¿Cómo perciben los niños la ruptura familiar? Aplicación del Test del Dibujo de la Familia en una muestra de hijos de padres separados

Mireia Orgilés y Jessica Piñero

RESUMEN

La ruptura conyugal implica la reestructuración familiar, que afecta considerablemente a los hijos menores de edad y puede generar en ellos determinados problemas psicológicos. El estudio examina cómo perciben los niños el divorcio, aplicando el Test del Dibujo de la Familia en una muestra de 28 niños de 6 a 8 años de edad afectados por desavenencias graves entre sus padres. Los resultados muestran que el hecho de que en la mayoría de casos la custodia del niño la posea la madre condiciona su percepción de la familia. PALABRAS CLAVE: Test del Dibujo de la Familia, divorcio, infancia.

 

ABSTRACT

HOW DO CHILDREN PERCEIVE FAMILY BREAKDOWN? APPLICATION OF THE FAMILY DRAWING TEST TO A SAMPLE OF CHILDREN WITCH DIVORCED PARENTS. Parental divorce implies a family reorganisation which has a considerable effect on children, and can generate certain psychological disorders in them. This study applies the Family Drawing Test to a sample of 28 children, between 6 and 8 years of age, affected by severe discordance between their parents, and it examines how they perceive divorce. The results reveal that the fact that the majority of children have a mother-custody conditions their perception of the family. KEY WORDS: Family Drawing Test, divorce, childhood.

 

RESUM

COM PERCEBEN ELS NENS LA RUPTURA FAMILIAR? APLICACIÓ DEL TEST DEL DIBUIX DE LA FAMÍLIA EN UNA MOSTRA DE FILLS DE PARES SEPARATS. La ruptura conjugal implica la reestructuració familiar, que afecta considerablement els fills menors d’edat i pot generar-los determinats problemes psicològics. L’estudi examina com perceben els nens el divorci, aplicant per a ells el Test del Dibuix de la Família en una mostra de 28 nens de sis a vuit anys d’edat afectats per desacords greus entre els pares. Els resultats posen de manifest que el fet que en la majoria de casos la custòdia del nen sigui per a la mare condiciona la seva percepció de la família. PARAULES CLAU: Test del Dibuix de la Família, divorci, infància

