Temas de Salud Mental Infantil i Juvenil

ADOLESCENCIA y CONFLICTO

Últimamente se habla mucho dentro del ámbito educativo de la resolución, transformación o gestión del conflicto. Más allá de sus implicaciones a nivel estrictamente individual, muchas instituciones –sanitarias, escolares, empresariales, etc.– comienzan a implantar programas relacionados con la mediación, y cada vez se puede encontrar más bibliografía especializada sobre el tema. Esta tendencia se debe, básicamente, a un cambio en la concepción del conflicto: en cómo lo entendemos, cómo lo gestionamos y el aprendizaje que se deriva de ello.

Cómolo entendemos

Partiendo de la idea de conflicto como una situación de disputa o divergencia en la que hay contraposición de intereses, necesidades y/o valores en pugna, podemos deducir que el conflicto es algo cotidiano y que forman parte de la vida de relación del sujeto. La transformación de los conflictos en una experiencia positiva o negativa vendrá, no del conflicto en sí mismo, sino de la respuesta o la solución que se le dé. Así pues, lo que determina nuestra experiencia emocional ante el conflicto depende, por tanto, de cual sea la respuesta.

Entendido así, el conflicto no se muestra tan sólo como un problema o causa de sufrimiento, sino como una oportunidad de crecimiento y cambio. No puede haber crecimiento ni progreso sin conflicto. Lo que permite el desarrollo adecuado del sujeto y de la sociedad es el uso constructivo y positivo que hagamos del conflicto.

Cómo lo gestionamos

El trabajo de resolución de conflictos en el ámbito educativo debe partir de la idea de abordarlo en el contexto en que se produce, en el aquí y el ahora, siempre que sea posible. Es decir, trabajarlo en el lugar en que ocurre, con todas las personas presentes y no únicamente con los protagonistas. Se trata, pues, de utilizar el conflicto como una herramienta más de trabajo, no como un problema que surge de repente y que debe ocultarse, evitarse o resolverse lo más rápidamente posible para que no interfiera en el día a día.

Esta forma de trabajar puede resultar, en muchas ocasiones, compleja y requiere de una cierta preparación. Sin embargo, la riqueza de actitudes constructivas de las personas no implicadas directamente en la situación conflictiva y la diversidad de opiniones que se puedan generar en el diálogo, promueven una dinámica grupal que estimula el pensamiento, ayuda a ampliar y diversificar los puntos de vista y contribuye a buscar soluciones creativas.

Otra idea importante de la gestión del conflicto en el aquí y ahora es la de hacer participar en la resolución del problema a sujetos con diferente grado de implicación. En un conflicto –que, por ejemplo, haya derivado en una agresión– suelen estar relacionados no solo “el agresor y el agredido” sino otros sujetos que en grado diferente también forman parte de la situación problemática (personas que instigan, manipulan, excluyen...). Además, este tipo de intervención permite que la experiencia sea compartida por todos los miembros del grupo y que así puedan participar del aprendizaje que se derive.

Qué aprendemos

La resolución de conflictos no trata de establecer fórmulas mágicas que los elimine, sino que busca más bien mostrar la manera de gestionarlos desde perspectivas positivas. Es decir, aprender a razonar en cada situación particular y adoptar actitudes y comportamientos que permitan afrontar los problemas lo más satisfactoriamente posible.

La práctica de la resolución de conflictos contribuye, además, a incrementar la autoestima y la cohesión del grupo, y pone en marcha mecanismos de cooperación entre sus miembros. Por otro lado, el clima de diálogo creado para esta práctica mejora también las habilidades de comunicación, de empatía y de asertividad.

Luis Gol

Educador

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