Cambio catastrófico: Florencia y la máquina de las ideas

Samira Carlin, Audrey Fleischman, Rocío Gabilondo, Valeria García y Verónica Vigil

 

RESUMEN

En el presente artículo las autoras, a partir de los fragmentos del proceso analítico de una niña de siete años, mostraran cómo el uso de modelos en la experiencia clínica puede ser un instrumento valioso para contener la turbulencia que caracteriza el crecimiento mental en análisis. Así mismo, ilustrarán cómo los modelos se construyen en la intimidad de la pareja analítica y ofrecen la posibilidad de dar sentido a experiencias que resultaban intolerables. PALABRAS CLAVE: uso de modelos, cambio catastrófico, crecimiento mental.

ABSTRACT

CATASTROPHIC CHANGE: FLORENCIA AND THE IDEA MACHINE. The authors of this paper present the analytic process of a seven year old girl and attempt to show how the use of models in clinical experience can become a valuable instrument for containing the turbulence which characterizes psychic growth in analysis. The authors illustrate how these models are constructed in the intimacy of the analytic pair and how they offer the possibility of giving sense to otherwise unbearable experiences. KEY WORDS: use of models, catastrophic change, psychic growth.

RESUM

CANVI CATASTRÒFIC: FLORÈNCIA I LA MÀQUINA DE LES IDEES. En el present article les autores, a partir dels fragments del procés analític d’una nena de set anys, mostren com l’ús de models en l’experiència clínica pot ser un instrument valuós per contenir la turbulència que caracteritza el creixement mental en anàlisi. També, il·lustra com els models es construeixen en la intimitat de la parella analítica i ofereixen la possibilitat de donar sentit a experiències que resultaven intolerables. PARAULES CLAU: us de models, canvi catastròfic, creixement mental.

Algunos aspectos teóricos

Bion (1970) postula que la condición del pensar requiere de dos funciones mentales: la oscilación PS-D y la relación continente-contenido. La función PS-D es entendida como la oscilación entre los estados de dispersión del pensamiento; es decir, la no comprensión, y los estados de integración como posibilidad de comprensión. Esta función refleja la capacidad mental de oscilación entre la abstracción y la concretización. Por otro lado, la función continente-contenido opera dándole sentido a los pensamientos en términos del uso que se les da y en términos de la capacidad de entender el contexto. Bion (1970) considera que esta función «construye» un espacio para pensar. El pensamiento (contenido) es albergado en un aparato (continente) capaz de darle forma. Ambas funciones operan juntas y de modo interrelacionado. En 1970 Bion planteó que toda transformación psíquica auténtica implica un cambio abrupto, una «sub- versión del sistema» y denominó Cambio catastrófico a este proceso. Esta noción es tomada como un modelo para describir un tipo de desarrollo mental en el que la relación continente-contenido se altera debido a la irrupción de una idea nueva. Cuando esta idea nueva se introduce, la relación continente- contenido se altera y requiere de ciertas condiciones para lograr evolucionar: un continente capaz de albergar variadas emociones, un medio de duda tolerada (tolerar el no saber, la incertidumbre) y un sentido de infinito (aceptar la cualidad restrictiva del pensamiento, el dolor que implica reconocer que uno no puede conocerlo todo). Un continente con estas características permitirá que los contenidos puedan estar suspendidos y desde ahí que puedan emerger (Bion, 1962). Además, en esta transformación Bion (1970) distingue dos momentos: el precatastrófico, caracterizado por experiencias no emocionales en ausencia de mayores cambios, y el poscatastrófico determinado por la emoción, es decir, la capacidad de experimentar sufrimientos dentro del marco de lo mental. Siguiendo sus ideas, toda modificación del sistema con su concomitante ansiedad catastrófica traerá una cuota de dolor. Y es que el dolor es concebido como un elemento central dentro de los procesos de transformación psíquica puesto que le plantea al aparato mental una reestructuración y acomodamiento constantes, porque requiere que toda experiencia anterior sea revisada y reorganizada a la luz o, por lo menos, desde un punto de vista –vértice– adicional (Meltzer, 1990). Por último, destacar que Meltzer (1990) siguiendo a Bion, plantea la importancia de establecer un movimiento de la teorización a la construcción de modelos, ya que estos darán verdadero significado a las experiències emocionales (1). Creemos que modelo y teoría muestran dos niveles distintos de complejidad necesarios en la elaboración de las experiencias emocionales. Por ello, pensamos que, tal como señala Sor (2007), el ejercicio Psicoanalítico consiste en usar las ideas como hipótesis modelísticas, estableciendo una relación de oscilación entre éstas y las teorías o, visto desde la tabla creada por Bion, una alternancia entre la hilera C (pensamientos oníricos, sueños, mitos) y la hilera F (conceptos). El presente trabajo representa el esfuerzo del grupo por establecer esta oscilación, otorgando un correlato teórico a las experiencias clínicas en un intento por ampliar su comprensión. A continuación la breve presentación del caso.

