Adopción internacional: preparación e idoneidad. La experiencia de un equipo

Vinyet Mirabent Junyent

RESUMEN

Este trabajo explica la experiencia del equipo de adopciones de la Fundación Vidal i Barraquer, institución habilitada para realizar el proceso de idoneidad para adoptar en Cataluña. Se considera que la preparación para la adopción es una parte esencial para los futuros padres adoptivos, ya que les ayuda a tener unas expectativas más realistas y, por tanto, a la creación de un espacio mental que facilite el vínculo con el hijo. Se explican también las entrevistas de valoración y se plantean reflexiones acerca de la idoneidad. PALABRAS CLAVE: Preparación, idoneidad, vínculo, carencias, orfanato, adaptación, orígenes.

ABSTRACT

INTERNATIONAL ADOPTION: PREPARATION AND SUITABILITY. THE EXPERIENCE WITHIN A TEAM. This paper explains the experience of the team for adoptions of the Vidal i Barraquer Foundation, an institution that takes care of the process of suitability to adopt in Catalonia. The preparation for adoption is considered an essential part for the future adoptive parents, as it helps them to bear more realistic expectations and therefore to create a mental space that favours the bonding with their child. The assessment interviews for adoption are explained, and some reflections concerning suitableness are also put forward. KEY WORDS: preparation, suitableness, bond, orphanage, adaptation, origins.

RESUM

ADOPCIÓ INTERNACIONAL: PREPARACIÓ I IDONEÏTAT. L’EXPERIÈNCIA EN UN EQUIP Aquest treball explica l’experiència de l’equip d’adopcions de la Fundació Vidal i Barraquer, institució habilitada per realitzar el procés d’idoneïtat per adoptar a Catalunya. Es considera que la preparació per a l’adopció és una part essencial per als futurs pares adoptius, ja que els ajuda a tenir unes expectatives més realistes i, per tant, a la creació d’un espai mental que faciliti el vincle amb el fill. S’expliquen també les entrevistes de valoració i es plantegen reflexions sobre la idoneïtat. PARAULES CLAU: Preparació, idoneïtat, vincle, carències, orfenat, adaptació, orígens.

El propósito de este trabajo es explicar algunos de los aspectos sobre la preparación y el proceso de idoneidad de los solicitantes de una adopción internacional, fruto de la experiencia que hemos desarrollado en nuestra Institución Colaboradora en Integración Familiar (ICIF), de la Fundación Vidal y Barraquer, institución dedicada al trabajo en salud mental. Una ICIF es una entidad reconocida por el Institut Català de l’Acolliment i l’Adopció (ICAA), mediante un convenio. En el 2004, diez ICIFS trabajan en adopción internacional en Catalunya: 7 en Barcelona,

1 en Girona, 1 en Lleida y 1 en Tarragona. También existe una ICIF que trabaja en adopción nacional y que tiene unas características específicas. El ámbito de trabajo de una ICIF fundamentalmente es:

  • Atención a las personas que desean realizar una primera adopción, siguiendo el procedimiento correspondiente de preparación e idoneidad.
  • Atención a las personas que desean realizar una segunda (tercera, etc.) adopción, también con un proceso a seguir, más sencillo que la primera adopción.
  • Realización del seguimiento postadopción del menor, a demanda de su país de origen.
  • Realización de los informes de valoración de la idoneidad y de seguimiento. En este artículo me centraré en el trabajo que se realiza con los solicitantes de una primera adopción. Comentar, en primer lugar, que todas las ICIFS trabajamos con las directrices procedentes del ICAA, pero lógicamente cada una tiene su carácter específico y matices particulares que se reflejan en la forma de enfocar el trabajo. Muchos de ellos los compartimos con otras ICIFS.

La familia adoptiva, otra forma de crear familia. Encuadre teórico

La familia, como sabemos, es una institución tan antigua como la especie humana. Desde los albores de la humanidad su agrupación en formas familiares acompaña el desarrollo filogenético del ser humano y ha sido uno de sus principales mecanismos de supervivencia. A lo largo del tiempo ha sufrido un proceso incesante de transformación para adaptarse a las formas de vida imperantes. Así, podemos encontrar distintas formas familiares en función de la disponibilidad de los recursos naturales, las variaciones de los ecosistemas y las condiciones sociales, culturales e históricas. Sin embargo, sean cuales sean las distintas circunstancias, la familia siempre ha cumplido dos funciones básicas: la biológica de engendrar descendientes y así perpetuar la especie, y la función de crianza y educación, tal y como la entiende Meltzer (1989). Si bien la familia biológica cumple con las dos funciones mencionadas, la familia adoptiva sólo con la segunda, pero la más importante desde el punto de vista psicológico. Soulé (2000) explica que los tres ejes de la filiación son: el biológico, el afectivo y el legal, y que cuando se dan dos de ellos se produce ya un verdadero proceso de filiación. Así la familia adoptiva se basaría en el eje afectivo y legal, que permitirían la vinculación del menor adoptado, la superación de lo biológico no compartido con sus padres y su crecimiento dentro de la familia. Adoptar es, como dice Levy Soussan (2003), aceptar como hijo un menor que no lo es por la vía biológica, formando así una familia o ampliándola, con todos los derechos y obligaciones legales, iguales a una familia biológica. La adopción implica un doble proceso, el de unos adultos que adoptan un menor como hijo, y el de un menor que adopta unos adultos como padres. Este proceso afectivo y jurídico permite el desarrollo del sentimiento de filiación entre padres e hijo y el sentido de pertenencia: «Adoptar es criar un niño que dará continuidad a la familia y que a través de la crianza va adquiriendo el sentido de pertenencia a esta familia» (Soussan, 2003). Como dice Giberti (1997), la crianza aparece como el punto de anclaje, de unión entre padres e hijo. Es en este día a día donde se construye la familia. «Ya no es la sangre sino la crianza la que une y sostiene». Si criar y educar un hijo implica aceptar su diferencia como individuo con una identidad propia, en la adopción ello es aún más imprescindible. Implica aceptar que el hijo tiene un origen diferente, otros progenitores y que procede de otra cultura, que tiene una historia previa que le pertenece y que va ligada a su vida, por dolorosa que sea, y a su identidad. Implica, por tanto, aceptar que el niño va a tener unas necesidades diferentes en algunos momentos del día a día y a lo largo de las distintas etapas de su crecimiento. Se decía anteriormente que el deseo de los adultos es el motor de la adopción. Se va construyendo un nido mental, igual que en el embarazo biológico, y se van creando unas expectativas conscientes e inconscientes hacia el niño, hacia ellos como padres y hacia la familia que formarán. Esto es lo que va a permitir el establecimiento de una relación que posibilite realizar una anidación extrauterina, de afecto, contención y comprensión, imprescindible para su estructuración psíquica y vincular (Rotenberg, 2001). Así pues, el deseo de adoptar no debería basarse en la necesidad de llenar vacíos o renuncias que los adultos hayan tenido en su vida. Es importante que hayan podido elaborar suficientemente sus pérdidas y estén reconciliados con su realidad (Bowlby, 1983). Será necesario que, dada la complejidad emocional que provoca la infertilidad y la esterilidad, la pareja haya realizado un proceso de duelo individual y de pareja. Zicari (1987) explica que cuando no se ha podido realizar este proceso de duelo, el peligro es buscar en la adopción una salida rápida, maníaca y negadora a la situación dolorosa que no se puede aguantar. Entonces la adopción no ocupa un lugar propio, sino que viene a sustituir, a hacer como si el hijo adoptado fuese el biológico que no se puede tener, sin reconocerle su identidad. Se trata más de «conseguir un niño» que de adoptarlo (Videla, 1996). En cambio, la pareja que ha hecho su proceso de duelo puede acceder a nuevas ilusiones sin sentirse demasiado resentida por la renuncia. Así va a distinguir entre el hijo adoptado y el biológico no tenido, contemplando por tanto sus necesidades diferentes. Lo «importante es que quién adopte, sea cual sea su circunstancia, pueda vivir al hijo como propio pero no de su propiedad» (Rotenberg, 2001). Lo que está en juego es la verdadera vinculación emocional con el hijo. En cuanto al proceso a seguir por parte de las personas que desean realizar una primera adopción consta de dos momentos bien diferenciados: I) La preparación–formación, que consiste en la participación de los solicitantes en un trabajo de grupo, que los profesionales mencionamos «recorrido». Esta primera fase concluye con una entrevista personalizada con cada solicitante en la que éste decide si pasa a la segunda fase. Y II) La valoración de la idoneidad, que se hace a través de entrevistas personalizadas y la entrevista en el domicilio.