Con la aprobación de la Ley del Divorcio en España, las últimas décadas se han caracterizado por una sèrie de cambios en la estructura familiar y por la aparición de nuevos modelos de funcionamiento. Las separaciones, divorcios o rupturas implican una reestructuración de las relaciones entre los miembros de la familia, que afecta de forma considerable a los hijos menores de edad. La ruptura familiar viene acompañada de una serie de cambios económicos, sociales, personales y familiares, que generan consecuencias importantes no sólo para la pareja que rompe su relación, sino también para sus hijos (Holmes y Rahe, 1967). La Asociación Americana de Psiquiatría considera que “el divorcio de los padres representa una experiència muy estresante para los hijos con consecuencias a corto, medio y largo plazo”. Mientras que la unidad familiar actúa de soporte y protección para los niños, la ruptura desencadena una serie de cambios que pueden generar en el menor diversos problemas: emocionales, escolares, sociales y físicos. Cabe destacar que no es el acontecimiento de la separación lo que afecta emocionalmente al niño, sino más bien los conflictos y vivencias antes y después de la ruptura. La aparición de determinados problemas, como la ansiedad en los niños, no se debe en sí al cambio en la estructura familiar, como al tipo de interacción que los padres tienen después de la ruptura (Pons-Salvador y del Barrio, 1995). El nivel de ansiedad de los menores depende por tanto, entre otros factores, de la conflictividad de la relación de los padres tras la separación, de modo que cuanto mayor sea ésta mayores niveles de ansiedad se encontrarán en los niños (Johnston y Campbell, 1993). La cooperación entre los ex cónyuges, el apoyo mutuo y la ausencia de desavenencias entre ellos tiene efectos positivos en padres e hijos; sin embargo, únicamente uno de cada cuatro padres mantienen este tipo de relación después de la separación (Cantón, Cortés y Justicia, 2002). El periodo más crítico para la aparición de problemas emocionales en el menor es el año siguiente a la separación, momento en que el niño debe adaptarse a importantes cambios, por ejemplo en sus rutinas, en sus juegos o en su disciplina. Destaca por ello entre los niños, sobre todo en el primer año después de la ruptura familiar, altos niveles de ansiedad, tristeza, culpa, soledad, problemas de sueño y problemas de alimentación, entre otros. Según algunos autores (Benedek y Brown, 1999), la tristeza es una reacción muy extendida entre los menores que han sufrido de cerca una ruptura familiar, manifestando dicha emoción con llantos, apatía, falta de interés por actividades que anteriormente consideraban atractivas, o incluso enfado y conductas agresivas. Del mismo modo, determinados estudios han demostrado que la ansiedad es una respuesta habitual de los hijos ante la separación de sus padres (Johnston, Campbell y Mayes, 1985; Pons-Salvador y del Barrio, 1995). Algunos niños manifiestan problemas físicos, como dolores de estómago, vómitos, dolores de cabeza y, con gran frecuencia, problemas de alimentación. Es frecuente que el estrés que el niño experimenta durante el proceso de separación de sus padres y frente a la conflictiva relación entre ambos, afecte a sus hábitos alimenticios. De hecho, en muchos casos dichos hábitos varían después de la ruptura, influyendo en el estado nutricional del niño. Experimentar una situación tan estresante como es la separación o divorcio de los padres puede alterar de forma significativa el desarrollo físico y psicológico del niño si éste no se encuentra preparado para afrontar dicho acontecimiento. Las consecuencias adversas de la ruptura familiar en el niño, y la frecuencia de separaciones y divorcios que acontecen en la actualidad, justificant la preocupación por los efectos que la disolución del núcleo familiar tiene en el bienestar psicológico de los menores. Puesto que la información proporcionada por los padres puede verse sesgada por la pretensión de culpabilitzar al ex cónyuge de los posibles problemas del niño, consideramos necesario recabar información del propio menor. Una de las técnicas proyectivas más utilizadas para ayudar al niño a expresar sus emociones es el Test del Dibujo de la Familia. En niños que recientemente han sufrido las consecuencias de una ruptura familiar, la prueba nos permite conocer cómo el menor percibe a cada miembro de la familia y la relación entre ellos. Mediante el presente estudio se pretende examinar cómo perciben los niños la ruptura conyugal de sus padres, así como la nueva situación familiar a la que deben adaptarse después de la separación, utilizando para ello el Test del Dibujo de la Familia.

Método

Los participantes en el estudio fueron 28 niños, con edades que oscilaban entre 6 y 8 años, con un ligero predominio del sexo masculino (56% niños y 44% niñas). La distribución de las familias según su nivel socioeconómico fue la siguiente: 45% nivel socioeconómico bajo, 41% nivel socioeconómico medio y 14% nivel socioeconómico alto. Según la información proporcionada por los padres, el tiempo medio transcurrido desde la separación de los padres hasta el momento de ser incluidos en el estudio fue de 3 años y 4 meses. En el momento de la ruptura la edad media de los niños era de 4 años y 7 meses. En el 81% de los casos examinados la custodia del niño la poseía la madre, siendo en el resto de los casos el padre el que convivía habitualment con el menor. El reclutamiento de la muestra se llevó a cabo en el Punto de Encuentro Familiar de Elche (Alicante), al que acuden los hijos de padres separados o divorciados al encuentro con el progenitor con el que no conviven. La relación entre ambos padres era conflictiva tras la separación, motivo por el cual se recurría a dicho recurso institucional para llevar a cabo el intercambio del niño para el cumplimiento del régimen de visitas. El padre y la madre de cada niño fueron informados de que un psicólogo aplicaría una prueba a su hijo para examinar su bienestar emocional. Posteriormente, se pidió al padre custodio que diera su consentimiento por escrito y se concretó una nueva fecha con ambos padres por separado para una segunda cita. En ese segundo contacto se llevó cabo una entrevista semiestructurada con cada padre, confeccionada por el equipo que llevaba a cabo la investigación. Con ella se pretendía recavar información sobre la historia familiar, los motivos de la ruptura conyugal y las consecuencias de la separación que los padres habían percibido en su hijo. Finalizada la entrevista con el padre custodio se le citó de nuevo para aplicar al niño el Test del Dibujo de la Familia. Al llegar al Punto de Encuentro Familiar, donde también tuvo lugar la entrevista con los padres, el psicólogo permaneció aproximadamente quince minutos jugando con el menor, para ganarse su confianza. Posteriormente ambos ocuparon una sala, libre de distraccions para el niño. Para la aplicación de la prueba se siguieron las pautes del autor (Corman, 1967). Se proporcionó al niño un lápiz y una hoja de papel en sentido horizontal y se le dio la indicación de: “Dibuja una familia”. Si el niño preguntaba qué familia debía dibujar, si la suya u otra que conociera, le contestábamos que podía dibujar la que quisiera. Durante la realización del dibujo, el evaluador observó diversos aspectos indicadores de cómo percibe el menor las relaciones familiares. Mediante los dibujos realizados por los niños, se estudió la valorización y desvalorización, es decir, qué miembro de la familia es dibujado en primer lugar y qué miembro es dibujado en último lugar, de menor tamaño o es omitido. También se analizó la distancia entre los personajes dibujados y los componentes jerárquicos del dibujo: si el niño dibuja a los miembros de la familia en el orden jerárquico considerado “normal” (de izquierda a derecha al padre, madre y a los hermanos de mayor a menor edad), si dibuja a los padres unidos, si se dibuja él mismo entre los padres, o si incluye a la familia extensa, entre otros. Posteriormente a la realización del dibujo, el niño debía explicar lo que había dibujado, respondiendo a una serie de preguntas: ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Dónde están? ¿Cuál es el más bueno? ¿Cuál es el menos bueno? ¿Cuál es el más feliz? ¿Cuál es el menos feliz? ¿A quién prefieres? ¿Quién serías tú?