Viñeta clínica: Florencia

Florencia es una niña de siete años, delgada, de ojos brillantes como un par de canicas negras, lleva el pelo casi siempre recogido en dos colitas y muestra en su amplia sonrisa toda la disparidad de sus dientes nuevos. En el primer encuentro con la terapeuta le explico que su cuidadora, la última de una larga lista, había sido abusiva con ella dejándola sola en casa para asustarla, y que por esa razón ella sentía miedo y no podía quedarse sin compañía. Los padres, por su parte, expresaron como motivo de consulta la masturbación, explicando que esta conducta había tenido lugar en Florencia desde los dos años. Al poco tiempo de iniciada su terapia, la angustia por estar sola disminuyó, lo mismo que sus terrores nocturnos acerca de un búho que la observaba y de ciertos objetos atemorizantes como la sombra de las batas de sus padres sobre la pared. Durante todo el primer año, Florencia se mostró desafiante y desconfiada. Abundaban los ataques hacia la terapeuta y eran comunes frases como: «! Ay !, qué fea eres», «Oye, ¿por qué te vistes así, ah?», que buscaban denigrarla y triunfar sobre ella, dejándola sometida y excluida. Defensas maniacas y cierta cuota de agresión se evidenciaban frente a las interrupciones propias del proceso: cuando éstas tenían lugar Florencia saltaba sobre los muebles del consultorio y tarareaba a gritos: «Yo estoy feliz, soy feliz, la vida es para ser feliz». En este período, la terapeuta pudo observar intentos fallidos de Florencia por traer sus aspectos más infantiles, como cuando al llegar inusualmente vestida con unos clásicos zapatitos de niña, uno de ellos se rompió haciendo evidente una dolorosa verdad: Florencia no tenía lugar para lo infantil. Un parto y un destete prematuros habían configurado una historia en la que la precocidad se imponía para enfrentar la pérdida del objeto. A continuación presentaremos una sesión que tuvo lugar luego de una interrupción por vacaciones hacia finales del primer año de análisis, y que enmarcó la entrada a una nueva experiencia emocional. «Florencia entra al consultorio. Está contenta y me observa curiosa, lleva con ella un pequeño búho de peluche. A los pocos minutos, me dice que quiere salir a entregarle a su cuidadora el muñeco, pues sus orejas se estaban rompiendo. Le digo que quizás podríamos encontrar dentro del consultorio un lugar seguro para él, pero ella insiste en salir. Dando vueltas, se detiene y empieza a revisar el ventilador levantando la tapa. Le pregunto si cree que ese podría ser un buen sitio para guardarlo. Sin mirarme lo pone allí, cierra la tapa y dice: «Está aplastado, seguro se irá por los interiores y explotará todo». Le señalo que yo no lo veo así y agrego que quizás siente el consultorio como un lugar aplastante y peligroso. Me escucha y deja el búho dentro del ventilador. Nuevamente empieza a moverse diciendo que no puede contarme nada de su viaje porque ha hecho algo que es secreto (durante todo el primer año, el tema de los secretos había sido recurrente). Inmediatamente inicia un relato acerca de una tía que la resondraba (reprendía) con la mirada, y unos primos de cinco años que usaban pañales y se llevaban las cosas a la boca. La observo alborotada y curiosa. De pronto, noto que recostada sobre la mesa está frotándose los genitales con la punta sin percatarse de ello e incrementando su excitación cada vez más. Me siento tomada por sorpresa y temo un desborde que no pueda contener. Al poco tiempo la veo rígida y colorada. Entonces me pregunta: «¿Por qué crees tú que mis primos hacen eso?»…. «A veces los niños hacen cosas que no entienden y las hacen sin darse cuenta», le contesto. Florencia me escucha atenta y cuando noto que su excitación ha disminuido, continúo: «Como tú, ahora». Inmediatamente Florencia se mira y sobresaltada se sienta sobre el sofá intentando inventar una historia: «Te quiero contar algo importantísimo, mi primo….», pero no logra seguir. Le digo: «Pienso que te has asustado, quizás has sentido que te he descubierto». Ella se tapa los oídos y me voltea (gira) la cara. Yo me quedo a su lado en silencio. Luego de unos minutos se comienza a recomponer, me cuenta, a manera de secreto, que cuando está preocupada cruza las piernas para sobarse. Estamos terminando la sesión. Ella toma su búho y lo prende del gancho que cuelga de mi bolsa, diciendo que ese es un buen sitio para él».