  1. I) La preparación–formación, el «recorrido»

La preparación consiste en la realización de un trabajo de grupo con los solicitantes durante un viernes y sábado por la mañana (unas 11 horas). El grupo lo suelen formar unos 18-20 participantes, entre parejas o personas solas, y cuatro profesionales, generalmente tres psicólogos y una trabajadora social. Antes del encuentro los profesionales revisan los expedientes de los solicitantes, enviados desde el ICAA, a fin de conocer las diversas demandas de adopción y las características de los miembros que van a formar el grupo. El grupo se reúne en un sala que permite sentarse en círculo para facilitar el contacto y la comunicación. Los profesionales se sitúan también dentro del círculo de forma equidistante. Dos tienen un papel más activo e irán presentando los distintos temas relacionados con la adopción, canalizando el diálogo e interviniendo para clarificar los diferentes aspectos que surgen en la conversación. Los otros dos observan el funcionamiento del grupo y ayudan a conducirlo, recogiendo matices o realizando aportaciones. También perciben movimientos psicológicos y dinámicas grupales que más tarde pueden transmitir, durante las pausas, a los que conducen el grupo. No son observadores silenciosos, intervienen en algunas ocasiones para evitar que el grupo los viva como fiscalizadores, pero dan prioridad a su función de observación. Al empezar el trabajo se explica de forma clara a los solicitantes la función de cada uno. El objetivo de la “preparación-recorrido” es realizar un trabajo de sensibilización con los solicitantes, acercándolos a la realidad del niño que está en situación de ser adoptado por la vía internacional, a las experiencias que puede haber vivido antes de llegar a la familia adoptiva, y a las huellas psíquicas y físicas que éstas pueden haberle dejado. Se trata de aproximarlos al niño real que van a encontrar y a como puede reaccionar en distintos momentos de la relación con ellos como padres. Es también aproximarles a qué significa ahijarse un menor que no ha nacido de uno mismo, a los interrogantes que se formulará el hijo a medida que vaya creciendo y al papel esencial de los padres a su lado. Intentamos, también, que puedan revisar su motivación para la adopción, que puedan plantearse si lo que habían imaginado, sus expectativas, tienen que ver con la realidad de la adopción o si pueden dar al paso de acercarse a ella. Se trata de abrir un espacio mental suficientemente amplio y flexible que permita acoger al hijo, conocerle y quererle tal como es, irse vinculando y sentirse familia, sin que predomine la decepción por el niño que les haya podido llegar. Como equipo somos muy concientes que los solicitantes, antes de llegar a nuestra institución, han oído y leído muchas cosas sobre estos grupos de preparación y formación, del posterior proceso de idoneidad, y de los profesionales que les van a atender y valorar. En la actualidad hay mucha información en los medios de comunicación, en internet y a través “del boca a boca”. Con frecuencia llegan con ideas previas que no se ajustan a la realidad del trabajo que vamos a emprender. Vienen a un lugar que no conocen, en una situación nueva, de grupo, en la que se encontrarán otras personas que tampoco conocen y con unos profesionales, también desconocidos, que evaluaran su idoneidad para adoptar. Para muchos de ellos, además, ésta es la única posibilidad que tienen de constituirse en padres, a menudo después de una serie de procesos médicos en busca de la fertilidad. Vienen, pues, con muchas inquietudes acerca de si podrán o no cumplir con sus expectativas. Por nuestra parte les animamos a que aporten al grupo las experiencias que conocen, pues esto nos va a ayudar a pensar a todos y convertirá al grupo en más activo y dinámico No podemos olvidar tampoco que vienen «obligados», que deben pasar por este requisito imprescindible si desean adoptar y que se sienten con «agravios comparativos» respecto a los padres biológicos, a quién nadie cuestiona su capacidad. A menudo, cuando el trabajo de grupo está en marcha, alguien pone de relieve la paradoja de que a ellos se les valora para adoptar a niños que los padres biológicos no han podido criar. Como profesionales entendemos esta queja, hay una parte de verdad en ella, pero también intentamos transmitirles que, justamente por todo lo que el menor ya ha sufrido, es necesario que se garantice que va a encontrar unos adultos, unos nuevos padres, con suficientes capacidades para atenderle, entenderle y cuidarle. Todas estas consideraciones nos han llevado, como equipo, a plantearnos la importancia de nuestra actitud. Por ello intentamos mantener un tono cercano, de comprensión y respeto hacia los solicitantes y sus sentimientos, intentamos empatizar con sus inquietudes y con la dificultad de este primer momento del encuentro del grupo. Dejamos la puerta abierta a que puedan hablar de ello a lo largo de todo el recorrido y, también, en las entrevistas de idoneidad. Nos parece que si se sienten algo entendidos podrán escucharnos con la mente más abierta y entender mejor lo que les vamos a transmitir a lo largo del trabajo de preparación. Sabemos que es difícil llegar abiertamente a ellos, que la valoración posterior no se pierde nunca de vista. Iniciamos nuestro trabajo con los padres presentándonos y exponiendo brevemente a los solicitantes nuestro concepto de familia adoptiva, su formación y su función, para así enmarcar el trabajo de preparación que vamos a iniciar juntos. Les situamos en el objetivo de la preparación: las diferencias entre la paternidad biológica y la adoptiva, en muchos aspectos iguales, pero en otros, esenciales, distintas. La historia previa del menor y sus orígenes diferentes, y como ello se manifiesta en la relación mutua a lo largo de la crianza y la adolescencia. Después de esta introducción pasamos a la primera actividad.

