturales que resultan antagónicos con el grupo receptor, y
  • son jóvenes, hijos de inmigrantes, que viven conflictos dentro de su propio sistema familiar, conflictos que pueden no estar directamente relacionados al proceso de inmigración (Rabeh Sijelmassi, 2010).

Los datos del estudio se obtuvieron de entrevistas grupales con los adolescentes, entrevistas familiares y pruebas psicológicas.

Los adolescentes

Al abrir la puerta del consultorio me encontré con tres jóvenes chinos, pequeños, retraídos y con una actitud que reflejaba entre timidez y antagonismo. En realidad mi primera impresión era que no venían a visitarme de muy buenas ganas. Habían llegado a la consulta a través de una colega psicoterapeuta que atendía a la madre por un cuadro depresivo asociado a una afección cardiaca seria (cardiopatía isquémica). Mi colega conocía mi interés por los estudios etnopsicológicos y dadas otras circunstancias profesionales, le pareció indicado pedirme una evaluación de estos jóvenes chinos cuya actitud de “poca colaboración” parecía entorpecer el pronto restablecimiento de la madre; y según ella, el “equilibrio familiar”.

Carolina de 18 años, Daniel de 17 y Enrique (1) de 16, iniciaron la sesión quejándose de la conducta del padre al que calificaban de “terco, de no querer comprender a la juventud de hoy y de que se mantenía aferrado a formas de trabajo anticuadas y típicamente chinas”, lo que según ellos, no permitía que se entendieran en aspectos del comportamiento social ni en asuntos de negocios. “Tiene un desorden en el negocio que sólo él puede entender. Es prácticamente imposible ayudarle y nos obliga a trabajar los fines de semana y después del colegio”, afirmaban a coro.

A medida que los tres jóvenes hablaban, se mostraban perfectamente orquestados en sus quejas sobre el comportamiento del padre. Era evidente que trataban de alejarse de cualquier responsabilidad (culpa) que pudieran tener con respecto a la enfermedad de la madre e intentaban indirectamente responsabilizar al padre. Observaba detenidamente sus vestimentas a la última moda (marcas, colores etc.) típicas de un adolescente occidental de clase media alta y su muestra de un abierto desdén hacia la crianza china tradicional. Esperaban que los padres aceptaran, por ejemplo, que pudieran quedarse hasta altas horas de la noche en fiestas o reuniones. Este punto perecía de extraordinaria importancia especialmente para Daniel que estaba dispuesto a defender su punto de vista hasta las últimas consecuencias.

Carolina, una excelente alumna que poco había contradicho los lineamientos disciplinarios del hogar, parecía recibir recompensas importantes por su conducta. Para los chinos el adecuado rendimiento en los estudios es un valor que merece recompensas y Carolina las recibía generosamente: mayor libertad, carro, viajes, etc. Estos premios provenían especialmente de su abuelo materno que mantenía muy arraigados los valores confucianos, especialmente aquellos relacionados con la importancia de la educación.

Los chinos en general, incluyendo a la familia estudiada, consideran que de padres comerciantes deben surgir hijos con profesiones liberales exitosas y desarrollar otros estilos de vida. Es como si la etapa del negocio propio, que en nuestro medio caracteriza a los chinos de segunda generación, fuera considerada como una etapa de transición en un movimiento planificado de desplazamiento laboral y que en China implica igualmente un movimiento en la escala social. Por lo general, estos inmigrantes mantienen vigente un sistema de valores tradicionales que corresponden a una patria perdida y, al mismo tiempo, tratan de alcanzar las metas y ambiciones heredadas de sus antepasados en las nuevas tierras de emigración. La dinámica de la inmigración de los chinos en Panamá ha sido reseñada ampliamente y en varios escritos se ha explicado, desde la historia y la clínica, la compleja relación de estos inmigrantes con la sociedad panameña. Algunas de estas relaciones han estado teñidas por la violencia pero hoy día los encontramos no solo en grandes ciudades-puertos, sino también en los pueblos más recónditos del Istmo En los últimos ciento cincuenta años la tenacidad y la constancia en el trabajo han sido claves para que los chinos inmigrantes hayan logrado una ubicación importante como grupo humano a lo largo y ancho del país (A. Mon, 2002, 2004, 2010, 2011).