Comentario: En la sesión que acabamos de presentar, Florencia parecía temer algo peligroso, las orejas del búho rompiéndose parecían hablar de un ataque retaliativo, consecuencia de su curiosidad intrusiva en la escena primaria de sus padres. A su vez, la idea de un espacio pequeño y aplastante expresaba quizás una relación continente-contenido con cualidades ciertamente restrictivas. Las relaciones objetales de Florencia estaban insertas en una lógica que Meltzer (1990) describe como la lógica del «claustro». Esta noción es desarrollada para describir un modo de funcionamiento psíquico opuesto al de la función continente-contenido. Ambos funcionamientos –tanto el del claustro como aquel del continente– son planteados a partir del tipo de relación que se establece con el espacio, en el sentido de cómo el sujeto tolera que existan cosas que no se pueden conocer, cosas que quedan por fuera y sobre las que no se puede ejercer control. El modelo de esto incognoscible es el de la escena primaria, es decir, la relación de la pareja parental en un espacio cerrado que no se ve y acerca del que no se sabe. Dependiendo del tipo de relación que se establezca con ella, la lógica mental podrá describirse como la del claustro o de la del continente. En el primer caso, del claustro, hay un predominio de la identificación intrusiva, puesto que no se tolera la exclusión, no se tolera quedar por fuera. El objeto que no se ve ni se controla se vive como persecutorio ya que se identifican en él proyectivamente las partes malas. Esto trae mucha confusión, así como una intensa indiscriminación narcisista entre yo-no yo, entre dentrofuera, lo cual genera intolerancia frente a las diferencias en general: de edad, sexo, bueno y malo, etc. A diferencia del claustro, en la relación continente sí existen las fronteras. Hay un reconocimiento de lo incognoscible de la realidad y del objeto, y por ello la ansiedad es de tipo depresivo. Es una lógica de la privacidad en la que las relaciones son exclusivas en el sentido de que son únicas, especiales, y el objeto se reconoce como libre para ir y venir a su voluntad. En el claustro no se permite el crecimiento, puesto que la fantasia omnipotente es que ya se conoce todo, que uno participa de todo, por lo que no se toleran ideas nuevas ni distintas, y las relaciones están caracterizadas por la tiranía, el sadismo y el sometimiento. En la sesión que acabamos de presentar el reencuentro de Florencia con la terapeuta tras las vacaciones enmarcó un escenario distinto. La terapeuta, al possibilitar que los aspectos más intrusivos y excitados de Florencia quedaran dentro («el búho mirón peligrosos»), le permitió poner en marcha la actuación de aquel secreto del que no podía hablar. En Florencia, la masturbación había significado hasta ese entonces la ilusión de encontrar el objeto perdido y la fantasía maníaca de repararlo, pues su yo se incluía intrusivamente en los objetos haciéndolos explotar. Tal vez era ésta la fantasía acerca de su destete precoz: su voracidad había roto el pezón y hecho explotar al pecho, y ello traía consigo la amenaza de retaliación, una dimensión persecutoria asociada a la pérdida –el objeto perdido evoca al objeto combinado, representado por el concepto de la escena primaria y anatómicamente por la unión entre el pecho y pezón–. El acto de la masturbación trajo consigo una idea nueva. La sensación de desvalimiento y miedo, junto a una cercanía desconocida, aparecieron con violencia amenazando la relación. La ansiedad de Florencia pareció vivirse como una catástrofe y en la mente de la analista surgieron fantasías acerca de la imposibilidad de continuar con el proceso. En la siguiente sesión, apareció el tema de la masturbación cuando Florencia le pidió a la analista que no le dijera a nadie «eso» que había sucedido. La terapeuta le señaló su imposibilidad de