Recursos y límites

El primer trabajo que proponemos al grupo es una reflexión sobre los recursos y las limitaciones que pueden tener los adultos que desean adoptar y, también, los recursos y limitaciones que pueden tener los niños que están en situación de ser adoptados, con el objetivo de empezar a aproximarles a la realidad. Para ello se divide a los solicitantes en dos subgrupos, uno trabajará los recursos y límites de los adultos y el otro los de los niños en adopción. Los profesionales nos repartimos entre los dos grupos, estimulando y canalizando la conversación y ayudando a sintetizar conclusiones. En cuanto a los recursos de los adultos se acostumbra a dar importancia a la unión y motivación para la adopción, a que la decisión sea conjunta si es una pareja, la ilusión y el deseo, la capacidad para entenderal menor y ponerse en su lugar, a la intuición y la flexibilidad para ayudarlo en su adaptación al nuevo entorno, el conocimiento de la cultura de origen del menor, el respeto por sus orígenes, etc. Como límites aparece una lista más corta: el cambio de vida para los padres, la readaptación del tiempo personal y de trabajo para atender al menor, que el deseo de adoptar sea solo de uno de los miembros de la pareja, o que la familia no entienda ni apoye la adopción. El subgrupo que trabaja los recursos y límites de los niños en adopción acostumbra a mencionar una larga lista de límites: las condiciones en las que se encuentra el menor, los cambios que a los que tiene que adaptarse, el choque cultural, la ansiedad ante lo desconocido, el idioma diferente, la salud precaria, la desnutrición, su retraso en el desarrollo, sus orígenes diferentes. Y como recursos se suelen mencionar la capacidad de adaptación y rápido aprendizaje que tienen los niños, el deseo de ser querido y su instinto de supervivencia. En este momento, en el inicio del trabajo de grupo, la conversación que surge destaca todo lo positivo. Sobre todo en el grupo de los adultos, los participantes muestran su deseo y la solidez de su proyecto. Surgen frases como: «con ilusión y amor se consigue todo», «lo importante es desearlo», «todos los niños lo que necesitan es sentirse queridos», cuando vea todo lo que le damos comparado con lo que tenía se va a adaptar enseguida». En el grupo que trabaja los recursos de los niños, a pesar de que se contacta con la precariedad de la vida anterior del menor, se tiende a desvalorizarla: «Los niños no se enteran de los cambios», «no tendrán memoria de todo lo anterior»; o a sobrevalorar la capacidad de adaptación: «Se adaptan enseguida, ni se enteran», «Un niño aprende tan rápido». Todos estos comentarios suelen tener una parte de verdad, pero tienden a minimizar las dificultades que vive el menor, a idealizar el proceso y, así, sentir que la adopción es más fácil y posible para ellos. Los que llevan el grupo perciben estos movimientos y devuelve estas intervenciones en forma de interrogante y es cuando surge alguien que empieza a mencionar alguna dificultad o duda. El diálogo se vuelve entonces algo más realista. Entendemos que estamos aún muy al principio de nuestro trabajo y que el grupo necesita tiempo para conectar con la realidad de la adopción en lo que pueda.

