Temas de Salud Mental Infantil y Juvenil

El sueño de los niños

Resumen

Una parte importante de nuestro tiempo la dedicamos diariamente a dormir. El sueño tiene un efecto reparador imprescindible en los adultos y en los niños. Hablaremos de las características normales del sueño infantil y de todo aquello que puede alterarlo, tanto por parte del niño como de su entorno.

Introducción

El tiempo es una de las cosas más valiosas en nuestra sociedad. Muchos adultos sentimos que nos hace falta, ya sea porqué estamos demasiado ocupados, por las presiones o necesidades sociales o por nuestra propia manera de organizarnos.

Esta tendencia a sobrecargar nuestro tiempo se está imponiendo progresivamente a los niños, a veces desde muy pequeños, desembocando en un exceso de estimulación o en una sobrecarga de actividad que en nada les beneficia, especialmente a los más pequeños.

La idea de que cuanto más estimulemos al niño antes madurará o más fácilmente aprenderá (cosa que no siempre es así, aparte de las implicaciones emocionales que esto comporta).

La necesidad de mantenerlos ocupados cuando los adultos responsables de ellos, también lo estamos.

El sueño infantil

El sueño infantil es aquel período diurno o nocturno durante el cual los niños descansan, asimilan y organizan todo lo que han visto y aprendido, maduran física y psíquicamente, e inician su independencia del mundo exterior y de sus padres.

El sueño cumple una función reparadora y reguladora del organismo, y es esencial para el control de diversos procesos corporales (energía, temperatura, cambios hormonales, etc.).

El sueño consta de dos fases básicas:

- La fase REM (sueño de movimientos oculares rápidos). Es la fase más activa del sueño y el cerebro, también, está más activo. Es la más corta.

- La fase NO REM. Es la fase tranquila y profunda del sueño, así como la más larga.

Las características, ciclos y horarios del sueño del niño varían en función de su edad.

Durante el primer año de vida, el niño tiene ya una manera propia de dormir y de despertarse, muy ligada a los ciclos de alimentación. En ésta etapa, la maduración cerebral es muy importante: la estructura cerebral se va organizando, ayudada por los estímulos que va recibiendo, sobre todo, a través de los sentidos (oído, vista, tacto, gusto y olfato) que envían sensaciones al cerebro y hacen que éste vaya madurando. Así, el niño pequeño evoluciona muy rápidamente, tanto en los aspectos biológicos como emocionales, que van siempre muy ligados.

A los padres o adultos de referencia corresponde generar el ambiente propicio para que el niño adquiera unos hábitos de sueño saludables, respetando sus propios ritmos y mostrándole una tranquilidad emocional que le ayude a sentirse bien. Hay que remarcar que cuando el niño es pequeño, a veces es difícil saber en cada momento que le pasa o que necesita, pero aún así, solo con tranquilizarle estamos haciendo ya una parte muy importante del proceso.

Trastorno de sueño

Hablamos de trastorno de sueño cuando al niño tiene dificultades para conciliar el sueño o, bien, se despierta frecuentemente por la noche. El resultado es un descanso insuficiente (por parte del niño y normalmente también por parte de los padres).

En general, el trastorno de sueño se establece alrededor de tres elementos:

La dificultad para elaborar unos hábitos y ritmos adecuados (por diferentes motivos).

La dificultad de separación de los padres (por inmadurez emocional, problemas de vinculación, etc.).

Los miedos infantiles (que tienen en el trastorno de sueño una de sus múltiples expresiones, entendiendo por miedo la incertidumbre que genera todo lo nuevo o desconocido).

El trastorno de sueño suele crearse como resultado de una interacción difícil entre las características propias del niño y las características propias del entorno familiar.

Características propias del niño

Son factores de riesgo o vinculados a menudo a trastornos de sueño, los siguientes:

Inquietud, dispersión, irritabilidad.

Trastorno de conducta, hiperactividad.

Dificultad para los cambios, problemas de adaptación, rechazo a situaciones nuevas o imprevistas

Problemas de salud, otitis, catarros de vías altas (molestias al respirar, nariz tapada, boca seca).

Niños que roncan, apneas nocturnas, etc.

No hablaremos aquí de enfermedades neurológicas graves y permanentes, que causan trastornos de sueño inherentes a su evolución, ni tampoco de niños con trastornos psicológicos graves, sino que más bien nos referimos a los trastornos de sueño de tipo funcional que son, sin duda, los más frecuentes.

Características propias del entorno familiar

Se ha podido observar en la mayoría de niños y niñas con trastorno de sueño, que la organización familiar está basada más en los ritmos y necesidades de los adultos que en la de los propios niños. Los motivos más frecuentes son:

Sobrecarga laboral de los padres.

Trabajo a turnos (sobre todo si se trata de los dos miembros de la pareja, ya que de esta manera es muy difícil organizar unos horarios estables para el niño).

Padres con poca capacidad para conectar con las necesidades o estado emocional del niño (por ejemplo: al niño que no duerme se le aplican "métodos " para dormir, cuando en realidad tiene una otitis y no puede dormir a causa del dolor). Es necesario, pues, ir conociendo al propio hijo, su ritmo de llanto, qué le calma y qué le pone nervioso. Esto no sucede por desinterés o falta de voluntad, sino que generalmente está relacionado con una dificultad previa de estos padres, ya adultos, de conectar con ellos mismos, de reconocer e identificar sus emociones.

Entorno inestable o variable como puede ser: cambios de domicilio, incorporación de personas nuevas en el domicilio familiar (abuelos, amigos, etc.), separación de los padres, nuevas parejas. Hay que estar atentos, también, al inicio de la guardería o de la escuela, al nacimiento de un hermano, etc. –situaciones normales en cualquier familia, pero que pueden crear ansiedad en el niño–.

Por otra parte conviene destacar que, a veces, se catalogan como trastorno de sueño situaciones estrictamente evolutivas o provisionales, que tienden a resolverse espontáneamente, pero que se consideran un problema debido especialmente a:

Poca tolerancia de los padres (exigencias laborales, falta de tiempo, poca ayuda de la familia extensa, etc.).

Exceso de información (libros, métodos, etc.). Unos padres excesivamente rígidos o exigentes, que pongan demasiada atención a estos aspectos, pueden generar una situación de tensión y conflicto que acaba, a menudo, creando el trastorno de sueño.

A veces se pretende que todo sea “perfecto” y se piensa que si el niño no duerme “perfectamente”, es porque los padres hacen algo mal. Hay que tener presente que durante el primer año de vida el niño está adaptando sus ritmos biológicos a su entorno y es normal que, a veces, se despierte.

Conclusiones

El sueño infantil tiene un efecto reparador imprescindible para la maduración física y emocional del niño, para su salud y correcta actividad diurna.

Los trastornos de sueño suelen estar infradiagnosticados, a pesar de sus importantes consecuencias.

A veces se catalogan como trastornos del sueño simples variaciones evolutivas, propias del niño (falsos trastornos del sueño).

Dra. Anna Casajuana Palet

Neuropediatra del CDIAP de Martorell y Rella de Barcelona

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