hablar del tema, y luego preguntó: «¿Y si inventamos una clave para hablar de «eso» que no puedes hablar?». Florencia emocionada, miró alrededor y eligió dos objetos del consultorio, respondiendo: «¿Ventilador o computadora?». En la mente de la analista la sensación de aire y movimiento, en oposición a la rigidez de la computadora, le hicieron responder: «Ventilador». Florencia estaba satisfecha y aliviada. Encontrarse con un nombre, una clave –»ventilador»–, parecía ofrecer la posibilidad de contener el derrumbe y la ruptura. «Ventilador», como una conjunción constante, integraba una serie de hechos dispersos y desconocidos y organizaba un modelo para començar a crear relaciones insospechadas, para pensar las experiències innombrables, pasando de la acción masturbatoria a la narrativa. El resultado de ello es crecimiento psíquico bajo la forma de aprender por la experiència (Bion, 1962). A partir de ese momento, junto a su terapeuta, Florencia puso en marcha una nueva versión de la masturbación, una muy distinta, una sub-versión, que no era ya la negación de la dependencia y el triunfo, sino la posibilidad de ir en busca de significados acompanyada de un otro. Como contra parte de la idea subversiva (nueva) característica del cambio catastrófico, «ventilador» emergió para atenuar la violencia del impacto de este hecho nuevo. Hacia el final de esa sesión, Florencia escribió en un papel: «Florencia y A (su analista) tienen una clave: el ventilador». Florencia comenzó a preguntar acerca de su «tarea» en el análisis y se empezaron a construir diversos sentidos alrededor del modelo ventilador, explorando las cualidades de la masturbación. Temas como lo prohibido, la urgencia de su excitación y lo secreto eran expresados por ella: «Ahora vamos a prender ese ventilador (refiriéndose al objeto), pero no este ventilador (señalando sus genitales), éste es urgente y peligroso», «Este ventilador me llama diciendo, ven Florencia, ven, y yo siento cosquillas y al tocarlo lo curo», «¿Puedo enchufarlo yo?, voy a hacerlo con cuidado». A continuación presentaremos una sesión que tuvo lugar luego de un par de semanas y que nos permitió comprender el inicio de otra etapa del proceso. «»Florencia entra diciendo: «Vamos a construir un cuarto y vamos a transformarlo.» Juntando tres sillones, arma una cama con dos cabeceras, una frente a la otra. Hacia mi lado coloca la mesita como escritorio y cerca su cabecera, su caja de juguetes como mesita de noche. «Son diferentes», señala. Florencia y yo nos echamos, mirándonos desde nuestras respectivas cabeceras. Está sumamente contenta y satisfecha. Le señalo sus esfuerzos por crear un espacio donde pudiéramos estar juntas para pensar en sus cosas. Florencia me dice: «Sube tus pies que acá hay espacio para ti», y me pregunta luego: «¿Me puedo quitar los zapatos?». De pronto mira hacia el ventilador y con una voz calmada, como preparándose para algo muy especial, lo enciende y exclama: «Ahora sí». Me mira y me explica: «Cuando ponga 1 (refiriéndose al botón del ventilador) es que estoy alegre, cuando ponga 2 es que estoy triste y cuando ponga 3 es que estoy furiosa». En ese momento, sube la potencia del ventilador al número 2. Se recuesta y como pensando en algo baja la potencia rápidamente. Le digo: «Parece que te asustaste, lo subiste a 2 y dijiste ¡qué miedo!». Florencia sonríe y comienza a hacer un dibujo parecido a un gráfico de barras señalando que cada una representa una potencia distinta: «mínima, media, alta, máxima», y lo titula «La máquina de las ideas». Mientras la veo pienso que me está hablando de la existencia de distintes potencias para las emociones y para el pensamiento. Le digo: «Parece que si te pones potente con las ideas o con los pensamientos lo que puede suceder es que te pongas triste y eso te da miedo», Florencia me escucha atenta y finaliza la sesión»».