La decisión de adoptar

El objetivo es revisar en el grupo que es lo que les ha llevado a solicitar adoptar, para que así se puedan plantear si su decisión está o no bien basada y compartida por los dos miembros, en caso de que sean pareja. Pensamos que toda decisión importante en la vida debe ser fruto de un proceso maduro de reflexión en el que se hayan podido contemplar y valorar los «pros» y los «contras» que comporta. Para hacer más dinámico el trabajo se propone al grupo realizar un rol playing en el que se anima a participar voluntariamente a tres hombres y tres mujeres para representar una escena que dura aproximadamente de cinco a diez minutos. No ha pasado nunca que no surja ninguno voluntario, en alguna ocasión eran menos y entonces se adapta la representación. Entendemos los temores que puede despertar la actividad y intentamos ser respetuosos. La representación plantea una conversación de amigos: una pareja invita a cenar a dos parejas amigas para explicarles su deseo de realizar una adopción, una de las parejas se posiciona en todo lo bueno de esta decisión y la otra en las dificultades que van a encontrar. Los participantes se distribuyen voluntariamente los papeles y el diálogo se deja abierto a la improvisación. La representación acostumbra a ser muy rica en su contenido, empieza con timidez pero se anima a medida que los «actores» se sienten en su papel. A menudo antes de empezar remarcan que es un «papel», que no dicen lo que ellos piensan sino también lo que han oído o lo que les han dicho familiares o amigos. Esto les permite cierta distancia que impide que se sientan censurados por lo que dicen. Hay representaciones en las que surge un diálogo fluido entre los actores, se escuchan entre ellos y argumentan sus ideas con matices, sin idealizaciones, se admiten las dificultades que comporta la adopción y se buscan recursos para solventarlas. Así por ejemplo un actor dice: «¿Pero habéis pensado que vuestro hijo no va a parecerse a vosotros?». El que representa que va a adoptar contesta: «Si, ya lo he pensado, al principio le daba importancia a esto, pero luego he visto que lo que cuenta es el trato, el cariño que se crea, adoptamos muchas cosas y personas en la vida que no se nos parecen. Lo que cuenta es la relación.» En algún momento lo que se plantea es la dificultad para integrar a un menor de etnia diferente y otro actor puede contestar: «Sé que esto puede ser en algún momento difícil, pero nosotros como padres estaremos a su lado para darle seguridad». En estas ocasiones el rol playing aporta muchos temas para la discusión en el grupo, a los que nos podemos acercar con realismo y profundidad. Otras veces, por el contrario, el grupo de actores está más defensivo y el diálogo se escinde en dos bandos: los buenos que valoran y animan a la adopción, y los malos que sólo ponen trabas. En este ambiente, el actor que plantea alguna dificultad para adoptar es rápidamente silenciado por los otros, se le descalifica y con frecuencia se le acusa de ser «anticuado» o «rígido», siempre dentro de las «formas» del papel, sin perder de vista que es «teatro». Así por ejemplo: «¿Pensáis que podréis querer un niño que no será vuestro, que ha tenido unos padres?» a lo que se contesta de forma visceral: «Seguro, le querré desde el primer día porque la biología no cuenta para nada, sino mira cuantos padres biológicos abandonan o maltratan a sus hijos»… o en otro momento: «Habéis pensado que puede tener dificultades para adaptarse?» Respuesta: «Si, pero en dos días se terminan, los niños son como esponjas, se adaptan a todo y ni se acuerdan de su vida de antes, además tan pequeños ni se enteran, no tienen memoria. ¿Tú te acuerdas de cuando tenías menos de tres años? La adaptación no es ningún problema». Cuando la representación ha estado sumergida en este clima el resto del grupo que observa se va sintiendo contagiado y a menudo aplaude las respuestas. Posteriormente en la discusión general surgen comentarios: «Bueno yo tenía amigos como los que ponían pegas y dejé de invitarles» o «A mí también me dijeron una cosa así y me sentí muy mal, muy poco entendida». En estos grupos nuestro trabajo consiste en ayudarles a pensar en qué se basa la verdadera filiación, a confiar en los vínculos emocionales, en que se puedan plantear qué papel le otorgan a la genética y a la herencia, y que puedan reflexionar acerca de como viven su infertilidad. Si ésta no está psíquicamente elaborada es más fácil que se sientan padres «de segunda» y sus hijos adoptados también de «segunda».

Comunicación verbal y no verbal

Se aborda este tema explicando al grupo la importancia de la comunicación no verbal en la infancia y más aún en la adopción internacional, ya que el niño llega habiendo iniciado el conocimiento de su idioma de origen, según su edad puede hablarlo, conocer solo algunas palabras o en todo caso estar familiarizado con su sonoridad. Se expresará pues a través de los gestos, la mirada, el tono de voz, el llanto, la reserva, la conducta en general, que estarán llenos de significado acerca de sus necesidades y, también, de sus experiencias vividas y costumbres anteriores. Nuestro objetivo es acercarles al mundo del menor y animarles a ponerse en su piel para que puedan entender al niño que llega y facilitar la relación mutua. Como método de trabajo planteamos al grupo interrogantes acerca de distintas conductas de niños adoptados en los primeros momentos de su adaptación a la familia. Así: «¿Qué puede estar expresando un niño al que se encuentran trozos de comida debajo de su colchón?», «¿Qué nos dice el niño que pasa horas despierto en la cama sin reclamar atención de los padres?». «¿Qué podemos pensar del niño que no juega?», etc. El grupo se dinamiza mucho ante nuestras preguntas y podemos encontrar respuestas en varias direcciones, unas más sensibles a la realidad del menor y otras más minimizadoras, defensives ante la percepción del dolor que ha vivido el niño en su vida anterior. Por ejemplo, alguien puede decir: «Se guarda comida porque ha pasado hambre y no está seguro de si mañana habrá comida», y otra persona, en cambio, dice: «Todos los niños hacen cosas así, hay que educarle, nadie le ha establecido normas». Ante el niño que no reclama alguien sensible puede decir: «Está acostumbrado a que no vale la pena reclamar, en el orfanato no hay manos para tantos niños, se ha conformado a que nadie le atienda» y en el caso de que no juegue, “pues necesita una guardería para jugar con otros niños, solo se aburre». Apoyamos los comentarios más intuitivos sin descalificar los otros y les transmitimos el valor de lo que se aprende en familia, les acercamos también a la vida anterior del menor, a lo que significa emocionalmente haber estado en un orfanato donde las necesidades individuales ceden terreno a las colectivas. Esto es lo que los padres le pueden ofrecer, la atención a sus necesidades no cubiertas anteriormente, como forma de reparar la carencia, sin dejarse tentar por el «niño fácil que no reclama ni molesta». Hay ocasiones en las que el grupo no se había planteado el significado de muchas de los conductas que exponemos. Entonces, a menudo, relatan experiencias de amigos que han adoptado acerca de sus hijos.