Frente a la actitud controlada de Carolina se destacaba la rebeldía de Daniel, típica de un adolescente “dominado por los impulsos”. Su atuendo a la moda, corte de pelo y actitud desafiante parecían ocultar realmente un gran sufrimiento, ya que el proceso de identificación lo acercaba conflictivamente a la imagen y modelo del padre. Quería ser hombre de negocios, pero “transformar la primitiva y poco práctica forma de trabajar de mi padre “. Esta fuerte corriente de identificación era socavada inconscientemente por las actitudes de la madre, que sintiéndose agredida por el esposo, intentaba alejar a Daniel y a Enrique de él. Daniel atravesaba con dificultades un segundo proceso de diferenciación adolescente en medio de un confuso proceso migratorio.

Enrique, el tercer adolescente, parecía en extremo retraído. Parco en el hablar, cuando lo hacía oscilaba entre lo que parecía ser un ataque de rabia o el resultado de un enorme esfuerzo para vencer sus miedos. De maneras delicadas, siempre acudía a consulta con un trabajo escolar y se dedicaba a hacer cálculos matemáticos mientras los demás conversábamos. En las ocasiones en que asistieron también los padres, se sentaba junto a la madre, mostrándose siempre hostil hacia el padre. Enrique parecía más un preadolescente consentido que un adolescente de 16 años con la conflictiva usual o esperada para su edad, lo que nos indicaba una detención del proceso de desarrollo. En un franco romance edípico, se identificaba generalmente con los puntos de vista de la madre y desaprobaba abiertamente la conducta del padre. Sin embargo, esta actitud no parecía mortificar demasiado a la pareja, transacción que me llamó la atención desde un principio.

Acompañado por la colega que me refirió los casos, y que atendía a la madre en su problema depresivo, realizamos un par de sesiones familiares que trajeron a relucir conflictos intergeneracionales y conflictos entre las formas personales de adaptación psíquica. Se trataba, pues, de una pareja de chinos de primera/segunda generación de inmigrantes, con hijos pertenecientes a una tercera generación y que por conocidas vicisitudes migratorias tenían que luchar en dos frentes simultáneamente: el mundo externo y el conjunto de valores que, recibidos de sus ancestros, pugnan por prevalecer.

Como sostiene Brody (1968) “la adolescencia de un joven inmigrante perteneciente a un grupo minoritario es doblemente conflictiva, desde que los adolescentes en sí reaccionan como un grupo minoritario en el conglomerado mayoritario de nuestra sociedad”.

Cuando se presenta una conducta de protesta o cuando nos encontramos ante un cuadro de desorganización típica de un adolescente, se puede pensar más en salud que en enfermedad. Tal es la forma en que se acostumbra a evaluar estas conductas en los adolescentes, o ¿me estaría equivocando con estos jóvenes? La búsqueda de una identidad parecía ser un tema importante para comprender la problemática de conducta que presentaban, donde los padres parecían fallar como objetos self articulados en la consecución de la identidad psicosocial. Desafortunadamente Carolina no pudo completar la evaluación porque se marchó a estudiar al exterior y no participó de la mayoría de las sesiones familiares y de evaluación. Por esta razón no se analiza en detalle su situación.

Viñeta clínica 1: Daniel

Su situación en sí. Los principales conflictos de Daniel radicaban en un choque permanente con los estándares de conducta de los padres. Con la madre, el problema se centraba en sus actividades sociales y disciplinarias en general. Con el padre en la exigencia que éste hacía de que “aprendiera un oficio y que no pierda el tiempo”.

Sus conflictos que no se reducían a lo externo, es decir, a su interacción con la familia, sino que arrastraba también conflictos internos entre sus deseos e impulsos y un superyó estricto, que tal como Freud (1932) lo describió “resulta ser el vehículo de la tradición y de todos los valores antiguos que transmiten de generación en generación”.

El apego al núcleo familiar, tanto como el aprecio por el trabajo como fin y la necesidad de ser un “hombre útil”, constituyen valores tradicionales de la cultura china. En China estos valores del pasado y del presente son consistentes con una ecología de recursos limitados y una alta densidad de población (Ekblad, 1984). Es hacia estos valores contra los cuales Daniel levantaba la voz y la acción. En su interior luchaba contra una tendencia muy fuerte a la regresión emocional y hacia patrones de conducta con matiz oral- receptivo. A pesar de haber avanzado en su desarrollo hasta alcanzar el estadio fálico esperado, estas fijaciones tempranas coloreaban su estructura caracterológica y determinaban el empleo de mecanismos de defensa como la negación y la proyección; y tal como lo sostiene Anna Freud (1936), debilitan más de lo que fortalecen al yo.