A manera de conclusions ¿Nos encontramos ahora más cerca de un continente psíquico capaz de múltiples transformaciones? Consideramos que el proceso de Florencia escenifica el paso del antiguo lugar del claustro hacia una habitación-continente construida para pensar y dar sentido a sus experiències emocionales, permitiendo observar cómo el acto de conocer trae consigo sucesivos cambios catastróficos. Las relaciones objetales de Florencia, caracterizadas al inicio por la ansiedad persecutoria y la necesidad de control, reflejadas ambas en la imagen del ventilador aplastante y el búho explosivo, se transformaron en una cama de doble cabecera, un espacio íntimo y confortable. Desde un lugar muy distinto al del claustro se excitó, ya no sus genitales, sino su mente. Se instaló así la privacidad frente a la antigua intrusión; los límites y el reconocimiento del otro, una terapeuta adulta, frente a la indiscriminación narcisista, dando vida a un espacio especial para el apareamiento psíquico: dos cabezas creando un continente para las ideas. Así mismo, el movimiento de oscilación entre la escisión y la integración (PS-D) abrió paso hacia la dependència objetal introyectiva: una nueva disposición hacia el conocimiento tomó forma para pensar acerca de lo que significa entrar en contacto con la verdad y lo verdadero, desde diversos vértices y potencias y experimentar el dolor. En este esfuerzo de expansión psíquica, el antiguo modelo «ventilador», que permitió establecer «relaciones insospechadas» y distintas versiones de la masturbación, se trasformó en uno nuevo: «La máquina de las ideas», con cualidades e intensidades para la emoción. Así, la modelización permitió la creación de pensamientos oníricos nuevos y con ello la ampliación de las fronteres psíquicas. Creemos que esto evidencia una transformación psíquica importante al servicio del crecimiento mental.

Notas

  1. Para Bion, el psicoanálisis es una disciplina con sentido en tanto experiencia clínica, es decir, como objeto de la observación. Es desde allí que propone que pensemos el material.
  2. Instrumento creado por Bion para observar cómo opera el pensamiento -en el paciente y en el terapeutadentro de una sesión psicoanalítica. Instrumento para utilizarse postsesión. Es la observación de la operatòria del pensamiento desde dos ejes: la complejidad (sistema genético/evolutivo) y los usos.

Bibliografía

BION, W (1962). Aprendiendo de la experiencia. Barcelona: Paidós, 1980.

BION, W (1963). Elementos de Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1988.

BION, W (1970). Attention and Interpretation. London: Karnak Books.

MELTZER, D (1990). Metapsicología ampliada. Buenos Aires: Spatia, Editorial.

MELTZER, D Y HARRIS, M (1998) Adolescentes. Buenos Aires: Spatia, Editorial.

SOR, D (2007). Comunicación privada.