Resultados

Todos los niños que realizaron el Test del Dibujo de la Familia dibujaron a su propia familia. De la observación de los dibujos y de las respuestas proporcionades por los menores se desprende que la mayoría de los menores dibujaron en primer lugar a sí mismos (37%) o a su madre (33%), el 15% al padre y el resto a otros miembros de su familia (abuelos o hermanos). Si analizamos la muestra por género, observamos que la mayoría de los varones dibujan en primer lugar a la madre (45%), a ellos mismos (37%), al padre (9%) o a algun hermano (9%). El 33% de las niñas dibujan, sin embargo, al hermano en primer lugar y, en menor porcentaje, al padre (25%), a la madre (25%) o a otros miembros significativos de la familia (17%). Por otro lado, el personaje dibujado en último lugar u omitido es mayoritariamente el padre (22%) (véase la figura 1), la madre (18%) o el propio niño (15%). En una proporción menor se observan dibujos en los que el niño omite ambas figuras paternas (7%) o dibujan en último lugar a la pareja del padre (4%), a uno de los hermanos (11%) o a otros miembros de la familia. Respecto a los componentes del dibujo, únicamente se observa el orden considerado normal (padre, madre, hermanos de mayor a menor edad) en el 18% de los dibujos. Algunos niños se dibujan ellos mismos entre ambos padres o entre el padre y su nueva pareja (véase la figura 2). Otros dibujan a su familia extensa, sobre todo a los abuelos (15%). En uno de los casos, la niña dibuja a la nueva pareja de la madre, a ella misma y a la madre, omitiendo la figura del padre que se Encuentra reemplazada por su padrastro. El resto dibujan a los miembros de su familia siguiendo un orden distinto, por ejemplo, dibujándose ellos mismos o a la madre en primer lugar. En la composición del dibujo se observan personajes situados en estratos (25%), manifestando la falta de comunicación existente entre ellos. Algunos niños dibujan a determinados miembros de la familia con una gran distancia física entre sí (30%), posiblemente manifestando su aislamiento y distancia emocional. En el resto de los dibujos no se aprecia ningún dato significativo. Al preguntar a los menores quién de los personajes dibujados es el más bueno, el 35% de los niños nombran a la madre. Sin embargo, la figura materna también es percibida como la menos buena por el 33% de los menores. El padre es considerado por el 14% de los niños como el más bueno, y como el menos bueno por el 15%. Respecto a la felicidad percibida por los niños en los miembros de la familia, aseguran que ellos (30%) o todos los personajes dibujados (25%) son los más felices, siendo menor el número de casos que consideran a la madre (11%) o al padre (11%) como los más felices de la familia. Al preguntar al niño sobre su preferencia por uno de los miembros de la familia, el 18% prefiere a sus hermanos, el 20% a la madre, el 18% a ellos mismos y el resto al padre (7%) o a otros miembros de la familia extensa (37%). Sin embargo, a pesar de la diversidad en sus preferencias, al preguntar a los niños quiénes querrían ser de los personajes dibujados, el 40% responden que querrían ser ellos mismos.