Daniel enfrentaba estos conflictos internos y externos apoyándose en habilidades e intereses motores y perceptivos, esto es, en funciones más bien autónomas del yo. Sus habilidades y preferencias más técnicas que intelectuales no concordaban con los valores e ideales que deseaba encontrar en una profesión. Decía querer una carrera que le proporcionara: 1) grandes logros, 2) que requiriera de gran trabajo mental, 3) le proporcionara prestigio y 4) un buen salario. Las contradicciones, sin embargo, parecían típicas de un adolescente.

La posible solución. En la adolescencia los cambios autoplásticos no constituyen posibilidades que se consideren con seriedad. Ciertamente este es el caso que nos ocupa. Daniel trataba de lograr que el medio inmediato que le rodeaba (familia), cambiara de patrones de conducta y valores, netamente orientales, por otros de la sociedad panameña, generalmente menos exigente. La mayoría de sus amigos de la comunidad china parecían haber adoptado patrones más occidentales de comportamiento que su familia, hecho éste que incrementaba su conflicto adaptativo y de identidad.

Finalmente Daniel pensaba en abandonar el ambiente familiar e irse a estudiar al extranjero. Aparte del valor académico real e indiscutible de esta decisión, buscaba aliviar las tensiones que lo circundaban y darse el tiempo necesario para adquirir los instrumentos psicológicos que le permitieran la “modernización revolucionaria”. Esta decisión conciliaba varios deseos a un mismo tiempo: la identificación fundamental con el padre y su deseo de complacerle, integrarse a los patrones culturales occidentales y liberarse de la presión y demanda que los valores tradicionales orientales ejercían sobre él.

Pensamos que podría lograr lo que se proponía a pesar de que las manifestaciones de su crisis adolescente parecían alarmantes. La crisis adolescente parecía haberlo sacudido fuertemente sin recurrir a mecanismos de aislamiento para evitarla o posponerla. Este joven podía ser afectivo y contaba con recursos internos (inteligencia, imaginación, creatividad) y potencialidades no utilizadas.

Daniel buscaba el medio propicio para establecer nuevas relaciones de objeto self que le permitieran instalar una identificación con una figura paterna idealizada que lo ayudara a consolidar una identidad propia en la cual sentirse cómodo y funcionar en forma adecuada y estable. Una fuerte dosis de narcisismo estaba en juego pero trabajaba como un factor aglutinador de los estados de self en evolución y lo mantenía funcionando y evitando estados disociativos graves. Este caso ejemplifica cómo los procesos de diferenciación en un adolescente inmigrante definitivamente se pueden complicar.

Viñeta clínica 2: Enrique

La situación en sí. La vida interna de Enrique era un ejemplo de un uso casi exclusivo de la defensa por represión. Había en él un apego estricto a la forma y a la convención, donde no se aceptaba la posibilidad de un proceso perceptivo flexible que permitiera un grado tolerable de subjetividad o incertidumbre. Su sistema defensivo lo protegía de las inseguridades y temores típicos de la edad, pero al mismo tiempo le impedía avanzar en el camino hacia la adultez.

Enrique limitaba su expresión emocional en las sesiones a manifestaciones aisladas que demostraban ira contenida o temor y, sin embargo, presenciábamos un desbordamiento afectivo infantil en la relación con la madre que a todas luces parecía inadecuado para un adolescente. Percibíamos un grado de sumisión pasiva y masoquista ante ella. En el medio familiar Enrique se sometía a todas las pautas disciplinarias impuestas por la madre. Decía: “no tengo problemas porque no salgo, ni llego tarde”. Por otra parte su rechazo al padre y a lo que éste representaba era ostensible, actitud que presagiaba un trastorno de identidad psicosexual que ya se empezaba a perfilarse.

En el contenido de las historias de Enrique, reveladas en las pruebas psicológicas, se fusionaban en forma vívida la historia de sus padres y antepasados con su realidad presente. Los temas sobre la falta de comprensión, el abandono y la distancia afectiva estaban muy presentes. Su sometimiento era evidente y parecía tener el propósito de mantener bajo control cualquier manifestación pulsional. Vivía como presentes los conflictos de la generación de sus padres y centraba sus ideales en alcanzar una posición de “fama” o de “reconocimiento” parecido al ideal de sus padres de lograr una buena posición económica que les ofreciera finalmente un reconocimiento social.