Las expectativas de los padres. Del hijo imaginario al hijo real

Después del tema anterior el grupo suele estar más cerca del niño real en adopción, por tanto podemos aproximarles mejor a que se puedan plantear hasta qué punto sus expectativas coinciden o no con la realidad. Se invita al grupo a que se plantee qué expectativas tienen respecto al hijo, como se lo imaginan y como imaginan su relación con él. En un primer momento el grupo reacciona con un silencio, alguien puede decir: «No imagino nada» o «Nadie tiene un retrato en la cabeza». Poco a poco se anima y se empieza a decir: «Aceptaré al niño como sea», «Claro no espero un niño a la carta». En general todo el mundo se muestra abierto y flexible, «buen padre». Pensamos que es una primera reacción ante las inquietudes internas que el tema genera. Un primer aspecto que sugerimos es la diferencia étnica: «¿cómo nos vemos al lado de un menor de rasgos asiáticos o negros?», «¿es lo mismo adoptar un niño ruso que chino o etíope?». Muchas veces se produce un movimiento de grupo, todos se ven con un niño de cualquier etnia, ellos no son racistas: «Un niño es un niño en todas partes, a mi no me importaría que fuese negro», y otro: » Hoy día cada vez hay más personas de todas partes, por la calle ves toda clase de etnias, la sociedad es cada vez más diversa y la diversidad es un valor». Vemos que el grupo se mueve en el registro de lo que es adecuado y correcto, tienen que presentarse muy abiertos y progresistas ante nosotros los psicólogos que vamos a valorarles. Intervenimos en esta línea para desencallar la situación y alguien puede decir con sinceridad: «Pues yo no sé si me veo con un niño negro, no podría, luego puede tener muchos problemas de integración, en la adolescencia, la Sociedad no los mira igual…» A partir de esto el diálogo se hace más realista y se puede abordar que el proyecto adoptivo puede ser muy amplio y no todo el mundo debe asumirlo de la misma manera. Otro tema que surge es el carácter del menor y la influencia de lo hereditario. A veces al plantearse la influencia de lo que se hereda o lo que es consecuencia del trato recibido anteriormente, hay reacciones extremas: «Seguro que cuando vea lo que le queremos cambiará, será cariñoso, eso es lo que todo niño necesita, amor», o todo lo contrario: «Con las cosas de carácter no se puede hacer nada, genio y figura hasta la sepultura». Otros piensan que será más espabilado que los niños de aquí y que ello es un valor: «Han aprendido antes lo que es la vida, estos ya están enseñados». Alguien, con un sentido más realista, añade: «Con lo que ha vivido quizá estará apagado, temeroso o tendrá miedo a tantos cambios» o «Puede estar desconfiado». Recogemos las distintas intervenciones e intentamos clarificar la situación del niño en adopción con el objetivo que puedan aceptar la incertidumbre añadida que esta forma de filiación conlleva. Con frecuencia, a medida que se profundiza y se ven las dificultades, surge en el grupo una nueva reacción, la queja y comparación con los padres biológicos: «Has de estar muy convencido para pasar por todo esto, pruebas médicas, luego psicólogos… tantos trámites»; «Nosotros sí tenemos un verdadero deseo de ser padres, con lo que tenemos que luchar para conseguirlo». A veces se transforma en idealización: «Sólo unos cuantos tenemos el privilegio de ser padres adoptivos, nosotros sí tenemos un verdadero deseo», relegando a los biológicos a una categoría inferior. Vemos detrás de estos comentarios las formaciones reactivas que han tenido que hacer algunos para afrontar el dolor de la infertilidad. Otros temas que surgen están relacionados con la salud del menor, la forma de asignación del menor según el país, lo que supone realizar uno o dos viajes antes de adoptarle; sus implicaciones emocionales; la adopción de un solo menor o de hermanos y todo lo que ello implica, etc. Por nuestra parte intentamos contener los sentimientos que han ido surgiendo, reconociendo los aspectos realistas que hay en las quejas y, también, conectándoles con la inquietud, con la ansiedad que percibimos bajo las distintas reacciones defensivas, ansiedad por nosotros, por todo el proceso, por el hijo que empiezan a percibir que puede tener dificultades; es decir, intentamos conectarles con la inquietud inherente a la adopción.

Primer encuentro – Llegada a casa – Crianza

Se inicia este tema preguntando al grupo como piensan que va a reaccionar el menor en el primer encuentro y se anima a personas que conocen experiencias de adopción a que las expliquen. En general los solicitantes son bastante realistas, pueden decir: «Se sentirá tímido y cohibido» o «No nos conoce y se va a extrañar, estará serio» o «Puede llorar por miedo». Les cuesta más pensar que también puede estar agresivo, les ayudamos a entender esta reacción para que puedan conectar empáticamente con él. Con frecuencia el menor no acepta uno de los dos padres, quizás porque no puede cambiar fàcilment de la cuidadora a la madre, quizás porque no ha visto nunca una figura masculina. Hablamos con el grupo de la importancia de dar tiempo al niño. El diálogo pone de relieve los sentimientos de frustración de los padres ante las reacciones del menor: «Después de tanto tiempo esperando un hijo y ahora no le puedes abrazar, no se deja, debe ser difícil aguantarlo». Pensamos que si saben que esto puede pasar, si pueden anticipar, no se sentirán culpables por no hacerlo bien o no culparán al niño, y darán tiempo a que el vínculo pueda irse haciendo. También ponemos algún ejemplo de personas que en el primer encuentro con su hijo han sentido indiferencia o incluso rechazo. El grupo a menudo reacciona con sorpresa, le cuesta plantearse que después del largo camino, un padre o madre no se emocione ante su hijo. Intentamos prepararles para que no se culpen y puedan darse tiempo para vincularse. Recomendamos, también, que hagan fotografías o videos de este momento y recojan aquello que el niño lleve consigo (un trapito, unos zapatos, una cuerda con la que juega, etc.), más adelante les ayudará a tratar con el hijo su historia, o que lleven algún juguete a partir de donde iniciar la relación. Luego pasamos a hablar de la llegada a casa y de la crianza. Introducimos brevemente el tema: se enfocan los cambios múltiples y la adaptación a situaciones nuevas que debe hacer el niño. Por un lado los cuidados de los padres le dan vida, salud y fortaleza, empieza a saber lo que es sentirse cuidado con continuidad y que alguien le contenga en su mente. Por otro lado, está desorientado ante todo lo nuevo, viene de un mundo muy distinto, de otra cultura, de la pobreza y de la vida en institución. Señalamos un nuevo aspecto: el reclamo del niño a vivir etapas psíquicas evolutivas que la vida en orfanato le ha impedido sedimentar. Se plantea al grupo: ¿»Qué les hace pensar un niño que sabía coger los cubiertos y al mes de estar aquí reclama a sus nuevos padres que le den la comida en la boca o pide un biberón, o que controlaba esfínteres y vuelve a mojarse encima, o que dormía sólo sin chistar y ahora reclama que le acunen»? Con frecuencia alguien dice: «Ha descubierto la buena vida y ahora se aprovecha»… «Empieza a tomarles el pelo a los padres», «Necesita normas estrictas, de lo contrario se va a hacer el pobrecito». Vemos que el grupo confunde la necesidad de contacto con los padres, de ser pequeño, de no tener que crecer demasiado deprisa, como le había ocurrido en el orfanato, de interiorizar unas figuras protectoras y contenedoras, con el educar mal y no saber poner límites. Se ayuda al grupo a ponerse en la piel del niño y a evitar caer en pautas educativas rígidas propias de nuestra sociedad, dirigidas a los hijos biológicos. Pensamos que los niños que llegan en adopción necesitan expresar necesidades psíquicas de etapas anteriores que no han estado cubiertas y que tienen demandas que hay que entender para atenderlas y, a la vez, ayudarles a seguir creciendo. Intentamos diferenciarlo del hijo biológico que desde el primer día ha estado atendido por su familia. De nuevo aparecen las diferencias étnicas, ahora desde la vivencia del niño. Planteamos: «¿Cómo piensan que va a integrarse una niña china o un niño etíope o sudamericano?», «¿Como va a sentirse rodeado de unos padres y familiares físicamente distintos?». Esto pocos solicitantes se lo han planteado, alguien más intuitivo puede decir: «Claro se puede ver muy distinto y a lo mejor sentirse solo» u otro: «Cuando sea adolescente puede pensar que la diversidad está muy bien pero porqué tiene que ser él el diverso». Ponemos algún ejemplo. El grupo parece que conecta y poco a poco pueden transmitir que al hijo le puede doler no parecerse físicamente a sus padres, pero le ayudará que éstos le señalen que sí se parece en muchas cosas que se adquieren a través de la convivencia (sonrisa, gestos, mirada), a través de las identificaciones que todos los niños hacen con las personas que quieren. Otro aspecto de la crianza es la provocación del niño, con la que pone a prueba el vínculo para ver si de verdad sus padres son para siempre o le van a devolver si no se porta bien: Un niño empieza a romper cosas, o a contestar «Tú no me mandas porque no eres mi madre». Este es un momento en que el grupo reacciona con inquietud. Alguien puede decir: «Es que es verdad, yo no seré su madre», o «Pues yo me enfadaría mucho, con todo lo que habremos hecho por él». Salen las dudas, las confusiones y los resentimientos. Se confunde la función biológica con la psíquica. Centramos que la paternidad está en lo psicológico. La clave es tener el hijo en la mente para contenerle y entenderle.