Discusión y conclusiones

A la vista de los resultados se observa que el Test del Dibujo de la Familia refleja claramente la percepción de los menores de la nueva situación tras la ruptura marital y su concepción de la familia de forma diferente a como lo hacen los niños de familias unidas. La valorización es uno de los aspectos más llamativos de los dibujos de los niños. Un indicio claro es que el personaje aparezca dibujado en primer lugar, ya que el niño suele dibujar primero a la persona que considera más importante, al que admira, teme o envidia (Lluís, 2004). Según Corman (1967) de cada cinco niños cuatro dibujan en primer lugar a uno de los padres, con mayor frecuencia al padre, seguido por la madre. De hecho, en un estudio llevado a cabo por Lluís (2004) con 861 niños de 9 años, el padre era dibujado en primer lugar en aproximadamente el 60% de los casos. En nuestro estudio, sin embargo, únicamente el 48% de los niños dibujan en primer lugar al padre o a la madre, mayoritariamente a ésta última. La preferència habitual de los niños de dibujar a uno de los padres en primer lugar no se cumple por tanto en esta muestra de hijos de padres separados o divorciados. Posiblemente, la conflictividad entre los padres vivenciada por los niños y los cambios en las relaciones con sus progenitores, después de la ruptura, les lleve a no tener consolidades las figuras de referencia de la madre y el padre. Muchos niños, después de la ruptura entre sus padres, son atendidos por otros miembros de la familia, sobre todo por los abuelos o tíos. Al pedirles que dibujen una familia, suelen reflejar aquellas personas con las que se relacionan con mayor frecuencia o aquellos miembros de la familia que comparten su hogar, por lo que es lógico que no dibujen en primer lugar al padre que ha abandonado el hogar o a la madre que por motivos personales o laborales pasa menos tiempo con ellos. Los niños que provienen de familias rotas dibujan con mayor frecuencia a la madre que al padre. Parece probable que, debido a que la mayoría de los niños convivent de forma habitual con sus madres y tienen una relación esporádica con los padres, piensan en la figura materna en primer lugar en el momento de realizar el dibujo. A pesar de que normalmente los niños suelen identificarse con el progenitor de su mismo sexo, en los hijos de padres divorciados parece que esto no ocurre, puesto que no sólo son las niñas las que dibujan a las madres en primer lugar sino que, incluso en mayor proporción, los niños varones. El conflicto de lealtad que suele ser común en los niños que han vivido una ruptura conyugal conflictiva entre sus padres podría explicar en parte esta característica de los dibujos. Algunos menores se ven obligados a elegir entre sus dos progenitores debido a que uno de ellos o ambos lo implicant en la relación conflictiva que mantienen, de forma que cuando el niño está con uno de los padres puede sentirse culpable porque no está con el otro. En los casos en que la separación conyugal ha sido muy conflictiva y los niños se convierten en confidentes de la madre o perciben a ésta como la víctima en la ruptura, pueden sentirse culpables cuando se encuentran con el padre, lo que manifiestan al no dibujarle en primer lugar como es habitual. Así pues, el hecho de que un amplio número de niños piense en la madre en primer lugar al realizar el dibujo y la consideren como la más buena o la menos buena, pone de manifiesto la importancia de la figura materna en los menores, lo cual parece lógico puesto que es quien mayoritariamente convive de forma habitual con ellos. Una de las formas de desvalorización de un miembro de la familia es dibujarlo en último lugar. En los niños participantes en la muestra, un amplio porcentaje dibujaba en último lugar a la madre o al padre (40%), llegando incluso en algunos casos a omitir a uno de ellos o a ambos en el dibujo. La conflictividad entre ambos progenitores podría haber llevado a los niños a eliminarlos del dibujo, como una manifestación de su deseo de eliminar su malestar por las desavenencias entre ellos o por una falta de aceptación de la nueva situación familiar. En el periodo de seis a ocho años de edad es frecuente que los menores manifiestan su deseo de estar con ambos padres (Bernal, 2006). Sin embargo, en algunes ocasiones la influencia de uno de ellos puede llevarle a rechazar al otro, lo que muestran al eliminarle del dibujo. En otros casos, cuando el progenitor que vive con el niño dificulta el contacto con el progenitor no