Enrique destacaba en la esfera académica y parecía bien orientado en cuanto a sus estudios superiores. Deseaba tener una profesión que cumpliera con sus necesidades de: 1) ser independiente, 2) obtener un buen salario, 3) que fuera una profesión segura y, 4) que le proporcionara prestigio. Como podemos observar el riesgo no era un valor para él, sino que enfatizaba la seguridad de una profesión liberal bien establecida.

La posible solución. Para Enrique la solución a su situación vital se orientaba, no al cambio personal o familiar, sino que al igual que sus hermanos, pensaba en marcharse a estudiar (emigrar) a un lugar distante y distinto, tal como hicieran sus padres en su momento. La madre durante las sesiones se quejaba y decía no entender:” No sé por qué quiere estudiar en un lugar tan lejos, en Europa” .El joven no consideraba la posibilidad de realizar cambios autoplásticos y parecía conformarse con los valores familiares de manera que no consideraba que el medio familiar podía cambiar o mejorar.

Enrique no parecía contar con los recursos internos de Daniel y su adaptación dependía de un apego estricto a la realidad objetiva y estrecha, donde todo evento debía ser previsto o evitado, en la medida de lo posible. Si las condiciones de la vida se pudieran mantener inalterables, cosa que rara vez sucede, podría adaptarse fácilmente. Esto no tomaría en cuenta el grado de satisfacción que puede derivarse del vivir que, en última instancia, debe ser la meta del hombre. En esta familia la compulsión a la repetición del proceso migratorio era poderosa y mediante ella, lograr finalmente una nueva identidad de self. Desde sus abuelos, y desconocemos si desde antes, la emigración parecía perfilarse como una avenida para transitar hacia la búsqueda de sí mismos. Varios años después tuve conocimiento de que los padres finalmente se trasladaron a vivir a los Estados Unidos donde estudiaron y residían sus tres hijos.

Conclusiones

Del presente estudio podemos concluir varios aspectos importantes en relación con los mecanismos de adaptación/identidad de tres adolescentes chinopanameños. Desde una perspectiva intrapsíquica, estos jóvenes parecen estar en conflicto con su superyó y las demandas que el mismo hace sobre el desarrollo. Esta instancia moral aglutina los valores sociales y éticos de sus antepasados (Freud, 1932), aunados a los ideales y expectativas que forjaron los padres en estas tierras de emigración.

Observamos que un proceso de emigración/inmigración traumático puede producir disociaciones en los estados del self quedando el yo, atrapado en una zona intermedia sin poder comunicarse entre los distintos estados de self, situación que afecta la identidad. Es posible, entonces, que en un proceso migratorio traumático, como son los exilios, la migración a culturas radicalmente diferentes y/o el tráfico humano, presente un desarrollo atípico donde ciertas de las funciones autónomas se conserven, crezcan y se desarrollen mientras que otras, como son las funciones afectivas, se vean gravemente afectadas en su calidad y expresión por procesos disociativos.

Estos son riesgos que confronta el emigrante y que se resuelven con mayor o menor pérdida de funcionamiento en cuanto se refiere a la personalidad. Los adolescentes atraviesan un período de crisis normativa (Blos, 1967) y en ocasiones deben, adicionalmente, tolerar presiones que no corresponden a su propia historia sino a la de sus progenitores.

Ante esta conflictiva, los adolescentes tratan, generalmente, de escapar buscando nuevos horizontes que les permitan obtener un grado mayor de satisfacciones. Muchas veces, sin embargo, como en los casos presentados, se corre el peligro de que el mecanismo de protesta se estanque y se repitan intentos fallidos por lograr una identidad de self adecuada, lo que hace recomendable la intervención psicoterapéutica.

La búsqueda de la identidad se convierte en un tema de fondo, que subyace a los esfuerzos psicoterapéuticos que se intenten. El tratamiento se debe orientar a restituir una relación de objetos de self que permita, a través de la interpretación, la validación y el afecto, obtener una base segura para funcionar y lograr una autoestima adecuada. El terapeuta se convierte en una compañía adecuada en este complicado proceso.

Sin embargo, la búsqueda puede ser tenaz y en algunos adolescentes, la compulsión a la repetición les condiciona a buscar la emigración como una forma de solucionar su dilema ecológico y el logro de la identidad. Puede ser una emigración temporal pero implica, la mayoría de las veces, una renuncia a la búsqueda en sí mismos.

Notas

  1. Los nombres son ficticios.
  2. La primera generación, provenientes del campesinado, viene al país como mano de obra o para trabajar como empleados de otros comerciantes chinos.

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