El conocimiento del ser adoptado

Para trabajar este tema contamos con la ayuda de un video en el que distintos testimonios relatan su experiencia de adopción y donde se ven escenas de la vida en dos orfanatos. Todas las ICIFS tenemos el mismo material proporcionado por el ICAA. A través del video y del análisis de su contenido con el grupo, empieza a emerger uno de los aspectos esenciales de la adopción: el conocimiento por parte del niño de su adopción. Planteamos al grupo que hoy día es indiscutible que el menor debe saberlo. En general, en todos los grupos que hemos hecho, casi todos los participantes están de acuerdo, pero la cuestión es: ¿cuándo se lo diremos, cómo y de qué le hablaremos? Las dos primeras preguntas se viven con bastante tranquilidad. A través de experiencias que conocen, los miembros del grupo van viendo que desde el primer día el menor sabe de su adopción, aunque sea muy pequeño y que cuando ésta se vive con ilusión y naturalidad los padres la transmiten al hijo como algo que forma parte de su realidad. Así ya no se le «revela» un día la verdad de su vida, sino que el conocimiento es progresivo y en función de su edad. Respecto al cómo se le explica, también surgen muchas ideas, a partir de las fotografías o vídeos realizados en el momento del encuentro, o de cuentos (algunos confeccionados por los mismos padres, otros que se encuentran en el mercado o clásicos infantiles como El libro de la selva, que es la historia de una adopción). La cuestión más difícil para el grupo es «qué» se le explica al niño. Hemos visto que, en general, las inquietudes se centran en dos polos. El primero: ¿Cómo le hablamos de los padres biológicos? y las consecuencias de ello, ¿nos dejará cuando crezca para ir en su busca? Y el segundo: ¿Cómo va a reaccionar cuando sepa que un día alguien le dejó?, ¿Qué sufrimiento va a tener el niño–niña al darse cuenta de ello? En relación al primer polo, las reacciones del grupo van desde la negación: «Le explicaré que estaba en una casa grande con más niños y que allí esperaba a que sus padres le fuesen a buscar, nosotros», «Pues yo le diría que sus padres biológicos han muerto». Otros plantean desconcierto, inquietud o irritación y competencia con los padres biológicos. También hay personas que conectan con el posible dolor de la madre biológica: «Pues a mi me parece que no debe ser fácil dejar a un hijo, si miramos bien los países en los que se adopta vemos que hay miseria, problemas sociales, leyes que impiden tener dos hijos… creo que la madre debe estar mal, sino no daría a su hijo». A partir de estos movimientos se intenta contener las inquietudes, acercarles a que el interés del niño por conocer su historia no significa que les vaya a abandonar, que la necesidad de construir el continuo de su vida es universal y forma parte de todo ser humano. Aparece la competencia con los padres biológicos, sobre todo en las personas infértiles, y hablamos de los temores del grupo a no ser de verdad padres, a que la adopción no sea una forma verdadera de paternidad. También relatamos alguna experiencia que conocemos de cómo unos padres han ayudado a su hijo ya adolescente a viajar al país de origen y conocer su pasado, incluso a algún familiar biológico. En relación a cómo va a reaccionar el niño al tomar conciencia de que un día alguien le dejó, el grupo manifiesta distintos movimientos. En un primer momento aparece el temor a que el menor pueda sufrir, que pueda hacerle daño la conciencia del abandono y surge el impulso a protegerle de ello: «Pues yo le diré que han muerto, que le querían mucho pero murieron, por eso le dejaron» o «Yo no le hablaré de los progenitores, y si pregunta le diré que no piense en ello, que aquello pasó hace mucho y que nosotros le queremos mucho y estará aquí siempre.» Poco a poco se impone la realidad de que los niños preguntan y necesitan respuestas sinceras, adecuadas a su edad o acaban sintiéndose engañados. Les ayudamos a que toleren el dolor que su hijo puede tener en algún momento, que la verdadera función de padres está en acompañarlo en sus sentimientos o, de lo contrario, va a percibir la realidad del abandono igualmente, pero en soledad. Esto es precisamente lo que puede hacer más difícil elaborar su historia, la vivencia de soledad en sus interrogantes e inquietudes, que reediten entonces con fuerza el primer abandono, haciéndole vivir un segundo, ahora con sus padres adoptivos. Después de este tema, se realizan unas breves conclusiones de lo vivido a lo largo de los dos días de preparación y los participantes, también, aportan sus impresiones. Con mucha frecuencia pueden transmitir que les ha sido más útil de lo que habían imaginado, su sorpresa ante las diferencias propias de la adopción, que habían pensado que era lo mismo que un hijo biológico, y un cierto agradecimiento por las ideas nuevas que el trabajo les ha aportado. Por otro lado, alguien puede hacerse portavoz de un sentimiento grupal, la inquietud ante todas las cosas a las tienen que atender del hijo adoptado, la dificultad de ser padres de un niño que ha sufrido. Esta aportación nos permite transmitirles un mensaje realista pero también de serenidad: han sido dos días intensos y ahora tienen que asimilar lo que han vivido.