custodio, el niño por el contrario puede mantener una relación conflictiva con el padre que obstaculiza la relación, manifestando su malestar al evitar que aparezca en su dibujo. Los niños mayores de cinco años no suelen considerarse responsables del conflicto marital; al contrario, suelen buscar causas externas y piensan que pueden encontrar soluciones para el conflicto, lo que les lleva en muchas ocasiones a posicionarse y tomar partido por uno de sus padres (Aguilar, 2006). La omisión de la madre, el padre o de ambos en los dibujos muestran por tanto la forma en que los niños resuelven la situación conflictiva entre ambos progenitores, eliminado a aquel que consideran culpable de la ruptura. A pesar de que es habitual que los niños dibujen en la parte izquierda de la hoja en primer lugar al bloque padre-madre, en los menores de nuestro estudio este orden fue poco habitual, lo que demuestra que los niños no perciben a sus progenitores como una pareja. A pesar de que algunos niños desean la reconciliación de sus padres, en la mayoría de ellos su nivel cognitivo les permite comprender que en ese momento la relación marital de sus padres ha acabado, por lo que no los dibujan unidos como pareja. Los resultados parecen mostrar que la forma en que los niños perciben a su familia y lo reflejan en un dibujo está muy condicionada por quién posee la custodia del niño: la madre o el padre. La figura materna, quien posee la custodia del menor en el 81% de los casos del estudio, es percibida por la mayoría de los niños como un miembro de la familia muy significativo. Muestra de ello es que es dibujada en primer lugar por una proporción mayor de niños en relación al padre, y es el personaje del dibujo citado más frecuentemente como el más o el menos bueno frente a otros miembros de la familia. Por otro lado se observa en los dibujos de algunos menores la falta de adaptación a la nueva situación familiar, lo que ponen de manifiesto al eliminar a uno de los padres o a ambos del dibujo, a reemplazar la figura del padre o madre por la de su nueva pareja o, por el contrario, a dibujar a los dos padres con las manos entrelazadas como si todavía fueran una pareja. La conflictividad que caracteriza las relaciones entre los padres de la muestra dificulta la aceptación de los niños de los cambios familiares, por lo que se debe promover la eliminación de las relaciones aversivas entre ambos, al menos en presencia de los menores (Pons-Salvador y del Barrio, 1993). Como conclusiones del estudio cabe destacar la importancia de evaluar la adaptación de los menores a la nueva estructura familiar tras una ruptura conyugal, así como examinar su percepción de cada miembro de la familia. Dicha valoración permitirá planificar en su caso la intervención más adecuada para la mejora de la relación entre padres e hijos. Para prevenir consecuencias negativas de la ruptura marital en los hijos, es importante prepararles antes de que la separación ocurra, explicándoles qué cambiará en sus vidas y ofrecerles seguridad y afecto para afrontar la nueva situación. Proporcionar al niño una imagen positiva de ambos padres y darle apoyo conjunto facilita su adaptación a la ruptura. Si la relación entre ambos padres se encuentra muy deteriorada, la intervención debe ir dirigida a cambiar su actitud ante la problemàtica para poder aproximar sus posturas y conciliar sus diferencias en los asuntos referidos a la custodia de los menores. El trabajo con los niños requiere escuchar sus inquietudes y preocupaciones, eliminar sus falsas creencias y reducir sus problemas emocionales, siendo indispensable la colaboración de los profesionales y familiares que habitualmente atienden al niño. Las conductas desadaptativas y los problemas de los menores no se deben exclusivamente a la ruptura conyugal, sino que es la situación de conflicto y las desavenencias durante y después de la disolución de la pareja lo que les afecta, por lo que deberían contemplarse la mediación familiar como alternativa que facilita la resolución del conflicto y que beneficia el bienestar de los menores.

 

Agradecimientos

Este estudio ha sido llevado a cabo, en parte, gracias a la beca para proyectos de investigación en programas de salud, prevención y predicción de la enfermedad para el año 2005 de la Escuela Valenciana de Estudios de la Salud (002/2005). Los autores desean agradecer a la Fundación Salud Infantil por su colaboración en la recogida de la muestra.

Bibliografía

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