Entrevista individualizada del final del proceso de preparación

Después del trabajo de grupo, uno de los profesionales que ha intervenido realiza una entrevista personalizada con cada pareja o persona sola, antes de iniciar la segunda fase, el proceso de valoraciónidoneidad. El objetivo de esta entrevista es, por un lado, intercambiar con cada solicitante qué ha entendido sobre la adopción y como encaja la realidad del menor con sus expectativas como padres; ver, en definitiva, si su deseo de adoptar se mantiene. Por otro, empezar a acercarnos a su proyecto adoptivo para saber si es suficientemente realista y está bien basado, o si su situación hace o no aconsejable el paso a la fase de valoración. Con cierta frecuencia alguna circunstancia de los solicitantes nos lleva a recomendar que posterguen su proyecto hasta que ésta se resuelva, ya que si decidiesen continuar con el proceso probablemente no tendrían la idoneidad. Entonces se recomienda un «archivo provisional» del expediente, con el que no pierden ninguno de los pasos dados hasta el momento y tampoco les pasa el tiempo reglamentario para la resolución administrativa de su solicitud –seis meses en la actualidad–. Una vez resuelta la situación que ha provocado la pausa pueden reemprender el proceso allí donde lo han dejado y con el mismo profesional que les había atendido. Los motivos más habituales por los que se realiza un archivo son:

  • No haber finalizado el programa médico de fertilizaciones asistidas o in vitro, lo que haría simultanear los dos proyectos de hijo adoptivo y biológico, con los riesgos que conlleva para todos lo miembros de la familia.
  • Situaciones familiares que requieren de una dedicación exclusiva por parte de los solicitantes, como una enfermedad grave de un familiar muy próximo, la cercanía de una intervención médica importante en uno de los solicitantes, estar en fase de curación de una enfermedad grave, etc.
  • Situación personal o de pareja que hace recomendable la resolución de alguna problemática seria antes de iniciar el proceso de adopción, como conflicto de pareja, aspecto de la personalidad de uno de los solicitantes que condiciona su salud mental, duelos no resueltos, etc.
  • La ausencia de un requisito legal para la adopción en un determinado país, como por ejemplo parejas de hecho que deben casarse para poder cursar su solicitud en un país que lo pide.
  • Tener un hijo biológico (o adoptado) muy pequeño, con lo que la franja de edad entre hermanos no seria adecuada para favorecer la buena integración familiar (cuando se llevarían menor de un año entre ellos). La mayoría de personas que han realizado un archivo provisional reinician su proceso después de un tiempo, muy variable según los casos, cuando ya se ha resuelto suficientemente la situación que lo había motivado. Otras veces hay solicitantes que acaban renunciando a su proyecto al tomar conciencia de que su situación es compleja y no permite la adopción. Y finalmente en otras ocasiones los solicitantes regresan sin haber resuelto su circunstancia, un duelo, patología personal o de pareja, etc. Inician entonces la segunda fase de valoración y en estas ocasiones, con frecuencia, no obtienen la idoneidad.

La valoración – Idoneidad

El objetivo central de la valoración es que las personas que solicitan una adopción tengan un proyecto adoptivo que vaya a favor de la salud mental de todos los miembros de la familia, ya sea del menor adoptado, de los padres y de los hijos que ya puedan tener, previniendo los factores de riesgo. No se trata de buscar unos padres ideales, no existen, ni biológicos ni adoptivos, ni tampoco un modelo de familia determinado, por ello es importante estar abierto a los diferentes estilos de funcionamiento familiar que hay en la sociedad y que pueden ser suficientemente válidos. Los profesionales que trabajamos con los solicitantes de una adopción debemos revisar nuestros propios prejuicios para evitar no ver adecuado aquello que no nos resulta familiar y no corresponde a nuestra forma de vida. A la vez, sí es importante detectar aquellas situaciones que por distintas razones, personales, sociales, laborales o económicas, pueden ser un riesgo para la salud mental y el bienestar general del menor adoptado y de toda la familia. Las entrevistas (de tres a seis, de una o dos horas de duración) siempre las realizan uno o dos profesionales que han participado del trabajo de grupo de preparación, para así tener una visión más amplia y objetiva. Esto es especialmente importante cuando se empieza a detectar alguna dificultad seria en el proyecto adoptivo de un solicitante. El hecho de ser dos profesionales ayuda a profundizar, a buscar recursos en el solicitante, cosa que a uno solo se puede resultar más difícil y, de esta manera, hacer viable su proyecto; o a la inversa, detectar dificultades estructurales del proyecto o del solicitante que lo convierten en una situación de riesgo. Se pretende evitar una visión demasiado parcial y ayudar a la solidez de la recomendación de idoneidad o no idoneidad. El equipo tiene sesiones clínicas regulares de seguimiento a las familias. Ello incluye además de la entrevista realizada por la trabajadora social en el domicilio de los solicitantes, que aporta una información muy valiosa y complementaria, una supervisión con un profesional externo, que ayuda a pensar, a plantear perspectivas diferentes y a no caer en visiones parciales y demasiado endogámicas. A lo largo de las entrevistas el equipo ha ido valorando la recomendación o no de la idoneidad del solicitante y así se le va transmitiendo a éste, sobre todo si es positiva. Cuando es negativa siempre se realizan las entrevistas necesarias para ayudar a una mejor comprensión del «no». Posteriormente se elabora el informe psicosocial que concluye con la recomendación o no de la idoneidad.

Criterios de idoneidad

La idoneidad es una medida de protección del menor y de sus derechos a tener una familia que le ayude a crecer y desarrollar su identidad, una familia que lo cuide. El menor necesita de una familia que pueda aceptar y respetar sus diferencias (origen biológico e historia previa) y entender en lo posible la complejidad emocional que éstas representan para él, de manera que pueda reparar el daño emocional que ha vivido y pueda sentirse «hijo». Teniendo en cuenta, pues, que la motivación para la adopción ha de contemplar y permitir asumir la parentalidad con responsabilidad y compromiso emocional, pensamos que los adultos que solicitan la adopción de un menor por vía internacional han de tener:

  • Suficiente salud mental, que hayan podido desarrollar una vida autónoma e independiente y una personalidad suficientemente sana. Que puedan sentirse predominantemente contentos y conciliados con su trayectoria personal. Es importante que el solicitante funcione mayoritariamente a partir de sus aspectos sanos. Pensamos que todo el mundo tiene una área más frágil en su personalidad y algún aspecto insuficientemente resuelto, lo que no tiene porqué impedir el buen ejercicio de la parentalidad si está contenido por el resto de aspectos sanos o está circunscrito y no invade el resto de la personalidad. Se trata de garantizar unas suficientes capacidades emocionales y educativas para la crianza de un hijo adoptado.
  • Conocimiento y comprensión de la realidad de la adopción. Aceptar y respetar los orígenes diferentes del menor y entender sus necesidades específicas, tanto las relativas a su adaptación y reparación de sus carencias, como las vinculadas a la elaboración de sus orígenes a lo largo de su crecimiento. Poder garantizar un proceso honesto y transparente, con respeto hacia los derechos del menor, tal y como recomienda el Convenio de la Haya.
  • Suficiente elaboración de los duelos y renuncias que haya podido haber en la vida de los solicitantes, que permita un espacio mental para el nuevo proyecto. Así el niño adoptado podrá ser reconocido y atendido en su realidad diferenciada y en sus necesidades, sin ser confundido con el hijo biológico que no han tenido.
  • Cuando es una pareja la que solicita la adopción es preciso que entre sus miembros exista un vínculo amoroso y de base sana, sin colusiones patológicas que perjudicarían gravemente su propio desarrollo como padres y también el de los hijos que viviesen en la familia. Es también necesario que la decisión de adoptar esté compartida y asumida por los dos miembros con la misma responsabilidad y compromiso emocional, pues se corre el riesgo que las vicisitudes de la vida cotidiana con el hijo divida a la pareja y ninguno de los dos pueda asumir la crianza.
  • Si la pareja tiene hijos biológicos es preciso que las relaciones familiares tengan una base sana y contemple las necesidades de los niños.
  • Si el solicitante es una persona sola es importante que tenga un entorno familiar y social que la apoye.
  • No sufrir una enfermedad grave ni unos déficits sensoriales o minusvalías demasiado limitadores y, en caso de parecerlos, valorar si hay suficientes recursos que permitan una vida autónoma. Se trata de proteger al menor ante posibles nuevas pérdidas, demasiado prematuras, o que deba hacerse cargo de las limitaciones de los padres, en una edad muy temprana y con unas condiciones psíquicas precarias, relacionadas con su historia previa.
  • Tener unas condiciones sociales, laborales y económicas que garanticen la adecuada atención a las necesidades de un menor adoptado.

A modo de conclusiones

Nuestra experiencia en el trabajo presentado y en el de los seguimientos de los menores adoptados, nos lleva a destacar la importancia de la preparación y formación de los solicitantes, previa a la adopción. Consideramos que les ayuda a situarse en el lugar del menor y a preparar su mente para poder acogerle y ahijarle mejor. Intentamos tener presente que hay muchas formas de vida suficientemente satisfactorias y sanas, y que nosotros no tenemos la patente de la forma «adecuada» de ser padres. En nuestra sociedad existe una gran diversidad de familias que tienen distintos funcionamientos. Se trata de respetar el estilo de cada uno y a la vez garantizar suficiente salud y capacidades educativas, para que las necesidades del menor tengan la prioridad. Somos también conscientes de que con las entrevistas que realizamos se nos escapan cosas, los solicitantes pueden esconder aspectos de ellos mismos, presentarse con un discurso bien aprendido, etc. Pero en todo momento se intenta ser honrados, transmitir que no lo sabemos todo de ellos, que podremos recomendar o no su idoneidad, pero que quienes finalmente se la van a dar –internamente– son ellos mismos; que tienen la responsabilidad de su proyecto, y que serán ellos como adultos los que deberán asumir tanto las satisfacciones como las dificultades que surjan. Pensamos que hay un gran abanico posibilidades en las idoneidades que recomendamos. Desde los solicitantes que nos dejan bastante seguros de que viven la adopción con realismo e ilusión, a los que les damos el «sí» con muchos interrogantes, pasando por todas las gamas intermedias. La experiencia nos dice que la valoración es compleja y difícil. A menudo nos hemos sorprendido en los seguimientos de familias que habíamos considerado como «justitas» ver como están conectando y realizando vínculos sanos con su hijo. Mientras que otras familias más «dotadas», cuyo discurso más intelectual, muestran mayores dificultades. Es muy difícil prever del todo como los adultos funcionaran como padres, ya que se ponen en marcha recursos que están en latencia cuando nosotros les atendemos. Naturalmente tenemos interrogantes con nuestro trabajo: ¿Hasta qué punto han podido asimilar lo que les hemos transmitido en la preparación-recorrido? A través de nuestro trabajo como psicoterapeutas, ya que muchos miembros del equipo lo somos, sabemos lo difícil que resulta interiorizar cosas nuevas, nuevas visiones. A la vez pensamos que, tampoco, todo dependa de nuestra intervención. Y, ¿todo depende de los padres?… ¿Qué peso tiene el carácter específico del niño, aquello que ha vivido previamente, las huellas de su vida anterior? También los seguimientos nos han llevado a pensar que el bagaje del niño facilita más o menos su proceso de vinculación a los padres. Nadie se entiende bien con todo tipo de personalidad, todos tenemos aquello con lo que nos manejamos mejor y aquello con lo que se colisiona. Por eso mismo, ¿qué les va a estimular el niño?, ¿les activará los aspectos más adultos, más confiados, que les harán sentirse más seguros? o ¿les estimulará sus aspectos menos resueltos, aquello más neurótico de su personalidad? Finalmente, es muy importante que los solicitantes de una adopción perciban unos profesionales que no solo evalúan sino que también les ayudan a pensar. Muchos de ellos es la primera vez que están delante de un psicólogo y, por tanto, creemos que hay que cuidar la calidad de la relación que establecemos con ellos, ya que solo así podrán consultar y asesorarse en el futuro, con el profesional que sea, si lo necesitan cuando ya tengan el hijo. Nuestra sociedad es muy joven en el tema de la adopción internacional y necesitamos todos, futuros padres, padres y profesionales, hacer camino para saber más y partir de la realidad, intentando no caer en los tópicos.

Bibliografía

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